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Conceptos básicos

¿Qué es la enfermedad de Crohn?

La enfermedad de Crohn es una dolencia crónica que forma parte de las llamadas Enfermedades Inflamatorias Intestinales (EII). En esta enfermedad, cualquier parte del tubo digestivo –desde la boca hasta el ano- puede estar inflamada, aunque lo más común es que afecte a la vez al intestino delgado (llamado íleon) y al principio del intestino grueso o colon.

Otra característica de esta dolencia es que afecta a todo el grosor del intestino, desde la capa más interna (mucosa) hasta la más externa, es decir, que llega a los tejidos que recubren el órgano.

Como ocurre muchas veces en el ámbito de la Medicina, el nombre de la enfermedad hace referencia a la persona que la descubrió. En este caso, fue el doctor Burrill B. Crohn, un médico del hospital Mount Sinaí de Nueva York, quien realizó el primer diagnóstico en el año 1932, junto con sus colegas Ginzburg y Oppenheimer.

Causas que la provocan

Si tu médico te ha diagnosticado enfermedad de Crohn, es normal que tengas muchas preguntas al respecto. Entre ellas, ¿por qué tengo esta enfermedad? ¿He hecho algo para que me haya tocado a mí? ¿Podría haberlo evitado?

Sobre ello, has de saber que, actualmente, se desconoce la causa de la enfermedad de Crohn. La mayoría de expertos defiende que algún tipo de sustancia o factor ambiental (como la dieta, hábitos higiénicos, microbios, virus, etc…) altera el sistema inmunológico, probablemente debido a las características genéticas de la persona, desencadenando de manera anómala los mecanismos inflamatorios en el intestino y provocando la enfermedad.

La explicación de esta enfermedad sería por tanto multifactorial, es decir, son siempre necesarios varios factores a la vez para que se produzca. Los tres factores principales que podrían contribuir a la enfermedad de Crohn son:

  1. Factor ambiental
  2. Factor genético
  3. Reacción inadecuada del sistema inmunológico del cuerpo

Así pues, aunque no podamos hablar de una enfermedad hereditaria, sí parece haber una cierta predisposición genética a padecerla. Si uno de los progenitores tiene enfermedad de Crohn, los hijos tendrán un 5% de probabilidades de padecer alguna enfermedad inflamatoria intestinal. En caso de que sean los dos, padre y madre, quienes padezcan alguna de estas dolencias, el porcentaje se eleva a entre el 15% y el 30%.

Los síntomas: cómo reconocer la enfermedad

Para entender la enfermedad, es imprescindible comprender cómo funciona. En primer lugar, una de las características de la enfermedad es que alterna períodos de actividad en los que te puedes encontrar mal (que comúnmente se denominan “brotes”) con otros períodos en los que no tendrás síntomas y te puedes encontrar bien (lo que se llama “fase de remisión”).

Aunque no se puede predecir el tiempo que durará cada período, podrías pasar meses e incluso años en fase de remisión, aunque lo más seguro es que los síntomas regresen en algún momento. En las épocas en las que la enfermedad surge de nuevo, lo importante es que seas consciente de que te encuentras en un período de brote para que acudas al médico y puedas planificar tus actividades en función de cómo te sientas.

Los síntomas más frecuentes en la enfermedad de Crohn son la diarrea y el dolor abdominal. De hecho, ambos síntomas son los que llevan a muchas personas a consultar por primera vez con su médico. Si tienes estos síntomas de manera habitual y todavía no has consultado con un médico, no dejes de hacerlo. El especialista que te atienda estará atento a todo lo que le comentes, ya que puede ponerle sobre la pista de la enfermedad. No debes sentir vergüenza a la hora de explicarle lo que te ocurre: estás hablando con un profesional sanitario y lo importante es tu salud.

Si tienes diarrea, el médico podrá hacerte algunas preguntas que le servirán para determinar qué zona del tubo digestivo está afectada por la enfermedad. Por ejemplo, podría preguntarte si las deposiciones vienen acompañadas de sangre, o bien hacer un análisis para comprobarlo. La sangre tiene su origen en las úlceras de la pared del intestino que provoca la enfermedad y que pueden causar sangrado. Es conveniente siempre que lo consultes con tu médico, especialmente por si esta pérdida de sangre pudiese derivar en una anemia.

Si las deposiciones son de escaso volumen pero vienen acompañadas de sangre, lo más seguro es que la zona lesionada sea el colon. Si por el contrario son voluminosas, esto indica que es el intestino delgado el que está afectado. También el dolor abdominal puede dar pistas sobre dónde se encuentra la inflamación dependiendo de dónde te duela.

Otros síntomas que pueden darse son la fiebre, la pérdida de apetito y la pérdida de peso.

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El contenido que se proporciona en esta literatura es información general. En ningún caso debe sustituir ni la consulta, ni el tratamiento, ni las recomendaciones de su médico.