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Tratamiento

¿Se puede curar?

El objetivo del tratamiento frente a la hepatitis C es lograr la curación mediante la eliminación del virus de la hepatitis C del cuerpo.

Actualmente, se habla de que este objetivo se ha conseguido cuando una persona no tiene el virus de la hepatitis C en la sangre, lo que se conoce como respuesta virológica sostenida (RVS), tras 12 o 24 semanas después de finalizarse el tratamiento, dependiendo del mismo.

Además, con el tratamiento se busca también evitar la progresión de la inflamación del hígado y la fibrosis, cuando no reducir ambas consecuencias físicas de la enfermedad. Esto permitirá a su vez que se prevenga o se retrase la posibilidad de padecer cirrosis o un cáncer de hígado y eliminar el riesgo de transmisión del virus a otras personas.

Factores previos al tratamiento

Una vez que se produce el diagnóstico de la infección por hepatitis C, llega la fase de tratamiento. En primer lugar, el primer paso es la decisión del paciente de recibir tratamiento o no. Hay pacientes que sí quieren recibir tratamiento desde el principio; otros en los que el tratamiento debe recibirse sin retraso a causa de su estado de fibrosis y manifestaciones extrahepáticas; mientras que el tratamiento no se recomienda a personas con poca esperanza de vida debido a otras enfermedades no relacionadas con el hígado. En cualquier caso, es una decisión personal y se toma teniendo en cuenta múltiples factores y con el asesoramiento del médico.

Si se decide recibir tratamiento, dada la evolución científica terapéutica que está teniendo lugar en esta área, el paciente puede tener varias opciones de tratamiento. El médico será la persona con la que valore la terapia más adecuada, para lo que además se tendrán en cuenta una serie de factores como:

  1. la situación clínica del paciente
  2. el genotipo de virus.
  3. si es un paciente naïve (que no ha recibido ningún tratamiento previamente) o ha recibido un tratamiento antiviral previo pero no ha respondido al mismo.
  4. el grado de fibrosis que presenta, ya que la ausencia de fibrosis o de una fibrosis significativa varia el tratamiento así como el momento de recibirlo.
  5. El grado de cirrosis que presenta el paciente, puesto que el pronóstico, la respuesta al tratamiento y la duración del mismo pueden variar.

Familias terapéuticas

El tratamiento de la hepatitis C no se basa en un solo fármaco o terapia. La velocidad a la que se reproduce el virus, replicándose en miles de millones de copias de sí mismo en un día, pudiendo producirse alteraciones en la estructura genética del virus durante este proceso, hace necesario la combinación de dos o más fármacos. Porque uno solo no sería capaz de eliminar el virus.

Los pacientes con hepatitis C han contado durante muchos años con una terapia convencional de dos fármacos que permitieron poco a poco lograr tasas de curación de alrededor del 50%. Esta familia de fármacos no atacaba al virus -ya que no actuaba de forma directa sobre él- sino que potenciaba el sistema inmunitario de cuerpo.

El gran esfuerzo de investigación que se ha venido y se sigue realizando en esta enfermedad ha permitido conocer mejor tanto el ciclo vital como las características estructurales del virus de la hepatitis C. El resultado es el desarrollo de una nueva generación de fármacos que actúa sobre puntos concretos del ciclo vital del virus (lo que se conoce como dianas terapéuticas), evitando la cadena de reproducción del mismo. Así, han aparecido los nuevos agentes antivirales de acción directa (los AAD), de carácter oral.

Estos agentes pueden agruparse en diferentes familias según la fase del ciclo del virus sobre la que actúan para impedir su replicación. Las principales son:

  1. Inhibidores de la proteasa
  2. Inhibidores de la polimerasa
  3. Inhibidores de la proteína NS5A

No obstante, tampoco se administran de forma única, sino siempre en terapias combinadas, por ejemplo con terapias convencionales (lo que se conoce como terapia triple). Y actualmente se sigue investigando en una segunda y tercera generación de inhibidores.

