Trastornos del páncreas

El páncreas es una glándula con forma de hoja, de aproximadamente 13 centímetros de longitud. Está rodeado por la porción baja del estómago y por el duodeno (la primera parte del intestino delgado que conecta con el estómago). El páncreas tiene dos funciones principales: la secreción al duodeno de líquidos con enzimas digestivas y la secreción de las hormonas insulina y glucagón, las cuales son necesarias para metabolizar el azúcar.

Este órgano también secreta grandes cantidades de bicarbonato de sodio (el mismo compuesto químico que el bicarbonato de sosa) hacia el duodeno, lo cual neutraliza el ácido proveniente del estómago.

Esta secreción de bicarbonato de sodio fluye a través de una serie de conductos colectores que corren a lo largo de la porción central del páncreas (conducto pancreático). Este conducto se une posteriormente con el conducto biliar común, procedente de la vesícula biliar y del hígado, para formar la ampolla de Vater, que finalmente desemboca en el duodeno a nivel del esfínter de Oddi.

Pancreatitis aguda

Localización del páncreas

páncreas

La pancreatitis aguda es una inflamación del páncreas de aparición súbita que puede ser leve o mortal.

Normalmente, el páncreas secreta jugo pancreático al duodeno a través del conducto pancreático. Este jugo contiene enzimas digestivas en forma inactiva, además de un inhibidor que impide que cualquier enzima pueda resultar activada en su camino hacia el duodeno. La obstrucción del conducto pancreático (por ejemplo, por un cálculo biliar atascado en el esfínter de Oddi) interrumpe el flujo del jugo pancreático.

Generalmente, la obstrucción es temporal y causa un daño limitado, que se repara rápidamente. Pero si ésta persiste, las enzimas activadas se acumulan en el páncreas, desbordan la capacidad del inhibidor y comienzan a digerir las propias células pancreáticas, provocando una grave inflamación.

El daño pancreático puede permitir a las enzimas salir al exterior y penetrar en el flujo sanguíneo o en la cavidad abdominal, donde causan irritación e inflamación del revestimiento de la cavidad (peritonitis) o de otros órganos.

La porción del páncreas que produce hormonas, especialmente la insulina, no suele afectarse ni lesionarse.

Causas de pancreatitis aguda

  • Cálculos biliares.
  • Alcoholismo.
  • Fármacos como la furosemida y la azatioprina.
  • Parotiditis.
  • Altos niveles de lípidos, especialmente trigliceridos.
  • Lesión del páncreas por cirugía o endoscopia.
  • Lesión del páncreas por heridas contusas o penetrantes.
  • Cáncer de páncreas.
  • Redicción de la llegada de sangre al páncreas, por ejemplo, debido a una intensa disminución de la presión arterial.
  • Pancreatitis hereditaria.

Los cálculos biliares y el alcoholismo son responsables de casi el 80 por ciento de los ingresos hospitalarios por pancreatitis aguda. Las mujeres sufren pancreatitis de causa obstructiva casi dos veces más que los hombres, mientras que en éstos la pancreatitis de origen alcohólico es seis veces más frecuente. Los cálculos biliares que producen pancreatitis aguda pueden quedar atrapados en el esfínter de Oddi durante un tiempo, bloqueando de esa manera la salida del conducto pancreático; sin embargo, la mayoría de los cálculos biliares pasa al tracto intestinal. La ingesta de más de 100 g de alcohol al día durante varios años puede provocar la obstrucción de los pequeños conductos pancreáticos que drenan al conducto principal, precipitando finalmente el desarrollo de una pancreatitis aguda. Un ataque de pancreatitis puede originarse tras una ingestión excesiva de alcohol o después de una comida abundante. Hay muchas otros trastornos que pueden causar una pancreatitis aguda.

Síntomas

Casi todas las personas con pancreatitis aguda sufren un intenso dolor abdominal en la zona superior del abdomen medio, debajo del esternón. A menudo el dolor se irradia a la espalda. En raras ocasiones, se siente primero en la parte baja del abdomen. Generalmente el dolor comienza de forma súbita y alcanza su máxima intensidad en unos minutos, se mantiene constante e intenso, es de carácter penetrante y dura varios días. A menudo, no se alivia completamente ni con la inyección de dosis importantes de analgésicos. Puede empeorar con la tos, los movimientos bruscos y la respiración profunda; en parte se puede aliviar sentándose e inclinándose hacia delante. Por lo general, los afectados sienten náuseas y tienen que vomitar, a veces hasta el punto de presentar arcadas secas (náuseas sin vómito).

