Con el aval de:

Cáncer de mama

Cáncer de mama

El cáncer de mama se origina en el tejido de la glándula mamaria y puede extenderse a otros tejidos y órganos. Afecta mayoritariamente a las mujeres y puede conllevar un alto impacto emocional.

Por ello, la asistencia psicológica y las asociaciones de pacientes pueden desempeñar un papel importante en la convivencia con esta enfermedad, complementando la atención y la información clínica facilitada por los servicios de Oncología u otros especialistas.

En este apartado de MSD Salud, te ofrecemos información sobre el cáncer de mama: qué es, cuáles son sus síntomas y factores de riesgo o cómo se diagnostica y se trata. Además, encontrarás consejos útiles para intentar prevenirlo y, si ya lo padeces, para ayudarte a afrontarlo con la menor repercusión posible en tu calidad de vida.

Información Básica

¿Qué es?

Las células del tejido mamario, en algunas ocasiones, pueden cambiar y proliferar de manera descontrolada, formando una masa de células que se denomina tumor, si bien éste puede ser benigno o canceroso (maligno). Se considerará cáncer de mama cuando las células tumorales que se originan en el tejido glandular mamario son capaces de invadir los tejidos sanos de alrededor y alcanzan órganos alejados y pueden implantarse en ellos. En cambio, se definirá como benigno, si el tumor crece, pero no se disemina.

Por tanto, el cáncer de mama consiste en el crecimiento acelerado e incontrolado de células del epitelio glandular. Estas células malignas han multiplicado su capacidad reproductiva y además pueden diseminarse a través de la sangre o de los vasos linfáticos. Cuando llegan a otras partes del cuerpo se pueden adherir a los tejidos y crecer formando nuevos tumores (metástasis).

La mama está formada por múltiples lóbulos y lobulillos en los que se produce la leche. Estas estructuras están unidos por una serie de tubos llamados ductos o conductos galactóforos que conducen la leche hacia el pezón. También tienen vasos sanguíneos que suministran sangre a la glándula y vasos linfáticos, que son los encargados de recoger un líquido llamado linfa.

Los vasos linfáticos convergen en pequeñas formaciones redondeadas llamadas ganglios linfáticos, los que están en la axila y a ambos lados del esternón (hueso situado en la parte anterior del tórax) son los más cercanos a la mama.

Más del 99% de los casos de cáncer de mama se producen en mujeres, pero también hay un pequeño porcentaje en hombres. En 2019 se estima que en España se producirán unos 32.000 nuevos casos de cáncer de mama.

Tipos

Se conocen varios tipos de cáncer de mama, siendo los más frecuentes el carcinoma ductal in situ, el carcinoma ductal invasivo y el carcinoma lobulillar invasivo.

El carcinoma ductal se origina en las células que recubren internamente los conductos que llevan la leche al pezón y constituyen la mayoría de los cánceres de mama. Se considera in situ cuando se ubica únicamente en el conducto, mientras que el invasivo o infiltrante se disemina fuera del conducto.

El carcinoma lobulillar recibe este nombre porque se origina en los lóbulos. Puede ser in situ, cuando aparece solo en los lóbulos, y no se considera un cáncer, aunque sí supone un factor de riesgo para el desarrollo de cáncer de mama invasivo en ambas mamas. El carcinoma lobular invasivo es aquel que se disemina fuera de los lobulillos.

Otros tipos de cáncer de mama menos frecuentes

El carcinoma inflamatorio de mama se considera un tumor - agresivo, aunque es poco frecuente ya que solo aparece en el 3 % de los casos de cáncer de mama diagnosticados. Se caracteriza por el enrojecimiento de la zona del pezón mamario, y por la aparición de edemas difusos que recuerdan la piel de naranja y que afectan a la zona cutánea de la mama. Este tipo de carcinoma causa cambios en la piel por la aparición de grupos de células malignas que obstruyen los vasos linfáticos situados en la dermis de la mama. El crecimiento de este tipo de cáncer es rápido. Su diagnóstico, a pesar de haber cambios visibles, se complica por la posible confusión con un proceso infeccioso llamado mastitis.

