Trastornos del tránsito intestinal

El funcionamiento del intestino varía en gran medida no sólo de persona a persona sino también en un mismo individuo en diferentes momentos. Puede resultar afectado por la dieta, el estrés, los fármacos, las enfermedades e incluso los patrones sociales y culturales. En la mayoría de las sociedades occidentales, el número normal de evacuaciones varía desde 2 a 3 a la semana hasta 2 a 3 al día. Los cambios en la frecuencia, consistencia o volumen de las evacuaciones o la presencia de sangre, moco, pus o un exceso de materia grasa en las heces pueden indicar una enfermedad.

Estreñimiento

El estreñimiento o constipación es un trastorno en el que la persona tiene evacuaciones molestas o poco frecuentes.

Una persona con estreñimiento produce heces duras que pueden resultar difíciles de expulsar. También puede sentir como si el recto no se vaciase del todo. El estreñimiento agudo se inicia de forma repentina y la persona se da cuenta claramente de ello. El crónico, por otro lado, puede comenzar de modo insidioso y persistir durante meses o años.

A menudo la causa del estreñimiento agudo no es más que un cambio reciente en la dieta o un descenso en la actividad física (por ejemplo, cuando una persona guarda cama durante un día o dos debido a una enfermedad). Muchos fármacos, por ejemplo el hidróxido de aluminio (principio activo común de los antiácidos de venta sin receta médica), las sales de bismuto, las sales de hierro, los anticolinérgicos, los antihipertensores, los opiáceos y muchos tranquilizantes y sedantes pueden causar estreñimiento. En ocasiones, el estreñimiento agudo puede estar causado por problemas graves, como una obstrucción del intestino grueso, un aporte deficiente de sangre al mismo y una lesión nerviosa o de la médula espinal.

Son causas frecuentes del estreñimiento crónico una escasa actividad física y una dieta pobre en fibra. Otras causas pueden ser una glándula tiroides hipoactiva (hipotiroidismo), altos valores de calcio en sangre (hipercalcemia) y la enfermedad de Parkinson. Una disminución de las contracciones del intestino grueso (colon inactivo) y de las concomitantes con la defecación conducen también al estreñimiento crónico. Los factores psicológicos son causas habituales de estreñimiento agudo y crónico.

Tratamiento

Cuando una enfermedad causa estreñimiento, ésta debe ser tratada. En otras ocasiones, la mejor manera de tratar y prevenir el estreñimiento es con una combinación de ejercicio adecuado, una dieta rica en fibra y el uso ocasional de medicación adecuada.

Los vegetales, las frutas y el salvado son fuentes excelentes de fibra. Muchas personas encuentran que es útil tomar con la fruta, 2 o 3 veces al día, 2 o 3 cucharadas soperas de salvado sin refinar o de cereales con alto contenido en fibra. Para que esto resulte eficaz, la fibra debe acompañarse de la ingesta de abundante líquido.

Laxantes

Muchas personas utilizan los laxantes para aliviar el estreñimiento. El uso de algunos es seguro a largo plazo, mientras que otros deberían ser utilizados sólo de modo ocasional. Algunos laxantes son buenos para la prevención del estreñimiento y otros se pueden administrar para su tratamiento.

Los agentes formadores de volumen (salvado, psilio, policarbófilo de calcio y metilcelulosa) añaden volumen a las heces. El volumen incrementado estimula las contracciones naturales del intestino y las heces voluminosas son más blandas y más fáciles de expulsar. Los agentes formadores de volumen actúan lenta y suavemente y se consideran uno de los métodos más seguros para promover unas evacuaciones regulares. Estos productos se toman al principio en pequeñas cantidades. La dosis se incrementa de modo gradual hasta que se alcanza la regularidad. Las personas que utilizan agentes formadores de volumen deben también beber líquido en abundancia.