Algunas personas, especialmente las que desarrollan pancreatitis debida al alcoholismo, pueden no tener ningún síntoma excepto un dolor moderado. Otras se sienten muy mal, presentan aspecto enfermizo y sudoroso, y tienen el pulso acelerado (100 a 140 latidos por minuto), así como una respiración rápida y profunda. La respiración rápida puede deberse en parte a una inflamación de los pulmones.

Al principio la temperatura del cuerpo puede ser normal, pero en pocas horas puede alcanzar entre 37,5 y 38,5 ºC. La presión arterial puede ser alta o baja, pero tiende a disminuir cuando la persona se pone de pie, provocando desvanecimientos. A medida que progresa el cuadro, la persona tiende a perder el contacto con el entorno. Algunas están casi inconscientes. En ocasiones, el blanco de los ojos (esclera) se vuelve amarillento.

Una de cada cinco personas con pancreatitis aguda desarrolla algún tipo de inflamación en la parte alta del abdomen. Ésta puede deberse a una interrupción del tránsito del contenido gástrico e intestinal (trastorno conocido como íleo gastrointestinal) o porque el páncreas inflamado aumenta de tamaño y empuja al estómago hacia delante. También se puede acumular líquido en el abdomen (ascitis).

En la pancreatitis aguda grave (pancreatitis necrosante), puede descender la presión arterial y desarrollarse un estado de shock. La pancreatitis aguda grave puede ser mortal.

Diagnóstico

El dolor abdominal característico hace sospechar al médico una pancreatitis aguda, especialmente en las personas que presentan cálculos biliares o que toman mucho alcohol. En la exploración física, a menudo se percibe que los músculos de la pared abdominal están rígidos. Cuando se examina el abdomen con un fonendoscopio, el médico puede percibir una disminución de los ruidos intestinales (ruidos hidroaéreos).

No existe un único análisis de sangre que diagnostique una pancreatitis aguda, pero ciertas pruebas confirman el diagnóstico. En el primer día de la enfermedad se incrementan los valores sanguíneos de dos enzimas producidas por el páncreas, la amilasa y la lipasa, pero éstas vuelven a la normalidad en un plazo de 3 a 7 días. Algunas veces, sin embargo, estos valores no se incrementan debido a que gran parte del páncreas ha sido destruido durante episodios previos de pancreatitis y quedan pocas células para liberar enzimas. Las personas con pancreatitis aguda grave tienen a menudo menos glóbulos rojos de lo normal, debido a hemorragias en el páncreas y en el abdomen.

Las radiografías simples del abdomen pueden mostrar asas intestinales dilatadas o, en casos aislados, uno o más cálculos biliares. La ecografía puede revelar la presencia de cálculos en la vesícula biliar y, a veces, en el conducto biliar común y también puede detectar un páncreas inflamado.

La tomografía axial computadorizada (TC) es particularmente útil para detectar cambios en el tamaño del páncreas y se usa en casos graves y complicados, como una presión arterial muy baja. Las imágenes de la TC son tan claras que ayudan al médico a establecer un diagnóstico preciso.

En la pancreatitis aguda grave, la TC ayuda a determinar el pronóstico. Si las imágenes indican una inflamación moderada del páncreas, el pronóstico es excelente, pero si se observan grandes áreas de tejido pancreático destruido, el pronóstico no es tan bueno.

Litiasis del colédoco

Litiasis del colédoco
Una litiasis al final del colédoco (a nivel de la ampola de Vater) puede obstruir el drenaje del conducto pancreático y ser causa de pancreatitis.

La colangiopancreatografía retrógrada endoscópica (técnica radiológica que muestra la estructura del conducto biliar común y del conducto pancreático), generalmente se realiza sólo si se sospecha que la causa de la pancreatitis es un cálculo enclavado en el conducto biliar común. El médico hace pasar un endoscopio por la boca del paciente hasta el intestino delgado, donde se encuentra el esfínter de Oddi. A continuación inyecta un contraste radiopaco en los conductos, el cual es visible a los rayos X. Si las radiografías evidencian un cálculo, se puede utilizar el mismo endoscopio para retirarlo.

