Cáncer

Cáncer

El cáncer es un conjunto de enfermedades que pueden afectar a diferentes zonas del cuerpo y que, además, generan de forma mayoritaria sentimientos de preocupación o miedo en el momento del diagnóstico. Cuando hablamos de cáncer, en realidad, nos referimos a más de 100 tipos de tumores en los que se produce la proliferación de células que, a diferencia de las normales, empiezan a multiplicarse descontroladamente.

Sea cual sea el tipo de tumor, la detección precoz es fundamental para mejorar el pronóstico. Además, una buena información es necesaria para afrontar todas las fases de tratamiento con más tranquilidad. Por eso, una comunicación continua con el equipo médico es imprescindible. Es conveniente plantearles todas las preguntas que se te ocurran. También es recomendable hablar sobre lo que se siente con alguien de confianza o con personas que estén pasando o hayan pasado por lo mismo.

En este apartado de MSD Salud, podrás encontrar, además de información sobre qué es el cáncer, sus factores de riesgo o su prevención, consejos útiles para afrontar la enfermedad, tanto si la padeces como si convives o estás a cargo de alguien que la padezca.

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Información Básica

¿Qué es?

¿A qué llamamos cáncer?

La palabra “cáncer” se usa para denominar a un grupo muy numeroso de enfermedades que tienen en común el desarrollo de células anormales. Por causas muy diversas, estas células comienzan a multiplicarse y a crecer sin control, algo que normalmente no ocurre en un organismo sano, donde las células normales están programadas para vivir un período determinado y se dividen de forma controlada.

Las enfermedades que forman el grupo de dolencias a las que se denomina “cáncer” son más de cien. A pesar de haber diferentes tipos, todas ellas tienen algo en común: la manera en que se inicia la enfermedad.

¿Cómo se inicia el cáncer?

Todos los tipos de cáncer comienzan con el crecimiento descontrolado de células anormales que se convierten en cancerosas debido a un daño en su ADN. La función del ADN es dirigir todas las acciones de la célula. Una célula sana es capaz de reparar un posible daño en su ADN o morir; sin embargo, las células cancerosas no pueden hacerlo, y tampoco mueren como deberían, sino que por el contrario crecen y forman nuevas células que el cuerpo no necesita.

Esta multiplicación descontrolada de células puede ocurrir en cualquier parte del cuerpo. Esto es importante ya que, dependiendo de la zona en que aparezca el cáncer, los síntomas, el pronóstico, la detección y el tratamiento pueden llegar a ser muy distintos.

A medida que las células crecen descontroladamente, terminan por formarse masas llamadas “tumores” o “neoplasias” que, según se van expandiendo, pueden causar daño o destruir a los tejidos sanos. A estos tumores se les denomina “malignos” porque invaden los tejidos que lo rodean y pueden extenderse a otras zonas del cuerpo, diferentes a la zona donde se originan, produciendo lo que se llama metástasis.

Para que el cáncer se produzca, es necesario que se den una serie de etapas que se desarrollan con el paso del tiempo. Es un proceso que puede durar décadas:

El proceso por el cual se produce el cáncer (llamado “carcinogénesis”) comienza con la acción de un agente iniciador que causa una mutación en el ADN. Este daño puede ser debido a causas hormonales, infecciones, inflamaciones… o bien la persona puede haber nacido con ello. También hay factores externos, como las radiaciones o el tabaco, entre otros, que pueden originar el inicio del proceso.

A continuación, es necesario un segundo paso por parte de un agente que se llama promotor. Este agente puede ser también congénito, adquirido, interno/propio o externo, y estimula las células a dividirse.

El tercer y último paso es el que provoca la progresión del tumor. Nuevas mutaciones confieren al tumor la capacidad de invadir y reproducirse o extenderse a otras partes del cuerpo. Sin este último paso el tumor puede permanecer benigno y localizado. El origen de estos factores es similar al de las anteriores etapas. En esta fase el ambiente alrededor de la célula tumoral cambia radicalmente. El tumor instaura sus propios sistemas de crecimiento, promoviendo señales de crecimiento y también es capaz de desarrollar un sistema de vasos sanguíneos propios para sustentar la llegada de nutrientes.

Tumores que no son malignos

Hay que tener en cuenta que no todos los tumores son cáncer. Existen dos tipos: los malignos, que son aquellos que invaden los tejidos que lo rodean y pueden diseminarse a otras zonas del organismo produciendo lo que se denomina “metástasis”, y los benignos. Estos últimos normalmente no suponen ningún peligro para la vida porque se multiplican lentamente y permanecen en el lugar en el que se han creado, aunque si crecen demasiado pueden presionar a los órganos vecinos y acabar ocasionando problemas de salud. Los tumores benignos, por tanto, no son cáncer. Normalmente los médicos pueden extraerlos y después de la operación, no suelen volver a aparecer.

Sea cual sea el tipo de tumor que te han diagnosticado, sigue las indicaciones de tu especialista, que será quien determine el tratamiento más adecuado para ti.

Epidemiología

El cáncer sigue constituyendo una de las principales causas de morbi-mortalidad. En los últimos 20 años, el número de tumores diagnosticados ha experimentado un crecimiento constante en España debido no sólo al aumento poblacional, sino también a las técnicas de detección precoz y al aumento de la esperanza de vida. Esto refleja la importancia de trabajar en la prevención y detección precoz en todos los tipos de cáncer. De hecho, el riesgo de mortalidad por cáncer ha ido descendiendo en los últimos 20 años.

La importancia de la detección precoz radica en que algunos pacientes cuyos cánceres se detectan y tratan de manera temprana pueden presentar una mejor supervivencia que aquellos cuyos cánceres no se detectan hasta que aparecen los síntomas. De hecho, la detección de esta enfermedad en sus primeras etapas permite un tratamiento que generalmente es más efectivo, menos complejo y menos costoso. Y es que, el propósito de un abordaje temprano es localizar el cáncer cuando está localizado en el órgano de origen, antes de que se expanda a tejidos cercanos u a órganos distantes.

En España, se diagnostica con más frecuencia, según datos de la SEOM, los cánceres de colon y recto, próstata (el más común entre los hombres), mama (el más frecuente entre las mujeres), pulmón y vejiga urinaria.

