Urgencias gastrointestinales

Ciertos trastornos gastrointestinales pueden amenazar la vida y requieren en algunos casos tratamiento quirúrgico de urgencia. Estos trastornos incluyen la hemorragia gastrointestinal, la obstrucción mecánica del tracto gastrointestinal, el íleo (cese temporal de los movimientos contráctiles normales del intestino), la apendicitis (inflamación del apéndice) y la peritonitis (inflamación del revestimiento de la cavidad abdominal).

Hemorragia gastrointestinal

La hemorragia puede ocurrir en cualquier sitio a lo largo del tubo digestivo (gastrointestinal) desde la boca hasta el ano. Se manifiesta como sangre en las heces o en los vómitos, o puede no evidenciarse (sangre oculta) y detectarse solamente mediante pruebas diagnósticas. La hemorragia en cualquier punto del tracto gastrointestinal puede ser de mayor gravedad si existe además un trastorno de la coagulación.

Dónde y por qué se produce la hemorragia gastrointestinal

Dónde Por qué
Esófago
  • Rotura de tejido.
  • Hemorragia de venas varicosas.
  • Cáncer.
Estómago
  • Úlcera cancerosa op no cancerosa.
  • Irritación (gastritis), debido a la aspirina o al Helicobacter pylori.
Intestino delgado
  • Úlcera duodenal no cancerosa.
  • Tumor canceroso o no cancerosa.
Intestino grueso
  • Cáncer.
  • Pólipo canceroso.
  • Enfermedad inflamatoria del intestino (enfermedad de Crohn o colitis ulcerosa).
  • Enfermedad diverticular.
  • Vasos sanguineos anormales en la pared intestinal (angiodisplasia).
Recto
  • Cáncer.
  • Tumor no canceroso.
Ano
  • Hemorroides.
  • Grieta en el ano (fisura anal).

Síntomas

Los síntomas posibles incluyen vómitos de sangre (hematemesis), evacuación de heces de coloración negra alquitranada (melena) y pérdida evidente de sangre por el recto (hematoquecia). Las heces de color negro alquitranado son el resultado de una hemorragia en la parte alta del tubo digestivo (por ejemplo, en el estómago o en el duodeno; el color negro se debe a la exposición de la sangre al ácido gástrico y a su digestión por las bacterias durante varias horas antes de abandonar el cuerpo). Alrededor de 60 mililitros de sangre pueden producir heces alquitranadas. Un episodio de hemorragia intensa y única puede producir heces alquitranadas durante una semana, por lo que la evacuación continuada de heces con estas características no indica necesariamente una hemorragia persistente.

Las personas con hemorragias de larga evolución pueden tener síntomas de anemia, como cansarse con facilidad, palidez anormal, dolor en el pecho y mareo. En personas que no presentan estos síntomas, se puede detectar una disminución importante de la presión arterial cuando se incorporan.

Los síntomas que indican una pérdida de sangre importante son un pulso acelerado, una presión arterial baja y una disminución de la cantidad de orina. El paciente puede tener las manos y los pies fríos y húmedos. La reducción del aporte de sangre al cerebro causada por la pérdida de ésta puede ocasionar confusión, desorientación, somnolencia e incluso shock.

Los síntomas de una hemorragia importante pueden ser muy variables, en función de alguna otra enfermedad que pueda padecer la persona. Por ejemplo, una persona con enfermedad de las arterias coronarias puede desarrollar repentinamente angina (dolor en el pecho) o síntomas de un ataque cardíaco. En un individuo con una hemorragia gastrointestinal abundante, pueden empeorar los síntomas de otras enfermedades (como la insuficiencia cardíaca, la hipertensión arterial, la enfermedad pulmonar y la insuficiencia renal). En los que padecen una enfermedad del hígado, la hemorragia en el intestino puede provocar una acumulación de toxinas que, a su vez, causan síntomas como cambios en la personalidad, en la consciencia y en la capacidad mental (encefalopatía hepática).

