Mantener unos hábitos de vida saludables

Según la Organización Mundial de la Salud, “la salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades”. En dicha definición, se establece por tanto la importancia no solo de la ausencia de enfermedades en las personas, sino a su vez, la relevancia de encontrarse bien consigo mismo y nuestro alrededor. Esto es posible mediante la adopción de conductas y actitudes, denominadas hábitos de vida saludable, que llevadas a cabo de manera constante y regular benefician nuestra salud y favorecen nuestra calidad de vida.

a. Dieta sana y equilibrada

Uno de los pilares básicos de un estilo de vida saludable es la alimentación. Esta ha de ser variada, equilibrada, saludable y acorde a las necesidades particulares de cada persona (edad, sexo, situación clínica, ejercicio físico, etc.). Llevar una dieta sana a lo largo de la vida ayuda a prevenir la malnutrición en todas sus formas, así como diferentes enfermedades no transmisibles y trastornos. En cambio, una mala alimentación puede reducir la inmunidad, aumentar la predisposición a ciertas enfermedades y alterar el desarrollo físico y mental.

En términos generales, se recomienda consumir a menudo verduras, frutas y cereales. En cuanto a la leche y sus derivados, que sean semidesnatados. Cocinar con aceite de oliva. Alternar durante la semana legumbres, pescados, aves y huevos. Disminuir el consumo de carnes rojas y evitar los dulces, productos de pastelería y bollería. Los alimentos cocinarlos al vapor, al horno o a la plancha y evitar los rebozados, empanados y fritos.

b. Actividad física

La práctica regular de ejercicio físico es junto con la alimentación uno de los pilares principales en pro de los hábitos de vida saludable. La actividad física activa nos permite mejorar y conservar nuestra salud, pues existen estudios que sitúan a la inactividad física en la cuarta posición en cuanto a los principales factores de riesgo de mortalidad.

Su práctica debe adaptarse a diferentes factores tales como la edad y la situación de cada persona; pero, en términos generales, la actividad física beneficiosa para la salud es aquella de intensidad moderada que se realiza diariamente, o casi todos los días, con una duración mínima de 30 minutos.

Principalmente conlleva beneficios fisiológicos, pues reduce el riesgo del desarrollo de ciertas enfermedades; ayuda a controlar el sobrepeso, la obesidad y el porcentaje de grasa corporal. A su vez, fortalece nuestros huesos, músculos y mejora nuestra forma física. También tiene un impacto beneficioso desde el punto de vista psicológico, dado que mejora nuestro estado de ánimo (previene el estrés, la ansiedad y la depresión), nuestra autoimagen y autoestima. A su vez, mejora nuestra sociabilidad y favorece nuestra autonomía e integración social.

c. Bienestar emocional

Nuestras emociones y nuestra manera de gestionarlas pueden tener un impacto directo en nuestra salud. La Organización Mundial de la Salud define la salud mental como un estado de bienestar en el cual el individuo es consciente de sus propias capacidades, puede afrontar las tensiones normales de la vida, trabajar de forma productiva y fructífera y es capaz de contribuir dentro de su comunidad.

Cuando nos sentimos bien, adoptamos hábitos que benefician nuestra salud. Nos cuidamos más, hacemos más ejercicio, descansamos mejor, etc. Todos estos hábitos de vida saludable propician a su vez emociones positivas permitiendo mejorar más aún nuestro bienestar personal. Todas las emociones son necesarias y naturales experimentarlas, pero es importante una adecuada gestión de las mismas para responder de manera óptima a las exigencias que los diferentes planos de nuestra vida requieren día a día.

d. Tabaco

El tabaco interfiere de manera negativa en nuestra calidad de vida ya que representa la principal causa de enfermedad y muerte prevenible. Se ha comprobado que el tabaco es el principal factor de riesgo de varias enfermedades crónicas, como el cáncer y las enfermedades pulmonares y cardiovasculares. Para los no fumadores también supone un riesgo a su salud debido a la exposición al humo del tabaco, en especial para los grupos de riesgo como niños, embarazadas o personas enfermas. Dejar un hábito como el tabaco conlleva beneficios notables desde el primer día, lo cual es posible lograrlo, el asesoramiento y medicación adecuada pueden duplicar las probabilidades de que un fumador consiga dejar de fumar.

e. Alcohol

A pesar de que el consumo de alcohol en ciertas sociedades se produce en contextos de celebración, su consumo tiene un impacto negativo en la sociedad debido a sus propiedades tóxicas y la dependencia que genera en quien lo consume. Existen evidencias que relacionan el alcohol con el desarrollo de más de 200 enfermedades y trastornos cuyo riesgo de padecerlas se incrementa en aquellos que lo consumen en grandes cantidades durante varios años. Está asociado con el riesgo de desarrollar problemas de salud tales como trastornos mentales y de conducta, incluido el alcoholismo, importantes enfermedades no transmisibles tales como la cirrosis hepática, algunos tipos de cáncer y enfermedades cardiovasculares, así como traumatismos derivados de la violencia y los accidentes de tráfico.

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El contenido que se proporciona en esta literatura es información general. En ningún caso debe sustituir ni la consulta, ni el tratamiento, ni las recomendaciones de su médico.