Tipos

Un cáncer recibe siempre el nombre de la parte del cuerpo en el que aparece. Por ejemplo, si comienza en la próstata y luego se expande a otros órganos, seguirá llamándose “cáncer de próstata” y no cáncer de riñón o de hígado, aunque al crecer haya llegado allí.

Partiendo de esta idea, existen cuatro tipos de cáncer bien diferenciados en función del tejido en el que se han originado:

Carcinoma

Este tipo de tumores son los más comunes, ya que suponen el 80% del total de los cánceres. Entre ellos, se encuentran los de pulmón, mama, colon, próstata, páncreas o estómago, entre otros, y son aquellos que se forman en la superficie de los órganos, glándulas o estructuras corporales (células epiteliales). Existen varios subtipos de carcinoma, incluyendo el adenocarcinoma, el carcinoma de células basales, el carcinoma de células escamosas y el carcinoma de células transicionales.

Sarcoma

Los sarcomas se forman en el llamado tejido conectivo o conjuntivo (músculos, huesos, cartílagos o tejido graso). Los más frecuentes son los sarcomas óseos.

Leucemia

El origen de la leucemia está en la médula ósea, que es el tejido encargado de mantener la producción de glóbulos rojos, blancos y plaquetas. Este tipo de cáncer provoca la producción de un gran número de células de sangre anormales.

Linfoma

Los linfomas son un tipo de cáncer que se desarrollan a partir de tejido linfático, que se encuentra en los ganglios y órganos linfáticos. Hay dos tipos principales de linfoma: el linfoma de Hodgkin y el linfoma no Hodgkin.

Otros cánceres

Otro tipo de cánceres que no se engloban en los anteriores, son los que afectan al sistema nervioso central. Se trata de tumores que comienzan en los tejidos del cerebro y en la médula espinal.

Como ves, dependiendo de cuál sea su origen, el cáncer recibe un nombre diferente. Y dentro de cada categoría, existen múltiples tipos, cada uno de ellos con un pronóstico y un tratamiento diferentes. Lo que todos tienen en común, es el crecimiento incontrolado de células.

¿Qué puede originar un cáncer?

En el cáncer, las células comienzan a dividirse descontroladamente, algo que sucede debido a un daño en el ADN (genético) y/o bien en los mecanismos de su regulación (lo que se llama daño epigenético). El ADN está presente en el núcleo de todas las células y provee el código genético que determina todas las características individuales de las personas. Todos nosotros podemos heredar de nuestros padres este daño producido en el ADN o en sus reguladores, por lo que existe un porcentaje de los casos en los que el cáncer es hereditario, aunque en términos generales ese porcentaje es bajo.

Alrededor del 10-20% del total de casos de esta enfermedad se desarrollan en personas con un historial familiar de cáncer (lo que se llama “cáncer hereditario”). Esto es así porque las mutaciones de los genes de uno o los dos progenitores pueden transmitirse a la siguiente generación. Tener una mutación, no significa que se vaya a padecer cáncer de manera irremediable ya que va a depender de la naturaleza de la mutación, y además existen otros muchos factores de riesgo.

Podemos decir, por tanto, que algunos tipos de cáncer se dan en ciertas familias debido a causas genéticas, pero que la mayoría de los cánceres no están relacionados con los genes que heredamos de nuestros padres. En muchos casos influyen factores externos que pueden aumentar el riesgo de padecer esta enfermedad, como por ejemplo el tabaco, el sobrepeso, o el alcohol, entre otros.

En todo caso, si en tu familia hay o ha habido casos de cáncer, tu médico puede valorar hacerte un cribado o screening genético para saber si padeces mutaciones que puedan aumentar el riesgo de padecerlo. Pero ten en cuenta lo dicho anteriormente: el hecho de tener esas mutaciones, no implica con seguridad que vayas a padecer cáncer. Eso dependerá de otros muchos factores relacionados, por ejemplo, con tu estilo de vida. De hecho, hay múltiples factores de riesgo que aumentan la probabilidad de padecer un cáncer, a los que debes prestar atención para tratar de prevenirlo en la medida de tus posibilidades.

Factores de riesgo

Los genes vienen determinados desde el momento en que nacemos, pero nosotros podemos tener actitudes y comportamientos que podrían aumentar o disminuir la probabilidad de padecer la enfermedad. De hecho, el 90% de los cánceres son provocados por factores externos, unos factores que aumentan la probabilidad de padecer cáncer, como se ha demostrado. Tanto si eres una persona sana, como si te han diagnosticado la enfermedad, es conveniente que sepas cuáles son para poder evitarlos. Algunos de ellos son:

  • Tabaquismo: Es el factor de riesgo más importante que se conoce, ya que es el responsable de la tercera parte de las muertes por cáncer. Es la primera causa de cáncer de pulmón y también influye negativamente en la aparición de otros tipos de cáncer, como los de cabeza y cuello, esófago, estómago o páncreas, entre otros.
  • Alcohol: Tomar un exceso de alcohol puede incrementar el riesgo de algunos tipos de cáncer, particularmente el oral, laringe y esófago. Si además de tomar demasiado alcohol la persona es fumadora, este riesgo se multiplica.
  • Dieta y ejercicio: Una dieta pobre o insuficiente y la falta o ausencia de ejercicio físico, son dos factores que pueden incrementar el riesgo de padecer cáncer. Está demostrado que tener sobrepeso o padecer obesidad, aumenta las posibilidades de padecer diversos cánceres, como por ejemplo, cáncer de mama, de colon, de esófago, de páncreas o de riñón, entre otros.
  • Agentes químicos: Hay algunos agentes químicos que se han asociado a un mayor riesgo de cáncer. Entre ellos, se encuentran los asbestos (que se encuentran en los materiales de construcción y aislantes), los benzenos (presentes en petróleos), el gas radón (que se encuentra en los granitos y minas de carbón), las naftilaminas, etc.
  • Radiaciones: La exposición prolongada e intensa a radiaciones, como la ultravioleta, los rayos X, entre otras, también puede aumentar la probabilidad de padecer cáncer.
  • Gérmenes infecciosos: Algunos gérmenes infecciosos, como virus, bacterias y parásitos, pueden causar cáncer, o aumentar el riesgo de padecerlo. Cabe recalcar que la mayoría de los virus relacionados con un mayor riesgo de cáncer pueden pasar de una persona a otra por la sangre o por otros fluidos, por lo que, entre otras medidas, no tener relaciones sexuales sin protección y no compartir agujas, puede reducir este riesgo.