Además, se distinguen como otras formas poco comunes de cáncer de mama los sarcomas, filodes, la enfermedad de Paget y el angiosarcoma, que se produce en las células del músculo, el tejido conectivo o la grasa.

También hay un tipo de cáncer de mama triple negativo, que se denomina así porque sus células carecen de determinados marcadores hormonales. Supone cerca del 15% de los casos de cáncer de mama invasivo. El modelo triple negativo es más habitual entre las mujeres más jóvenes, especialmente de raza negra. Los médicos recomiendan a las personas con cáncer de mama triple negativo menores de 60 años que se realicen una prueba para determinar mutaciones de un gen asociado a este tipo de cáncer que se denomina BRCA.

Es un tipo de cáncer que tiene más posibilidades de diseminarse y de reaparecer tras las terapias, que otros tipos de cáncer de mama.

¿Cuáles son los síntomas del cáncer de mama?

Los síntomas del cáncer de mama no suelen detectarse en las fases iniciales de la enfermedad. Por ello, los programas de cribado, como la mamografía de control, son muy beneficiosos para realizar un diagnóstico precoz del cáncer. El síntoma más frecuente por el que se consulta al médico es la aparición de un nódulo palpable en la mama, casi siempre no doloroso. También suele producirse la retracción o hundimiento del pezón, así como diversas alteraciones de la piel de la mama.

Los principales síntomas son:

  • La mama cambia de tamaño.
  • En la palpación de la mama se siente dolor.
  • Se produce el hundimiento u otros cambios en el pezón.
  • Se perciben irregularidades en el contorno de la mama.
  • Al levantar el brazo se observa una menor movilidad en la mama.
  • Aparecen alteraciones en la piel, como la piel de naranja, cambios de color o úlceras.
  • Formación de un nódulo en la axila.
  • En fases más avanzadas del cáncer, la paciente siente cansancio o dolor óseo localizado.

Perfil de paciente

El cáncer de mama es el más frecuente en la mujer española, y supone un 29% del total de los tumores. Para 2019 se calcula que en España se producirán más de 32.000 nuevos casos. Además, se calcula que una de cada ocho españolas tendrá este tipo de tumor en algún momento de su vida.

El cáncer de mama es una enfermedad prácticamente femenina, si bien un pequeño porcentaje, inferior al uno por ciento, se presenta en hombres. En mujeres, la mayoría de los casos se diagnostican entre los 35 y los 80 años, con mayor frecuencia entre los 45 y los 65 años.

Factores de riesgo

Las posibilidades de desarrollar un cáncer de mama aumentan con una serie de factores de riesgo. Estas circunstancias o cualidades con frecuencia influyen en el desarrollo de la enfermedad, si bien la mayoría no causa de forma directa el proceso tumoral. De hecho, ocurre que personas con varios factores de riesgo nunca desarrollan cáncer, mientras que otras sin factores de riesgo conocidos sí tienen la enfermedad.

En el caso del cáncer de mama, su influencia está relacionada con las hormonas femeninas denominadas estrógenos y progesterona. La influencia de estas características es diferente en cada persona, y depende de la propia susceptibilidad genética. No todas las personas con estos factores van a desarrollar la enfermedad, y es posible reducir el riesgo con una serie de medidas como los hábitos de vida saludables.

