Cáncer y otros tumores del aparato digestivo

A lo largo de todo el tracto gastrointestinal, desde el esófago hasta el recto, se pueden desarrollar una amplia variedad de tumores. Algunos de estos tumores son cancerosos (malignos) y otros no lo son (benignos).

Esófago

El tumor benigno más frecuente del esófago es el leiomioma, un tumor del músculo liso. El pronóstico es excelente en la mayoría de las personas con leiomioma.

El cáncer de esófago más frecuente es el carcinoma, ya sea de células escamosas (también llamado carcinoma epidermoide) o el adenocarcinoma. Otros tipos de cáncer de esófago incluyen el linfoma (un cáncer de los linfocitos), el leiomiosarcoma (un tumor maligno del músculo liso del esófago) y el cáncer que se ha extendido (hace metástasis) desde cualquier otro órgano.

Cáncer de esófago
El cáncer de esófago puede obstruir el paso de alimentos sólidos o líquidos.

Cáncer de esófago

El cáncer puede ocurrir en cualquier punto del esófago. Puede presentarse como un estrechamiento, un bulto o un área plana anormal (placa). El cáncer esofágico es más frecuente en personas cuyo esófago se ha estrechado porque en alguna ocasión ingirieron una sustancia alcalina, como la lejía, usada para la limpieza. El cáncer de esófago es más frecuente en personas con acalasia (un trastorno en el que el esfínter esofágico inferior no se abre adecuadamente), obstrucciones en el esófago como una membrana esofágica o un cáncer de cabeza y de cuello. El abuso del tabaco y del alcohol también incrementan el riesgo del cáncer esofágico; de hecho, son los factores de riesgo más importantes para el carcinoma de células escamosas. Parece que ciertos cambios en el revestimiento del esófago preceden el desarrollo del cáncer en algunos individuos. Estos cambios tienen lugar después de una prolongada irritación del esófago por el reflujo de jugo gástrico o de bilis.

Síntomas y diagnóstico

Dado que el cáncer de esófago tiende a obstruir el paso de los alimentos, el primer síntoma es la dificultad para ingerir sólidos. A lo largo de varias semanas este problema progresa y la persona tiene dificultades para tragar sólidos blandos y después incluso los líquidos. El resultado es una marcada pérdida de peso.

El cáncer de esófago se diagnostica mediante un procedimiento radiológico denominado tránsito de bario. La persona bebe una solución de bario (que es radiopaco), lo que permite evidenciar la obstrucción en las radiografías del esófago. El área anormal también debe ser examinada con un endoscopio (tubo flexible de visualización). Este instrumento permite al médico recoger una muestra de tejido (biopsia) o de células sueltas para su examen al microscopio (citología por cepillado).

Tratamiento y pronóstico

Menos del 5 por ciento de los afectados de cáncer de esófago sobrevive más de 5 años. Muchos mueren en el plazo de un año tras los primeros síntomas.

La quimioterapia no cura el cáncer de esófago, pero, cuando se la utiliza aisladamente o en combinación con la radioterapia, puede reducir los síntomas y prolongar la supervivencia. La cirugía para eliminar el tumor, cuando es posible realizarla, alivia los síntomas durante un tiempo, pero raramente resulta curativa. Otras medidas que alivian los síntomas son la dilatación del área estrechada del esófago, la colocación de un tubo para mantener el esófago abierto, una intervención para desviar el trayecto del esófago de la zona tumoral mediante un asa (segmento) de intestino y la terapia con láser para destruir el tejido canceroso que produce la obstrucción.

Estómago

Los tumores no cancerosos del estómago no suelen causar síntomas o problemas médicos. Ocasionalmente, sin embargo, algunos sangran o se vuelven malignos.

En casi el 99 por ciento de los casos de cánceres de estómago, se trata de adenocarcinomas. Otros cánceres son leiomiosarcomas (un tumor maligno del músculo liso) y linfomas.

El cáncer gástrico es más frecuente en personas mayores. Menos del 25 por ciento de dichos cánceres ocurre en menores de 50 años. El cáncer de estómago es sumamente frecuente en Japón, China, Chile e Islandia, mientras que en los Estados Unidos, en donde este cáncer afecta a 8 de cada 100 000 personas, su incidencia está disminuyendo por razones desconocidas.

Cáncer de estómago, a nivel de la curvatura menor

Cáncer de estómago

Causas

El cáncer de estómago a menudo comienza en un sitio donde existe una inflamación de la mucosa. Sin embargo, muchos expertos creen que tal inflamación es más una consecuencia del cáncer que su causa. Otros sugieren que las úlceras de estómago pueden provocar cáncer, pero es probable que casi todas las personas con úlceras y cáncer de estómago padecían un cáncer no detectado antes de que se desarrollasen las úlceras. El Helicobacter pylori, la bacteria que participa en el desarrollo de las úlceras duodenales, puede también desempeñar un papel en algunos cánceres de estómago.