Diagnóstico

Después de una hemorragia importante, la medición del hematócrito (un tipo de análisis de sangre) generalmente muestra una baja concentración de glóbulos rojos. El conocimiento de los síntomas responsables de un episodio de hemorragia puede ayudar al médico a determinar la causa del mismo. El dolor abdominal que se alivia con la comida o con antiácidos sugiere una úlcera péptica; sin embargo, las hemorragias de las úlceras a menudo no se acompañan de dolor. Los fármacos que pueden dañar el revestimiento gástrico, como la aspirina, pueden causar hemorragias en el estómago, con aparición de sangre en las heces.

Una persona con una hemorragia gastrointestinal, que haya perdido el apetito y que pierda peso sin razones aparentes, es examinada con el fin de detectar la presencia de un cáncer. Así mismo, si alguien presenta dificultades para tragar, debe ser examinado en busca de un cáncer de esófago o un estrechamiento del mismo. Los vómitos y las arcadas intensas antes de una hemorragia sugieren un desgarro en el esófago, pero cerca de la mitad de las personas con esta lesión no vomita con antelación. El estreñimiento o la diarrea junto con la hemorragia o la presencia de sangre oculta en las heces pueden ser consecuencia de un cáncer o de un pólipo en la parte baja del intestino, particularmente en los mayores de 45 años. La sangre fresca por encima de las heces puede ser causada por hemorroides o por un problema en el recto, como un cáncer.

El médico examina al paciente en busca de indicios que lo conduzcan al origen de la hemorragia. Por ejemplo, durante una exploración del recto se buscan hemorroides, grietas en el recto (fisuras) y tumores. Posteriormente se eligen las pruebas si se sospecha que la hemorragia procede de la parte alta del tubo digestivo (esófago, estómago y duodeno) o de la parte baja (porción inferior del intestino delgado, intestino grueso, recto y ano).

La sospecha de problemas en la parte alta del tracto gastrointestinal se investiga generalmente primero introduciendo una sonda por la nariz hasta el estómago y extrayendo líquido. El líquido gástrico que se asemeja al poso de café es ocasionado por la digestión parcial de la sangre, lo que indica que la hemorragia es escasa o que se ha detenido. La sangre roja y brillante indica una hemorragia activa y vigorosa. A continuación, el médico utiliza un endoscopio flexible (un tubo de visualización) para examinar el esófago, el estómago y el duodeno en busca de la causa de la hemorragia. Si no se encuentra una gastritis o una úlcera en el estómago o en el duodeno, se puede realizar una biopsia (obtención de una muestra de tejido para su examen al microscopio). Ésta puede determinar si la hemorragia es consecuencia de una infección por Helicobacter pylori. Si es así, se instaura un tratamiento con antibióticos y habitualmente la infección se cura.

En la parte baja del tracto gastrointestinal se buscan pólipos y cánceres mediante radiografías, tras la administración de una enema de bario, o bien utilizando un endoscopio. El médico puede observar directamente la porción inferior del intestino con un anoscopio, un sigmoidoscopio flexible o un colonoscopio.

Si estas investigaciones no aclaran el origen de la hemorragia, se puede realizar una angiografía (radiografías tras la inyección de una sustancia radiopaca) o una gammagrafía tras la inyección de glóbulos rojos marcados con una sustancia radiactiva. Estas técnicas son especialmente útiles para desvelar si el origen de la hemorragia es consecuencia de una malformación de los vasos sanguíneos.

Tratamiento

En más del 80 por ciento de las personas con hemorragia gastrointestinal, las propias defensas del cuerpo la detienen. Las personas que continúan sangrando o que tienen síntomas de una pérdida significativa de sangre a menudo son hospitalizadas y, generalmente en una unidad de cuidados intensivos.

En caso de gran perdida de sangre puede ser necesaria una transfusión. Se pueden utilizar concentrados de hematíes en lugar de sangre entera, evitando sobrecargar la circulación sanguínea con exceso de líquidos. Una vez restaurado el volumen de sangre, el paciente es estrechamente vigilado por si aparecen signos de nuevas hemorragias, como un aumento de la frecuencia cardíaca, una disminución de la presión arterial, o una pérdida de sangre por la boca o el ano.

La hemorragia a partir de las venas varicosas de la porción inferior del esófago (venas esofágicas) se puede tratar de varias maneras. Se puede colocar un catéter con un globo hinchable por la boca hasta el esófago e inflarlo para ejercer presión sobre el área sangrante. Otro método consiste en inyectar en el vaso sangrante un irritante químico que causa inflamación y cicatrización de las venas.

