Síntomas

El primer signo de la enfermedad en su etapa más inicial suele ser la sensación de falta de aliento cuando se practica ejercicio, un síntoma que puede confundirse con otras enfermedades cardiacas y pulmonares. En esta primera fase es muy complicado detectar la enfermedad de forma precoz.

En fases posteriores de la patología aparecen nuevos síntomas, tanto cuando se está haciendo ejercicio como en reposo. Entre otros signos, destaca la hinchazón de los tobillos o las piernas, cierto cansancio o fatiga, mareos, pulso acelerado o irregular, tos, desmayos y presión en el pecho, especialmente durante la práctica de ejercicio físico. Todos ellos son síntomas comunes con otras enfermedades cardíacas y pulmonares, lo que dificulta el correcto diagnóstico de esta enfermedad.

Para poder diagnosticar la hipertensión pulmonar, lo primero es realizar una valoración de los síntomas que se presentan a través de una exhaustiva exploración física. Posteriormente se realizarán varias pruebas para determinar la presión arterial y la frecuencia cardíaca y así encontrar la causa y analizar el deterioro que se tiene de la circulación sanguínea y de los órganos del cuerpo.

En muchas ocasiones se observan daños en varios órganos, por lo que los resultados de las pruebas deben ser valorados por profesionales de diversas especialidades, como Cardiología, Neumología, Medicina Interna, así como expertos en radiología y en imagen. En definitiva, debe tratarse por un equipo multidisciplinar para poder realizar una valoración conjunta de tu estado físico y de la evaluación de tu enfermedad.

La sospecha clínica de la hipertensión pulmonar suele comenzar con la presencia de diversos signos típicos de la enfermedad, como la disnea (ahogo o dificultad en la respiración) durante la realización de ejercicio físico. Otros síntomas característicos pueden ser la angina, el dolor torácico y la insuficiencia cardiaca. Muchos de estos signos, que no son específicos de la hipertensión pulmonar, pueden detectarse por la auscultación cardiaca.

Otros síntomas menos frecuentes son la tos seca, los vómitos y las náuseas, que suelen aparecer tras la realización de ejercicio físico. Cuando la enfermedad evoluciona, los síntomas se agravan incluso cuando permaneces en reposo. También son signos de hipertensión pulmonar avanzada la distensión abdominal y el edema de tobillo.

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El contenido que se proporciona en esta literatura es información general. En ningún caso debe sustituir ni la consulta, ni el tratamiento, ni las recomendaciones de su médico.