¿Qué es una infección por CMV?

El citomegalovirus es un parásito humano de la familia de los herpesvirus que tiene una elevada prevalencia a nivel mundial, de hecho, se estima que lo tienen el 60% de la población de los países desarrollados, ya que una vez que el virus penetra en una persona se queda con ella por el resto de su vida.

En personas con un sistema inmunitario normal, la infección cursa normalmente sin síntomas, o con síntomas muy leves, por lo que muchas personas infectadas pueden no saber que lo están. Tras la primera infección, el virus pasa a un estado “latente”, salvo en determinadas circunstancias, como cuando un paciente está inmunodeprimido, entonces actúa como un virus oportunista, pudiendo causar problemas graves de salud.

Trasmisión y prevención

La primera infección por CMV se produce normalmente por contacto directo de fluidos de una persona ya infectada, como pueden ser orina, saliva, secreciones vaginales, semen o leche materna. Por el tipo de virus que es, el CMV se replica lentamente, tarda 24 horas en producir nuevos virus en la célula ya infectada y pueden pasar varios días e, incluso, semanas hasta ser visible en líneas celulares en el laboratorio.

Para que el virus pase de un ser humano a otro se requiere un contacto muy estrecho ya que el CMV es poco estable. Ha de darse por contacto directo entre personas, si bien es posible que la transmisión ocurra también a través de fómites contaminados (objetos inertes que pueden contaminarse y al entrar en contacto con la siguiente persona contagiarle). Así, el citomegalovirus puede sobrevivir en saliva y en superficies durante períodos de entre una y seis horas.

Se ha descrito transmisión del CMV por distintas vías, como la infección congénita (intrauterina); la perinatal (contacto con secreciones durante el parto o a través de la lactancia materna), a través de saliva compartida, por ejemplo, en juguetes en las guarderías, en niños, o en relaciones íntimas, en adultos; por trasfusiones sanguíneas, o en trasplantes, tanto de órganos sólidos como de precursores hematopoyéticos.

Las medidas que se pueden tomar para reducir el riesgo de exposición al CMV son comunes a la de otras infecciones, y pasan por tener una higiene cuidadosa. Si bien, se pueden tomar en cuenta las siguientes consideraciones: lavarse las manos con frecuencia; mantener relaciones sexuales seguras; evitar compartir los alimentos o beber del mismo vaso que otros, o tener cuidado lavándote las manos minuciosamente después de deshacerse de elementos desechables de terceros (como pueden ser pañales o pañuelos con líquidos corporales).

Signos y síntomas

Los síntomas vinculados a la infección por citomegalovirus dependerán, en buena medida del estado de su sistema inmunitario. Así, lo normal es que sea asintomática o que los síntomas sean leves, pudiendo incluir dolor de garganta, de cabeza, fatiga, debilidad, fiebre, pérdida de apetito, ganglios linfáticos inflamados o dolores musculares.

En otros supuestos, como en los recién nacidos contagiados por la madre en el útero, los enfermos de VIH o los pacientes trasplantados, los síntomas pueden ser mucho más severos. En el primero de los casos, en los recién nacidos, algunos de los síntomas que se pueden registrar son la ictericia (coloración amarillenta de la piel), bajo peso al nacer, convulsiones, agrandamiento del bazo, agrandamiento del hígado o neumonía.

Mientras que, en el caso de los pacientes inmunodeprimidos, la gravedad de la infección por CMV está relacionada con el grado de inmunosupresión. Lo más frecuente es que se presente solamente con fiebre, pero los síntomas pueden llegar a ser graves, sobre todo en pacientes como los portadores de VIH o aquellos a los que se les ha trasplantado un órgano (en ambos casos toman medicamentos inmunosupresores), y pueden incluir ceguera, convulsiones, inflamación del cerebro, úlceras sangrantes en el esófago o los intestinos, o neumonitis (inflamación de las vías respiratorias).

Diagnóstico

Para el diagnóstico del citomegalovirus se pueden utilizar métodos de amplificación molecular (como la reacción de la cadena de la polimerasa, PCR), exámenes de sangre y cultivos virales.

La PCR es la técnica molecular más empleada y consiste en ampliar en una muestra un fragmento específico de ADN. Con esta técnica se cuantifica el ADN de citomegalovirus en una muestra clínica (sangre completa y plasma). Se trata de una herramienta diagnóstica sensible, sin embargo, puede no ser capaz de distinguir entre ADN latente y replicación viral activa.

Por otro lado, respecto a las pruebas de sangre, en estas se identifican una serie de anticuerpos que genera el cuerpo contra el citomegalovirus. Este tipo de pruebas se realizan para determinar si el paciente tiene una infección reciente (activa) o en casos en los que la persona corra un riesgo de reactivación del CMV porque tenga su sistema inmune debilitado o porque vaya a recibir un trasplante de órganos. Teniendo en cuenta estas consideraciones, las personas que nunca han sido infectadas por CMV no presentarán estos anticuerpos, mientras que la presencia de los mismos revela que tiene una infección activa o latente.

Por otra parte, también se pueden realizar un cultivo convencional en diferentes tipos de muestras, que puede tener un crecimiento lento y tardar de entre 1 y 6 semanas, o utilizar una técnica llamada “Shell vial”, más rápida, basada en la centrifugación, que permite un diagnóstico en 18-48 horas.

Posibles complicaciones

CMV y trasplante

El citomegalovirus es el virus más común en los receptores de trasplantes de órganos sólidos (entre el 30% y el 50%) y es una importante causa de morbilidad y mortalidad durante los primeros seis meses posteriores al trasplante, coincidiendo con el periodo de máxima inmunosupresión.

Las personas con mayor riesgo de enfermedad por CMV en trasplante de órgano sólido son aquellos pacientes seronegativos, que no han desarrollado anticuerpos contra el virus, que reciben órganos de donantes que sí los han desarrollado (seropositivos).

También influye como principales factores de riesgo el tipo de órgano trasplantado, siendo los más altos el intestinal, el pulmonar y el pancreático, y el grado de inmunosupresión en pacientes seropositivos. Así, los pacientes altamente inmunodeprimidos para evitar el rechazo son los que presentan mayor riesgo de reactivación del virus y de enfermedad por CMV.

En los trasplantes de células madre hematopoyéticas (utilizado en varios tipos de cáncer de células de la sangre y que permite sustituir células defectuosas del paciente por células madre sanas), el riesgo de enfermedad por citomegalovirus es mayor en el trasplante alogénico, siendo mayor en los receptores seropositivos, o lo que es lo mismo, en los receptores que han desarrollado acticuerpos contra el virus. También el riesgo es mayor en los pacientes que presentan enfermedad de injerto contra-huésped, en donantes no emparentados, y en los casos de depleción de células T del injerto.

Recursos

Links organismos médicos

Asociación Española de Pediatría

Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades

Biblioteca Nacional de Medicina de los EEUU

Links asociaciones de pacientes

Fundación Josep Carreras

Asociación Española de Afectados por Linfoma, Mieloma y Leucemia

El contenido que se proporciona en esta literatura es información general. En ningún caso debe sustituir ni la consulta, ni el tratamiento, ni las recomendaciones de su médico.