Los agentes emolientes (reblandecedores), como el docusato, incrementan la cantidad de agua en las heces. De hecho, estos laxantes son detergentes que disminuyen la tensión superficial de las heces, permitiendo que el agua penetre en ellas con más facilidad y las ablande. El aumento de la masa fecal estimula las contracciones naturales del intestino grueso y ayuda a que las heces reblandecidas se desplacen con mayor facilidad hacia el exterior del organismo.

El aceite mineral ablanda las heces y facilita su eliminación del cuerpo. Sin embargo, puede disminuir la absorción de ciertas vitaminas liposolubles. Por otro lado, si una persona (por ejemplo, alguien que se encuentre debilitado) inhala de modo accidental (aspira) aceite mineral, podría sufrir una grave irritación pulmonar. Además, el aceite mineral rezuma por el recto.

Los agentes osmóticos atraen grandes cantidades de agua al intestino grueso, volviendo las heces blandas y flojas. El exceso de líquido también tensa las paredes del intestino grueso, estimulando las contracciones. Estos laxantes consisten en sales (habitualmente de fosfato, magnesio o sulfato) o azúcares que casi no se absorben (por ejemplo, lactulosa y sorbitol). Algunos agentes osmóticos contienen sodio y por ello pueden provocar retención de líquidos en personas con enfermedad renal o insuficiencia cardíaca, especialmente cuando se administran en dosis elevadas o de forma muy frecuente. Los agentes osmóticos que contienen magnesio y fosfato pasan parcialmente a la sangre, pudiendo ser perjudiciales en personas con insuficiencia renal. Estos laxantes suelen actuar en el plazo de 3 horas y son mejores en el tratamiento del estreñimiento que en su prevención. También se utilizan para limpiar de heces el intestino antes de una exploración radiológica del tracto digestivo (gastrointestinal) y antes de la realización de una colonoscopia (examen del intestino grueso mediante un tubo flexible de visualización).

Los laxantes estimulantes estimulan directamente las paredes del intestino grueso, provocando su contracción y desplazando las heces. Contienen sustancias irritantes como el sen, la cáscara, la fenolftaleína, el bisacodilo o el aceite de ricino. Generalmente provocan una evacuación semisólida en el plazo de 6 a 8 horas, pero a menudo causan también retortijones. Cuando se administran en forma de supositorios, suelen actuar en 15 a 60 minutos. El uso prolongado de laxantes estimulantes puede dañar el intestino grueso. Las personas que los utilizan también pueden volverse adictas a estos laxantes, desarrollando el síndrome del intestino perezoso, lo cual crea dependencia de ellos. Los laxantes estimulantes son utilizados a menudo para vaciar el intestino grueso antes de la realización de pruebas diagnósticas y para prevenir o tratar el estreñimiento causado por los fármacos que retrasan las contracciones del intestino grueso, como los opiáceos.

Estreñimiento psicógeno

Muchas personas creen tener estreñimiento si no hacen una deposición cada día. Otras piensan que tienen estreñimiento si les parece anormal la apariencia o la consistencia de sus heces. Sin embargo, efectuar evacuaciones cada día no significa que sean necesariamente normales y, al revés, una menor frecuencia no indica necesariamente un problema, a menos que represente un cambio sustancial con respecto a la situación previa. Lo mismo se puede decir acerca del color y la consistencia de la materia fecal. A no ser que se produzca un gran cambio en estas características, la persona probablemente no sufre de estreñimiento.

Tales conceptos erróneos acerca del estreñimiento pueden conducir a un tratamiento excesivo, especialmente en lo que se refiere al uso prolongado de laxantes estimulantes, supositorios irritantes y enemas. Este tratamiento puede dañar gravemente el intestino grueso o inducir el síndrome del intestino perezoso y la melanosis coli (cambios anormales del revestimiento del intestino grueso causados por el depósito de un pigmento).

