Manejar el párkinson

Tratamientos

El tratamiento de la enfermedad de Parkinson se centra en mejorar los síntomas y en prolongar la autonomía de la persona el mayor tiempo posible. A día de hoy, puede ser de tres tipos: farmacológico, quirúrgico y rehabilitador (aunque todos ellos pueden combinarse).

Tratamiento farmacológico

Dado que la enfermedad de Parkinson afecta a cada persona de manera diferente, no existe un tratamiento adecuado único y será necesario llevar a cabo revisiones periódicas y ajustes a medida que varíen los síntomas.

Se prescribe la medicación y el tratamiento teniendo en cuenta tu vida y tus síntomas, por lo que es importante que hables con tu médico para recibir el tratamiento más adecuado.

Existen varios tipos de medicación para la enfermedad de Parkinson:

  • Precursores de la dopamina (levodopa). Es hasta el momento el fármaco más eficaz para el tratamiento sintomático del párkinson. En algunos pacientes produce vómitos y náuseas, por lo que suele combinarse con carbidopa para evitar o paliar estos efectos secundarios.
  • Agonistas de la dopamina. Son medicamentos que estimulan las partes del cerebro influenciadas por la dopamina (sustancia encargada de transmitir la información necesaria al sistema nervioso central para el correcto control de los movimientos), es decir, el cerebro “piensa” que está recibiendo dopamina. Este tipo de fármacos pueden tomarse solos o en combinación con otros que contengan levodopa.
  • Inhibidores de la COMT (Catecol – Orto – Metil – Transferasa). Representan la categoría más nueva de medicamentos para el párkinson. Estos tratamientos bloquean el metabolismo de la levodopa, permitiendo a una gran cantidad de medicación alcanzar el cerebro.
  • En sí mismos, no alivian los síntomas de la enfermedad. Por eso, se suelen combinar con levodopa. Su ventaja es que prolongan la acción de dicha medicación.

  • Inhibidores de la MAO-B (monoamino oxidasa). Evitan la metabolización de la dopamina por el cerebro permitiendo que permanezca más tiempo y, por tanto, su acción se prolongue. Se suelen utilizar en combinación con otros fármacos.
  • Anticolinérgicos. Son medicamentos indicados para pacientes con enfermedad de Parkinson leve que sólo tienen temblor en reposo. Debido a sus efectos secundarios (visión borrosa, sequedad en la boca y retención de orina) no suelen administrarse a personas mayores de 70 años.
  • Amantadina. Actualmente ha demostrado ser útil para reducir los movimientos involuntarios del cuerpo (discinesias) producidos por el tratamiento con dopamina.

Tratamientos para la enfermedad de Parkinson avanzada

Cuando la enfermedad se encuentra en un estadio avanzado, y si los especialistas médicos lo consideran oportuno, se puede optar por diferentes intervenciones como:

Estimulación cerebral profunda

Esta técnica se basa en implantar electrodos en determinadas áreas cerebrales para enviar impulsos eléctricos y controlar el movimiento.

La estimulación eléctrica puede ajus­tarse para aumentar al máximo los beneficios de la terapia, y se trata de un tratamiento que se puede interrumpir. Ha demostrado ser eficaz en el control de los síntomas motores y con ello en la calidad de vida. Aunque el tratamiento no es óptimo en todos los casos.

Infusión intestinal continua de levodopa-carbidopa

Consiste en administrar de forma continuada y personalizada un gel de levodopa/carbidopa directamente en el intestino, para mantener los niveles de levodopa constantes. Así, la situación de la persona con párkinson es más estable y se evitan los altibajos.

Se suministra de manera flexible con una bomba de infusión a través de una técnica que consiste en la introducción de una sonda dentro del estómago, por medio de un pequeño orificio en el en abdomen. La bomba suele estar conectada durante el día, unas 16 horas, de­pendiendo de lo que considere el médico. Este método, también reversible, ha demostrado eficacia en la reducción de los síntomas motores y los movimientos involuntarios del cuerpo (discinesias), así como en ciertos síntomas no motores del párkinson.

Tratamiento quirúrgico

Una operación quirúrgica puede aliviar los síntomas de la enfermedad de Parkinson pero no la cura. Este tipo de intervenciones están indicadas en casos muy concretos. Es el equipo de médicos y neurólogos el que debe decidirlo después de un estudio detallado y riguroso de cada caso.

Tratamiento rehabilitador

Las personas con párkinson, con el tratamiento farmacológico adecuado y el refuerzo de unas terapias de rehabilitación concretas (como logopedia, fisioterapia, musicoterapia, etc.) pueden mantener una óptima calidad de vida durante bastante tiempo.

Fisioterapia

Es un tratamiento enfocado al mantenimiento de las capacidades motoras afectadas por la enfermedad, que trabaja para conseguir tu mejor estado físico dentro de tu cuadro clínico característico. Los beneficios de este tratamiento se centran especialmente en el desarrollo de ciertas capacidades físicas, hasta el momento poco estimuladas, y en retrasar el deterioro del sistema muscular.

Logopedia

Se centra en lograr una mejora del habla y la deglución, ya que es frecuente que la enfermedad provoque un tono de voz más bajo de lo normal, así como dificultades para tragar. Por medio de ejercicios muy sencillos se evitan estos problemas que repercuten en la calidad de vida.

Terapia ocupacional

Esta terapia ofrece los conocimientos, destrezas y actitudes necesarias para que puedas realizar las tareas cotidianas y conseguir el máximo grado de autonomía. El terapeuta ocupacional, además, ofrece asesoramien­to sobre cómo hacer más accesible el domicilio.

Trabajo en equipo

La complejidad de esta enfermedad hace imprescindible abordarla desde un enfoque multidisciplinar. Así, en el tratamiento del párkinson intervienen profesionales de distintas especialidades del ámbito social y sanitario.

Para proporcionar la atención integral que se requiere, los equipos multidisciplinares han de integrarse por profesionales del ámbito de la Neurología, Geriatría, Medicina de Atención Primaria, Neuropsicología, Psiquiatría, Fisiote­rapia, Logopedia, Gastroenterología, Neurocirugía, Enfermería, Terapia Ocu­pacional, Psicología y Trabajo Social e, incluso, especialistas en las áreas de Nutrición o Sexología. De esta manera, aunque desde la Neurología se realiza el diagnóstico principal y se establece la base del tratamiento farmacológico, desde el resto de las especialidades se trabaja para minimizar la repercusión de la enfermedad y mejorar la autonomía en las actividades cotidianas.

Por tanto, es fundamental que exista una buena coordinación entre equipos y que la comunicación entre ellos sea fluida. Los beneficios que se obtienen gracias a ello han sido demostrados: desde un diagnós­tico precoz que evite incertidumbre y paute un tratamiento, hasta un buen control de la enfermedad mediante un seguimiento personalizado, pasando por una notable mejora de la calidad de vida.

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El contenido que se proporciona en esta literatura es información general. En ningún caso debe sustituir ni la consulta, ni el tratamiento, ni las recomendaciones de su médico.