Diagnóstico

Pruebas

A la hora de diagnosticar un cáncer, hay muchas pruebas que tu médico puede realizar. Estas pruebas, entre las que se pueden encontrar test de laboratorio o pruebas de imagen, permitirán además a tu médico saber en qué estadio se encuentra tu enfermedad. Para elegir las pruebas más adecuadas, el especialista que te atienda tendrá en cuenta tu edad, tus condiciones médicas, el tipo de cáncer del cual se sospecha, la gravedad de los síntomas y resultados previos.

Algunas de estas pruebas son:

  • Biopsia: Se trata de un procedimiento médico que, en muchas ocasiones, es la única manera de llegar a un diagnóstico definitivo, ya que se basa en el análisis del tejido tumoral. Normalmente, una biopsia se recomienda después de un examen físico que pueda realizarte tu médico y de pruebas de imagen como radiografías que hayan identificado un posible tumor.
  • Resonancia magnética: Esta prueba diagnóstica usa campos magnéticos para capturar múltiples imágenes del tejido que se quiere observar. Es común utilizarla en el caso de sospecha de cáncer de mama.
  • TC (Tomografía computerizada): Es un examen diagnóstico empleado para detectar tumores, determinar el estadio de la enfermedad y ver si las células cancerígenas se han diseminado. Se emplea también para ver cómo de efectivo está resultando el tratamiento al que se somete el paciente.
  • Endoscopia: Es un procedimiento médico que permite al doctor revisar el interior del cuerpo a través de la inserción de un endoscopio. Estos aparatos tienen una cámara que transmite la imagen a una pantalla, de forma que el médico puede ver partes del cuerpo a las que de otra manera no podría acceder.
  • Colonoscopia: Esta prueba se emplea para ver dentro de intestino grueso y ayuda a diagnosticar tumores como el de colon.
  • Marcadores tumorales: Los marcadores tumorales son sustancias que se encuentran más elevadas del nivel normal en la sangre, orina, o tejidos de algunos pacientes con cáncer, por lo que también sirven para determinar una posible enfermedad. Si bien, aunque las células cancerígenas a menudo producen marcadores tumorales, otras células sanas del cuerpo también los pueden producir.

Estadiaje

En el momento en que un cáncer es diagnosticado, es necesario establecer en qué estadio de evolución se encuentra. Por ejemplo, si se ha extendido más allá del órgano que lo originó, se denomina “cáncer avanzado”. Una vez el cáncer se ha tratado, existen varias posibilidades: si la enfermedad progresa a pesar del tratamiento se denomina “progresión”. Si permanece estable, se llama “estabilización”. También puede suceder que después de la terapia el tumor disminuya de tamaño (“respuesta parcial”) o que, en el mejor de los casos, desaparezca (“respuesta completa”).

Por otro lado, el término “recurrente” se emplea para referirse a la reaparición de un cáncer después de una remisión. Todos estos términos pueden resultarte útiles en la consulta de tu médico, aunque si tienes cualquier duda respecto a lo que significan, no dudes en preguntarle.

El estadio en el que se encuentra el cáncer es importante por varias razones. Entre ellas, es uno de los factores que hará que el médico determine un tratamiento u otro, en función de en qué momento de desarrollo se encuentre el tumor. El objetivo de esto es que recibas la terapia más adecuada para tu caso. Además, saber el estadio en el que se encuentra el cáncer ayuda a que el especialista que te atienda pueda darte un pronóstico de tu enfermedad, de forma que sepas el patrón y resultados esperados.

En definitiva, el estadiaje es una forma de describir dónde está localizado el cáncer, si se ha extendido y hasta dónde, y si está afectando a funciones de otros órganos del cuerpo. Los médicos se pueden basar en el llamado sistema TNM para clasificar los tumores, en base a tres factores: el tamaño y la localización del tumor (Tumor –T-), si el cáncer se ha extendido a los nódulos linfáticos localizados cerca del tumor (Nódulo –N-), y si el tumor se ha extendido a otras partes del cuerpo (Metástasis – M-).

Existen cuatro grupos en los que se clasifica el cáncer en función de su crecimiento y según este sistema de expansión:

  • Estadio 0: Se emplea este estadio para describir el cáncer “in situ”, es decir, aquel que está localizado en el lugar en el que comenzó, y que no ha invadido los tejidos de alrededor. Normalmente, este cáncer tiene cura y requiere cirugía para extirparlo enteramente.
  • Estadio I: En este estadio, el tumor es pequeño o no ha llegado afectar profundamente a los tejidos circundantes, y tampoco ha llegado a los nódulos linfáticos.
  • Estadio II y III: En estos estadios los tumores son más grandes. Normalmente se han extendido a los tejidos de alrededor y han llegado a los nódulos linfáticos, aunque sin llegar a afectar a otras partes del cuerpo.
  • Estadio IV: Este es el estadio más avanzado del cáncer, también llamado cáncer metastásico. Significa que el tumor se ha extendido a otros órganos y otras partes del cuerpo.

Biomarcadores

Los biomarcadores son moléculas o genes que están en el organismo y que pueden ser producidos por el propio tumor y, en algunos casos, por otros tejidos en respuesta a la presencia del tumor. Su conocimiento ayuda a determinar el tratamiento más adecuado a cada paciente.

Existen diferentes tipos de biomarcadores en función de la información que proporcionan sobre la enfermedad. En concreto, existen tres grandes tipos:

  • Biomarcadores de diagnóstico: se utilizan para la detección y el diagnóstico de tipos concretos de cáncer.
  • Biomarcadores de pronóstico: facilitan información sobre cómo puede evolucionar la enfermedad.
  • Biomarcadores predictivos: permiten prever cómo responderá una persona específica a una terapia concreta.

