logo cuidar

en HEPATITIS C

Con el aval de:

¿Cómo evoluciona?

El hígado

El hígado es un órgano indispensable en el funcionamiento del cuerpo humano. Situado en la parte superior derecha del abdomen y protegido entre las costillas, controla todo el aporte alimentario procedente de la dieta.

Entre sus funciones se encuentran las de:

  • almacenar elementos nutritivos que proceden de la dieta y aportarlos a la circulación sanguínea según sea necesario.
  • liberar al cuerpo de sustancias que deben eliminarse del organismo como productos químicos y residuos de la sangre.
  • fabricar la bilis, necesaria para absorber las grasas.
  • sintetizar proteínas, tanto las de transporte y coagulación como las proteínas estructurales de los distintos tejidos;
  • regular el metabolismo de las hormonas.
  • favorecer la inmunidad del cuerpo.

Mecanismo de infección y reproducción del virus

Los hepatocitos son el componente celular más numeroso del hígado. Estas células hepáticas se encargan de las funciones metabólicas y de síntesis de sustancias dentro del órgano. Gracias a su contacto directo con la sangre pueden obtener oxígeno y los distintos nutrientes que pueden enviar luego a la circulación, como la glucosa o las proteínas.

El virus, una vez en la sangre, llega hasta los hepatocitos, donde se reproduce mediante el uso de la estructura celular de los mismos, en un proceso altamente complejo. De hecho puede utilizar un mismo hepatocito para reproducirse varias veces, hasta terminar matando a esta célula. Las nuevas partículas víricas al entrar en contacto con la sangre, pueden infectar a otros hepatocitos, continuándose con este proceso de replicación viral.

Evolución de la infección

  • 1.Hepatitis C aguda

    El primer paso tras la infección por el virus de la hepatitis C es sufrir una infección aguda, lo que se conoce como “Hepatitis C aguda”.

    Esta fase dura los primeros seis meses tras la transmisión y en el 80% de los casos suele pasar sin provocar síntomas en la persona infectada. Esto hace que en esta fase sea poco frecuente que se diagnostique la hepatitis C.

    En caso de producirse, los síntomas son fiebre, fatiga, dolor abdominal, náuseas, vómitos, orina oscura e ictericia (piel y ojos amarillentos).

    Se sabe, aunque se desconoce por qué, que el 20% de las personas con infección aguda logran de manera natural eliminar el virus de su cuerpo. Ese "aclaramiento espontáneo" se suele dar con más frecuencia si se es mujer, de menos de 40 años y ha presentado síntomas.

    Las personas que logran superar la infección sin tratamiento en esta fase dejan de estar infectadas por la hepatitis C. El virus ya no se detectará en la sangre, aunque podrían dar positivo en una prueba de anticuerpos del VHC.

  • 2. Hepatitis C crónica

    El 80% de las personas infectadas por hepatitis C pasarán a tener lo que se conoce como “Hepatitis C crónica”, que provocará la replicación continúa del virus.

    Las consecuencias físicas de esta infección crónica pueden variar de unas personas a otras: algunas nunca desarrollarán un daño significativo en el hígado; otras padecerán una leve cicatrización del tejido de este órgano y entre el 20% y el 30% desarrollará cirrosis al cabo de 15 o 20 años. Un porcentaje menor, no obstante, terminará desarrollando cáncer de hígado, que puede hacer necesario un trasplante.

    La evolución de la hepatitis C crónica comienza tras los seis meses después de la infección. El sistema inmunológico intenta eliminar del hígado las células infectadas por el virus de la hepatitis C, provocando que el hígado se inflame. Una inflamación que conduce a la aparición de cicatrices, al ser sustituidas las células hepáticas infectas por tejido conjuntivo.

    Según el cuerpo sigue intentando combatir las células infectadas, la cicatrización va en aumento lo que causa que el hígado se endurezca, se vuelva menos elástico y la sangre, así como otros fluidos, tengan dificultades en atravesar el órgano.

    La cicatrización del hígado, entre leve y moderada, es lo que se conoce como fibrosis hepática. Pero cuando continúa, y todo el órgano está entrecruzado por este tejido cicatricial, que le hace además irse encogiendo, ya se habla de cirrosis.

    Hay hígados con cirrosis que puede seguir funcionando sobreponiéndose al daño causado. Se dice entonces que sufren de “cirrosis compensada”. Cuando no es posible continuar ejerciendo sus funciones debido al gran daño sufrido, se pasa a tener “cirrosis descompensada”.

    No obstante, aun en el caso de la cirrosis compensada, el hígado y el resto del cuerpo pueden padecer además otras complicaciones derivadas de la infección. Algunas de estas complicaciones son: hígado graso o esteatosis (desarrollo de grasa en las células hepáticas), ictericia (aparición de colarolación amarillenta en la piel), varices esofágicas (por la acumulación de sangre en las venas de este órgano), ascitis (acumulación de agua en el abdomen), encefalopatía hepática (las toxinas que el hígado no puede destruir dañan las células cerebrales), hipertensión portal (la sangre se acumula en la vena porta), lesión renal, enfermedad del tiroides, diabetes y pérdida de apetito y peso que derivan en malnutrición.

  • 3. Carcinoma hepatocelular y trasplante de hígado

    La cirrosis que provoca un daño irrecuperable en el hígado conlleva la necesidad de realizar un trasplante a la persona afecta.

    Además, la cirrosis puede derivar en su extremo más grave hacia un carcinoma hepatocelular o cáncer de hígado. Esto sucede anualmente entre el 1% y el 5% de las personas con cirrosis.

El contenido que se proporciona en esta página web es información general. En ningún caso debe sustituir ni la consulta, ni el tratamiento, ni las recomendaciones de tu médico.