Con el aval de:

Espondilitis Anquilosante

Espondilitis Anquilosante

La espondilitis anquilosante es una enfermedad crónica que suele aparecer entre los 20 y los 30 años. Se caracteriza por la inflamación de una o varias vértebras, por lo que su primer síntoma es el dolor lumbar. El diagnóstico temprano es fundamental, del cual se encarga el reumatólogo, así como del tratamiento y seguimiento.

Afortunadamente, gracias a los avances existentes en su diagnóstico y tratamiento, es poco común que la enfermedad evolucione hasta formas graves. De hecho, los tratamientos disponibles permiten controlar los síntomas, aminorar la evolución de la enfermedad e incluso, a veces, frenarla. Por tanto, se pueden desarrollar la mayoría de las actividades de la vida cotidiana.

No obstante, junto al tratamiento, es recomendable seguir unos determinados hábitos de vida. Si quieres saber más acerca de los mismos, de cómo puede evolucionar la enfermedad, causas, resolver dudas que te puedan surgir sobre el día a día con esta patología, etc. en MSD Salud puedes obtener más información.

Información Básica

¿Qué es?

Definición

La espondilitis anquilosante es una enfermedad crónica que se caracteriza principalmente por la inflamación de una o varias de las vértebras de la columna vertebral. Con el tiempo, dichas vértebras terminan soldándose entre sí, volviéndose rígida la columna, provocando dolor y limitando la movilidad del cuerpo.

Este tipo de espondilitis produce, además, inflamación en otras articulaciones del cuerpo, como las de la cadera y las rodillas.

Síntomas más comunes

El primer síntoma que aparece es dolor lumbar, debido a la inflamación de las vértebras ubicadas en esa zona del cuerpo, así como de las articulaciones sacroilíacas (las últimas de la columna vertebral). El dolor se manifiesta de forma insidiosa, lenta y paulatina, no pudiendo precisarse con exactitud el instante en el que comenzó el síntoma.

Posteriormente, y según avanza la enfermedad, el dolor asciende por la columna vertebral y desciende hasta los muslos. Además, al dolor se le añade la sensación de rigidez, ya que las vertebras de la columna se van fusionando entre sí, disminuyendo la flexibilidad y la movilidad. Incluso, puedes sentir dolor en el pecho, debido a que se inflama la unión entre las costillas y el esternón, resultando molesto hinchar los pulmones. En algunos casos, otros puntos de unión entre ligamentos y huesos -como los de las articulaciones de rodilla, tobillo o cadera- pueden también inflamarse y doler.

Las molestias aparecerán más cuando estés en reposo que en movimiento, a causa de ello el dolor es más intenso cuando descanses por la noche y al levantarte por la mañana. Muchas personas, para aliviar el dolor en esos momentos, necesitan levantarse y caminar en la noche.

Causa

Se desconoce la causa final que provoca la aparición de la espondilitis anquilosante. Lo que sí está comprobado es que el sistema inmunológico del cuerpo (encargado de su defensa) ataca a las articulaciones causando la inflamación característica de esta enfermedad, pero no se ha podido averiguar todavía por qué se desencadena este comportamiento anómalo. Por ello, esta enfermedad se caracteriza por ser autoinmune (nuestro sistema inmunitario es el responsable de que se desarrolle la enfermedad).

En este sentido, se cree que hay diversos factores (como microorganismos, alimentación y otros desconocidos) que pueden actuar como desencadenantes en personas que genéticamente están predispuestas. No se considera que sea una enfermedad hereditaria, pero sí que hay un mayor riesgo de padecerla si un familiar directo tiene la enfermedad.

¿Cómo evoluciona la enfermedad?

La espondilitis anquilosante no estará siempre presente en tu vida. Vivirás épocas sin síntomas, en las que podrás realizar las actividades normales del día a día, frente a otras épocas en las que aparecerá el dolor y la inflamación en distintas partes de tu cuerpo. Es lo que se conoce como brotes. Además, con la edad, los brotes suelen distanciarse y ser más leves.

No obstante, con el paso del tiempo, podrás notar que la movilidad se irá reduciendo debido principalmente a la rigidez de la columna. La intensidad dependerá de la gravedad de tu enfermedad, de la respuesta a los tratamientos, del estilo de vida que lleves, etc. Afortunadamente, dado los avances existentes en el diagnóstico y el tratamiento, es poco común que se evolucione hasta formas graves de la enfermedad. Y se sabe por diferentes estudios que, si durante los primeros diez años la espondilitis no evoluciona hacia estados graves, en la mayor parte de los casos, la enfermedad se mantendrá estable pasado ese periodo inicial.

