Tratamientos quirúrgicos

La perspectiva de una intervención quirúrgica genera a menudo un sentimiento de inseguridad en muchas personas. Por ello, se recomienda informarse previamente y hacer todas las preguntas necesarias a tu médico para comprender y controlar mejor el posible estrés relacionado con las distintas intervenciones propuestas..

Después de la intervención quirúrgica, a veces se considera necesario un tratamiento de la infertilidad. En ese caso, habrá que tener paciencia.

Diversos problemas de infertilidad, tanto masculinos como femeninos, se pueden tratar con una intervención quirúrgica. Los trastornos de la mujer que requieren cirugía son sobre todo la endometriosis, los problemas de las trompas de Falopio y los miomas. En el caso del varón, la cirugía se utiliza en general para resolver las anomalías funcionales que pueden afectar al transporte del semen o del líquido seminal y para curar las varices de los testículos.

Las decisiones y la elección son importantes en el contexto de las intervenciones de estimulación de la fecundidad. Por ello, es importante hablar previamente de todas las ventajas y riesgos de las diferentes intervenciones posibles con tu especialista en fertilidad.

Esta parte aborda los trastornos femeninos y masculinos que pueden requerir una intervención quirúrgica. Encontrarás información sobre los procedimientos, los efectos secundarios y los resultados.

Cirugía femenina

Los trastornos de la mujer requieren una cirugía que comprende fundamentalmente las intervenciones siguientes.

Laparoscopia

Se trata de una intervención realizada con anestesia general que permite estudiar la pared exterior del útero y las trompas de Falopio sin abrir el abdomen. Durante la laparoscopia, el cirujano puede intervenir las trompas de Falopio obstruidas, los miomas uterinos o el hidrosalpinx (acumulación del líquido en las trompas).

Funcionamiento: El cirujano hace una pequeña incisión en el ombligo por la cual introduce en el abdomen un tubo luminoso unido a una cámara. A continuación inyecta dióxido de carbono para levantar la pared abdominal. El cirujano también puede ver los órganos reproductores por si hay problemas y es necesario intervenir a continuación. Para ello introduce trócares a través de la pared abdominal por los cuales pasan los instrumentos quirúrgicos para tratar las lesiones. Si el problema es demasiado importante, intervendrá en otra operación.

Riesgos: La intervención propiamente dicha se debe realizar con anestesia general. Pueden aparecer los siguientes efectos secundarios:

  • Dolores, sensibilidad y equimosis abdominales.
  • Dolores en los hombros y el vientre causados por el dióxido de carbono residual.
  • Náuseas o cefalea después de la anestesia.

Posibles complicaciones:

  • Afectación (2/1.000 casos) de otros órganos abdominales (intestino, vejiga urinaria, uretra): es necesario reintervenir.
  • Edema pulmonar (líquido en los pulmones, un fenómeno infrecuente).
  • Hemorragias importantes que a veces obligan a reintervenir.
  • Fiebre alta.

Resultados: Los porcentajes de éxito de la laparoscopia varían considerablemente en función del motivo de la intervención. En las mujeres con anomalías graves de las trompas de Falopio, en general parece inútil intentar una reparación mediante laparoscopia. En ocasiones es mejor extirpar las trompas demasiado dañadas y pasar directamente a la FIV.

Histeroscopia

La histeroscopia permite visualizar el interior de la cavidad uterina y diagnosticar una posible anomalía (pólipos, adherencias, miomas, malformación...). Es posible que el médico decida tratar la anomalía durante la exploración.

Funcionamiento: Esta exploración se practica con anestesia local o general. La histeroscopia diagnóstica se realiza en el consultorio; si es necesaria una intervención, se realiza en el quirófano. Se introduce un histeroscopio, un tubo luminoso unido a una cámara, en el útero por el cuello uterino (dilatado previamente). A continuación se inyecta líquido o gas para dilatar la cavidad uterina y verla bien. Para la histeroscopia operatoria, se usa un histeroscopio más grande con el fin de poder utilizar los instrumentos quirúrgicos. Tras la intervención quirúrgica, se puede colocar una sonda de Foley (tubo flexible) o un tubo espiral en el útero, para que las paredes uterinas no se adhieran entre sí ni formen tejido cicatricial. La sonda o el tubo espiral se pueden retirar al cabo de algunos días.

Riesgos: Este procedimiento no es muy doloroso, pero puede tener los siguientes efectos secundarios:

  • Dolor y sensibilidad abdominales.
  • Náuseas o cefalea después de la anestesia.
  • Posibles contracciones y secreciones vaginales.

Posibles complicaciones:

  • Afectación de órganos internos (intestino, vejiga, uretra).
  • Edema pulmonar (líquido en los pulmones, un fenómeno infrecuente).
  • Perforaciones del útero (por lo general, se resuelven solas).
  • Hemorragia importante o fiebre alta (que requieren la intervención de un médico).
  • Cirugía de las trompas de Falopio

Se pueden realizar diversas operaciones de las trompas de Falopio con el fin de mejorar la fertilidad. Aunque en general aumentan las posibilidades de embarazo, únicamente su ginecólogo puede determinar las posibilidades de éxito.