Por último, hay que destacar que los nuevos antivirales están permitiendo tratar cada vez más genotipos del virus de la hepatitis C, con un mayor y muy alto porcentaje de curación, con menos efectos secundarios y en tratamientos de menor duración para el paciente y de carácter oral frente a los inyectables tradicionales.

Efectos secundarios

El médico informará al paciente antes de iniciar cualquier tratamiento, de las características del mismo, entre ellas, los posibles efectos secundarios que pudieran aparecer durante la duración del tratamiento. Asimismo, informará de las medidas preventivas que pueden tomarse para aliviarlos.

No obstante, una vez iniciado el tratamiento, durante las revisiones, el equipo médico hará un seguimiento regular de dichos efectos secundarios.

Por otro lado, destacar que los efectos adversos dependerán del tratamiento recibido, pudiendo ser unos u otros de los siguientes que se describen a continuación:

  1. Síntomas pseudogripales: Fiebre, escalofríos, dolor en las articulaciones o dolor de cabeza son frecuentes con el tratamiento.
  2. Toxicidad en sangre:
    1. Anemia, una complicación frecuente, debido a una disminución de los glóbulos rojos.
    2. Neutropenia: disminución de un tipo de glóbulos blancos, los encargados de defender al cuerpo frente a las infecciones bacterianas.
    3. Trombocitopenia: disminución de las plaquetas, que puede ser provocada por un daño hepático.
  3. Toxicidad neuropsiquiátrica:
    1. Pérdida de concentración, irritabilidad y alteraciones en la muestra de las emociones.
    2. Depresión.
  4. Trastornos tiroideos: no es lo más frecuente, pero algunos pacientes pueden desarrollar hipo o hiper tiroidismo.
  5. Otros efectos adversos:
    1. Pérdida de peso
    2. Insomnio
    3. Fátiga
    4. Alteraciones visuales como visión borrosa

Coinfección VHC – VIH

Un porcentaje de personas que viven con el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) padecen al mismo tiempo otras infecciones crónicas, entre ellas hepatitis virales cuyo síntoma principal es la inflamación del hígado.

En concreto, padecen más comúnmente la infección por el virus de la hepatitis B y de la hepatitis C.

Estos virus son adquiridos más frecuentemente a causa de prácticas sexuales sin protección o el uso compartido de drogas, aunque puede haber otras causas.

Las personas que padecen estas dos infecciones a la vez son personas co-infectadas o sufren una co-infección. Y tenerlas a la vez (VIH y hepatitis C) complica el tratamiento de ambas. El VIH aumenta la posibilidad de que la infección por virus de la hepatitis C progrese y que lo haga con mayor rapidez. Además, es más probable que se produzca un daño hepático grave cuando hay una coinfección por VIH y hepatitis C que cuando solo existe infección por virus de la hepatitis C.

Por ello, es necesario mantener el sistema inmunitario del paciente fuerte mediante el uso de tratamiento frente al VIH (antirretrovirales). Aunque la infección por hepatitis C afecta a la elección del tratamiento a seguir, teniendo en cuenta los efectos secundarios e interacciones farmacológicas.

Prevención secundaria

Además de las medidas de prevención primarias (que puedes leer en el apartado de ¿Cómo se transmite? de Información Básica), la Organización Mundial de la Salud, recomienda una serie de medidas para las personas que ya sufren la infección por el virus de la hepatitis C.

Estas medidas, sobre todo encaminadas tanto a la propia salud del paciente como para evitar nuevas transmisiones, son:

  1. Información y asesoramiento sobre opciones de atención y tratamiento.
  2. Tratamiento médico temprano y adecuado.
  3. Seguimiento periódico para el diagnóstico precoz de la enfermedad hepática crónica.
  4. Vacunación contra las hepatitis A y B para prevenir la coinfección por estos virus y proteger el hígado.

El contenido que se proporciona en esta literatura es información general. En ningún caso debe sustituir ni la consulta, ni el tratamiento, ni las recomendaciones de su médico.