Antes de establecer el diagnóstico de estreñimiento psicógeno, el médico se asegura primero de que no existe un problema orgánico subyacente responsable de las evacuaciones irregulares. Puede ser necesario realizar ciertas pruebas diagnósticas, como una sigmoidoscopia (un examen del colon sigmoide mediante un tubo flexible de visualización) o una enema con papilla de bario. Si no existe una causa orgánica subyacente, la persona ha de aceptar su ritmo deposicional y no insistir en conseguir un patrón más regular.

Inercia colónica

La inercia colónica (colon inactivo) consiste en una disminución de las contracciones del intestino grueso o una falta de sensibilidad del recto a la presencia de heces, lo cual conduce a un estreñimiento crónico.

La inercia colónica a menudo ocurre en personas de edad avanzada, debilitadas o encamadas, pero también en mujeres jóvenes y sanas. El intestino grueso deja de responder a los estímulos que provocan habitualmente las deposiciones: la comida, el llenado del estómago y del intestino grueso, y la presencia de heces en el recto. Los fármacos que se usan para tratar algunas enfermedades a menudo causan o empeoran el problema, especialmente los opiáceos (como la codeína) y los fármacos con propiedades anticolinérgicas (como la amitriptilina para la depresión o la propantelina para la diarrea). La inercia colónica se presenta en ocasiones en personas que habitualmente retrasan sus deposiciones o que han usado laxantes o enemas durante mucho tiempo.

Síntomas

El estreñimiento es un problema de cada día y que debe contemplarse a largo plazo; puede acompañarse o no de molestias abdominales. A menudo el médico encuentra el recto lleno de heces blandas, incluso aunque la persona no presente necesidad de defecar y que además sólo pueda hacerlo con dificultades.

Las personas con este trastorno pueden desarrollar una impactación fecal, en la que la materia fecal de la parte final del intestino grueso y del recto se endurece y bloquea el paso de otras. Esta obstrucción produce retortijones, dolor en el recto y esfuerzos inútiles para realizar la deposición. A menudo, alrededor de la obstrucción rezuma un material mucoso líquido, dando a veces la falsa sensación de diarrea.

Tratamiento

Para la inercia colónica, a veces se recomiendan supositorios o enemas con 60 a 90 mililitros de agua, agua y sales (enemas salinas) o aceites como el de oliva. Para la impactación fecal, también se necesitan laxantes (generalmente los agentes osmóticos). A veces el médico o la enfermera deben retirar las heces duras con una sonda o con el dedo.

Las personas que tienen inercia colónica deberían intentar realizar una deposición diaria, preferiblemente entre 15 y 45 minutos después de comer, porque la ingesta estimula las deposiciones. El ejercicio a menudo también ayuda.

Disquesia

La disquesia es la dificultad para la defecación causada por una incapacidad para controlar los músculos de la pelvis y del ano.

Para realizar una evacuación adecuada se requiere la relajación de los músculos de la pelvis y los músculos circulares (esfínteres) que mantienen el ano cerrado. En caso contrario, los esfuerzos para defecar son inútiles, incluso aunque éstos sean muy considerables. Las personas con disquesia sienten necesidad de evacuar, pero no pueden hacerlo. Incluso la materia fecal no endurecida puede ser difícil de expulsar.

Las situaciones que pueden interferir con los movimientos musculares incluyen la discinesia del suelo de la pelvis (una alteración de la coordinación muscular), el anismo (una situación en la que los músculos no consiguen relajarse o, por el contrario, se contraen durante la defecación), un rectocele (herniación del recto dentro de la vagina), un enterocele (herniación del intestino delgado dentro del recto), una úlcera rectal o un prolapso rectal.

El tratamiento con laxantes en general no es satisfactorio. Actualmente, se están probando los ejercicios de relajación y de autorregulación para la discinesia del suelo de la pelvis y parecen ser prometedores. Para reparar un enterocele o un gran rectocele, puede ser necesaria una intervención quirúrgica. El estreñimiento puede ser tan grave que requiera la asistencia del médico o de una enfermera para retirar las heces con una sonda o con el dedo.