Tratamiento

En general, se hospitaliza a las personas con pancreatitis. Una persona con una pancreatitis aguda moderada debe evitar el consumo de alimentos y agua porque esto estimula al páncreas a producir más enzimas. Los líquidos y nutrientes se administran por vía intravenosa. Se introduce una sonda por la nariz hasta el estómago, para aspirar el líquido y el aire, particularmente si persisten las náuseas y los vómitos.

La persona con una pancreatitis aguda grave generalmente se ingresa en una unidad de cuidados intensivos para controlar de cerca los signos vitales (pulso, presión arterial y frecuencia respiratoria). Cada hora se mide el volumen de orina. También se recogen muestras de sangre para analizar varios componentes de la misma, como los hematócritos, los valores de glucosa y de electrólitos, el recuento de glóbulos blancos y las concentraciones en sangre de diversas enzimas.

La persona es alimentada por vía intravenosa y no recibe nada por vía oral durante por lo menos 2 semanas e incluso hasta 6. Se mantiene vacío el estómago por medio de una sonda nasogástrica y se administran antiácidos con frecuencia para ayudar a prevenir el desarrollo de úlceras.

El volumen de sangre se controla cuidadosamente mediante la administración de líquidos por vía intravenosa y también se controla la función cardíaca. Se administra oxígeno con una mascarilla facial o por medio de un tubo nasal para aumentar su concentración en sangre; si este tratamiento es inadecuado, el paciente puede ser sometido a un respirador artificial que le ayude a respirar. El dolor intenso se trata generalmente con el fármaco meperidina.

Seudoquistes pancreáticos

Seudoquistes pancreáticos
Pueden constituir una complicación de la pancreatitis aguda.

En ocasiones, durante los primeros días de una pancreatitis aguda grave puede ser necesario intervenir quirúrgicamente. Por ejemplo, puede requerirse la cirugía para aliviar una pancreatitis secundaria a un traumatismo o una herida, o se puede realizar una exploración quirúrgica para aclarar un diagnóstico incierto. En ocasiones, si la situación de la persona se deteriora tras la primera semana de enfermedad, se realiza una intervención quirúrgica para retirar el tejido pancreático infectado que no cumple su función.

La infección de un páncreas inflamado es un riesgo, particularmente después de la primera semana de enfermedad. El médico puede sospechar una infección cuando la situación del paciente empeora y aparece fiebre con aumento del recuento de glóbulos blancos en sangre, a pesar de que otros síntomas hayan comenzado a remitir. El diagnóstico se establece por medio del cultivo de muestras de sangre y mediante una tomografía axial computadorizada (TC). Se puede obtener una muestra de material infectado del páncreas, insertándole una aguja a través de la piel. Las infecciones se tratan con antibióticos y cirugía.

Algunas veces, se desarrolla en el páncreas un seudoquiste, cargado de enzimas pancreáticas, líquido y restos de tejido, que puede alcanzar gran volumen. Si un seudoquiste crece mucho y provoca dolor u otros síntomas, el cirujano lo descomprimirá. La necesidad de descompresión es particularmente urgente si el seudoquiste se expande rápidamente, se infecta, sangra o parece que esté a punto de romperse. Dependiendo de su localización, la descompresión se realiza insertando un catéter a través de la piel, lo que permite que el seudoquiste se vaya vaciando a lo largo de varias semanas, o bien mediante una intervención quirúrgica.

Cuando la pancreatitis aguda es secundaria a cálculos biliares, el tratamiento depende de su gravedad. Si la pancreatitis es moderada, la extirpación de los cálculos generalmente puede retrasarse hasta que remitan los síntomas. La pancreatitis grave causada por cálculos biliares puede ser tratada con endoscopia o cirugía. El procedimiento quirúrgico consiste en la eliminación de la vesícula biliar y la limpieza de los conductos. En personas de edad avanzada con otros procesos, como una enfermedad del corazón, a menudo se realiza primero la endoscopia, pero si falla este tratamiento se debe llevar a cabo una intervención quirúrgica.