Los pólipos de estómago son unos tumores poco frecuentes, redondeados y no cancerosos que crecen hacia el interior de la cavidad gástrica. Se considera que son precursores del cáncer y por lo tanto deben extirparse. El cáncer es particularmente frecuente si existen determinados tipos de pólipos, si éstos son mayores de 2 centímetros o cuando hay varios de ellos.

Se piensa que ciertos factores dietéticos pueden participar en el desarrollo del cáncer de estómago. Estos factores consisten en una alta ingesta de sal y de hidratos de carbono, la toma abundante de un tipo de conservantes llamados nitratos y una baja ingesta de vegetales de hoja verde y frutas. Sin embargo, no se ha demostrado que alguno de estos factores produzca cáncer.

Síntomas

En las etapas iniciales del cáncer de estómago, los síntomas son vagos y con frecuencia se pasan por alto. Cuando son más manifiestos, incluso pueden ayudar a localizar en qué parte del estómago se encuentra el tumor. Por ejemplo, una sensación de saciedad o una incomodidad después de las comidas pueden indicar que el tumor se sitúa en la parte baja del estómago. La pérdida de peso o la debilidad generalmente son el resultado de una dificultad para comer o de una incapacidad para absorber determinadas vitaminas y minerales. La anemia puede ser consecuencia de una hemorragia muy gradual, sin que cause otros síntomas. En raras ocasiones, una persona puede vomitar grandes cantidades de sangre (hematemesis) o evacuar heces de color negro alquitranado (melena). Cuando el tumor está en una fase avanzada, el médico puede palpar una masa a través de la pared abdominal.

Incluso en las etapas iniciales, un tumor pequeño del estómago puede extenderse (hacer metástasis) a sitios distantes. La extensión del tumor puede causar agrandamiento del hígado, ictericia, acumulación de líquido en el abdomen (ascitis) y nódulos cutáneos cancerosos. La extensión del cáncer también puede debilitar los huesos, dando lugar a fracturas óseas.

Diagnóstico

Los síntomas del cáncer de estómago pueden confundirse con los de una úlcera péptica. Si tales síntomas no desaparecen a pesar de que la persona tome fármacos antiulcerosos o si existe pérdida de peso, el médico sospecha cáncer de estómago.

A menudo se realizan estudios de radiología que utilizan el bario para poner de manifiesto cambios en la superficie del estómago, pero raramente estas radiografías pueden evidenciar tumores pequeños y en estadios precoces. La endoscopia es el mejor procedimiento diagnóstico porque permite ver directamente el estómago, permite detectar la presencia de la bacteria Helicobacter pylori (que puede desempeñar un papel en el desarrollo del cáncer de estómago) y porque con ella se pueden obtener muestras de tejido (biopsia) para su análisis al microscopio.

Tratamiento y pronóstico

Los pólipos del estómago no cancerosos se extirpan con un endoscopio.

Si el cáncer está limitado al estómago, generalmente se realiza cirugía para intentar curarlo. Se elimina la mayor parte o la totalidad del estómago y los ganglios linfáticos adyacentes. El pronóstico es bueno si el cáncer no ha penetrado muy profundamente la pared del estómago. A menudo los resultados de la cirugía son poco satisfactorios debido a que la mayoría de los afectados presenta un cáncer extendido en el momento del diagnóstico. El Japón, donde se realizan programas de detección precoz en la población general mediante endoscopios, son mejores los resultados de la cirugía.

Si el cáncer se ha extendido más allá del estómago, el objetivo del tratamiento es aliviar los síntomas y prolongar la supervivencia. La quimioterapia y la radioterapia pueden aliviar los síntomas. A veces se recurre a la cirugía para aliviar los síntomas. Por ejemplo, si está obstruido el paso de los alimentos en la parte final del estómago, una conexión entre el estómago y el intestino delgado (operación de derivativa) que permita el tránsito de los alimentos, puede aliviar los síntomas de obstrucción, dolor y vómitos durante un tiempo.

Los resultados de la quimioterapia y de la radioterapia son mejores en el caso de los linfomas gástricos que en el de los carcinomas. Con estos tratamientos es posible alargar la supervivencia e incluso conseguir la curación.

Intestino delgado

En general, los tumores del intestino delgado no son malignos. Los tumores cancerosos menos frecuentes son los carcinomas, los linfomas y los tumores carcinoides.