Perfil del paciente

¿A quién afecta?

Se estima que tres de cada mil personas padecen esta enfermedad. La espondilitis anquilosante suele aparecer entre los 20 y los 30 años de edad, es más frecuente en la raza blanca o caucásica y se da principalmente en los hombres, en una proporción de ocho varones por cada dos mujeres.

Diagnóstico

¿Cómo se diagnostica?

Para saber si tienes espondilitis anquilosante, el especialista prestará especial atención a los síntomas y signos que presentes de la enfermedad, apoyándose para ello en una exploración física.

Posteriormente, para ratificar los resultados de la exploración, el médico podrá pedir algunas pruebas, como radiografías de la pelvis y la columna vertebral para averiguar el daño que la inflamación haya podido causar en las vértebras y en las articulaciones sacroiliacas.

También podrá solicitar la realización de análisis de sangre, con los que podrá medir la intensidad del proceso inflamatorio que padeces debido a la enfermedad. Los análisis de sangre también sirven para determinar la presencia del antígeno HLA-B27. No obstante, destacar que dar positivo en este antígeno indica una mayor probabilidad de padecer esta patología reumática, pero hay personas que aún teniendo este marcador no padecen la enfermedad. Por tanto, sirve como medida orientativa pero no determinante a la hora de diagnosticar la espondilitis anquilosante.

El compendio de los resultados tanto de la exploración física así como del estudio de los síntomas y el análisis de las pruebas diagnósticas permitirán al médico especialista determinar si tienes espondilitis anquilosante.

Tratamientos

¿Se puede prevenir?

No se puede prevenir la espondilitis anquilosante, ya que en la actualidad se desconoce el factor o los factores que provocan su aparición. Además, se sabe que no es una enfermedad ni infecciosa ni contagiosa. Por tanto, y de cara a una evolución lenta de la enfermedad, el mejor remedio es un diagnóstico temprano.

¿Se puede curar?

La espondilitis anquilosante es una enfermedad crónica, es decir, no tiene cura. Sin embargo, los tratamientos existentes en estos momentos permiten controlar los síntomas, aminorar la evolución de la enfermedad e incluso, a veces, frenarla.

¿Cuál es el tratamiento?

Hoy en día, aunque padezcas espondilitis anquilosante, podrás desarrollar la mayoría de actividades cotidianas y alcanzar una buena calidad de vida gracias a la combinación de tratamientos farmacológicos y tratamientos no farmacológicos.

En cuanto a los tratamientos farmacológicos, primero se prescriben los medicamentos dirigidos a controlar los síntomas, es decir, la inflamación y el dolor causado por la misma. Estos fármacos son conocidos como antiinflamatorios no esteroideos (AINE).

Posteriormente, y con el objetivo de controlar las causas, se acude a los denominados fármacos modificadores de la enfermedad (FAME). Estos medicamentos actúan sobre el sistema inmunológico. Otro tipo de fármacos llamados biológicos, aunque no logran curar, ayudan en el control de los síntomas y signos de la enfermedad.

¿La cirugía es una opción en espondilitis anquilosante?

La cirugía es muy poco habitual como parte del tratamiento frente a la espondilitis anquilosante. El médico te planteará esta opción únicamente cuando considere necesario recuperar algo de movilidad en las articulaciones si las tienes muy dañadas, por ejemplo, las de la cadera.

¿La rehabilitación me puede ayudar?

La rehabilitación es fundamental si tienes espondilitis anquilosante. Debes realizarla de manera continuada y en paralelo a los tratamientos farmacológicos. Los ejercicios físicos y respiratorios, realizados bajo supervisión de un especialista en fisioterapia, tienen como finalidad aumentar la movilidad de la columna vertebral y la fuerza muscular para evitar la rigidez y el anquilosamiento. Además ayudan a prevenir otros trastornos de la función muscular y locomotora del cuerpo.

Más allá del aparato locomotor

¿Puede afectar la enfermedad a otros órganos?

Sí, la espondilitis anquilosante puede ir más allá de las articulaciones y afectar a otros órganos del cuerpo, pudiéndose notar además fatiga, falta de apetito e incluso fiebre.