Prevención

Los beneficios de la prevención

Al analizar la incidencia del cáncer se debe tomar en cuenta que la mayoría de los tumores se deben a factores externos que, a veces, están bajo nuestro control, lo que hace se pueda plantear el cáncer, en cierta medida, como una enfermedad que puede ser evitada con la prevención.

Entre los factores de riesgo importantes se encuentra el tabaco, que es responsable del 30% de la mortalidad producida por cáncer. Además, la tasa de mortalidad de los fumadores de entre 35 y 69 años es tres veces mayor que la de los no fumadores. Por tanto, dejar de fumar es importante para intentar prevenirlo. Abandonar el hábito tabáquico disminuye el riesgo asociado a fumar, sea cual sea la edad a la que se deje.

También la dieta puede tener un papel importante en la prevención del cáncer, ya que la manera en que nos alimentamos influye en el 30-35% de los cánceres de los países industrializados. Las estimaciones indican que una dieta sana, un peso adecuado y el hábito de hacer ejercicio físico moderado, puede reducir la incidencia de cáncer entre un 30 y un 40%, sobre todo los de mama, endometrio, colon, riñón y esófago.

También el alcohol es el causante del 3% de las muertes por cáncer en los países desarrollados, y está demostrado que su consumo excesivo aumenta el riesgo de cáncer oral, de faringe, de laringe, hígado o mama, entre otros. Si además, el consumo de alcohol se une al hábito de fumar, aumenta notablemente en riesgo.

Asimismo, algunos tipos de cáncer de piel se pueden evitar limitando la exposición al sol, por lo que la prevención podría pasar por la utilización de cremas solares en caso de que vayas a tomar el sol.

La importancia de la detección precoz

La detección precoz, es decir, diagnosticar el cáncer en su fase más inicial, es fundamental para mejorar el pronóstico de los pacientes. En un estadio inicial, la persona puede recibir tratamiento antes, sin esperar a que el cáncer se encuentre, por ejemplo, en fases más complicadas como la metástasis.

Uno de sus pilares es el Cribado poblacional o screening: Se trata de un conjunto de pruebas que se llevan a cabo en una gran población no seleccionada, con el objetivo de detectar una enfermedad antes de que tenga manifestaciones clínicas. Hay tres tipos de cáncer en los que se ha demostrado justificado realizar este tipo de pruebas: el cáncer de mama, el de cérvix y el colorrectal.

Principales tratamientos para el cáncer

Cirugía oncológica

En ocasiones, tus médicos pueden determinar la necesidad de recurrir a la cirugía para extirpar el tumor que padezcas. La cirugía es la forma más antigua de terapia contra el cáncer. Se puede usar no solo para diagnosticar de qué tipo de tumor se trata o ver si se ha diseminado, sino para restablecer la función del cuerpo que ha sido dañada por su presencia extirpando el tejido canceroso en parte o en su totalidad, cuando sea posible, entre otras.

La extirpación del tumor puede ser el único tratamiento que requieras o puede ser necesario que esta se combine con otros tratamientos, administrados bien antes o después de la cirugía. Esto sucede normalmente cuando no es posible extirpar por completo un tumor a través de la cirugía. En estos casos, se pueden emplear otros tratamientos que puedan atacar la parte del tumor que no se ha podido extraer.

Quimioterapia

La decisión por parte de tu médico de si necesitas quimioterapia dependerá del tipo de tumor que padezcas, de si es benigno o maligno, de su estadio, del órgano en que se encuentre, y de si está localizado o se ha extendido, entre otros. En definitiva, de lo que considere tu médico en base a múltiples parámetros. En caso de que necesites este tratamiento, siempre es bueno que sepas en qué consiste.

Respecto a la duración del tratamiento, esto puede variar en función del tipo de cáncer que padezcas y del modo en que responda tu organismo, así como del tipo de quimioterapia y el objetivo de la misma (curar, mejorar o controlar los síntomas). En cualquier caso, tu médico te informará del número de sesiones de quimioterapia a las que debes someterte. En caso de que no lo haga, no dudes en preguntárselo.

Los médicos utilizan el tratamiento con quimioterapia antes de la cirugía o radioterapia, para reducir los tumores (quimioterapia neoadyuvante); después de la cirugía o la radioterapia para eliminar las células cancerosas persistentes (quimioterapia adyuvante); como único tratamiento; en los casos de cáncer recurrente (vuelve a aparecer después del tratamiento), o cuando el cáncer hace metástasis (se disemina a otras partes del cuerpo).

Radioterapia

Se trata de otro tipo de tratamiento para el cáncer. Consiste en administrar radiación durante un período determinado, con el objetivo de destruir las células cancerosas, pero sin dañar el tejido sano cercano.

Se puede administrar como primer paso para reducir el tamaño del tumor antes del tratamiento principal (neoadyuvante), como tratamiento principal, o como tratamiento adyuvante, es decir, administrado tras la terapia principal para eliminar los posibles restos de células cancerosas. Además, cuando no es posible la destrucción del tumor, se utiliza como terapia paliativa, buscando reducir el tamaño de los tumores y aliviar los síntomas.

Otros tratamientos farmacológicos

Además de todos los indicados anteriormente, existen otro tipo de terapias que también se pueden administrar si la situación lo requiere. Entre ellos, se encuentra el trasplante de células madre. Se trata de un procedimiento de reemplazo de médula ósea por células madre altamente especializadas que se convierten en médula ósea sana. Se recomienda habitualmente para personas que padecen leucemia, mieloma múltiple y algunos tipos de linfoma.

Hay muchas opciones de tratamiento para el cáncer. Todas las decisiones sobre cuál recibirás en caso de que te sea diagnosticada la enfermedad dependerá del tipo de cáncer, de tu médico y de ti.

Calidad de vida

Tengo cáncer, ¿cómo afectará a mi calidad de vida?

La calidad de vida relacionada con la salud es un concepto que hace referencia a nuestra percepción subjetiva como pacientes sobre el efecto de la enfermedad y los tratamientos sobre aspectos físicos, psicológicos y sociales de la vida diaria.

El objetivo de la atención del cáncer está centrado en la supervivencia del paciente y en mejorar su calidad de vida relacionada con la salud. Así, aunque pacientes, médicos e investigadores valoren la supervivencia como objetivo prioritario, la calidad de vida, que refleja los sentimientos subjetivos de los pacientes sobre su salud, es también muy importante.