Sarcoma de Kaposi

Una forma agresiva del sarcoma de Kaposi se presenta principalmete en ciertas zonas de Africa, en los receptores de trasplantes y en personas con el SIDA. Puede comenzar en cualquier parte del intestino, pero generalmente se inicia en el estómago, el intestino delgado o al final del intestino grueso. Aunque habitualmente no causa síntomas, la persona puede perder proteinas y sangre por las heces y tener diarrea. Una porción del intestino se puede introducir en otra parte adyacente (una situación llamada intususcepción intestinal), lo que tiende a obstruir el intestino e interrumpir la llegada de sangre al mismo, lo cual constituye una urgencia. El sarcoma de Kaposi también puede presentarse como manchas de color en la piel.

El médico puede sospechar un sarcoma de Kaposi cuando los síntomas se desarrollan en una persona que se encuentra en un grupo de alto riesgo. Se necesita una cirugía exploratoria para confirmar el diagnóstico de sarcoma de Kaposi intestinal.

El tratamiento es la eliminación quirúrgica (exéresis) del sarcoma. Si ocurre una intususcepción intestinal, se precisa una cirugía de urgencia.

Tumores no cancerosos

Los tumores no cancerosos del intestino delgado incluyen los tumores anormales de las células grasas (lipomas), de las células nerviosas (neurofibromas), de las células del tejido conectivo (fibromas) y de las células musculares (leiomiomas). La mayoría de los tumores benignos no produce síntomas. Sin embargo, los más grandes pueden provocar la presencia de sangre en las heces, una obstrucción intestinal parcial o completa o una estrangulación intestinal si un segmento de intestino se introduce en la zona que lo precede (un trastorno conocido como intususcepción).

Cuando los síntomas parecen indicar la presencia de un tumor al comienzo o al final del intestino delgado, el médico puede utilizar un endoscopio (tubo flexible de visualización) para ver el tumor y obtener una muestra para su examen al microscopio. La radiografía con papilla de bario puede mostrar la totalidad del intestino delgado y puede poner de manifiesto el tumor. Se puede realizar una arteriografía (una radiografía que se practica después de inyectar una sustancia de contraste en una arteria) en una arteria del intestino, especialmente si el tumor está perdiendo sangre. De forma similar, se puede inyectar tecnecio radiactivo en la arteria y observar mediante una gammagrafía cómo se escapa al interior del intestino; este procedimiento ayuda a localizar el lugar donde el tumor está sangrando. La hemorragia se puede detener quirúrgicamente.

Los pequeños tumores pueden ser destruidos con el endoscopio por electrocauterización, obliteración por calor o fototerapia con láser. Para tumores mayores, suele ser necesaria la cirugía.

Tumores cancerosos

El cáncer del intestino delgado es poco frecuente. Sin embargo, las personas con enfermedad de Crohn del intestino delgado son más propensas que otras a desarrollarlo. El linfoma, un cáncer que aparece en el sistema linfático, se puede desarrollar en la porción media del intestino delgado (yeyuno) o en la porción baja (íleon). El linfoma puede ocasionar el alargamiento o la rigidez de un segmento intestinal. Este cáncer es más frecuente en personas con la enfermedad celíaca. El intestino delgado, particularmente el íleon, es el segundo sitio de localización más frecuente (después del apéndice) de los tumores carcinoides.

Los tumores pueden producir obstrucción y hemorragia intestinal, lo cual puede causar la aparición de sangre en las heces, retortijones dolorosos, distensión abdominal y vómitos. Los tumores carcinoides pueden secretar hormonas que causan diarrea y enrojecimiento de la piel.

El diagnóstico de cáncer del intestino delgado se establece mediante radiografía con papilla de bario, endoscopia o exploración quirúrgica. El mejor tratamiento es la extirpación quirúrgica del tumor.

Intestino grueso y recto

Los pólipos en el colon y el recto son tumores generalmente benignos. Sin embargo, dado que algunos son precancerosos, los médicos recomiendan extirpar todos los pólipos de esta porción de intestino.

El cáncer de intestino grueso y de recto es frecuente en los países occidentales.

Pólipos

Un pólipo es un crecimiento de tejido de la pared intestinal, generalmente no canceroso, que se desarrolla dentro del intestino.

Los pólipos pueden crecer con o sin tallo y su tamaño varía considerablemente. Lo más habitual es que los pólipos se desarrollen en el recto y en la porción baja del intestino grueso. Es raro que lo hagan más arriba.

Alrededor del 25 por ciento de las personas con cáncer de colon tiene también pólipos en cualquier otro lugar del intestino grueso. Hay fuertes evidencias de que los pólipos adenomatosos son propensos a hacerse cancerosos si se deja que permanezcan en el intestino grueso. Cuanto mayor sea el pólipo, mayor es el riesgo de que sea maligno.