Una de las manifestaciones más frecuente es la inflamación de algunas partes del ojo (uveítis), que produce enrojecimiento y dolor. Aunque, la más común de todas es la disminución de la capacidad para respirar, debido a la perdida de elasticidad y al anquilosamiento del tórax.
Otras posibles complicaciones, aunque menos comunes son problemas cardiacos, intestinales o renales.

¿Es una enfermedad hereditaria?

La espondilitis anquilosante afecta con mayor frecuencia a las personas que presentan por herencia genética el “antígeno HLA B27”. Sin embargo, son muy pocas las personas que pese a tener este antígeno padecen la enfermedad, aun teniendo familiares con espondilitis anquilosante.

Por tanto, tener este antígeno o algún familiar (padre o hermano) con la enfermedad no es causa suficiente para desarrollarla. Es necesario que concurran otros factores, hasta ahora desconocidos, para que una persona sufra esta enfermedad.

Consejos Útiles

¿Cómo puede influir la enfermedad en mi vida diaria?

El dolor y las lesiones en las articulaciones debido a la inflamación podrán repercutir en tu salud y empezar a notar ciertas limitaciones en tu día a día. Aunque el grado de las mismas variará en función de la progresión de tu enfermedad.

No obstante, una de las principales preocupaciones que las personas con espondilitis anquilosante relatan es si la enfermedad repercutirá en su trabajo: por un lado, por el miedo a las consecuencias económicas si se viera obligado a dejarlo y, por otro, al impacto en el estado de ánimo y en la autoestima si esto sucediera.

En principio, una persona con espondilitis anquilosante es igual de efectiva y productiva. Se recomienda, si es posible, que tu trabajo te permita estar de pie, sentarse, andar y realizar movimientos distintos a lo largo del día. Y se desaconseja que realices trabajos que impliquen fuerza física, especialmente de carga y descarga, ya que afectarán directamente a tu columna vertebral. Y si vas a estar sentado mucho tiempo (en una oficina, en un vehículo comercial, etc.), es bueno hacer descansos para andar y estirar los músculos.

Consejos para el día a día

Realizar ejercicio físico

No solo se puede, sino que debes. Los especialistas recomiendan que las personas con espondilitis anquilosante realicen ejercicio a diario. El ejercicio puede ser pasivo (realizado por un fisioterapeuta quien mueve las articulaciones afectadas del paciente), isométricos (que consisten en contraer solo los músculos para fortalecerlos) y activos (basados en una tabla de ejercicios diaria para mover todas las articulaciones).

Los deportes también son aconsejables. Pero no todos. Se recomienda que practiques aquellos que favorezcan el estiramiento de tu columna vertebral. La natación está especialmente indicada ya que permite mover todos los músculos y articulaciones de la espalda. También se puede jugar al voleibol, al bádminton, pasear… Por el contrario, aquellos que supongan flexionar de manera constante la columna, no son apropiados. Y tampoco aquellos que supongan un alto riesgo de fractura, como el fútbol, el boxeo o la equitación.

La importancia del descanso y la postura

Si tienes espondilitis anquilosante puedes seguir unos determinados hábitos de vida con el fin de que tu estado de salud sea bueno. En este sentido, es importante lograr un buen descanso nocturno, para lo que se recomienda dormir estirado boca arriba o boca abajo, sin flexionar las piernas sobre un colchón duro y con una almohada delgada.

Por las mañanas, al levantarte, también te vendrá bien una ducha de agua caliente para desentumecer los músculos. Y, a lo largo del día, se recomienda que mantengas una posición recta sin doblar la columna hacia adelante.

El calzado y las caídas

Para evitar caídas, de consecuencias muy nocivas cuando se sufre espondilitis anquilosante, se recomienda que utilices zapatos de suela antideslizante, poner barras en los baños o evitar zonas húmedas.

No al tabaco, no al sobrepeso

También se recomienda que lleves otros hábitos de vida que son beneficiosos para ti. Por ejemplo, dejar de fumar -especialmente si sufres problemas respiratorios debido a la rigidez del tórax causada por la espondilitis- y evitar el sobrepeso y la obesidad, ya que sobrecargan las articulaciones dañadas. Mantener un peso equilibrado ayudará, por tanto, a disminuir el dolor de las inflamaciones.