Pancreatitis crónica

La pancreatitis crónica es una inflamación del páncreas de larga evolución.

En muchos países, el alcoholismo es la causa más frecuente de pancreatitis crónica. Otras causas son una predisposición hereditaria y una obstrucción del conducto pancreático debida a una estenosis (estrechamiento) del mismo o a un cáncer de páncreas. En raras ocasiones, un episodio grave de pancreatitis aguda puede estenosar el conducto hasta el punto de producir una pancreatitis crónica. Se desconoce la causa en muchos casos.

En países tropicales (por ejemplo, India, Indonesia y Nigeria), una pancreatitis crónica de origen desconocido en niños y en adultos jóvenes da lugar a diabetes y a la formación de depósitos de calcio en el páncreas. Los síntomas iniciales son consecuencia generalmente de la diabetes.

Síntomas

Los síntomas de la pancreatitis crónica se agrupan generalmente en dos patrones. En uno de ellos, el dolor se localiza en medio del abdomen, es persistente pero varía su intensidad. En el otro, se presentan episodios intermitentes de pancreatitis con síntomas similares a los de la pancreatitis aguda leve o moderada; el dolor a veces es intenso y dura unas horas o varios días. Con cada patrón, a medida que progresa la pancreatitis crónica, las células que segregan las enzimas digestivas son destruidas lentamente y por último no se siente dolor.

Al disminuir el número de enzimas digestivas, la comida se absorbe inadecuadamente y la persona puede tener heces voluminosas y malolientes. Las heces son de coloración clara y aspecto graso, y pueden contener incluso gotas de aceite. La malabsorción conduce también a la pérdida de peso. Finalmente, pueden ser destruidas las células pancreáticas productoras de insulina, lo que gradualmente deriva en una diabetes.

Diagnóstico

Según los síntomas o una historia de ataques de pancreatitis aguda, el médico sospecha una pancreatitis crónica. Los análisis de sangre son menos útiles para diagnosticar una pancreatitis crónica que para la pancreatitis aguda, pero pueden evidenciar valores aumentados de amilasa y lipasa. Los análisis de sangre también son útiles para controlar la concentración de glucosa (un tipo de azúcar) en sangre, que puede ser elevado.

Las radiografías de abdomen y las ecografías pueden poner de manifiesto cálculos en el páncreas. La pancreatografía retrógrada endoscópica (una técnica de radiología que muestra la estructura de los conductos pancreáticos) puede evidenciar un conducto dilatado o estrechado, o la presencia de cálculos en el conducto. La tomografía computadorizada (TC) puede mostrar tanto las anormalidades como el tamaño, forma y textura del páncreas. A diferencia de la pancreatografía retrógrada endoscópica, una TC no requiere el uso de un endoscopio.

Tratamiento

Durante una crisis, es esencial evitar el alcohol. La abstinencia de todo tipo de alimentos y la administración tan sólo de líquidos por vía intravenosa pueden mantener el páncreas y el intestino en reposo, aliviando así el dolor. Sin embargo, a menudo es también necesaria la administración de analgésicos opiáceos.

Más adelante, la ingesta de cuatro o cinco comidas diarias, compuestas de alimentos bajos en grasas y proteínas y ricos en hidratos de carbono, puede reducir la frecuencia y la intensidad de las recidivas. El paciente debe seguir absteniéndose del alcohol. Si el dolor continúa, el médico busca posibles complicaciones, como una masa inflamatoria en la cabeza del páncreas o un seudoquiste. Una masa inflamatoria puede requerir una intervención quirúrgica; un seudoquiste pancreático que produce dolor a medida que crece puede necesitar descompresión.