La hemorragia gástrica puede a menudo ser detenida mediante maniobras realizadas con un endoscopio; tales maniobras consisten en la cauterización del vaso sangrante con corriente eléctrica o la inyección de un material que provoca la coagulación en el interior de los vasos sanguíneos. Si fallan estos procedimientos, puede ser necesaria una intervención quirúrgica.

La hemorragia procedente de la parte baja del intestino no suele requerir tratamiento de urgencia. Sin embargo, en caso necesario se realiza una endoscopia o una cirugía abdominal. A veces, en este último caso, el punto de la hemorragia no se puede localizar con precisión, y debe extirparse un segmento del intestino.

Hemorragia por malformaciones arteriovenosas

Las hemorragias por malformaciones arteriovenosas son causadas por la rotura de vasos sanguíneos anormales que comunican arterias con venas.

Se desconoce por qué ocurren malformaciones arteriovenosas en el revestimiento gástrico e intestinal. Sin embargo, son más frecuentes en personas con trastornos de las válvulas cardíacas, de los riñones o del hígado, en personas con enfermedades del tejido conectivo y en las que han sido sometidas a radioterapia intestinal. El diámetro de estos vasos sanguíneos anormales varía desde el tamaño de un hilo grueso de pescar hasta el de un dedo meñique. Son frágiles y propensos a la hemorragia, a veces intensa, especialmente en las personas de edad avanzada.

Síntomas y diagnóstico

Las hemorragias procedente de malformaciones arteriovenosas del estómago y del intestino generalmente causan vómitos de sangre o evacuación de heces de color negro alquitranado. Si la hemorragia es masiva o prolongada, el paciente puede desarrollar anemia y otros síntomas de pérdida de sangre. Los episodios hemorrágicos generalmente comienzan de forma súbita y tienden a recurrir.

El diagnóstico generalmente se establece mediante un endoscopio. Sin embargo, las malformaciones arteriovenosas pueden ser difíciles de detectar, especialmente cuando el reducido volumen de sangre o el bajo rendimiento del corazón ocasionan el colapso parcial de los vasos sanguíneos.

Tratamiento

El tratamiento de un trastorno subyacente (por ejemplo, la cirugía valvular cardíaca o un trasplate renal) puede eliminar las hemorragias gastrointestinales. El médico puede detener la hemorragia cauterizando los vasos sanguíneos mediante un endoscopio, pero pueden desarrollarse nuevas malformaciones. La anemia causada por la pérdida de sangre puede ser corregida con suplementos de hierro.

Dolor abdominal

El dolor abdominal puede ser consecuencia de problemas a lo largo del tracto gastrointestinal o en cualquier otro sitio del abdomen. Tales situaciones incluyen la rotura esofágica, perforación de una úlcera, síndrome del intestino irritable, apendicitis aguda, pancreatitis y cálculos biliares. Algunos de estos trastornos son relativamente poco importantes, mientras que otros pueden ser potencialmente mortales. El médico tiene que decidir si se necesita un tratamiento inmediato o si se puede esperar hasta que se disponga de las pruebas diagnósticas.

Requerimientos de intervención quirúrgica por dolor abdominal

Órgano en el que se origina el dolor Situación que requiere cirugía inmediata Situación que no requiere cirugía inmediata
Esófago Perforación o rotura. Reflujo de ácido y esofagitis.
Estómago Úlcera perforada o con hemorragia, cáncer de estómago. Úlcera, gastritis, hernia hiatal.
Intestino delgado Úlcera perforada, obstrucción. Úlcera no complicada, gastroenteritis, enfermedad de Crohn.
Apéndice Apendicitis. --
Intestino grueso y recto Diverticulitis con perforación u obstrucción, cáncer, pólipo obstructivo, colitis ulcerosa, enfermedad de Crohn (grave). Enfermedad de Crohn (leve), diverticulitis no complicada.
Hígado Cáncer, abceso. Hematóma, quiste.
Vías biliares Cálculos biliares con inflamación u obstrucción de la vesícula biliar. Cálculos biliares sin inflamación ni obstrucción.
Bazo Rotura, abceso. --
Páncreas Pancreatitis (grave). Pancreatitis (leve).
Vasos sanguíneos Abonbamiento de una arteria (aneurisma), obstrucción. --
Riñón Cálculos. Infección.
Vejiga Cálculos, cáncer. Infección.
Genitales masculinos Torsión testicular. Infección de la próstata o de los testículos.
Genitales femeninos Embarazo ectópico, abceso del ovario. Enfermedad pélvica inflamatoria.
Peritonéo (revestimiento de la cavidad abdominal) Peritonitis por perforación. Peritonitis por una tuberculosis.

