Afrontar el diagnóstico

La importancia del diagnóstico precoz

El diagnóstico precoz de la enfermedad es determinante para hacerla frente y aplicar el tratamiento correcto en el momento adecuado. Sin embargo, es complicado y la incertidumbre hasta recibir la confirmación del diagnóstico de párkinson puede durar años y afectar mucho a su salud física y emocional.

La inquietud de desconocer lo que te sucede y no tener una respuesta concreta a una serie de síntomas es ya de por sí un factor desestabilizador, y sólo la desaparición de esta incertidumbre te permite avanzar en el proceso de adaptación de la enfermedad. Por otra parte, cuanto antes se aplique el tratamiento adecuado, mejor calidad de vida tendrás. Es en el inicio de la enfermedad cuando se produce una mejor respuesta a los fármacos.

¿Cómo se diagnostica?

En la actualidad, no hay ningún marcador biológico que permita diagnosticar con certeza y rapidez la enfermedad de Parkinson. No hay un valor en un análisis de sangre ni una prueba fisiológica que lo confirme. Se trata de un diagnóstico clínico, es decir, sustentado en la historia clínica, la exploración física y neurológica de la persona y la presencia de determinados síntomas o la ausencia de otros.

El párkinson se diagnostica por un neurólogo con experiencia en la evaluación y el tratamiento de la enfermedad. Para diagnosticar la enfermedad el profesional médico hace una historia clínica detallada y realiza una exploración neurológica. También suele ser habitual realizar pruebas adicionales para descartar otras enfermedades que puedan asemejarse al párkinson.

En general, el diagnóstico suele basarse en los llamados síntomas motores cardinales (temblor en reposo, rigidez muscular, lentitud en los movimientos y pérdida de reflejos posturales), que no siempre son los primeros en aparecer. La manifestación más clara de la enfermedad es cuando se ha perdido más de un 70% de nivel de dopamina en el cerebro. Antes de llegar a ese punto en una etapa denominada premotora o preclínica y que puede durar varios años se presentan indicios más sutiles a los que no siempre se presta la debida atención: depresión, pérdida de olfato, estreñimiento, alteraciones del sueño, dolor o aumento de la sudoración.

De cualquier manera, la evolución en el cuadro clínico a lo largo de los años es crucial para confirmar el diagnóstico, por lo que es fundamental que los neurólogos reevalúen periódicamente al paciente.

Reacción ante el diagnóstico

Aunque su nombre es de sobra conocido, el párkinson es una enfermedad muy desconocida y estigmatizada. La sociedad tiene de ella una imagen distorsionada y estereotipada, lo que dificulta en muchas ocasiones afrontar el diagnóstico y convivir con la enfermedad.

Este desconocimiento sobre la enfermedad hace que seas más vulnerable ante el diagnóstico. Así, con frecuencia la reacción inicial ante el diagnóstico es venirte abajo y tras el desconcierto y la incredulidad suele surgir el miedo, la preocupación y la ansiedad.

Sin duda, el diagnóstico de esta enfermedad supone un duro golpe. No obstante, hay que evitar el alarmismo, la frustración y no caer en el desánimo, en el «no se puede hacer nada», sencillamente porque sí se puede hacer mucho, especialmente cuando tú y tu entorno os involucráis de forma positiva y activa en el tratamiento.

Por este motivo, hay que familiarizarse cuanto antes con la enfermedad, saber qué es, cómo puede afrontarse y qué herramientas tienes a tu disposición para asegurarte una buena calidad de vida y una mayor autonomía, y todo ello se tiene que hacer desde el mismo momento en que recibes el diagnóstico.

En otros casos, la reacción ante el diagnóstico es el alivio. El propio diagnóstico es, en sí mismo, terapéutico, ya que cuando sabes que te pasa algo (en el caso del párkinson, por ejemplo, que te tiembla la mano y no sabes por qué), encontrar la razón, sirve de revulsivo: «Sé lo que me pasa y me voy a poner en tratamiento para ello». Los problemas de la angustia que genera padecer una enfermedad no identificada desaparecen.

No obstante, además de la propia personalidad y de los recursos emocionales de cada persona, son muchos los factores que influyen en la reacción ante el diagnóstico de párkinson. Así, por ejemplo, la edad condiciona mucho la respuesta, ya que el proyecto de vida y las responsabilidades si eres joven no son las mismas que las que puede tener alguien de más edad. Asimismo, contar con el apoyo de amigos, allegados, compañeros de trabajo, etc., ayuda a cubrir las nuevas necesidades que surgen ante un diagnóstico de este tipo.

En cualquier caso, una de las primeras recomendaciones para afrontar el diagnóstico es no pensar de manera constante en la enfermedad. De hecho, se te aconseja seguir manteniendo al máximo la misma actividad existente antes del diagnóstico, algo relativamente fácil durante las primeras fases de la enfermedad, en las que no se necesita ayuda para realizar las labores cotidianas. El objetivo es conservar la autonomía durante el mayor tiempo posible. Adoptar una actitud positiva y constructiva son dos buenas herramientas para obtener un mayor beneficio del tratamiento a largo plazo.

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El contenido que se proporciona en esta literatura es información general. En ningún caso debe sustituir ni la consulta, ni el tratamiento, ni las recomendaciones de su médico.