Si el paciente presenta un dolor continuado y ninguna complicación, el médico generalmente infiltra los nervios del páncreas para impedir que los impulsos dolorosos alcancen el cerebro. Si falla este procedimiento, puede recurrirse a la cirugía. Por ejemplo, cuando el conducto pancreático está dilatado se puede crear una derivación desde el páncreas al intestino delgado, lo cual alivia el dolor en cerca del 70 al 80 por ciento de los casos. Cuando el conducto no está dilatado, puede ser necesario extirpar parte del páncreas. Si el problema está localizado en la cola del páncreas (la parte más alejada del duodeno), ésta se puede extirpar. Si se encuentra implicada la cabeza del páncreas, ésta puede extirparse junto con el duodeno. Tales intervenciones pueden aliviar el dolor en el 60 al 80 por ciento de los casos. Entre los alcohólicos en rehabilitación, la extirpación parcial del páncreas se realiza sólo en los que son capaces de controlar por sí mismos la diabetes que resulta de la intervención quirúrgica.

La administración con las comidas de comprimidos o cápsulas de extractos de enzimas pancreáticas puede hacer que las heces sean menos grasas y que mejore la absorción de los alimentos, pero es raro que estos problemas se solucionen del todo. Si es necesario, con las enzimas pancreáticas se puede tomar un antiácido líquido o un bloqueante H2. Con este tratamiento, el paciente gana algo de peso, tiene menos evacuaciones al día y ya no presenta gotas de aceite en las heces, y, en general, se siente mejor. Si estas medidas no resultan eficaces, se puede también disminuir las grasas de la dieta. Así mismo, pueden requerirse suplementos de vitaminas liposolubles (A, D y K).

Adenocarcinoma del páncreas

El adenocarcinoma del páncreas es un tumor canceroso que se origina en las células que revisten el conducto pancreático.

Cerca del 95 por ciento de los casos de tumores cancerosos del páncreas son adenocarcinomas. Estos tumores son casi dos veces más frecuentes en varones que en mujeres y son ligeramente más frecuentes en la etnia negra que en la blanca. El adenocarcinoma del páncreas es 2 a 3 veces más frecuente en los grandes fumadores que en los no fumadores. Las personas con pancreatitis crónica tienen un alto riesgo de padecerlo.

Adenocarcinoma de la cabeza del páncreas

Adenocarcinoma de la cabeza del páncreas
El adenocarcinoma de la cabeza del páncreas puede provocar una obstrucción del colédoco.

A medida que la expectativa de vida ha aumentado, esta enfermedad se ha vuelto más frecuente en los países desarrollados. En raras ocasiones se desarrolla antes de los 50 años y la edad promedio de su diagnóstico es a los 55 años. Se conoce poco acerca de su causa.

Síntomas

El adenocarcinoma de páncreas típicamente no causa síntomas hasta que el tumor haya crecido. Por este motivo, en el momento del diagnóstico y en el 80 por ciento de los casos, el tumor ya ha hecho metástasis más allá del órgano, alcanzando los ganglios linfáticos vecinos o incluso el hígado y el pulmón.

Los primeros síntomas característicos son dolor y pérdida de peso. En el momento del diagnóstico, el 90 por ciento de los enfermos tiene dolor abdominal (generalmente dolor intenso en la parte alta del abdomen, que se irradia a la espalda) y pérdida de por lo menos el 10 por ciento de su peso ideal.

Cerca del 80 por ciento de estos cánceres se desarrolla en la cabeza del páncreas (la parte más cercana al duodeno y al conducto biliar común). Por lo tanto, la ictericia es un síntoma precoz típico causado por la obstrucción del conducto biliar común. En las personas con ictericia, el color amarillo afecta no sólo a la piel sino también al blanco de los ojos (esclerótica) y a otros tejidos. La ictericia se acompaña de prurito generalizado.

Los tumores del cuerpo y de la cola del páncreas (la parte del medio y la más alejada del duodeno) pueden obstruir la vena que sale del bazo, dando como resultado un agrandamiento de bazo y varices (venas varicosas inflamadas, agrandadas y tortuosas) alrededor del estómago y del esófago. Si se llegan a romper estas venas, puede producirse una hemorragia grave, sobre todo del esófago.

Diagnóstico

El diagnóstico precoz es difícil. Cuando se sospecha un adenocarcinoma del páncreas, las pruebas diagnósticas más usadas son las ecografías, la tomografía computadorizada (TC) y la pancreatografía retrógrada endoscópica (una técnica de radiología que muestra la estructura del conducto pancreático). Para confirmar el diagnóstico se pueden obtener muestras del tejido pancreático para su examen al microscopio. La biopsia se obtiene insertando una aguja a través de la piel utilizando como guía una TC o una ecografía. Puede también obtenerse una biopsia del hígado para ver si se ha extendido el cáncer. Si el médico tiene una fuerte sospecha de adenocarcinoma del páncreas, pero los resultados de los análisis son normales, se puede explorar el páncreas quirúrgicamente.