Diagnóstico y tratamiento

La naturaleza del dolor y su relación temporal con la ingesta o los movimientos puede proporcionar al médico datos para el diagnóstico. Si otros miembros de la familia han tenido un trastorno abdominal similar, como cálculos biliares, puede que la persona esté aquejada de lo mismo.

Cáncer de colon
Obstrucción del paso del contenido intestinal

Cáncer de colon

El aspecto general de la persona puede proporcionar datos importantes. Por ejemplo, la ictericia (un tinte amarillento de la piel y del blanco de los ojos) sugiere una enfermedad del hígado, de la vesícula biliar o de las vías biliares.

El médico examina el abdomen en busca de zonas dolorosas y de masas. Cuando se presiona suavemente la pared del abdomen, la persona siente dolor, y cuando se retira súbitamente la mano, el dolor es aún más intenso por un momento (maniobra conocida como signo de la descompresión positivo). Esto indica generalmente una inflamación del revestimiento de la cavidad abdominal (peritonitis).

Las pruebas diagnósticas para el estudio de un dolor abdominal incluyen análisis de sangre y de orina, radiografía, la ecografías y la tomografía computadorizada (TC). Cuando el dolor abdominal parece ser consecuencia de una obstrucción intestinal, de la perforación de algún órgano (como la vesícula biliar, el apéndice o el intestino), o bien de un absceso (una acumulación de pus), a menudo se realiza de urgencia una intervención quirúrgica del abdomen con finalidad exploratoria (laparotomía).

Obstrucción mecánica del intestino

La obstrucción mecánica del intestino es la presencia de un bloqueo que dificulta gravemente el tránsito de su contenido o que lo impide por completo.

Una obstrucción puede ocurrir en cualquier segmento del intestino. La parte por encima de la obstrucción continúa funcionando. A medida que se va llenando de alimentos, líquido, secreciones digestivas y gases, se va hinchando progresivamente (como una manguera hecha de goma blanda).

En recién nacidos y lactantes, la obstrucción intestinal suele ser causada por un defecto congénito, una masa dura de contenido intestinal (meconio) o una torsión del propio intestino (vólvulo).

Causas del estrangulamiento intestinal
El estrangulamiento (obstrucción de la llegada de la sangre al intestino) generalmente resulta de una de las tres causas expuestas.

Causas del estrangulamiento intestinal

En los adultos, la obstrucción del duodeno puede ser debida a un cáncer de páncreas, a la cicatrización de una úlcera o al desarrollo de cicatrices por una intervención quirúrgica previa o por una enfermedad de Crohn, así como por adherencias, en que una banda fibrosa de tejido conectivo bloquea el intestino. También puede producirse una obstrucción cuando parte del intestino se dilata a través de una abertura anormal (hernia), como puede ser un área de debilidad en los músculos del abdomen, donde queda bloqueado. En casos más raros, la obstrucción puede deberse a un cálculo biliar, una masa de alimentos sin digerir o a una colección de gusanos.

En el intestino grueso, el cáncer es la causa más frecuente de obstrucción. Un asa colónica torsionada o una masa de heces endurecida (impactación fecal) también pueden causar una obstrucción.

Si una obstrucción interrumpe el aporte de sangre al intestino, el trastorno se conoce como estrangulación. La estrangulación ocurre en cerca del 25 por ciento de los casos de obstrucción intestinal. Generalmente resulta del bloqueo de parte del intestino en una abertura anormal (hernia estrangulada), por la torsión de un asa del intestino (vólvulo) o por la introducción de un asa dentro de otra (intususcepción). En un plazo tan corto como el de 6 horas puede desarrollarse la gangrena. Ésta comporta la muerte de la pared intestinal, lo que generalmente ocasiona una perforación, la cual conduce a una inflamación del revestimiento de la cavidad abdominal (peritonitis) e infección. Sin tratamiento, la persona afectada muere.