Entre los factores que pueden incrementar el riesgo de aparición de cáncer de mama están:

  • El sexo: las mujeres tienen más posibilidades de sufrir un cáncer de mama, y apenas un 1 % de los casos diagnosticados son hombres.
  • La edad: entre los 45 y los 65 años las mujeres es la franja con más posibilidades de que una mujer tenga cáncer de mama. El riesgo aumenta con la edad.
  • La predisposición genética: las mutaciones o alteraciones de determinados genes condicionan el desarrollo del cáncer de mama. La gran mayoría de los canceres de mama no se heredan de madres a hijo/as, aunque en una pequeña proporción de casos algunas mutaciones asociadas al desarrollo de un cáncer de mama pueden encontrarse en la descendencia.
  • Los antecedentes familiares: tener un familiar de primer grado que ha sido diagnosticado de cáncer de mama aumenta las posibilidades de desarrollar la enfermedad. Tener antecedentes personales de enfermedad mamaria benigna, como la hiperplasia atípica de la mama es una alteración que supone un mayor riesgo de tener cáncer.
  • Los antecedentes personales de cáncer de mama, ovario o endometrio.
  • La exposición a radiaciones ionizantes, sobre todo durante la infancia y la pubertad, se considera un factor de riesgo.
  • Consumir alcohol o tener sobrepeso u obesidad también son factores de riesgo.
  • El área geográfica, podría ser un factor de riesgo, encontrando una mayor incidencia del cáncer de mama - en los países desarrollados que en los menos desarrollados.
  • La menarquia: el inicio de la menstruación antes de los 12 años supone un factor de riesgo.
  • La menopausia tardía: la posibilidad de tener la enfermedad aumenta en mujeres en las que se retira la menstruación después de los 55 años.
  • La nuliparidad y la edad del embarazo: las mujeres que no tienen hijos o se quedan embarazadas después de los 35 años pueden tener más predisposición.
  • El tratamiento hormonal sustitutivo: en algunos casos se ha observado el desarrollo de este tipo de tumor en mujeres que han tomado esta medicación para paliar los síntomas de la menopausia.

¿Cómo se diagnostica?

Ante la sospecha de un posible cáncer de mama, se deben analizar los síntomas asociados y conseguir toda la información disponible que pueda ser relevante, incluyendo los antecedentes familiares. Todos estos datos sirven para valorar los posibles factores de riesgo asociados al cáncer de mama. En la consulta, el médico hace una evaluación general del paciente, así como una exploración clínica de la mama y de los ganglios. Con los resultados obtenidos, el profesional sanitario valora la necesidad de realizar pruebas complementarias.

Las principales pruebas que se practican para el diagnóstico del cáncer de mama pueden ser:

  • La inspección y la palpación de la mama: el médico examina de forma minuciosa los senos para localizar la presencia de cualquier bulto o zona sospechosa. Realiza una palpación para analizar la textura y el tamaño, así como para identificar posibles cambios en los pezones o en la piel. En el examen clínico también se hace una revisión de los ganglios linfáticos axilares y los que están sobre la clavícula, puesto que su aumento de tamaño o el cambio de firmeza puede suponer la propagación del cáncer. Cuando los resultados de estas exploraciones sugieren la presencia de cáncer de mama, se realizan más pruebas.
  • La mamografía: se trata de una radiografía de la glándula mamaria, y es la prueba más eficaz de realizar para conseguir un diagnóstico precoz del cáncer de mama. Las posibilidades de curación de esta enfermedad cuando se detecta en su etapa inicial son muy altas. De hecho, los expertos han observado que gracias a las campañas de detección precoz la mortalidad por esta enfermedad ha disminuido considerablemente, al menos cuando las pruebas se hacen en la edad de mayor incidencia (mayores de 50 años).
    La mamografía no provoca dolor en la mayor parte de los casos, y la dosis de radiación empleada es mínima, por lo que resulta inofensiva. En general, solo se siente una presión sobre las mamas de las placas de plástico transparente.
  • Ecografía: se trata de una prueba médica que emplea ultrasonidos y permite conseguir imágenes del tejido mamario que aportan información sobre la localización y las características estructurales de la mama y las posibles lesiones.
  • Resonancia nuclear magnética (RNM): Mediante esta prueba podremos delimitar de forma precisa la extensión del tumor. Con esta información, los profesionales sanitarios pueden decidir el tratamiento quirúrgico local más adecuado. Además, la RNM también es útil para conocer el grado de respuesta del tumor al tratamiento con quimioterapia, hormonoterapia o agentes biológicos, cuando estos se realizan de forma previa a la cirugía radical.
  • Biopsia: se trata de la obtención de una muestra del posible tumor para estudiar las células con el microscopio. Para ello, es necesario hacer una punción del tumor o de la zona sospechosa.
  • Gammagrafía ósea: Permite detectar si el cáncer se ha diseminado, es decir, si se han formado metástasis en los huesos desde otras partes del cuerpo. Es una prueba de medicina nuclear y consiste en la inyección de una cantidad muy pequeña de una sustancia radioactiva durante el procedimiento.
  • Escáner o tomografía computarizada (TC) toracoabdominal: gracias a esta prueba se pueden ver con todo detalle los órganos que están en el tórax y en el abdomen (pulmón, corazón, grandes vasos sanguíneos, vías aéreas, pared torácica, pleura, ganglios, hígado y glándulas suprarrenales).