Diarrea

La diarrea es un incremento en el volumen, fluidez o frecuencia de las deposiciones.

Una persona con una diarrea causada por un problema médico significativo habitualmente elimina un gran volumen de materia fecal, a menudo más de medio kilo de heces al día. La gente que ingiere grandes cantidades de fibra vegetal puede producir normalmente más de un kilo, pero están bien formadas y no son líquidas. Normalmente, las heces contienen entre un 60 y un 90 por ciento de agua; la diarrea ocurre cuando se supera el 90 por ciento.

Alimentos y fármacos que pueden causar diarrea

Alimentos y fármacos Ingrediente que causa diarrea
Zumo de manzana, zumo de pera, chicle sin azúcar, menta Hexitoles, sorbitol, manitol
Zumo de manzana, zumo de pera, uvas, miel, dátiles, nueces, higos, refrescos (especialmente con sabor a frutas) Fructosa
Azúcar de mesa Sucrosa
Leche, helado, yogurt helado, yogur, queso blando, chocolate Lactosa
Antiácidos que contengan magnesio Magnesio
Café, té, bebidas de cola, análgesicos de venta libre para el dolor de cabeza Cafeína

La diarrea osmótica ocurre cuando ciertas sustancias que no pueden ser absorbidas por el flujo sanguíneo permanecen en el intestino. Estas sustancias hacen que una excesiva cantidad de agua permanezca en las heces, generando una diarrea. Ciertos alimentos (como algunas frutas y las judías (fríjoles) y los hesites, sorbibles y matinales (usados como sustitutos del azúcar en algunos regímenes dietéticos, dulces y goma de mascar) pueden causar diarrea osmótica. También la puede causar una deficiencia de lactasa. Ésta es una enzima que normalmente se encuentra en el intestino delgado y que convierte el azúcar de la leche (lactosa) en glucosa y galactosa, de tal forma que pueden ser absorbidos y pasar al flujo sanguíneo. Cuando las personas con deficiencia de lactasa beben leche o consumen productos lácteos, la lactosa no es transformada. Al acumularse en el intestino, provoca diarrea osmótica. La intensidad de la diarrea osmótica depende de la cantidad de sustancia osmótica que se haya consumido. El cuadro cesa tan pronto como se deje de ingerir o beber dichos productos.

La diarrea secretora sucede cuando el intestino delgado y el grueso secretan sales (especialmente cloruro de sodio) y agua. Ciertas toxinas como la presente en la infección del cólera y las producidas en otras diarreas infecciosas pueden causar estas secreciones. La diarrea puede ser masiva (más de un litro por hora en el cólera). Otras sustancias causantes de secreción de agua y sales incluyen ciertos laxantes, como el aceite de ricino y los ácidos biliares (que pueden acumularse en el colon si se ha extirpado parte del intestino delgado). Ciertos tumores poco frecuentes, como el carcinoide, el gastrinoma y el vipoma, ocasionalmente también causan diarrea secretora.

Los síndromes de malabsorción también son responsables de producir diarrea. Las personas con estos síndromes no digieren los alimentos de modo normal. En la malabsorción generalizada, las grasas que quedan en el intestino grueso debido a la malabsorción pueden causar diarrea secretora, al igual que los hidratos de carbono. La malabsorción puede ser causada por trastornos como el esprue no tropical, la insuficiencia pancreática, la extirpación quirúrgica de parte del intestino, un aporte insuficiente de sangre al colon, la ausencia de ciertas enzimas del intestino grueso y la enfermedad hepática.

La diarrea exudativa ocurre cuando la mucosa del intestino grueso se inflama, se ulcera o se vuelve tumefacta y libera proteínas, sangre, moco y otros líquidos, lo que incrementa el volumen y el contenido líquido de las heces. Este tipo de diarrea se origina a partir de ciertas enfermedades, como la colitis ulcerosa, la enfermedad de Crohn (enteritis regional), la tuberculosis, el linfoma y el cáncer. Cuando resulta afectada la mucosa del recto, la persona a menudo siente urgencia para defecar, presentando evacuaciones frecuentes porque el recto inflamado es más sensible a la distensión causada por la materia fecal.