Incluso sin llegar a la estrangulación, la porción intestinal por encima de la obstrucción se dilata y el revestimiento mucoso se hincha y se inflama. Si este trastorno no se trata, el intestino puede perforarse y su contenido se vierte a la cavidad abdominal, causando inflamación e infección de la misma.

Síntomas y diagnóstico

Los síntomas de una obstrucción intestinal consisten en retortijones dolorosos junto con una distensión del abdomen. El dolor puede hacerse muy intenso y constante. Los vómitos, que son habituales, comienzan posteriormente en el caso de una obstrucción del intestino grueso, más que en la del intestino delgado. La obstrucción completa provoca estreñimiento grave, mientras que la parcial puede causar diarrea. La fiebre es frecuente y particularmente probable si se perfora la pared intestinal. La perforación puede conducir rápidamente a una inflamación grave y a una infección, causando finalmente un shock.

El médico examina el abdomen en busca de zonas dolorosas y deformaciones de la pared o masas. Los sonidos abdominales normales (ruidos intestinales), que se oyen a través de un fonendoscopio, pueden estar aumentados y ser muy agudos, o bien no escucharse. Si la perforación ha causado peritonitis, el paciente sentirá dolor a la presión del abdomen, que se incrementa cuando el médico aparta súbitamente la mano (signo de la descompresión positivo).

La radiología puede evidenciar asas intestinales dilatadas que indican la localización de la obstrucción. También puede mostrar aire alrededor del intestino y en la cavidad abdominal, lo cual constituye un signo de perforación.

Tratamiento

Cualquier persona con una obstrucción intestinal es hospitalizada. Generalmente se introduce una sonda larga y estrecha por la nariz hasta alcanzar el estómago o el intestino, que se conecta a un sistema de aspiración para eliminar el material acumulado por encima de la obstrucción. Se administran por vía intravenosa líquidos y electrólitos (sodio y potasio) con el fin de reponer el agua y las sales perdidas por los vómitos y la diarrea.

A veces una obstrucción se resuelve por sí misma sin mayor tratamiento, especialmente si se debe a la presencia de adherencias. Para tratar algunos trastornos como la torsión de un segmento de la parte baja del colon, se puede introducir un endoscopio a través del ano o una enema con papilla de bario, lo cual hace que dicha porción del intestino se infle y se resuelva la obstrucción por la presión que ejerce. Sin embargo, lo más habitual es realizar una intervención quirúrgica lo antes posible. Durante la misma, el segmento bloqueado del intestino puede ser extirpado y los dos extremos libres pueden unirse de nuevo.

Íleo

El íleo (íleo paralítico, íleo adinámico) es un trastorno en el que se detienen temporalmente los movimientos contráctiles normales de la pared intestinal.

Al igual que en una obstrucción mecánica, el íleo impide el tránsito del contenido intestinal. A diferencia de la obstrucción mecánica, sin embargo, el íleo raramente deriva en una perforación.

El íleo puede ser causado por una infección o por un coágulo sanguíneo en el interior del abdomen, por una reducción del aporte de sangre al intestino debido a la arteriosclerosis o por una lesión de una arteria o una vena intestinales. También puede ser causado por trastornos extraintestinales (fuera del intestino), como la insuficiencia renal o valores anormales de electrólitos en sangre (por ejemplo, una concentración baja de potasio o alta de calcio). Otras causas de íleo son ciertos fármacos y una glándula tiroides hipoactiva. El íleo es una circunstancia habitual durante 24 a 72 horas después de una cirugía abdominal.

Síntomas y diagnóstico

Los síntomas de un íleo consisten en distensión abdominal, vómitos, estreñimiento intenso y retortijones. Con el fonendoscopio pueden escucharse escasos ruidos intestinales o incluso ninguno. Una radiografía del abdomen muestra las asas intestinales dilatadas. En ocasiones, se realiza una colonoscopia (un examen del colon mediante un tubo de visualización) para evaluar la situación.