Pronóstico y tratamiento

El pronóstico es muy sombrío. Menos del 2 por ciento de las personas con un adenocarcinoma del páncreas sobrevive cinco años después del diagnóstico. La única esperanza de curación es una intervención quirúrgica, que se realiza en pacientes cuyo cáncer no se ha extendido. Se extirpa sólo el páncreas, o bien tanto éste como el duodeno. Incluso tras esta cirugía, sólo el 10 por ciento de los pacientes sobrevive cinco años, cualquiera que sea el tratamiento posterior.

El dolor moderado puede aliviarse con aspirina o paracetamol (acetaminofén). El dolor intenso en la zona alta del abdomen puede aliviarse inclinándose hacia delante, colocando la cabeza hacia abajo y doblando las rodillas o utilizando medicaciones como la codeína o la morfina por vía oral. Del 70 al 80 por ciento de los pacientes que tienen un dolor intenso pueden aliviarlo con infiltraciones en los nervios para bloquear las sensaciones dolorosas. Se puede tratar la ausencia de enzimas digestivas pancreáticas con preparaciones de enzimas por vía oral. Si se desarrolla una diabetes, puede ser necesario recurrir al tratamiento con insulina.

Cistoadenocarcinoma

El cistoadenocarcinoma, un tipo raro de cáncer pancreático, tiene mejor pronóstico que el adenocarcinoma. Sólo el 20 por ciento de estos cánceres se ha diseminado en el momento de la intervención quirúrgica. Si el cáncer no se ha diseminado y se extirpa todo el páncreas, hay un 65 por ciento de posibilidades de sobrevivir por lo menos 5 años.

Insulinoma

El insulinoma es un tipo raro de tumor pancreático que secreta insulina, una hormona que disminuye los valores de glucosa en sangre.

Sólo el 10 por ciento de los insulinomas resulta canceroso.

Síntomas

Los síntomas de un insulinoma son debidos a los valores bajos de glucosa en sangre. Esto ocurre cuando una persona no come durante muchas horas, con mayor frecuencia por la mañana tras el ayuno nocturno. Los síntomas, que pueden ser parecidos a una variedad de trastornos psiquiátricos y nerviosos, consisten en dolor de cabeza, confusión, alteraciones de la visión, debilidad muscular, inestabilidad y cambios marcados de la personalidad. Los valores bajos de glucosa pueden conducir incluso a una pérdida de consciencia, convulsiones y coma. Los síntomas parecidos a los de la ansiedad o del pánico son desvanecimientos, debilidad, temblor, percepción de los latidos del corazón (palpitaciones), sudación, hambre y nerviosismo.

Diagnóstico y tratamiento

El diagnóstico de un insulinoma puede resultar difícil. El enfermo se mantiene en ayunas durante 24 horas por lo menos, a veces hasta 72, y se le controla cuidadosamente, a menudo en el hospital. Transcurrido este tiempo, los síntomas suelen presentarse y se realizan análisis de sangre para medir los valores de glucosa y de insulina. Los valores muy bajos de glucosa y altos de insulina indican la presencia de un insulinoma. A continuación debe buscarse su localización exacta en el páncreas. Pueden practicarse pruebas como la tomografía computadorizada (TC) y la ecografía para localizar el tumor, pero a veces se necesita una exploración quirúrgica. El tratamiento de un insulinoma es la extirpación quirúrgica.

Gastrinoma

Un gastrinoma es un tumor pancreático que produce cantidades excesivas de la hormona gastrina, la cual estimula al estómago a secretar ácido y enzimas, causando úlceras pépticas.

La mayoría de las personas con este trastorno tiene varios tumores agrupados en o cerca del páncreas. Cerca de la mitad son cancerosos.

A veces un gastrinoma se produce en el contexto de un trastorno hereditario (neoplasia endocrina múltiple), en el cual los tumores se originan a partir de las células de varias glándulas endocrinas, como las células pancreáticas productoras de insulina.