Así, el enfoque de tener en cuenta la calidad de vida se encuentra ya en los ensayos clínicos, o se plantea como una necesidad en la población de personas que sobreviven al cáncer, cada vez mayor, por la necesidad de coordinar la atención posterior al tratamiento y las posibles comorbilidades asociadas a su tratamiento.

Enfrentarse al primer día del tratamiento

Cada persona es única y se enfrenta al primer día de tratamiento con quimioterapia de forma diferente. Es normal que se generen diferentes sentimientos durante el proceso de tratamiento, como sentirse nervioso o preocupado al principio. Pero lo importante es estar relajado y tranquilo el primer día en que recibes la terapia y los siguientes.

Para ello, es recomendable que algún ser querido o amigo le acompañe, hacer ejercicio (siempre bajo supervisión médica) o hablar sobre lo que siente con alguien de confianza o personas que estén o hayan pasado por lo mismo.

Normalmente, deberás acudir a una sala específica del hospital para que se te administre el tratamiento. En la mayoría de los casos, podrás irte a casa el mismo día, aunque en ocasiones el tipo de quimioterapia o el estado físico en el que te encuentras requiere una breve estancia hospitalaria.

Para estar más cómodo durante este tiempo es recomendable hagas un desayuno ligero, el cual te ayudará a hacer frente a las posibles náuseas. Para aliviarlas también puedes llevarte caramelos de menta o jengibre. Además, no olvides una botella de agua e ir con ropa cómoda y alguna prenda de abrigo por si te quedas frío. Mientras que para distraerte puedes coger un libro, revistas o un reproductor de música. En cualquier caso, algo que no requiera que hagas mucho esfuerzo.

En el caso de la radioterapia, antes de iniciar el tratamiento, tu equipo médico te realizará una sesión de prueba, por la que revisará mediante un escáner los órganos que tendrá que radiar. En este proceso, es probable que para visualizar mejor los órganos utilicen un contraste (una tinta).

Además, de cara a la primera sesión de radioterapia, en esta prueba el técnico de radioterapia puede hacerte unas marcas en la piel que le servirán de guía, por lo que es importante que no te las quites. En esta sesión, además, te darán unos horarios y unas putas que debes seguir de cara a tu tratamiento.

Los efectos secundarios de los tratamientos

Los posibles efectos adversos dependerán del tipo de tratamiento que recibas, de si padeces alguna enfermedad crónica y también de cómo tu organismo se enfrente a la terapia. Es posible que, al recibir tratamiento para tu cáncer, padezcas algún tipo de efecto adverso, por lo que mentalizarse es importante.

Estos son algunos de los efectos secundarios vinculados a la quimioterapia:

  • Cansancio y sensación de decaimiento. Esto puede impedir que realices actividades cotidianas. Si te sientes mal, compártelo con tu médico, con tu familia y amigos.
  • Problemas bucales. Otro de los posibles efectos secundarios son los problemas bucales. La alteración más frecuente es la mucositis que consiste en una inflamación de la mucosa de la boca y puede producir úlceras dolorosas o llagas, que en ocasiones pueden provocar hemorragia en las encías o infección.
  • Náuseas y vómitos. Este es uno de los efectos secundarios más conocidos y también temidos. Hoy en día existen soluciones para paliar las náuseas y los vómitos, así que si los padeces mientras recibes el tratamiento, díselo a tu médico.
  • Problemas digestivos. Tanto el estreñimiento como la diarrea pueden aparecer con la quimioterapia, debido a que ésta puede afectar a la mucosa del intestino o a los movimientos intestinales. Si tienes estreñimiento, prueba a beber muchos líquidos, tomar alimentos ricos en fibra (como pan o arroz integral, entre otros) y hacer ejercicio moderado entre otras recomendaciones. Si por el contrario padeces diarrea, evita los alimentos ricos en fibra, evita tomar lácteos o derivados, toma pequeñas cantidades de alimentos pero a menudo, entre otras recomendaciones. En cualquier caso, consulta siempre con tu médico.
  • Cambios en el apetito y el sabor. Puede que durante el tratamiento con quimioterapia la comida no te sepa igual que siempre. No te preocupes, esto es normal y es otra de las consecuencias del tratamiento. Si te ocurre, es aconsejable que modifiques determinadas costumbres a la hora de preparar la comida. Por ejemplo, prueba a aderezar las comidas con especias suaves o realiza enjuagues antes de comer.
  • Caída del cabello. Si pierdes parte o la totalidad del cabello, piensa que es algo temporal y que, una vez terminas la terapia, vuelve a crecer, aunque puede hacerlo con características diferentes (color, textura, etc.).

Los efectos secundarios vinculados a la radioterapia son de dos tipos:

  • Aquellos que tienen lugar durante el tratamiento o poco tiempo después de recibirlo, también conocidos como tempranos. Se caracterizan, generalmente, por ser de corta duración, leves, tener tratamiento y por desaparecen pocos días después de finalizar el tratamiento. Entre ellos se encuentran, de forma general, el cansancio y cambios en la piel; mientras que de forma específica vinculados al área tratada pueden ser la alopecia o problemas de la boca (cuando se recibe en esa zona del cuerpo).
  • El segundo tipo se conoce como efectos secundarios tardíos, que se definen por aparecer meses o incluso años después del tratamiento y por aparecer en cualquier tejido que haya sido radiado.

Ante la aparición de los efectos secundarios del tratamiento, no dudes en compartirlos con tu médico o con tu enfermera y decirle cómo te sientes. No debes de asumir siempre como normal todos estos efectos, incluso los más molestos. Y, aunque parezca muy repetitivo, no dejes de comentarlos cada vez que te surja una duda.

Cómo afrontar los vómitos y las náuseas

Los vómitos y las náuseas debido a los tratamientos para el cáncer son especialmente frecuentes, ya que afectan a alrededor del 50% de los pacientes que reciben quimioterapia a pesar del uso de tratamientos para su prevención, y afectan mucho a la calidad de vida, ya que a veces hace que aparezcan complicaciones como deshidratación o desequilibro electrolítico que pueden llegar a hacer que deba cambiarse o suspenderse la terapia.