Tratamiento

El objetivo es aliviar la acumulación de gases y de líquido ocasionada por el íleo. Para ello, a veces se introduce una sonda en el intestino grueso a través del ano. Además, se introduce por la nariz una sonda hasta el estómago o el intestino delgado, que se conecta a un sistema de aspiración para aliviar la presión y la distensión. El paciente no debe comer o beber nada hasta que haya pasado la crisis. Se administran líquidos y electrólitos por vía intravenosa.

Apendicitis

La apendicitis es la inflamación del apéndice.

El apéndice es un segmento pequeño y con forma de dedo que sobresale del intestino grueso cerca del punto donde éste se une al intestino delgado (ciego). El apéndice puede tener alguna función de tipo inmunológico, pero no es un órgano esencial.

Apendicitis

Exceptuando las hernias estranguladas, la apendicitis es la causa más frecuente de dolor abdominal intenso y súbito y de cirugía abdominal en muchos países. Este cuadro es más frecuente entre los 10 y los 30 años.

La causa de la apendicitis no está totalmente aclarada. En la mayoría de los casos, una obstrucción dentro del apéndice puede que desencadene un proceso en el que aquél se inflama e infecta. Si la inflamación continúa sin tratamiento, el apéndice se puede perforar. La perforación esparce el contenido intestinal cargado de bacterias por el abdomen, causando peritonitis, que puede conducir a una infección con riesgo de muerte. La perforación también puede causar la formación de un absceso. En la mujer, pueden infectarse los ovarios y las trompas de Falopio y la obstrucción consiguiente puede ocasionar infertilidad. Un apéndice perforado también puede hacer que las bacterias infecten el torrente sanguíneo (estado potencialmente mortal, conocido como septicemia).

Síntomas

Menos de la mitad de las personas con apendicitis aguda tiene todos los síntomas más característicos: náuseas, vómitos y dolor muy intenso en la parte inferior derecha del abdomen. El dolor puede comenzar repentinamente en la parte superior del abdomen o alrededor del ombligo; luego aparecen las náuseas y los vómitos. Tras unas pocas horas, de-saparecen las náuseas y el dolor se traslada a la zona inferior derecha del abdomen. Cuando el médico presiona esta área, aparece dolor, y cuando súbitamente retira la mano, puede hacerse más agudo (signo de la descompresión positivo). Es frecuente la fiebre de 37,5 a 38 ºC.

El dolor, particularmente en lactantes y niños, puede estar generalizado, en vez de localizado en la porción inferior derecha del abdomen. En personas mayores y en mujeres embarazadas, el dolor es generalmente menos intenso y el área menos sensible.

Si se perfora el apéndice, el dolor y la fiebre pueden aumentar. Si se agrava la infección puede producirse un shock.

Diagnóstico y tratamiento

Un análisis de sangre evidencia un incremento moderado en el recuento de glóbulos blancos, en respuesta a la infección. Generalmente, en las fases iniciales de la apendicitis aguda, las pruebas (como la radiología, la ecografía y la tomografía computadorizada [TC]) no son de utilidad.

El diagnóstico se basa en los hallazgos de la exploración física. Para evitar la perforación del apéndice, la formación de abscesos o la inflamación del revestimiento de la cavidad abdominal (peritonitis), el médico realiza una intervención quirúrgica de urgencia.

En casi el 15 por ciento de las intervenciones realizadas con el diagnóstico de apendicitis, se encuentra que se trataba de un apéndice normal. Sin embargo, si se retrasa la cirugía hasta asegurarse de la causa del dolor, la consecuencia puede ser mortal: un apéndice infectado puede perforarse en menos de 24 horas tras el inicio de los síntomas. Incluso, aunque el apéndice no sea la causa del proceso, generalmente el cirujano lo extirpa. Después, éste examina el abdomen e intenta determinar la verdadera causa del dolor.

Con una intervención quirúrgica precoz, las posibilidades de morir son muy reducidas. El paciente habitualmente puede abandonar el hospital en 2 o 3 días y la convalecencia suele ser rápida y completa.