Si quieres tener un hijo: consulta al especialista

El embarazo no está contraindicado para las mujeres con espondilitis anquilosante. No obstante, el control estricto tanto por parte del reumatólogo como del ginecólogo será necesario para que el embarazo transcurra con normalidad. Con ellos, debes consultar la decisión de quedarte embarazada, especialmente para planificar el embarazo en una época de baja actividad de la enfermedad. Igualmente, es necesario saber el tratamiento que estás recibiendo en el momento de quedarte embarazada para realizar los ajustes que sean necesarios en el mismo.

Dentro de este tema, también debes saber que la espondilitis anquilosante raramente afecta a los órganos sexuales, pero puede repercutir en tu vida sexual. Ello es debido a que el nivel de dolor, de cansancio y las limitaciones físicas que puedas sufrir, incluso la actitud emocional y la autoestima que tengas, hacen que se obtenga menos placer o que disminuya el deseo de mantener relaciones sexuales. En estos casos, se anima a mantener una comunicación fluida con la pareja y hablar con ella de todos los aspectos que puedan alterar la relación sexual..

¿Quieres saber más?

El personal sanitario encargado de mi enfermedad

El reumatólogo, como especialista del aparato locomotor, es el médico que más sabe acerca de la espondilitis anquilosante. Él se encargará del diagnóstico, tratamiento y seguimiento de tu enfermedad.

Pero los reumatólogos no trabajan solos, sino que cuentan con la colaboración de un grupo de profesionales sanitarios, con quienes coordina para lograr el mejor cuidado posible de las personas que como tú sufren esta enfermedad reumática. Así, junto al reumatólogo cooperan el médico de atención primaria, el personal de enfermería, el rehabilitador, el oftalmólogo, el cirujano ortopeda y el especialista en digestivo, entre otros.

Impacto psicológico

El dolor crónico y la pérdida de movilidad, con la consiguiente incapacidad para realizar determinadas tareas, pueden hacer que tu enfermedad conlleve una disminución de tu calidad de vida, lo que te podrá afectar emocionalmente.

Según las encuestas e investigaciones con personas con espondilitis, la enfermedad puede conllevar ansiedad o depresión. Por tanto, si tienes síntomas como no poder dormir, no concentrarte, cansancio o culpabilidad debes sospechar de la aparición de estos trastornos psicológicos a causa de la enfermedad. Y, ante ellos, no debes ni ocultarlos ni menospreciarlos. Al contrario, debes abordarlos acudiendo al psicólogo, quien te ayudará mediante un diagnóstico y una terapia adecuada a cada caso.

Asociaciones de pacientes

En contacto con las asociaciones de pacientes

Las personas que sufrís de espondilitis anquilosante podéis acudir a diferentes asociaciones en las que conocer a personas con tu misma enfermedad y donde podéis compartir experiencias. Allí os apoyarán en el proceso de aceptación de la enfermedad y podréis recibir, así como dar ayuda.

El objetivo principal de las asociaciones es servir de autoayuda para los enfermos. Pero también trabajan para mejorar la situación sociosanitaria de las personas con espondilitis anquilosante mediante acciones ante diversas administraciones e, igualmente, intentan concienciar a la sociedad sobre la existencia y complejidad de esta enfermedad, haciéndola más visible. No olvides que cuanto mayor es el número de personas que componen una asociación más fuerza puede tener para cambiar la situación de las personas con esta enfermedad.

A nivel nacional, existen varias asociaciones de pacientes como son Ceade (Coordinadora Española de Asociaciones de Espondilitis) y ConArtritis (Coordinadora Nacional de Artritis). Ponte en contacto con ellas, y te dirán cuál es la asociación más cercana a tu domicilio, ya que estas entidades acogen a casi todas las asociaciones que hay en nuestro país a nivel local, provincial y autonómico.

Listado de Asociaciones de Pacientes de España

ConArtritis (Coordinadora Nacional de Artritis)

Delegaciones de ConArtritis

Asociaciones regionales:

Andalucía

Aragón

Castilla la Mancha

Galicia

Madrid

Melilla

País Vasco

Comunidad Valenciana

CEADE (Coordinadora Española de Asociaciones de Espondilitis)

Otras asociaciones

Guías de Pacientes

Multimedia

El contenido que se proporciona en esta literatura es información general. En ningún caso debe sustituir ni la consulta, ni el tratamiento, ni las recomendaciones de su médico.