Hay varios factores que influyen en la predisposición de cada persona a la hora de tener estos efectos secundarios, como la edad, el sexo, haber tenido previamente náuseas o vómitos en quimioterapias previas, el alcoholismo, etc.

Si te ocurre esto mientras estás recibiendo tratamiento para el cáncer, consulta con tu médico.

Es muy aconsejable realizar técnicas de relajación que ayudarán a mantener controladas las náuseas y los vómitos. Por supuesto, también es esencial llevar una nutrición adecuada durante todo el tratamiento. Asimismo, es recomendable hacer comidas ligeras, es decir, comer más frecuentemente pero menos cantidad, para evitar comidas copiosas. Todo ello te ayudará a afrontar este posible efecto secundario y mantenerlo controlado.

Consejos Útiles

Consejos útiles para el paciente con cáncer

Come bien

Una alimentación sana y equilibrada siempre es aconsejable en cualquier persona, también en aquellas que están sanas. Así que, con más razón, si padeces algún tipo de cáncer debes darle a tu organismo una alimentación adecuada que te permita estar fuerte para tolerar mejor el tratamiento y los efectos secundarios.

No te preocupes si de pronto notas cambios de apetito o en el sabor de los alimentos, o sientes náuseas. Son algunos de los efectos secundarios del tratamiento con quimioterapia para tu enfermedad. Reducir el consumo de comidas ricas en grasa (fritos, salsas…) y evitar los alimentos con olores fuertes, te ayudará a mantener más controladas las náuseas y vómitos, entre otras recomendaciones. Aprovecha para comer cuando te encuentres bien.

Otra de las maneras en que la quimioterapia puede afectarte es en la mucosa y/o movimientos del intestino, lo que puede provocar diarrea o estreñimiento. Si tienes estreñimiento, prueba a beber muchos líquidos, tomar alimentos ricos en fibra (como pan o arroz integral, entre otros) y hacer ejercicio moderado entre otras recomendaciones. Si por el contrario padeces diarrea, evita los alimentos ricos en fibra, evita tomar lácteos o derivados, toma pequeñas cantidades de alimentos, pero a menudo, entre otras recomendaciones.

Un poco de movimiento

Realizar ejercicio físico de forma habitual tiene beneficios durante el tiempo que dure el tratamiento. Por supuesto, debes preguntar a tu oncólogo qué tipo de ejercicio es el más adecuado en tu caso. Además, el tipo de ejercicio, su duración e intensidad debe ser adaptado a tu estado de salud en cada momento.

No siempre es necesario hacer un ejercicio que requiera un gran esfuerzo. Una buena opción es salir a pasear en compañía de un amigo, te hará moverte y además pasarás un rato agradable. Si te gusta bailar, hazlo con tu música preferida; o si te gusta y tienes oportunidad puedes llevar a cabo algún trabajo de jardinería al aire libre. En definitiva, busca aquello que te guste, con lo que te encuentres cómodo e inclúyelo en tu vida diaria.

Haz frente al cansancio

El cansancio es un síntoma común cuando padeces cáncer, si bien, la intensidad de éste es diferente en cada caso. De hecho, en algunas personas, este puede aliviarse cuando termina el tratamiento, mientras que en otros casos puede durar meses. Los expertos señalan que no es posible saber si un paciente padecerá este tipo de cansancio, ni qué tan grave será, ni por cuánto tiempo.

El cansancio vinculado al cáncer, a menudo, puede ser causado por más de una causa. El tratamiento de cada una de estas variables puede hacer que se sienta mejor, pero es posible que también se necesiten tomar otras medidas. En este sentido, hay cosas que puedes hacer para reducirlo:

  • Decide qué es lo más importante: si planificas las actividades que vas a realizar en el día, podrás decidir qué es lo realmente importante y de esta forma podrás dejar tiempo para descansar. De todas formas, trata de hacer actividades tranquilas.
  • Descansa y duerme como mínimo 8 horas cada noche: en caso de echarse una siesta, es conveniente echarse una siesta de unos 10-15 minutos, corta en vez de larga, y así dormirá mejor por la noche. Relajarte antes de ir a la cama, leyendo por ejemplo, puede ayudarte a dormir mejor.
  • Acepta la ayuda: para la mayoría de las personas que te rodea será muy satisfactorio si encuentran una manera de ayudarte. Confía en ellos para cosas que a ti te cuestan esfuerzo debido a tu cansancio, como hacer la compra o las tareas del hogar.

Cuéntaselo a tus hijos

Si tienes hijos y te acaban de diagnosticar un cáncer, además de enfrentarte tú mismo a la noticia, debes pensar en los niños. Seguramente te preguntarás, ¿debo decírselo o debo ocultarlo? ¿No son demasiado pequeños para afrontarlo? ¿Cómo les afectará?

Los niños perciben muchas cosas de su alrededor, a veces mucho más de lo que nosotros imaginamos. Por eso, si has estado decaído últimamente, yendo a pruebas hospitalarias, o incluso si has pasado por una operación, es casi seguro que tus hijos se hayan dado cuenta de que algo no va bien.

Como padre o madre, es normal que ante todo quieras proteger a tu hijo y evitarle sufrimiento. Sin embargo, la incertidumbre de no darles una explicación puede ser peor que la verdad y al final pueden sentirse excluidos si se dan cuenta de que algo va mal y nadie les explica qué ocurre. Piensa que, en función de la edad que tengan y de su grado de madurez, hay distintas formas de explicárselo. Aquí te damos algunos consejos para afrontar esa conversación:

  • Explícales qué es el cáncer: Es mejor hacerlo de una manera sencilla y comprensible para su edad. Además, la información transmitida debe ser lo más próxima a la realidad y mejor dársela de forma gradual.
  • Prepárales para los cambios: por ejemplo, cansancio, la caída del cabello o la pérdida de peso. Si se lo explicas antes de que ocurran y con calma, ellos lo entenderán.
  • Tranquilízales: Es normal que el niño se altere o modifique su comportamiento al saber lo que te ocurre. Es importante tratar de seguir con las rutinas habituales. Eso les ayudará a tranquilizarse y a sentirse seguros.
  • Infórmales de los cambios en su día a día: Por ejemplo, si a partir de ahora y durante un tiempo, va a ir a recogerles una persona diferente al colegio.
  • Déjales que hablen: Es mejor que expresen sus sentimientos para que les puedas ayudar a asumir la enfermedad de la forma más natural posible. Para ello, es recomendable empezar por hablar uno mismo de cómo se siente. Si un adulto muestra sus emociones, las reconoce y habla de ellas, será más probable que el hijo imite este comportamiento.