Pronóstico

Unas 6.500 mujeres con cáncer de mama fallecieron en España en 2018, lo que supone el 17% de todas las muertes por cáncer del sexo femenino y el 3,3% del total de fallecimientos entre las mujeres. El grupo de edad que registra mayor número de fallecimientos por cáncer de mama es el de mayores de 75 años. El número de casos y las tasas de incidencia aumentan lentamente, si bien la mejora de los tratamientos y a la detección precoz han hecho que la tasa de mortalidad se haya estabilizado.

Tratamiento

El médico explicará a cada paciente las posibilidades de tratamiento más adecuadas que tiene disponibles, para lo cual es fundamental determinar en qué fase se encuentra el tumor. Con esa información y el asesoramiento de los profesionales sanitarios, el paciente estará en disposición de afrontar el tratamiento y, si es necesario, tomar decisiones al respecto junto con el médico.

Al igual que ocurre en la mayoría de los tipos de cáncer, en el de mama el tratamiento suele ser multidisciplinar, es decir, diferentes especialidades colaboran en el diseño de un tratamiento que combina las acciones necesarias para conseguir el mejor resultado posible.

La extensión (estadio) o etapa en la que se encuentra el cáncer de mama es un factor decisivo a la hora de elegir la terapia. Cuanto más extendido esté el tumor, general y probablemente, más tratamiento necesitará el paciente. Además, otros indicadores que suelen ser tenidos en cuenta pueden ser:

  • La presencia/ausencia de receptores hormonales de las células cancerosas.
  • Las cantidades de proteína HER2 de las células cancerosas.
  • El estado general de salud de la paciente.
  • Las circunstancias y las preferencias personales del paciente afectado.
  • Si se ha pasado por la menopausia.
  • La evolución del tumor (su crecimiento).

Los tratamientos en el abordaje del cáncer de mama son la cirugía, la radioterapia, la quimioterapia, la hormonoterapia y los anticuerpos monoclonales.

