Signos y síntomas de las infecciones bacterianas

Son tantas las especies de bacterias patógenas y tantas las enfermedades que pueden causar que resulta muy difícil generalizar a la hora de hablar de los signos y síntomas de las infecciones bacterianas.

Muchas infecciones bacterianas cursan con fiebre. La fiebre se trata de la manifestación más común que presenta la respuesta inflamatoria.

Dependiendo del tipo de bacteria causante y de la localización de la infección, los signos y síntomas serán diferentes. Las gastroenteritis que pueden generar patógenos como Escherichia coli o Salmonella tienen como síntoma más frecuente la diarrea.

Por su parte, los síntomas típicos de las infecciones respiratorias, además de la fiebre, suelen ser congestión nasal, moqueo nasal, irritación de la garganta y tos, a veces acompañados de inapetencia, letargo y malestar general.

En cuanto a las infecciones urinarias, los síntomas varían según en qué parte del tracto urinario esté presente la infección. Si se trata de la vejiga, por ejemplo, puede producirse orina turbia o con sangre y maloliente, dolor o ardor al orinar, presión o calambres en la parte inferior del abdomen o en la parte baja de la espalda y una fuerte necesidad de orinar frecuentemente, incluso poco después de haber vaciado la vejiga. Si la infección se propaga a los riñones, los síntomas pueden incluir, entre otros, escalofríos y temblores o sudoración nocturna; fatiga; fiebre alta, dolor en el costado, la espalda o la ingle; piel enrojecida o caliente; cambios mentales o confusión mental; náuseas y vómitos; y en algunos casos fuerte dolor abdominal.

Una de las enfermedades más temidas, la meningitis bacteriana, que puede estar causada por Neisseria meningitidis, tiene como síntomas iniciales vómito, dolor de cabeza, rigidez de la nuca y evoluciona al estado de coma a las pocas horas.

La presencia de bacterias en la sangre (bacteriemia), que puede ser consecuencia de una infección, suele ser resuelta por el propio organismo sin generar síntomas. Sin embargo, en algunos casos puede conducir a infecciones más graves o septicemia. Esta última implica una respuesta grave de todo el organismo y sus síntomas son fiebre, debilidad, ritmo cardíaco acelerado y aumento de la frecuencia respiratoria.

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El contenido que se proporciona en esta literatura es información general. En ningún caso debe sustituir ni la consulta, ni el tratamiento, ni las recomendaciones de su médico.