Habla de tu enfermedad con los que más quieres

Solo tú puedes decidir si hablar o no y cuándo hacerlo sobre tu diagnóstico de cáncer, incluso con tus círculos más cercanos. En una primera fase, es probable que sólo quieras hablar de este tema con tu pareja, con unos pocos amigos cercanos o con algunos miembros de tu familia. Ten en cuenta que cuando le dices a tu familia cómo te sientes, tanto emocional como físicamente, podrán entender mejor por lo que estás pasando y ayudarte en consecuencia.

En una segunda etapa, puede que te plantees compartir tu situación con tu entorno. La recomendación es que seas sincero, ya que mantener un secreto de este tipo te puede ocasionar tensión en lugar de apoyo de los demás. También, has de tener en cuenta que una noticia de este tipo afectará a los sentimientos de quienes la reciben, y puede que te encuentres con que tu interlocutor no sepa qué decir, se sienta incómodo o se comporte torpemente. También puede que te encuentres reacciones extremadamente amables, o, incluso, aquellas que hagan demasiadas preguntas personales.

Pregunta todas tus dudas

La comunicación es fundamental en todas las fases del tratamiento. Siempre que quieras saber todo lo relativo a tu enfermedad y al estado en que te encuentras, no dudes en plantear todas las preguntas que se te ocurran al equipo médico que te atiende: ¿qué voy a poder hacer los próximos meses? ¿cómo va a afectar el tratamiento a mi vida? ¿cuánto tiempo va a durar? Resolver tus dudas te ayudará a tomar decisiones junto a tus familiares y los médicos.

Déjate ayudar

Cuando las personas de tu alrededor se enteran por ti de que tienes cáncer, muchas veces lo primero que hacen es ofrecerte su ayuda. ¿Qué puedo hacer por ti? ¿Necesitas que te ayude en cualquier cosa? Y muchas veces es uno mismo el que no sabe responder a esas preguntas. Quizá sea pronto todavía para que sepas cómo los demás pueden ayudarte en este proceso, pero en algún momento necesitarás su apoyo.

Una vez hayas reflexionado sobre las nuevas necesidades que tienes en tu actual situación, no dudes en decírselo a tus familiares y amigos. Lo más seguro es que ellos estén deseando ayudarte en lo que puedan y sentirse útiles dentro de esta etapa de tu enfermedad. A lo mejor necesitas que vayan a recoger a los niños al colegio, que te hagan alguna vez la compra o simplemente que estén ahí acompañándote o escuchándote, dando un paseo o tomando un café. Sea lo que sea, no tengas miedo de hablarlo con ellos.

Haz cosas para dormir bien

El reposo es esencial para que estés descansado. Hay muchas cosas que puedes hacer para intentar dormir bien y algunas que te recomendamos son las siguientes:

  • Sé regular en la hora en la que te acuestas y te levantas.
  • No duermas siesta, al menos mientras tengas problemas para dormir por la noche. Y si lo haces, que la siesta no dure más de veinte minutos.
  • Intenta que haya silencio, así podrás descansar con un sueño más profundo.
  • Mantén una temperatura óptima en el dormitorio, para que ni el frío ni el calor te hagan pasar una mala noche.
  • Evita el consumo de cafeína especialmente por la noche, como café o té.
  • Reduce la ingesta de alcohol.
  • No te obligues a dormir, vete a la cama cuando estés cansado.

Fertilidad: piensa en el futuro

La quimioterapia puede afectar algunas veces a la fertilidad, tanto de hombres como de mujeres. Por ello, antes de iniciar el tratamiento, consulta a tu médico si la terapia que vas a seguir puede afectar a este ámbito de tu vida. Es recomendable hacerlo tanto si tienes pensado formar una familia como si ni siquiera has considerado esa posibilidad, ya que será algo que podría afectar a tu futuro. En función de la respuesta, podrás valorar tú mismo/a junto con tu médico las posibilidades que existen y buscar asesoramiento.

Ten en cuenta, además, que otros tratamientos, como la radioterapia o la cirugía también pueden también afectar a la fertilidad en distintos grados.

Valora qué vas a hacer con el trabajo

Una de las preocupaciones de los pacientes que deben someterse a un tratamiento contra el cáncer es qué va a pasar con el trabajo. ¿Podré seguir trabajando? ¿Tendré que dejarlo? ¿Estoy obligado a decírselo a mis jefes?

No existe una única respuesta para estas preguntas, ni seguramente podrás contestarlas antes de iniciar el tratamiento. Todo dependerá de cómo te sientas antes y durante el tratamiento y del tipo de trabajo al que te dediques. Es posible que te sientas mal y decidas dejar tu trabajo. Otras personas continúan con su puesto laboral o bien solicitan una reducción de jornada.

En cualquier caso, decidas lo que decidas, es razonable poner al corriente, hasta donde tú consideres oportuno, a tus jefes de tu nueva situación. Especialmente, por si hay días en los que no te encuentras bien o para justificar una reducción de jornada. En este sentido, tu médico puede sugerirte límites para determinadas actividades.

No obstante, recuerda que tienes derecho a continuar de baja hasta que el médico considere y no hay porqué sentirse culpable ni menos útil por no estar trabajando.

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Cuando tú eres el cuidador, piensa en el paciente

Ser un apoyo emocional, ayudarle con necesidades derivadas de la atención médica, o servirle de interlocutor con su médico, son algunas de las funciones que puede tener que cumplir como cuidador, dependiendo de las necesidades de cada paciente. Una tarea, que, en un principio, puede llegar a parecer un desafío complejo y difícil de sobrellevar.