  • La cirugía: generalmente es la primera técnica que se aplica, y se decide el tipo de técnica quirúrgica en función del tipo de lesión y su extensión. Con la mastectomía radical modificada se conservan los músculos pectorales y solo se extirpan la glándula mamaria y los ganglios axilares. En estos casos es posible hacer una reconstrucción mamaria. Con la cirugía conservadora se realiza la tumorectomía o extirpación del tumor, o bien la extirpación de un cuadrante de la mama y de los ganglios axilares. Esta técnica siempre se complementa con un tratamiento de radioterapia.
    Cuando esté indicado, para simplificar la exploración quirúrgica de los ganglios axilares se puede utilizar la técnica del ganglio centinela (sirve para determinar si el cáncer se ha diseminado más allá del tumor principal hacia el sistema linfático).
  • La radioterapia: es el tratamiento complementario a la cirugía conservadora, cuando hay ganglios positivos y, en algunos casos, tras la mastectomía. Se trata de la aplicación de radiaciones ionizantes en la mama afectada o en la pared torácica. En ocasiones también se aplica en las cadenas ganglionares situadas en la axila y en las cadenas supraclaviculares.
    Se puede clasificar la radioterapia en dos tipos. El primero, la radioterapia externa (la más habitual), aplicada a través de un acelerador lineal, una máquina que no llega a tocar al paciente; y un segundo tipo, que complementa al anterior, la interna, que introduce material radiactivo en el lugar donde se encontraba el tumor.
  • La quimioterapia: consiste en la administración de fármacos, normalmente por vía intravenosa, para destruir las células cancerosas si se han dispersado y que no pueden ser eliminadas por la cirugía o la radioterapia. Suele ser un tipo de terapia complementaria al tratamiento local.
    Además, puede llegar a ser utilizada como un método para reducir el tamaño de una masa tumoral antes de la cirugía.
  • El tratamiento hormonal: las células de la mama pueden ser estimuladas por las hormonas sexuales femeninas, sobre todo los estrógenos y la progesterona. Este tipo de terapia es útil cuando las células tumorales conservan dicha característica, medida por la presencia de receptores hormonales en las mismas.
    A la hora de seleccionar el medicamento a utilizar, su médico valorará la situación hormonal de la paciente, por ejemplo, cobra importancia si la paciente es una mujer menopáusica o no.
  • Los tratamientos biológicos: Son terapias basadas en el tratamiento con productos biológicos, como los anticuerpos monoclonales. Algunas de estas terapias identifican a las células que expresan altos niveles de determinados receptores hormonales y las eliminan o posibilitan que pare el crecimiento del tumor.

Consejos Útiles

¿Qué se puede hacer para intentar prevenir el cáncer de mama?

Estudios recientes indican que el cáncer de mama, si bien no se puede prevenir, sí podría reducirse el riesgo de sufrirlo con la práctica regular de ejercicio físico (unas cuatro horas semanales) y otros hábitos saludables, como evitar el sobrepeso y el consumo de alcohol.

Además, en caso de tener antecedentes familiares de cáncer de mama, es conveniente solicitar consejo genético, que permitirá determinar si se asocia con una mutación genética.

Otras opciones para las personas con un riesgo muy elevado de desarrollar cáncer de mama son las revisiones frecuentes, la mastectomía profiláctica y la quimioprevención. Si eres paciente, asesórate por su médico y valora los pros y los contras de cada una de ellas para tomar una decisión conjunta del abordaje de su enfermedad.

¿Cómo afrontar el cáncer de mama?

El impacto emocional asociado a un diagnóstico de cáncer de mama afecta no solo a la paciente, sino también a sus familiares. La primera reacción ante esta noticia suele ser de un alto impacto emocional, tanto por la noticia en sí como por las consecuencias que supone: hacer frente al propio diagnóstico, a las pruebas médicas, al tratamiento o tomar decisiones importantes que pueden tener repercusión en aspectos cotidianos.

En líneas generales, en una primera fase, puedes experimentar sentimientos de enfado o tristeza, acompañada de múltiples dudas acerca de tu propia salud o de cómo influirá tu enfermedad en tu ámbito social. Se trata de un proceso normal. Esas dudas se van resolviendo con el tiempo e irás teniendo más control.

Para afrontar el diagnóstico de cáncer de mama, los especialistas recomiendan a la paciente que pida toda la información necesaria al médico que le atiende. El profesional sanitario podrá explicarle bien su situación, las posibilidades de tratamiento, la aparición de posibles efectos no deseados de los fármacos, etc. El paciente formado y bien informado suele estar mejor preparado ante los desafíos que se le presentan.