Síntomas y diagnóstico

El exceso de gastrina secretada por el gastrinoma causa diversos síntomas que constituyen el llamado síndrome de Zollinger-Ellison. El síndrome incluye dolor abdominal de moderado a intenso ocasionado por úlceras pépticas en el estómago, duodeno o en cualquier zona del intestino. Puede producirse perforación, hemorragia y obstrucción intestinal, que pueden ser mortales. Sin embargo, en más de la mitad de las personas con gastrinoma, los síntomas no son peores que los ocasionados por una úlcera péptica de origen diferente. La diarrea es el primer síntoma en el 35 al 40 por ciento de los casos.

El médico sospecha esta enfermedad cuando una persona presenta frecuentes o múltiples úlceras pépticas que no responden a los tratamientos habituales. Entonces se solicitan análisis de sangre para detectar valores anormalmente elevados de gastrina. También las muestras de jugo gástrico (obtenidas mediante una sonda colocada por la nariz hasta el estómago) indican cantidades muy altas de ácido. La localización de los tumores puede resultar difícil porque generalmente son pequeños y hay varios de ellos. Los médicos utilizan diversas técnicas de imagen, como la tomografía computadorizada (TC), la ecografía y la arteriografía.

Tratamiento

Cerca del 20 por ciento de las personas con un gastrinoma que no tienen una neoplasia endocrina múltiple puede curarse con cirugía. Para estos pacientes, antes de la cirugía, y para otros que no se someten a ésta, los fármacos antiulcerosos como la cimetidina, la ranitidina y la famotidina, pueden aliviar la sintomatología. Si ello no se logra, el omeprazol (que reduce la secreción ácida por otros medios) puede ser eficaz. Si estos tratamientos fallan, puede ser necesaria una intervención para extirpar todo el estómago (gastrectomía total). Esta operación no elimina el tumor, pero la gastrina ya no puede afectar al estómago y los síntomas desaparecen. Si se extirpa el estómago, deben administrarse suplementos diarios de vitamina B12 y de calcio.

Si los tumores malignos se han diseminado a otras partes del organismo, los fármacos anticancerosos (quimioterapia) pueden ayudar a reducir el número de células tumorales y los valores sanguíneos de gastrina. Sin embargo, este tratamiento no cura el cáncer, que finalmente resulta mortal.

Glucagonoma

El glucagonoma es un tumor que produce la hormona glucagón, la cual aumenta los valores de glucosa en sangre y produce una erupción cutánea característica.

Cerca del 80 por ciento de estos tumores resulta canceroso. Sin embargo, son de lento crecimiento y muchas personas sobreviven 15 años o más tras el diagnóstico. La edad promedio de aparición de los síntomas es 50 años. Aproximadamente el 80 por ciento de las personas con glucagonoma son mujeres.

Síntomas y diagnóstico

Los altos valores de glucagón causan los síntomas de una diabetes mellitus. A menudo, la persona pierde peso. Los análisis de sangre pueden detectar anemia y valores bajos de lípidos, pero en el 90 por ciento de los casos las características típicas son una erupción cutánea descamativa de color marrón rojizo (eritema necrolítico migratorio), que comienza en la ingle y se extiende a las nalgas, antebrazos y piernas; en la lengua la lesión es brillante y de color naranja rojizo. También pueden aparecer grietas en las comisuras de la boca.

El diagnóstico se establece detectando valores altos de glucagón en la sangre y localizando posteriormente el tumor por angiografía y mediante una exploración abdominal quirúrgica.

Tratamiento

En el mejor de los casos, se extirpa el tumor quirúrgicamente y todos los síntomas desaparecen. Sin embargo, si no se puede extirpar el tumor o si éste se ha extendido, los fármacos anticancerosos pueden reducir los valores de glucagón y disminuir los síntomas. El fármaco octreótido también reduce las concentraciones de glucagón, puede hacer desaparecer la erupción y también puede restablecer el apetito, facilitando el aumento de peso. Sin embargo, el octreótido puede elevar todavía más los valores de glucosa en sangre. La erupción cutánea se trata con ungüentos de zinc. Algunas veces se trata con aminoácidos o ácidos grasos intravenosos.

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