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en CÁNCER

Principales tratamientos para el cáncer

Cirugía oncológica

En ocasiones, tus médicos pueden determinar la necesidad de recurrir a la cirugía para extirpar el tumor que padezcas. La cirugía es la forma más antigua de terapia contra el cáncer. Se puede usar no solo para diagnosticar de qué tipo de tumor se trata o ver si se ha diseminado, sino para restablecer la función del cuerpo que ha sido dañada por su presencia extirpando el tejido canceroso en parte o en su totalidad.

Tras la misma, puede ser que ya no necesites recibir más tratamientos o, dependiendo del tipo de cáncer que padezcas, es posible que necesites seguir alguna otra terapia, como la quimioterapia o la radioterapia. Esto sucede normalmente cuando no es posible extirpar por completo un tumor a través de la cirugía. En estos casos, se emplean otros tratamientos que puedan eliminar la parte del tumor que no se ha podido extraer.

Quimioterapia

Lo primero que tienes que saber es que, aunque muchos cánceres necesitan quimioterapia, no siempre es así. Dependerá del tipo de tumor que padezcas, de si es benigno o maligno, de su estadio, del órgano en que se encuentre, y de si está localizado o se ha extendido. En definitiva, de lo que considere tu médico en base a múltiples parámetros. En caso de que necesites este tratamiento, siempre es bueno que sepas en qué consiste para que seas consciente de a qué te vas a enfrentar en las próximas semanas o meses.

En la quimioterapia se emplean distintos fármacos que afectan al metabolismo y al crecimiento celular. Su objetivo es destruir las células cancerígenas e impedir que se dividan y se reproduzcan. Por regla general, las células tumorales crecen y se dividen más rápidamente que las células normales, lo que las hace más susceptibles a la acción de estos fármacos. La parte negativa es que, en ocasiones, esta terapia puede también afectar a las células sanas, pudiendo provocar efectos adversos.

Respecto a la duración del tratamiento, esto puede variar en función del tipo de cáncer que padezcas y del modo en que responda tu organismo. En cualquier caso, tu médico te informará del número de sesiones de quimioterapia a las que debes someterte. En caso de que no lo haga, no dudes en preguntárselo, ya que te ayudará a prepararte para sobrellevar el tratamiento.

Radioterapia

Se trata de otro tipo muy común de tratamiento para el cáncer, que reciben más de la mitad de las personas que padecen esta enfermedad. Consiste en administrar radiación durante un período determinado, con el objetivo de destruir las células cancerosas pero sin dañar el tejido sano cercano. Hay dos opciones en que se puede administrar: como tratamiento principal, o como tratamiento adyuvante, es decir, administrado tras la terapia principal para eliminar los posibles restos de células cancerosas. Muchos tipos de cáncer responden mejor cuando se combinan varios tratamientos, como la cirugía, la quimioterapia o la radioterapia.

Terapias dirigidas

Este tipo de terapia actúa sobre los genes y las proteínas específicas que sólo se encuentran en las células cancerosas, o bien sobre las condiciones concretas que contribuyen al crecimiento y supervivencia del cáncer. El objetivo de la terapia dirigida es bloquear o desactivar las señales que indican a las células cancerosas que crezcan y se dividan, promover procesos que provoquen la muerte celular natural, y administrar sustancias tóxicas específicas para estas células con el fin de destruirlas. Con bastante frecuencia, se emplea junto con otros tratamientos, como la quimioterapia, para detener el crecimiento del cáncer.

Existen tres tipos principales de esta terapia:

  1. Anticuerpos monoclonales: Bloquean un objetivo que se sitúa en el exterior de las células cancerosas. Se administran normalmente por vía intravenosa, ya que están formados por moléculas grandes y de otra forma el cuerpo no sería capaz de absorberlas.
  2. Medicamentos de moléculas pequeñas: Su objetivo es bloquear los procesos que ocurren en el interior de las células cancerosas, y que son los responsables de que se multipliquen y diseminen. Estas terapias se administran de forma oral.
  3. Inhibidores de la angiogénesis: Este tipo de terapia se dirige al tejido que rodea el tumor, y su fin es detener el proceso de formación de nuevos vasos sanguíneos del mismo, llamado angiogénesis. De esta forma puede, por así decirlo, “matar de hambre” al tumor impidiendo que crezca y se disemine.

No todas las terapias dirigidas funcionan en todas las personas. Ejemplo de ello es el gen denominado KRAS, cuya función es controlar el crecimiento y la diseminación del tumor. En el 40% de los casos de cáncer colorrectal, por ejemplo, este gen está mutado, por lo que las terapias dirigidas no funcionan. Por ello, es recomendable hacer pruebas de detección de mutaciones de este gen antes de empezar la terapia para que se administre al paciente la que sea más efectiva para su caso. En caso de que el gen KRAS no tenga mutación, las terapias que bloquean el receptor del factor de crecimiento epidérmico (EGFR), que suele producirse en exceso en este tipo de cáncer, pueden ser efectivas para retrasar el avance de este cáncer.

En el caso por ejemplo de los melanomas, el 50% de los casos tiene un gen llamado BRAF mutado. Cuando esto ocurre, las terapias dirigidas basadas en inhibidores del BRAF son útiles para tratar el melanoma.

Inmunoterapia

La inmunoterapia, que también recibe el nombre de terapia biológica, es un tipo de tratamiento que ayuda a estimular las defensas naturales del cuerpo para combatir el cáncer. La inmunoterapia ayuda al sistema inmune a aumentar su eficacia para detener o retardar el crecimiento de las células cancerígenas evitando así que el cáncer se extienda o bien, le ayuda a aumentar su eficacia en la eliminación de las células cancerosas.

Existen tres tipos principales de inmunoterapia que tu médico puede administrarte, en función de si está indicado para tu tipo de cáncer.

  1. Anticuerpos monoclonales: Estos anticuerpos no son fabricados por el cuerpo, sino que se fabrican en un laboratorio, pero combaten de la misma manera que los que nuestro sistema inmune crea de manera natural. Actúan atacando a las proteínas específicas que se encuentran en la superficie de las células cancerosas o las células que apoyan el crecimiento de las células cancerosas, con el objetivo de destruirlas y evitar su proliferación.
  2. Inmunoterapias no específicas: Las más comunes son los interferones (que ayudan a combatir al cáncer y pueden retrasar su crecimiento), y las interleuquinas (que ayudan al sistema inmune a producir células que destruyen al cáncer). Su objetivo, al igual que ocurre con los anticuerpos monoclonales, es ayudar al sistema inmunológico del paciente a destruir las células cancerígenas.
  3. Vacunas para el cáncer: Existen vacunas que pueden prevenir la aparición de un cáncer (cuando el tipo de cáncer está relacionada con un virus) y vacunas para el tratamiento cuando el cáncer ya se ha producido (cuyo objetivo es ayudar al sistema inmune a reconocer y destruir las células cancerosas).

Otros tratamientos

Además de todos los indicados anteriormente, existen otro tipo de terapias que también se pueden administrar si la situación lo requiere. Entre ellos, se encuentra el trasplante de células madre. Se trata de un procedimiento de reemplazo de médula ósea por células madre altamente especializadas que se convierten en médula ósea sana. Se recomienda habitualmente para personas que padecen leucemia, mieloma múltiple y algunos tipos de linfoma.

Hay muchas opciones de tratamiento para el cáncer. Todas las decisiones sobre cuál recibirás en caso de que te sea diagnosticada la enfermedad dependerá del tipo de cáncer, de tu médico y de ti.