Los expertos recomiendan a la paciente con cáncer que establezca rutinas de descanso y autocuidado. Seguir una dieta equilibrada y realizar ejercicio moderado, como pasear unos 20 minutos diarios. Para disminuir la ansiedad y el estrés, puede ser útil practicar algún tipo de técnica de relajación. Además, es muy aconsejable practicar todo tipo de actividades de ocio y entretenimiento, juegos, manualidades, lectura, pasatiempos, etc. Todas estas experiencias pueden ayudar a mantener la mente ocupada y distraída. Los médicos recomiendan a la paciente con cáncer que dedique tiempo a reflexionar para evitar tomar decisiones precipitadas.

Otros consejos que pueden resultar útiles son aprender a reconocer signos de estrés y poner en marcha estrategias para reducirlos. Si la paciente consigue centrar su atención en sensaciones agradables, seguramente conllevará mejor las experiencias negativas. Puede ayudar imaginar escenas placenteras, realizar actividades relajantes, mantener las relaciones sociales, etc. En este sentido, es preferible evitar la soledad y el aislamiento. El apoyo de la familia y los amigos también podrá ayudar a afrontar las preocupaciones y las dificultades durante todo el proceso de la enfermedad.

¿Cómo afrontar el cáncer de mama metastásico?

El cáncer de mama metastásico afecta de forma inesperada muchas dimensiones de la vida de los pacientes, como el trabajo o las relaciones personales y familiares, entre otras. En parte por la propia salud y en parte por la incertidumbre de no saber cómo será el desarrollo a lo largo del tiempo de este nuevo proceso. Además, por las propias limitaciones de autonomía que experimentan los pacientes, se producen cambios en los ritmos de vida, muchas veces asociados al momento vital de cada persona (mujeres con hijos pequeños, a cargo de personas mayores, con trabajo o con pareja, etc.).

El hecho de que actividades habituales no puedan ser realizadas ni con la intensidad ni en el tiempo habituales lleva a las personas que sufren esta enfermedad a gestionar sus propios límites y a establecer prioridades vinculadas a estos.

En este sentido, es importante destacar el rol que juegan los profesionales sanitarios y las asociaciones de pacientes. Estas últimas pueden complementar la información que recibe el paciente por parte de los profesionales sanitarios, con charlas específicas de temas de interés como nutrición, sexualidad o ejercicio físico. Además, algunas de ellas cuentan con grupos de apoyo específicos a pacientes con cáncer de mama avanzado.

¿Quieres saber más?

Biomarcadores en cáncer

Los marcadores de tumores son sustancias producidas por las células cancerosas o por otras células del cuerpo como respuesta al cáncer o a ciertas afecciones benignas (no cancerosas). La mayoría de los marcadores de tumores son producidos por las células normales y por las células cancerosas; sin embargo, se producen en concentraciones más altas en enfermedades cancerosas. Estas sustancias pueden encontrarse en la sangre, en la orina, en la materia fecal, en tejido de tumores o en otros tejidos o líquidos del cuerpo de algunos pacientes con cáncer. La mayoría de los marcadores de tumores son proteínas, si bien recientemente los patrones de expresión de los genes y los cambios de ADN han empezado a usarse como marcadores de tumores.

En la práctica clínica se emplean muchos marcadores de tumores diferentes. Algunos están asociados con un solo tipo de cáncer, y otros se asocian con dos o más tipos de cáncer. En la actualidad no se ha encontrado un marcador de tumores ‘universal’ que pueda detectar cualquier tipo de cáncer.

La investigación de los mecanismos moleculares del cáncer de mama está revelando nuevas estrategias, como el concepto de ‘medicina personalizada’ para la paciente con cáncer de mama. El resultado de estas innovaciones ha supuesto el desarrollo de nuevos fármacos ya aprobados para tratar a pacientes con esta patología.

Las investigaciones siguen su curso, y todavía hay una serie de subtipos de tumores que son de difícil tratamiento. La búsqueda de marcadores biológicos o biomarcadores es esencial para mejorar las estrategias terapéuticas contra el cáncer de mama. El objetivo se centra en identificar nuevos biomarcadores que permitan seleccionar los pacientes que puedan beneficiarse de los nuevos inhibidores de ciclo celular, adecuados para cada distinto tipo de tumor de mama.