Sin embargo, en esta empresa es importante que si eres cuidador tengas en cuenta que no estás sólo, formas parte de un equipo, junto a familiares, amigos y profesionales sanitarios. Una combinación de habilidades que ha de buscar proporcionar una atención eficaz.

El día a día

Si eres un familiar que se enfrenta al reto de ser cuidador, has de tener en cuenta que hay algunas cosas en las que deberás formarte para realizar esta tarea. En algunos casos, los pacientes con cáncer pueden llegar a necesitar ayuda, entre otras cosas, para bañarse, vestirse, alimentarse o ir al baño. Además, tras la salida del hospital, puede que tengas que realizar tareas que llevaban a cabo profesionales sanitarios durante la hospitalización, como cambiar un vendaje, cuidar heridas, poner inyecciones o administrar determinados medicamentos. Es recomendable que preguntes al personal del centro hospitalario cómo realizar correctamente estas tareas antes de que el paciente abandone el hospital.

Como cuidador, es importante que ayudes a la persona a tu cuidado a que mantenga una sensación de ‘ser capaz’, por lo que pregúntale si puede ayudar con una tarea o decisión específica, en lugar de ocuparte directamente de ello.

Además, en ocasiones, las personas que padecen cáncer es posible que ya no puedan realizar actividades de las que disfrutaban. Busca otras vías de mantenerlo estimulado, esto permitirá que el paciente tenga una sensación de normalidad más allá de la enfermedad.

Debes también valorar el tiempo y esfuerzo que te llevará hacerte cargo de todas estas tareas además de las tuyas. Y si te sientes desbordado, pide ayuda a otros familiares o amigos. No tienes por qué hacerlo solo.

Acompañarle al médico

Es muy conveniente que acudas con tu ser querido a las citas médicas si él o ella está de acuerdo. Acompáñale siempre que puedas y, si no te resulta posible, se puede valorar la posibilidad de que vaya algún otro familiar o amigo. Puedes, además, preparar estas visitas, llevar preguntas concretas anotadas y tomar nota o, incluso, grabar con el móvil las respuestas. Saca el máximo provecho de la conversación con el médico.

Ser su apoyo emocional

Cuando una persona es diagnosticada con cáncer, debe hacerse a la idea y normalmente necesita un período de adaptación a la nueva situación. No obstante, cada persona reacciona de manera diferente ante la enfermedad. Hay personas que actúan como si no pasara nada, otras sienten rabia, algunas adoptan una actitud más activa. Lo importante es acompañar a la persona y que no se sienta sola. Por eso, y aunque nos cueste, hay que hablar y compartir los miedos, dudas y preocupaciones.

Cuando tú eres el cuidador, piensa en ti

Cuidar a una persona con cáncer es una tarea que puede ser gratificante a la vez que estresante. Es gratificante en la medida en que estás ayudando a una persona que quieres y que lo necesita, y porque muchas veces conseguirás que se sienta mejor. Sin embargo, también puede causarte estrés la responsabilidad y la impotencia en los días en los que tu familiar no se encuentra bien.

Debes ser consciente de que es importante que tú estés bien (te sientas fuerte, con ánimo) para poder ofrecerle a la otra persona los mejores cuidados. Esto puede requerir que guardes un tiempo para ti mismo, por ejemplo, para hacer algún tipo de actividad física, como salir a dar un paseo.

También tienes que evitar aislarte. Es importante mantener las relaciones tu grupo de amigos, pareja, familiares o conocidos. Eso te ayudará a compartir tus preocupaciones con ellos o pedirles su colaboración, y con ello reducirás tu sensación de sobrecarga y estrés.

Además, intenta dormir y descansar lo necesario, hacer ejercicio y mantener tus aficiones siempre que te sea posible. Tu salud es importante, así que acuérdate tú también de acudir a las consultas médicas cuando lo necesites.

Glosario de Términos

ADN: Se trata de una molécula (cuyas siglas son ácido desoxirribonucleico) cuya misión es almacenar la información genética que regula el crecimiento, división y función de las células.

Anticuerpos: Son proteínas que produce el sistema inmune cuya función es proteger al cuerpo de agentes que pueden ser dañinos. Los anticuerpos responden a antígenos que contienen estos agentes, y de esta forma defienden al organismo. Cada anticuerpo actúa contra un antígeno específico.

Angiogénesis: Es un proceso esencial en la transformación maligna del crecimiento de un tumor, que consiste en la formación de nuevos vasos sanguíneos a partir de otros que ya existen. Es un fenómeno normal durante el desarrollo embrionario, el crecimiento del organismo y en la cicatrización de las heridas.

Cáncer: Es una enfermedad que se caracteriza por el crecimiento descontrolado de células de un tejido que invaden otros tejidos sanos del organismo, pudiendo también desplazarlos o destruirlos.

Carcinoma: Se trata del tipo más común de cáncer, que se deriva de las estructuras epiteliales o glandulares. La piel, boca, pulmón, mamas, estómago, colon y útero son los lugares del cuerpo en los que con más frecuencia se encuentra este tipo de tumor maligno.

Inmunoterapia: Se trata de un tratamiento para el cáncer cuyo objetivo es destruir las células tumorales estimulando el sistema inmune para que las reconozca y elimine.

Leucemia: Se trata de un tipo de cáncer que afecta a la médula ósea, provocando un aumento descontrolado del número de células sanguíneas, tales como glóbulos blancos (leucocitos), glóbulos rojos y plaquetas.

Linfoma: También llamado “tumor sólido hematológico”, se trata de un tipo de cáncer que afecta al sistema linfático. Existen dos tipos principales de linfoma: el linfoma de Hodgkin y el linfoma no Hodgkin.

Metástasis: Se trata de un proceso mediante el cual un tumor primario maligno se disemina a órganos distantes. La presencia de metástasis es un factor que influye en la posible curación del cáncer.

Quimioterapia: Se trata de un tratamiento común para el cáncer que consiste en fármacos cuya misión es evitar la proliferación y el crecimiento de las células cancerosas.

Radioterapia: Se trata de un tratamiento oncológico local que actúa sobre el tumor, cuyo objetivo es eliminar las células cancerosas impidiendo así que se reproduzcan. Esta terapia está basada en radiaciones ionizantes (rayos X o radiactividad).

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