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en CÁNCER DE PIEL: MELANOMA

¿Qué es el melanoma?

El melanoma es un tipo de cáncer que se da en las células que producen el pigmento en la piel. A dichas células se las denomina melanocitos y están localizadas principalmente en la capa más superficial de la piel, que es la epidermis.

Por ello, la mayor parte de los melanomas son cutáneos, pero ocasionalmente pueden aparecer en otros puntos del organismo que tienen tejidos pigmentados como la retina de los ojos y el recubrimiento del intestino.

En concreto, se estima que el 95% de los melanomas serán cutáneos y el resto aparecerán otras zonas del cuerpo.

El melanoma representa el 4% de todos los tumores malignos de la piel.

¿Cuáles son sus síntomas?

El primer síntoma y el más común es la aparición de un lunar sospechoso. Un lunar que ya teníamos, lo que los médicos llaman “nevus”, y que sin darnos cuenta ha cambiado de forma. Aunque a veces es un lunar nuevo o “novo”, que no estaba antes y que nos damos cuenta de su presencia.

El lunar comenzará a extenderse de forma horizontal sobre las capas más superficiales de la piel. Se caracterizará, por regla general, por tener una forma asimétrica, un color que varía dentro del mismo lunar, con unos bordes irregulares o poco definidos. En esta fase de crecimiento, que puede durar meses o años, el lunar no duele ni da molestias.

Con el tiempo puede empezar a crecer también de forma vertical y a extenderse más allá de la epidermis (capa externa de la piel, que carece de vasos sanguíneos) para irse adentrando en la dermis (capa de piel que se encuentra debajo de la epidermis y que ya sí tiene vasos sanguíneos y linfáticos).

Es importante detectar este lunar en su fase de crecimiento superficial en la piel ya que hay pocas posibilidades de que se extienda a otras partes del cuerpo. Mientras que la etapa de crecimiento vertical tiene peor pronóstico.

Tipos de melanoma

Los melanomas se han venido clasificando de manera habitual en cuatro grandes grupos, aunque en la actualidad se considera que realmente es un solo tipo que evoluciona hacia una forma u otra. No obstante, la gran mayoría de los melanomas, en función principalmente de su localización en el cuerpo y su evolución, se encuadran en los siguientes tipos:

  1. Melanoma de extensión superficial: Es la forma de melanoma más frecuente en las personas de raza blanca, suele aparecer entre los 40 y 50 años y se localiza habitualmente en la espalda del varón y en las piernas de la mujer, es decir, en las zonas expuestas al sol de manera esporádica. Este tipo de tumor evoluciona normalmente de una manera lenta (meses e incluso años), en forma de placa de contorno irregular y diferentes tonos de color marrón y está localizado únicamente dentro de la capa más superficial de la piel.
  2. Melanoma nodular: Supone el 10%-15% de los melanomas en la raza blanca, lo que le convierte en el segundo más frecuente. Se da más en los varones y, dentro del cuerpo del hombre, en la espalda. Crece de manera rápida, con posibilidad de sangrado y ulceración.
  3. Melanoma sobre léntigo maligno: Se da en personas muy mayores de raza blanca, ya que aparecen en zonas que han estado expuestas al sol durante toda la vida como cara y cuello. El primer síntoma es una mancha o punto (lentigo) muy pigmentado, que ha ido creciendo a lo largo de lustros. Este tipo de melanoma profundiza mucho en la piel por lo que se convierte en un melanoma invasor.
  4. Melanoma lentiginoso acral: Es la forma más frecuente en las personas de raza negra o piel oscura. Aparece a partir de los 60 años de edad en la palmas y plantas de los pies y manos. El grosor de la piel en estas zonas hace que, a veces, pase desarpercibido y solo se le preste atención cuando se ulcera y sangra.

Además, de estos cuatro tipos frecuentes de melanoma, hay dos formas menos comunes:

  1. Melanoma maligno de las mucosas: Como indica su nombre, aparece en las zonas del cuerpo donde hay mucosas, principalmente en la boca, en la nariz, en la zona conjuntiva ocular y en la zona genital y anal. Es un tipo raro de melanoma, que una vez detectado debe ser analizado y extirpado rápidamente.
  2. Melanoma desmoplásico: Suponen menos del 1% de los melanomas. Suele pasar desapercibido ya que a menudo no tiene color, pero evoluciona a un tumor profundo que produce recaídas y metástasis.

¿A quiénes afecta?

Cada vez es mayor el número de personas que sufren este tipo de cáncer. Su incidencia comenzó a aumentar a mediados de los años 50 del pasado siglo, especialmente entre la gente de raza blanca. Desde entonces el número de afectados se ha ido multiplicando década a década.

Los países de Australia y Nueva Zelanda son los que cuentan con un mayor número de casos, seguido por América del Norte, mientras que en los países de África y Asia el melanoma es considerado un tumor raro.

Europa se encuentra, por su parte, en un nivel intermedio, con una tasa de incidencia tres veces menor que los países de Oceanía: alrededor de 15 personas por cada 100.000 al año. En nuestro continente además sucede al contrario que en otras zonas del mundo: que cuanto más al norte se viva más probabilidad se tiene de sufrir este tipo de tumor. Por eso, países como Suiza, los Países Bajos y los países escandinavos (Noruega, Suecia y Dinamarca), cuentan con un mayor nivel de incidencia que en los países mediterráneos.

En España, a pesar de contar con una incidencia menor, que ronda la tasa de 5,5 afectados por cada 100.000 habitantes, el melanoma es uno de los tipos de cáncer que más se está incrementando, tanto en jóvenes como en personas de avanzada edad.

El melanoma suele diagnosticarse en personas adultas de edad media. Así, un 41% suele ser diagnosticado hacia los 55 años, aunque cada vez aparece en gente más joven. Los melanomas nodulares y lentiginosos acrales son más frecuentes en personas de edad avanzada, mientras que los de extensión superficial son más comunes en los jóvenes.

En cuanto a sexo, es más frecuente en mujeres que en hombres. En ellas, suele localizarse el tumor en las extremidades inferiores y en zonas de mayor exposición al sol.

Cáncer de piel no melanoma

La alarma social por el aumento de casos de melanoma puede llevar a pensar que es el único cáncer de piel que existe. Todo lo contrario: el melanoma es la forma menos frecuente de cáncer de piel.

Los tipos más comunes de cáncer de piel son los que se dan en las células basales y en las células escamosas de la epidermis. La epidermis está compuesta, de fuera hacia dentro de tres niveles, las células escamosas, las células basales y los melanocitos.

Los factores de riesgo para desarrollar el cáncer de piel no melanoma son:

  • tener una piel clara que se quema con facilidad o que no se broncea o se broncea mal, además de tener pecas, tener ojos claros y cabello rubio o pelirrojo.
  • estar expuesto durante tiempo prolongado a la luz del sol o la luz artificial.
  • padecer de queratosis actínica.
  • Haber sido tratado anteriormente con radiación.
  • Tener un sistema inmunitario débil.
  • Tener ciertos cambios en los genes que se relacionan con el cáncer de piel.

Lo que puede hacer sospechar que se padece un cáncer de piel no melanoma es un cambio en la piel. Un cambio como una herida que no cicatriza o al contrario que aparezca una especie de cicatriz blanca, amarillenta o marrón. O zonas de la piel que de manera repentina pasan a ser escamosas, sangrantes o con costras. O al revés, elevadas, lisas, brillantes y con aspecto perlado.

El contenido que se proporciona en esta página web es información general. En ningún caso debe sustituir ni la consulta, ni el tratamiento, ni las recomendaciones de tu médico.