El tránsito intestinal alterado en ocasiones causa diarrea. Para que las heces adquieran una consistencia normal, deben permanecer en el intestino grueso durante cierto tiempo. Las heces que abandonan el intestino grueso muy pronto son acuosas, las que permanecen demasiado tiempo son duras y secas. Muchos trastornos y tratamientos disminuyen el tiempo en que las heces permanecen en el intestino grueso, como una tiroides hiperactiva (hipertiroidismo), la extirpación quirúrgica de una porción del colon o del estómago, el tratamiento para las úlceras en el que se secciona el nervio vago, la derivación quirúrgica de parte del intestino, los fármacos como los antiácidos y los laxantes que contienen magnesio, las prostaglandinas, la serotonina e incluso la cafeína.

El sobrecrecimiento bacteriano (crecimiento anormal de la flora intestinal o el desarrollo de bacterias que normalmente no se encuentran en el intestino) puede producir diarrea. Las bacterias intestinales normales desempeñan un papel importante en la digestión. Por lo tanto, cualquier alteración de éstas puede provocar diarrea.

Complicaciones

Además de las molestias, las situaciones embarazosas y la interrupción de las actividades diarias, la diarrea intensa puede conducir a una pérdida de agua (deshidratación) y electrólitos como el sodio, potasio, magnesio y cloro. Si se pierden importantes cantidades de líquido y electrólitos, puede bajar la presión arterial lo suficiente como para causar desvanecimientos (síncope), anormalidades del ritmo cardíaco (arritmias) y otros graves trastornos. Este riesgo es más probable en los más jóvenes, las personas de edad avanzada, las debilitadas y los que presenten diarrea muy grave. También se puede perder bicarbonato con las heces, lo que conduce a una acidosis metabólica, un tipo de desequilibrio acidobásico de la sangre.

Diagnóstico

El médico intenta primero establecer si la diarrea ha aparecido de forma brusca y si es de corta duración o si es persistente. A continuación determina si la causa se debe a un cambio en la dieta, si el paciente presenta otros síntomas, como fiebre, dolor o erupción cutánea y si ha tenido contacto con otras personas que se encuentren en un estado similar. De acuerdo con las descripciones hechas por el paciente y el examen de las muestras de materia fecal, el médico y el personal del laboratorio determinan si las heces están bien formadas o si son líquidas, si presentan un olor inusual o si contienen grasa, sangre o elementos sin digerir. También se determina el volumen de heces en 24 horas.

Cuando la diarrea es persistente, a menudo debe examinarse al microscopio una muestra de heces en busca de células, moco, grasa y otras sustancias. Las heces también pueden ser analizadas en busca de sangre y sustancias que pueden producir diarrea osmótica. Las muestras pueden ser analizadas con el fin de detectar microorganismos infecciosos, incluyendo ciertas bacterias, amebas y microorganismos del tipo Giardia. Si la persona está tomando laxantes, éstos también pueden ser detectados en la muestra de heces. Se puede realizar una sigmoidoscopia (examen del colon sigmoide usando un tubo flexible de visualización), de tal modo que el médico pueda observar el revestimiento del ano y del recto. A veces se realiza una biopsia (recogida de una muestra del revestimiento rectal para su examen al microscopio).

Tratamiento

La diarrea es un síntoma y su tratamiento depende de su origen. La mayoría de las personas con diarrea sólo tiene que evitar la causa, como la goma de mascar dietética o la toma de ciertos fármacos, hasta que el organismo sane por sí mismo. En ocasiones, una diarrea crónica se detiene al eliminar ciertas bebidas que contienen cafeína, como el café o las de cola. Para ayudar a aliviar la diarrea, el médico puede prescribir un fármaco como el difenoxilato, la codeína, el paregórico (tintura de opio) o la loperamida. A veces, incluso un agente formador de volumen que se utiliza para el estreñimiento crónico, como el psilio o la metilcelulosa, puede ayudar a aliviar la diarrea. El caolín, la pectina y la atapulgita activada ayudan a que las heces adquieran una consistencia compacta.