¿Qué es una mutación BRCA1 y BRCA2?

El BRCA1 y el BRCA2 son genes humanos que producen proteínas supresoras de tumores. Estas proteínas ayudan a reparar el ADN dañado y, por lo tanto, tienen el papel de asegurar la estabilidad del material genético de cada una de las células. Cuando uno de estos genes sufre una mutación o alteración, deja de producir su proteína o esta deja de funcionar adecuadamente, por lo que el daño al ADN no puede repararse de forma correcta. En consecuencia, las células tienen más probabilidad de presentar alteraciones genéticas adicionales pudiendo desarrollar un cáncer.

Las mutaciones específicas que se heredan en el BRCA1 y en el BRCA2 aumentan sobre todo la posibilidad de cáncer de mama y de ovario en las mujeres. Además, han sido asociadas con riesgos mayores de otros tipos de cáncer. Las personas que tienen mutaciones heredadas en el BRCA1 y en el BRCA2 son propensas a presentar cáncer de seno y de ovario en edades más jóvenes que las personas que no tienen estas mutaciones.

Algunas mutaciones en el BRCA1 o en el BRCA2 pueden heredarse de la madre o del padre de la paciente. Cada hijo o hija de uno de los padres que es portador de una mutación en uno de esos genes tiene una posibilidad del 50% de heredar la mutación. Los efectos de las mutaciones en el BRCA1 y en el BRCA2 se observan incluso cuando una segunda copia del gen de la persona sea normal.

BRCA1 y BRCA2 se asocian la mayor proporción de casos de cáncer de mama hereditarios, si bien se han descrito otros genes asociados al cáncer de mama, como el p53 (síndrome de Li-Fraumeni), PTEN (síndrome de Cowden), STK1 (síndrome de Peutz-Jeghers) o el PALB2.

¿Es hereditario?

La mayoría de los casos de cáncer de mama diagnosticados carecen de un factor hereditario. Se calcula que la herencia juega un papel fundamental en un 5-10 % de los tumores. En estos casos, el tumor de mama es propiciado por alteraciones genéticas que se transmiten de generación en generación y que aumentan la posibilidad de aparición del cáncer en personas de la misma familia. Los expertos pueden observar una serie de datos clínicos que se repiten con frecuencia en personas portadoras de una mutación de este tipo y que pueden hacer sospechar sobre su presencia. Son los siguientes:

  1. El diagnóstico se realiza antes de los 40 años.
  2. Existe una asociación de cáncer de ovario y cáncer de mama en la misma paciente o en la familia.
  3. Se producen en la familia uno o varios casos de cáncer de mama en el varón.
  4. El subtipo de cáncer de mama diagnosticado es triple negativo.
  5. El cáncer de mama diagnosticado es bilateral, es decir, afecta a ambos pechos.

El conocimiento de la condición de portadora de una persona, tanto sana como aquella que ya ha desarrollado la enfermedad, supone cambios en el manejo médico y quirúrgico del tumor y abre otras posibilidades terapéuticas específicas para estas pacientes.

Después del tratamiento

Seguimiento

Después del tratamiento o tratamientos es aconsejable que la paciente rehaga su vida habitual. Lo ideal es que esa vuelta a la normalidad la maneje la propia interesada, para que se realice al ritmo que ella considere más adecuado, sin forzar demasiado la situación. En esa vuelta a la normalidad la paciente debe tener en cuenta las revisiones periódicas a las que debe acudir para confirmar su estado de salud. Además, las revisiones sirven para realizar un control de los posibles efectos secundarios que puedan aparecer durante el tratamiento. En caso necesario, si la enfermedad reaparece, el médico pautará un nuevo tratamiento lo más rápido posible.