En el caso de una perforación del apéndice, el pronóstico es más grave. Hace 50 años, esta lesión con frecuencia era mortal. Los antibióticos han disminuido el porcentaje de fallecimientos casi hasta cero, pero a veces pueden necesitarse varias intervenciones quirúrgicas y una larga convalecencia.

Peritonitis

La peritonitis es la inflamación del revestimiento de la cavidad abdominal (peritoneo) causada generalmente por una infección.

El peritoneo es una membrana delgada y transparente que recubre todos los órganos intraabdominales y la cara interna de las paredes del abdomen. La peritonitis generalmente es causada por una infección extendida a partir de un órgano del abdomen. Son causas frecuentes las perforaciones del estómago, intestino, vesícula biliar o apéndice. El peritoneo es bastante resistente a la infección. A menos que la contaminación sea muy persistente, no se desarrolla peritonitis; el peritoneo tiende a curarse con el tratamiento.

La enfermedad inflamatoria pélvica en mujeres sexualmente activas es una causa frecuente de peritonitis. Una infección del útero y de las trompas de Falopio (que puede estar causada por varios tipos de bacterias, como las que causan la gonorrea y las infecciones por clamidias) se extiende por el interior de la cavidad abdominal. En la insuficiencia hepática o cardíaca, se pueden acumular líquidos en el abdomen (ascitis) y producirse una infección.

A raíz de una intervención quirúrgica se puede desarrollar una peritonitis por varias razones. Una lesión en la vesícula biliar, el uréter, la vejiga o el intestino durante una intervención puede diseminar bacterias por el abdomen. En las operaciones en las que se unen dos segmentos intestinales, puede producirse un escape de contenido intestinal a través de los puntos de sutura.

La diálisis peritoneal (un tratamiento para la insuficiencia renal) con frecuencia favorece el desarrollo de una peritonitis. La causa habitual es una infección que se abre paso a través de los drenajes colocados en el abdomen.

La peritonitis también puede ser debida a una irritación sin que exista infección. Por ejemplo, la inflamación del páncreas (pancreatitis aguda) puede producir peritonitis. De igual modo, el talco o el almidón de los guantes del cirujano pueden causar una peritonitis sin infección.

Síntomas

Los síntomas de una infección del peritoneo dependen en parte del tipo y la extensión de la infección. Generalmente, la persona vomita, tiene fiebre alta y un abdomen doloroso. Se pueden formar uno o más abscesos y la infección puede dejar cicatrices en forma de bandas de tejido (adherencias) que al final pueden producir una obstrucción intestinal.

A menos que la peritonitis reciba tratamiento inmediato, rápidamente se desarrollan complicaciones. Desaparece el peristaltismo (los movimientos intestinales) y los líquidos quedan retenidos en el intestino delgado y el grueso. Desde el flujo sanguíneo también pasa líquido hacia la cavidad peritoneal. Se desarrolla una grave deshidratación y se pierden electrólitos. A consecuencia de ello, pueden aparecer complicaciones graves, como insuficiencia respiratoria, renal o hepática y una coagulación intravascular diseminada.

Diagnóstico

Es fundamental establecer un diagnóstico rápido. Para ello, se obtienen radiografías con el paciente acostado y de pié; en ellas se puede observar la presencia de gas libre en el abdomen (fuera del intestino), lo cual indica una perforación. En ocasiones, se utiliza una aguja para extraer líquido de la cavidad abdominal con el fin de enviar una muestra al laboratorio para identificar los microorganismos infecciosos y analizar su sensibilidad a diversos antibióticos. Sin embargo, la cirugía exploradora es el método diagnóstico más fiable.

Tratamiento

Generalmente, la primera medida es la cirugía exploratoria de urgencia, particularmente cuando parece probable una apendicitis, una perforación de una úlcera péptica o una diverticulitis. Si se trata de un episodio de inflamación del páncreas (pancreatitis aguda) o de una enfermedad inflamatoria pélvica (en las mujeres), habitualmente no se realiza una intervención quirúrgica urgente.

Se administran antibióticos de modo inmediato, generalmente varios a la vez. También se puede colocar una sonda por la nariz hasta el estómago o el intestino para drenar líquidos y gases. También pueden administrarse líquidos y electrólitos por vía intravenosa para reponer los que se han perdido.

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