Cuando la diarrea es intensa y causa deshidratación, es necesaria la hospitalización y la reposición de líquidos por vía intravenosa. Mientras que el paciente no vomite ni tenga náuseas, resulta suficientemente eficaz la ingesta de líquidos que contengan cantidades adecuadas de agua, de azúcares y de sales.

Incontinencia fecal

La incontinencia fecal es la pérdida del control de las deposiciones.

La incontinencia fecal puede ocurrir de forma breve durante episodios de diarrea o cuando heces endurecidas impactan en el recto (impactación fecal). Las personas con lesiones en el ano o en la médula espinal, con prolapso rectal (protrusión del revestimiento rectal a través del ano), demencia, una lesión neurológica secundaria a la diabetes, tumores del ano o lesiones pélvicas durante el parto pueden desarrollar incontinencia fecal persistente.

El médico examina al paciente buscando cualquier anormalidad estructural o neurológica que pueda estar causando la incontinencia fecal. Esto implica la exploración del ano y del recto, la comprobación de la sensibilidad alrededor del ano y, generalmente, la realización de una sigmoidoscopia (examen del colon sigmoide usando un tubo flexible de visualización). Se pueden necesitar otras pruebas, como un examen de la función de los nervios y músculos de la pelvis.

El primer paso para corregir la incontinencia fecal es tratar de establecer un patrón regular de evacuaciones que produzca heces bien formadas. A menudo ayuda un cambio en la dieta, como la adición de una pequeña cantidad de fibra. Si tales cambios no ayudan, pueden ser útiles los fármacos como la loperamida, que retardan las deposiciones.

Ejercitar los músculos anales (esfínteres) incrementa su tono y su fuerza, lo que ayuda a prevenir la recurrencia de la incontinencia fecal. Utilizando técnicas de autorregulación, se puede aprender a contraer los esfínteres y a incrementar la sensibilidad del recto a la presencia de heces. Cerca del 70 por ciento de las personas bien motivadas se beneficia de la técnica de autorregulación.

Si persiste la incontinencia fecal, la cirugía puede ayudar en un algunos casos (por ejemplo, cuando la causa es una lesión en el ano o un defecto anatómico de éste). Como último recurso, puede realizarse una colostomía (creación mediante cirugía de una abertura entre el intestino grueso y la pared abdominal). Se cierra la abertura anal y el paciente defeca en una bolsa de plástico recambiable, adherida a la abertura que se ha practicado en la pared abdominal.

Síndrome del intestino irritable

El síndrome del intestino irritable es un trastorno de la motilidad de todo el tracto gastrointestinal que produce dolor abdominal, estreñimiento o diarrea.

Este síndrome tiene 3 veces más incidencia en mujeres que en varones. En dicho síndrome, el tracto gastrointestinal es especialmente sensible a muchos estímulos. El estrés, la dieta, los fármacos, las hormonas o los irritantes menores pueden hacer que el tracto gastrointestinal se contraiga anormalmente.

Los períodos de estrés y de conflicto emocional que causan depresión o ansiedad exacerban con frecuencia los episodios del síndrome del intestino irritable. Algunas personas con el síndrome son mucho más conscientes de sus síntomas, los consideran más graves y experimentan mayores impedimentos que otras. Otras personas que experimentan estrés y conflictos emocionales similares desarrollan síntomas gastrointestinales menos acusados o reaccionan a ellos con menor preocupación y disfunción.

Durante un episodio, las contracciones del tracto gastrointestinal se hacen más fuertes y frecuentes, y el consiguiente tránsito acelerado de alimentos y heces a través del intestino delgado a menudo produce diarrea. El dolor, como un cólico, parece ser el resultado de las fuertes contracciones intestinales y de la sensibilidad incrementada de los receptores dolorosos en el intestino grueso. Los episodios ocurren por lo general cuando la persona está despierta y son muy raros durante el sueño.