Si la trompa de Falopio está intacta, se puede intervenir para restablecer su función. Si la trompa está dañada, estirada, rígida o dilatada por líquido (hidrosalpinx), sin duda es preferible extirparla y proponer directamente un tratamiento de FIV.

En función de la intervención, estas operaciones se pueden practicar por vía abdominal (laparotomía) o endoscopia (laparoscopia).

Riesgos: Los riesgos dependen del tipo de intervención. En principio, los riesgos son los mismos que con cualquier otra laparoscopia o laparotomía. Pueden aparecer los síntomas siguientes después de la operación:

  • Náuseas o cefalea después de la anestesia.
  • Dolor, sensibilidad y equimosis abdominales después de la intervención.
  • Dolor en los hombros y el vientre causado por el dióxido de carbono inyectado para la laparoscopia.
  • Estas intervenciones pueden, a largo plazo, aumentar el riesgo de embarazo extrauterino o adherencias.

Posibles complicaciones (a corto plazo):

  • Afectación de órganos internos (intestino, vejiga, uretra) que requiere una intervención quirúrgica urgente (efecto secundario infrecuente, 2 a 4 casos/1.000 procedimientos).
  • Trombosis.
  • Hemorragia importante o fiebre alta (que requieren la intervención de un médico).
  • Tratamiento quirúrgico del síndrome del ovario poliquístico

El tratamiento quirúrgico más frecuente de la POQ es la electrocoagulación laparoscópica de los ovarios: se queman los ovarios en algunos puntos para modificar su actividad hormonal (electropunción múltiple).

Funcionamiento: En el transcurso de la laparoscopia, el cirujano hace pequeños agujeros en la pared externa de la cápsula ovárica con una aguja de cauterización o un láser. A continuación se produce una modificación hormonal: aumento de la FSH (folitropina) y aparición de un folículo dominante. En algunas mujeres, la ovulación se restablece de manera duradera, mientras que en otras lo hace de manera temporal y la anovulación reaparece; por último, en otras no se recupera la ovulación.

Riesgos: Como ocurre con cualquier intervención quirúrgica, hay riesgo de complicaciones; por ello, este tratamiento quirúrgico solo se debe considerar tras el fracaso del tratamiento con citrato de clomifeno.

Resultados: Este método todavía no se ha practicado a gran escala por el carácter invasivo de la intervención y porque se desconocen en gran medida sus efectos a largo plazo. Sin embargo, el porcentaje de éxitos en el restablecimiento de la ovulación parece similar al del tratamiento farmacológico.

Cirugía masculina

Vasectomía y cirugía de restauración

Esta intervención reduce posibles obstrucciones en el conducto deferente y el epidídimo (donde se conserva el esperma). Estas obstrucciones están causadas por hernias, anomalías congénitas o esterilización (vasectomía). Alrededor del 1% de los varones que se someten a una vasectomía desean revocar su decisión.

Funcionamiento: Hay dos posibilidades diferentes para una intervención de restauración: unir las extremidades libres de los conductos deferentes (vasovasostomía) o, si esto no da resultado, unir la extremidad de un conducto deferente al epidídimo (vasoepididimostomía). Para la intervención en que las dos extremidades del conducto deferente se unen de nuevo (vasovasostomía), el médico une las capas internas y externas de dicho conducto. Este procedimiento tiene por objeto restablecer la continuidad del conducto deferente. La vasoepididimostomía es un procedimiento de derivación en el que las capas internas y externas del conducto deferente se unen al epidídimo. Los dos procedimientos quirúrgicos se practican en el ámbito hospitalario, con anestesia local o general. A continuación, se analiza el semen cada 2 o 3 meses para verificar la presencia de espermatozoides y para asegurarse de que el tejido cicatricial de la intervención quirúrgica no impide su paso. Si después de la intervención, no hay espermatozoides en el semen, se debe considerar que la cirugía ha fracasado.

Riesgos: Dado el minúsculo tamaño de los conductos, el tejido cicatricial de la intervención quirúrgica puede causar una nueva obstrucción. Aunque rara vez, se pueden producir hemorragias y la tumefacción puede provocar infecciones.

Resultados: Estas intervenciones quirúrgicas no ofrecen siempre el resultado deseado. Tras la vasectomía, muchos varones producen anticuerpos antiespermatozoides que disminuyen considerablemente su movilidad. Si la vasectomía se ha practicado menos de tres años antes, el varón tiene un 95% de posibilidades de recuperar la fertilidad. El porcentaje de embarazos es, en tal caso, del 75%. Si transcurren más de 15 años desde la vasectomía, el porcentaje de embarazos es solo del 30%.

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El contenido que se proporciona en esta literatura es información general. En ningún caso debe sustituir ni la consulta, ni el tratamiento, ni las recomendaciones de su médico.