Evolución de la enfermedad

El desarrollo del párkinson es gradual y degenerativo. Su progresión se divide en distintas fases, si bien en éstas sólo se tienen en cuenta los síntomas motores de la enfermedad y no se mide la repercusión y evolución de los síntomas no motores:

  • Fase inicial. En esta etapa se pueden realizar sin ayuda muchas de las actividades cotidianas. Por lo general, se puede seguir con el trabajo y las relaciones sociales. Los síntomas son leves y se manifiestan en un lado del cuerpo.
  • Fase intermedia. La progresión del párkinson empieza a entorpecer el día a día, tanto en la actividad sociolaboral como en los pequeños gestos y hábitos más cotidianos. Se puede necesitar ayuda para ponerse una chaqueta, entrar y salir de la bañera, afeitarse o levantarse de la cama.
  • En esta etapa ya se manifiesta la rigidez, la lentitud de movimientos y el temblor.

  • Fase avanzada. En ella se produce la pérdida de independencia, ya que se necesita la ayuda de un cuidador para realizar acciones tan cotidianas como vestirse o asearse. Además, hay otros síntomas característicos de que la enfermedad de párkinson ha entrado en una fase avanzada como son la demencia, la dificultad para tragar o las caídas recurrentes.
  • El tiempo que se tarda en alcanzar este periodo es variable, pero se sitúa en torno a los diez años desde el momento del diagnóstico.

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El contenido que se proporciona en esta literatura es información general. En ningún caso debe sustituir ni la consulta, ni el tratamiento, ni las recomendaciones de su médico.