Algunas personas creen que las comidas con alto contenido energético o graso son las causantes de este trastorno. Para otros, el trigo, los productos lácteos, el café, el té o los cítricos parecen agravar los síntomas, pero no está claro que estos alimentos sean de hecho la causa.

Síntomas

Son dos los tipos de síndrome de intestino irritable. El del colon espástico, que habitualmente está desencadenado por la comida, suele producir periódicamente estreñimiento o bien diarrea con dolor. A veces alternan el estreñimiento y la diarrea. A menudo aparece moco en las heces. El dolor puede presentarse en accesos de dolor continuo y sordo o de calambres en la porción baja del abdomen. El afectado puede experimentar distensión, gases, náuseas, dolor de cabeza, cansancio, depresión, ansiedad y dificultad para la concentración. A menudo el dolor se alivia tras una deposición.

El segundo tipo produce principalmente diarrea o estreñimiento relativamente indoloros. La diarrea puede comenzar en forma súbita e imperiosa y ocurre enseguida después de la comida, aunque a veces puede ocurrir inmediatamente al despertarse. A veces la urgencia es tal que el individuo pierde el control y no llega a tiempo al servicio. Es raro que la diarrea aparezca durante la noche. Algunas personas sufren distensión y estreñimiento, relativamente con poco dolor.

Diagnóstico

En general, los afectados por el síndrome del intestino irritable tienen aspecto saludable. Un examen físico generalmente no revela nada anormal, excepto dolor a la palpación en el área del intestino grueso. Por lo general, se realizan algunas pruebas (por ejemplo, análisis de sangre y de heces y una sigmoidoscopia) para diferenciar este síndrome de la enfermedad inflamatoria del intestino y de muchos otros trastornos que pueden causar dolor abdominal y un cambio en el ritmo de las deposiciones. Los resultados de estas pruebas suelen ser normales, aunque las heces pueden ser semilíquidas. La sigmoidoscopia (examen del colon sigmoide mediante un tubo flexible de visualización) en ocasiones causa espasmos y dolor, pero el resultado de la prueba suele ser normal. A veces se practican otras pruebas, como una ecografía abdominal, radiografías del intestino o una colonoscopia.

Tratamiento

El tratamiento del síndrome del intestino irritable difiere de persona a persona. En general, se deberían evitar los alimentos o las situaciones de estrés que hacen aparecer los síntomas. Para la mayoría de las personas, especialmente las que tienden a sufrir estreñimiento, la actividad física regular ayuda a mantener una función normal del tracto gastrointestinal.

Lo más aconsejable es una dieta normal. Las personas con distensión abdominal y retención de gases (flatulencia) deberían evitar las judías (fríjoles), las coles y otros alimentos difíciles de digerir. Debe restringirse el consumo de sorbitol (edulcorante sintético usado en alimentos dietéticos, en algunos fármacos y en gomas de mascar). La fructosa debe consumirse sólo en pequeñas cantidades (la fructosa es un componente común de las frutas, las bayas y algunas plantas). Algunas personas ven mejorar sus molestias con las dietas bajas en grasas. Las que padecen a la vez síndrome de intestino irritable y deficiencia de lactasa no deben consumir productos lácteos.

Algunas personas con el síndrome de intestino irritable pueden mejorar su estado ingiriendo más fibra, especialmente si el problema principal es el estreñimiento. Pueden tomar una cucharada sopera de salvado con abundante agua y otros líquidos con cada comida, o bien suplementos de psilio muciloide con dos vasos de agua. El incremento de la fibra en la dieta puede agravar algunos síntomas, como la flatulencia y la distensión.