Es lógico que se produzcan nervios y tensión antes de acudir a cada revisión. El médico establece cuánto tiempo debe pasar entre una revisión y otra, y decide también qué pruebas debe pasar cada paciente de manera individualizada. El protocolo de seguimiento y los tiempos entre consultas pueden variar en función de cada persona.

Recaídas

Un 90% de los pacientes con cáncer de mama estarán libres de sufrir recaídas en los primeros cinco años desde su diagnóstico. Sin embargo, el cáncer de mama puede reaparecer meses o años después del tratamiento inicial, derivado de células cancerosas que sobrevivieron al mismo.

Es importante destacar que este cáncer recurrente se puede tratar en todas sus formas: local (reaparece en el mismo lugar que el cáncer inicial) o distante (si se propaga a otras partes del cuerpo). Y que, en caso de no alcanzar una cura, existen tratamientos que podrían permitir cierto control de la enfermedad por periodos prolongados.

Largos supervivientes

Con frecuencia las mujeres largas supervivientes (LSV) de cáncer de mama tienen una vida condicionada por las secuelas de las terapias. A pesar de las altas tasas de curación, muchas pacientes tienen problemas para recuperar la calidad de vida habitual.

Los tratamientos administrados pueden dejar secuelas a nivel físico, psíquico y psicosocial, que pueden manifestarse durante varios años después de concluir el tratamiento. Por ejemplo, las cicatrices o las molestias secundarias a las cirugías con intención curativa, o también las secuelas de la cirugía de reconstrucción conllevan cambios en la imagen corporal. También puede producir cansancio o dolor en las articulaciones que podría complicar la reincorporación al mundo laboral y/o interferir en las relaciones sociales y familiares. Otras posibles secuelas de las mujeres jóvenes son la menopausia precoz y, en consecuencia, la esterilidad.

Los expertos aseguran que es importante ayudar a aquellas mujeres que han sufrido un cáncer de mama y desean ser madres. No existe evidencia científica de que la gestación en las pacientes que hayan pasado un cáncer de mama empeore su pronóstico, por lo que es necesario un asesoramiento experto antes y después del tratamiento con quimioterapia.

Además, en las pacientes largas supervivientes de cáncer de mama deben dar prioridad a evitar o reducir el riesgo de secuelas y complicaciones derivadas del diagnóstico y del tratamiento.

Cuidados paliativos en cáncer de mama metastásico

Los cuidados paliativos en cáncer de mama metastásico son aquellos que buscan incidir sobre los síntomas y efectos secundarios que produce el tratamiento de la enfermedad, así como los efectos emocionales, sociales y económicos de la misma.

Por tratamientos paliativos se entienden una amplia gama de abordajes que, con frecuencia, pueden incluir: medicamentos, cambios nutricionales, técnicas de relajación, apoyo emocional y espiritual, y otras terapias. Cabe recalcar que las pacientes que reciben este tipo de cuidados junto al tratamiento para su cáncer suelen presentar síntomas menos graves y mejor calidad de vida.

Apoyo psicológico, bienestar, cuidados holísticos en el cáncer de mama

Para la mujer con cáncer de mama puede resultar de gran ayuda la labor de un psicooncólogo, que es un psicólogo clínico especializado en el abordaje de esta enfermedad y las consecuencias que afectan tanto a la paciente como a la gente de su entorno. En la actualidad, existe un reconocimiento explícito para lograr un óptimo nivel de calidad en la atención al paciente con cáncer. Para ello, es imprescindible disponer de una adecuada asistencia psicológica. El personal sanitario de las unidades de Oncología, en muchas ocasiones, tiene que ofrecer esa ayuda psicosocial a las pacientes, a pesar del poco tiempo disponible y la falta de formación específica en este ámbito.

Guías de Pacientes

Multimedia

El contenido que se proporciona en esta literatura es información general. En ningún caso debe sustituir ni la consulta, ni el tratamiento, ni las recomendaciones de su médico.