Diagnóstico de las infecciones fúngicas

El diagnóstico de las infecciones superficiales se basa con frecuencia en el aspecto y lugar de la infección. No obstante, las guías recomiendan la realización de estudios para identificar el hongo causante siempre que sea posible y, sobre todo, en los casos en que existan dudas o en aquellos pacientes que, de antemano, se establezca que serán candidatos al tratamiento por vía oral. El diagnóstico de laboratorio se basa en la visualización de las estructuras del hongo, técnica conocida como examen directo, y en el posterior cultivo, a partir de las muestras obtenidas, que permitirán su aislamiento e identificación.

Es habitual que las dermatofitosis o tiñas se identifiquen por su apariencia. Para confirmar el diagnóstico, se realiza un raspado de la piel para su observación al microscopio. El cultivo en el laboratorios se lleva a cabo si la infección se localiza en piel, uñas o cabellos arrancados de zonas afectadas.

Desde el punto de vista clínico el diagnóstico de las infecciones causadas por Candida es difícil porque no hay unos síntomas característicos. Ya que hay distintos tipos de infecciones causadas por este hongo, para confirmar el diagnóstico el médico debe identificar el hongo causante de la infección. Una técnica sencilla y recomendable es examinar una muestra al microscopio para el diagnóstico presuntivo.

La pitiriasis versicolor se diagnostica a menudo por su apariencia. Para confirmar el diagnóstico se utiliza una luz ultravioleta que muestra la infección más claramente, y por lo general se examinan al microscopio muestras de raspados de la zona infectada.

Por su parte, las infecciones fúngicas sistémicas representan a menudo un desafío para el médico. Solamente se dispone de análisis de sangre y de piel para unas cuantas de estas infecciones y a menudo los resultados no son concluyentes o no detectan el hongo presente en el cuerpo. El diagnóstico de infección sistémica por hongos generalmente se confirma cultivando el hongo en una placa de laboratorio a partir de una muestra de esputo, médula ósea, orina, sangre, líquido cefalorraquídeo (líquido del cerebro y de la médula espinal) u otro tejido.

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El contenido que se proporciona en esta literatura es información general. En ningún caso debe sustituir ni la consulta, ni el tratamiento, ni las recomendaciones de su médico.