No se ha comprobado la eficacia de los fármacos que retrasan la función del tracto gastrointestinal y que se consideran antiespasmódicos, como la propantelina, aunque se prescriban con frecuencia. Los fármacos antidiarreicos, como el difenoxilato y la loperamida, pueden ser útiles en las personas con diarrea. Los fármacos antidepresivos, algunos tranquilizantes, la psicoterapia, la hipnosis y las técnicas de modificación del comportamiento pueden ayudar a algunas personas con síndrome de intestino irritable.

Flatulencia

La flatulencia es la sensación de tener mayor cantidad de gases en el tracto gastrointestinal.

El aire es un gas que puede ser tragado junto con los alimentos. El deglutir pequeñas cantidades de aire es normal, pero algunas personas lo hacen en grandes cantidades de modo inconsciente, especialmente en estados de ansiedad. La mayor parte del aire tragado es posteriormente eructado; sólo una pequeña cantidad pasa desde el estómago hacia el resto del tracto gastrointestinal. La deglución de un gran volumen de aire produce una sensación de saciedad, generando eructos excesivos o expulsando el aire por el ano.

En el aparato gastrointestinal se forman otros gases de varias maneras. El hidrógeno, el metano y el anhídrido carbónico son producidos por el metabolismo bacteriano de los alimentos en el intestino, especialmente después de la ingestión de algunos tipos de alimentos como las judías (fríjoles) y las coles. Las personas con deficiencia de las enzimas que fragmentan ciertos azúcares también tienden a producir grandes cantidades de gas cuando ingieren alimentos que contienen estos azúcares. La deficiencia de lactasa, la esprue tropical y la insuficiencia pancreática conducen a la producción de grandes cantidades de gas.

El cuerpo elimina los gases a través de los eructos, los absorbe a través de las paredes del tracto gastrointestinal y hacia la sangre (y los excreta posteriormente a través de los pulmones) o los expulsa por el ano. Las bacterias del aparato gastrointestinal también metabolizan algunos gases.

Síntomas

Se cree que la flatulencia suele provocar dolor abdominal, distensión, eructos y expulsión excesiva de gases por el ano, sin embargo, no se conoce la relación exacta entre la flatulencia y cualquiera de estos síntomas. Hay quienes parecen ser particularmente sensibles a los efectos de los gases del aparato gastrointestinal; otros pueden tolerar grandes cantidades de ellos sin desarrollar síntomas.

La flatulencia puede producir eructos repetidos. Se expulsan gases a través del ano más de 10 veces al día, pero la flatulencia puede ocasionar mayor expulsión de gases. Los lactantes con retortijones abdominales en ocasiones expulsan grandes cantidades de gases. No está claro si estos niños producen de hecho más gases o si simplemente son más sensibles a esta situación.

Tratamiento

La distensión y los eructos son difíciles de aliviar. Si el principal problema son los eructos, puede ser útil la reducción de la cantidad de aire tragado. Sin embargo, esto puede resultar difícil porque la deglución de aire es generalmente un acto inconsciente. Puede también ayudar el evitar mascar chicle y el comer más despacio y en un ambiente relajado.

Quienes tienen eructos o expulsan gases por el ano de forma excesiva pueden necesitar un cambio de dieta, evitando alimentos difíciles de digerir. Saber cuáles son los alimentos causantes del problema puede requerir que se elimine un alimento o un grupo de alimentos a la vez. Se puede empezar por eliminar la leche y los productos lácteos, luego las frutas y ciertos vegetales, y posteriormente otros alimentos. Los eructos pueden resultar de la ingestión de bebidas carbonatadas o de antiácidos como el bicarbonato de sodio.

La administración de fármacos puede ayudar a reducir la producción de gases, aunque generalmente no son muy eficaces. La simeticona, presente en algunos antiácidos y también disponible de modo aislado, proporciona cierto alivio. A veces ayudan otros fármacos, como otros tipos de antiácidos, la metoclopramida y el betanecol. La ingesta de más fibra mejora los síntomas en algunos casos pero los empeora en otros.

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