Van a operarme, ¿qué debo saber?

Ten claro en qué consiste tu intervención

Someterse a una intervención quirúrgica es una situación a la que muchas personas se enfrentan a lo largo de la vida. Existen muchas razones por las que una persona puede necesitar la cirugía: para prevenir o aliviar el dolor, reducir el síntoma de algún problema de salud, o mejorar el funcionamiento de alguna parte u órgano del cuerpo. También se puede llevar a cabo de manera preventiva para localizar alguna alteración orgánica sobre la que existen dudas o resolver un diagnóstico dudoso. Ante estas circunstancias, puede resultar útil conocer determinados aspectos de la cirugía, como por ejemplo, si algo se va a reparar o quitar, por qué es necesaria la intervención, de qué manera transcurrirá la operación o qué podemos esperar al despertar de la misma. Saber lo que puede ocurrir, podría ayudarte a enfrentarte de una manera más positiva a una cirugía.

La mayor parte de las veces, las cirugías no son de emergencia sino fijadas de antemano, es decir, están programadas bajo supervisión médica para los días, semanas o meses posteriores. En estos casos, tendrás tiempo de recabar la información que consideres oportuna sobre el motivo de la cirugía, en qué va a consistir o si es la mejor opción para ti. Para ello, lo mejor es que consultes con tu médico todas las dudas que puedas tener. No dejes de hacerlo y, si no has entendido la respuesta, pídele a tu médico que te lo explique de una forma sencilla. Está demostrado que los pacientes que están bien informados sobre el tratamiento que reciben se muestran más satisfechos con los resultados.

Entre los aspectos que debes conocer, se encuentra el tipo de cirugía que te van a practicar, ya que en función de esto dependerá si debes permanecer ingresado en el hospital algunos días o si podrás irte a tu casa en cuestión de horas. Ten en cuenta que algunas operaciones que antes requerían grandes incisiones, actualmente se pueden realizar por laparoscopia, una técnica que requiere cortes mucho más pequeños y reduce el tiempo de ingreso hospitalario. Saber esto te ayudará a organizarte, tanto a ti como a los familiares o amigos que puedan ayudarte en tu recuperación.

Valora los beneficios y los riesgos

En ocasiones, la cirugía no es la única solución a un problema de salud. Puedes consultar con tu médico si existe algún medicamento o tratamiento que pueda resolver el problema sin recurrir a una intervención quirúrgica. A veces, los cambios de hábitos como una dieta equilibrada o ejercicios saludables pueden ser suficientes. También es posible que en determinados casos se pueda llevar a cabo una “espera vigilante”, que consiste en que el profesional sanitario y tú mismo estaréis pendientes de si el problema empeora o mejora con el tiempo, siempre a través de las pruebas pertinentes, de forma que la evolución determine si finalmente es necesaria la cirugía. En definitiva, se trata de que conozcas los beneficios y los riesgos de todas las alternativas posibles. Y, en base a ello, tomar la decisión que consideres más oportuna.

Si finalmente la mejor opción es recurrir a la cirugía, sería interesante preguntar al médico en qué consistirán los beneficios, si van a durar un tiempo o si serán de por vida, así como las probabilidades de que debas pasar por una segunda intervención. Además, no olvides que todas las operaciones tienen cierto riesgo. Algunas de las complicaciones más frecuentes pueden ser infecciones, sangrado, reacción a la anestesia o lesiones accidentales. No todo el mundo tiene el mismo riesgo de que aparezcan estas complicaciones: es más probable que se den en personas que padecen enfermedades previas y personas de edad avanzada.

Buscar una segunda opinión

Una de las mejores formas de saber si una operación es la mejor opción, es consultando una segunda opinión a otro experto. Si ambas opiniones coinciden, es prácticamente seguro que el problema de salud sólo pueda ser solucionado o aliviado con una intervención. Recuerda que puedes llevar las pruebas que te han realizado al segundo médico con el que consultes, de forma que no tenga que repetirlas.

Posibles pruebas previas

Si vas a someterte a una operación quirúrgica, es muy probable que los médicos soliciten numerosas pruebas los días o semanas previos a la cirugía, especialmente si se trata de una cirugía mayor. Así, los médicos sabrán si tu cuerpo se encuentra en un estado óptimo para soportar una intervención. Algunas de esas pruebas previas a la operación pueden ser:

  • Análisis de sangre: Sirve para medir los parámetros sanguíneos, el tipo de sangre, el riesgo de sangrado o infección y cómo funcionan tu hígado y riñones.
  • Análisis de orina: Determinará si los riñones funcionan correctamente y alertarán de cualquier posible infección.
  • Radiografía de tórax y electrocardiograma: El objetivo de la primera es detectar anomalías cardíacas, respiratorias o esqueléticas que incrementen el riesgo de sufrir complicaciones graves durante y después de la cirugía. Mientras que el electrocardiograma permite determinar el correcto funcionamiento del corazón. Se utiliza para medir el ritmo y la regularidad de los latidos, el tamaño y posición de las aurículas y ventrículos y ver si el corazón está dañado.
  • Tomografía computarizada, resonancia magnética o tomografía por emisión de positrones: Son distintas pruebas por imágenes que permiten a los médicos observar algo que está ocurriendo dentro del cuerpo. El tipo de prueba dependerá de si hay unos determinados síntomas previos o de la parte del cuerpo que el doctor quiera examinar.

Además, tu médico puede preguntarte por tus hábitos de vida, como si eres fumador o si bebes alcohol de manera habitual, para tenerlos en cuenta de cara a la intervención. Quizá te sorprenda saber que el consumo de alcohol y el tabaco afectan a tu organismo tanto o más que cualquier fármaco que puedas estar tomando. El médico debe saber esto porque la anestesia afectará de forma diferente al hígado, corazón y pulmones si tienes estos hábitos. Por ello, es imprescindible que comentes este aspecto con el profesional sanitario: es una cuestión de seguridad. Además, en la medida de lo posible, es conveniente que trates de no fumar durante el mayor tiempo posible antes de la cirugía.

Tu médico también puede medir tu tensión para determinar si padeces hipertensión arterial. Debes informar al profesional que te atienda de cualquier medicación que puedas estar tomando, aunque se trate de suplementos vitamínicos o hierbas, así como de cualquier reacción alérgica que hayas sufrido a lo largo de tu vida, tanto a fármacos como a alimentos u otras sustancias.

El consentimiento informado

A efectos legales, y sobre todo para tu propia información, es importante que sepas que siempre que se realiza una intervención quirúrgica, el paciente debe firmar un documento llamado “Consentimiento informado”. Se trata de un documento de gran importancia, obligatorio en cualquier intervención quirúrgica, en el que se te informará sobre todos los aspectos del tratamiento. El centro hospitalario necesitará que lo leas y lo firmes para dar permiso por escrito para realizar la cirugía. Una vez lo hayas firmado, significa que declaras que has recibido esa información, que la comprendes y que estás de acuerdo en someterte a la cirugía señalada por tu médico. Es importante que no firmes sin leerlo, y que aclares con el profesional que te atiende todas tus dudas.

El documento, que varía en función del tipo de cirugía que se te vaya a practicar, por regla general indica lo siguiente: tu diagnóstico y por qué la cirugía es una opción, el objetivo de la cirugía, la forma en que se realizará, cómo podría beneficiarte, cuáles son los riesgos, qué debes esperar en cuanto a los efectos secundarios y qué otras opciones de tratamiento tienes.

El contenido que se proporciona en esta página web es información general. En ningún caso debe sustituir ni la consulta, ni el tratamiento, ni las recomendaciones de tu médico.