Pólipo en el recto
Un pólipo es una formación de tejido que protruye dentro del intestino.

Pólipo en el recto

Síntomas y diagnóstico

La mayoría de los pólipos no causa síntomas, pero el síntoma más común es la hemorragia por el recto. Un pólipo grande puede causar retortijones, dolor abdominal u obstrucción intestinal. En contadas ocasiones, un pólipo con un tallo largo puede crecer a través del ano. Los pólipos grandes con proyecciones en forma de dedos (adenomas vellosos) pueden excretar agua y sales, causando una diarrea acuosa intensa que puede resultar en bajos valores de potasio en sangre (hipopotasemia). Este tipo de pólipo es más propenso a ser o a volverse canceroso.

El médico puede palpar los pólipos en el recto con el dedo, pero generalmente se descubren durante una sigmoidoscopia de rutina (examen del recto y de la parte inferior del intestino grueso mediante un tubo flexible de visualización). Cuando este estudio demuestra un pólipo, se realiza una colonoscopia (examen del intestino grueso mediante un tubo flexible de visualización) de la totalidad del intestino grueso. Este examen es más completo y fiable se realiza porque una persona tiene habitualmente más de un pólipo y porque uno o más pólipos pueden ser cancerosos. La colonoscopia también permite al médico efectuar una biopsia de cualquier área que pueda ser sospechosa de cáncer.

Tratamiento

En primer lugar, se administran laxantes y enemas para limpiar el intestino. Luego se eliminan los pólipos durante la colonoscopia, usando un instrumento cortante o un bucle de alambre electrificado. Si el pólipo no tiene tallo o no se puede extirpar durante la colonoscopia, la cirugía puede ser necesaria.

Un patólogo examina los pólipos que se han extirpado. Si resultan malignos, el tratamiento depende de varios factores. Por ejemplo, el riesgo de que el cáncer se haya extendido es mayor cuando ha invadido el tallo del pólipo o cuando la invasión está cerca del punto seccionado. También puede considerarse que existe un alto riesgo en función de la opinión del patólogo sobre las características microscópicas del pólipo. Si el riesgo es bajo, no se necesita más tratamiento. En caso contrario, se extirpa quirúrgicamente la porción afectada del colon y se vuelven a unir los segmentos libres.

Cuando se extirpa un pólipo a una persona, debe explorarse de nuevo la totalidad del intestino mediante una colonoscopia al año siguiente y, luego, a intervalos determinados por el médico. Si no se puede realizar el examen debido a un estrechamiento del colon, se puede aplicar una enema con papilla de bario. Cualquier pólipo nuevo debe ser extirpado.

Poliposis familiar

La poliposis familiar es un trastorno hereditario en el que se desarrollan 100 o más pólipos adenomatosos precancerosos, que tapizan el intestino grueso y el recto.

Los pólipos se desarrollan durante la infancia o la adolescencia. En casi todas las personas no tratadas, se desarrolla un cáncer de intestino grueso (cáncer de colon) antes de los 40 años. La extirpación completa del intestino grueso y del recto elimina el riesgo de cáncer. Sin embargo, si se extirpa el intestino grueso y se une el recto al intestino delgado, a veces los pólipos rectales desaparecen. Por ello, muchos expertos prefieren este último procedimiento. Cada 3 o 6 meses se inspecciona mediante una sigmoidoscopia (examen utilizando un tubo flexible de visualización) con el fin de extirpar los pólipos nuevos. Si éstos aparecen rápidamente, se debe extirpar el recto y el intestino delgado se debe evacuar a través de una abertura en la pared del abdomen. La conexión quirúrgica que se crea entre el intestino delgado y la pared abdominal se denomina ileostomía.

El síndrome de Gardner es un tipo de poliposis hereditaria en la que varios tipos de tumores no cancerosos aparecen en cualquier parte del cuerpo y en el intestino. Al igual que los otros tipos de poliposis familiar, conlleva un alto riesgo de cáncer de colon.

El síndrome de Peutz-Jeghers es un trastorno hereditario en el que muchos pequeños bultos llamados pólipos juveniles aparecen en el estómago, intestino delgado e intestino grueso. Se puede nacer con estos pólipos o bien pueden desarrollarse durante la niñez. Los afectados con el síndrome tienen la piel y las membranas mucosas de color oscuro, especialmente la mucosa de los labios y de las encías. Los pólipos no incrementan el riesgo de cáncer en el tracto gastrointestinal. Sin embargo, las personas con el síndrome de Peutz-Jeghers tienen un riesgo aumentado de cáncer de páncreas, mama, pulmón, ovario y útero.

Cáncer colorrectal

En los países occidentales, el cáncer de intestino grueso y de recto (cáncer colorrectal) es la segunda causa más frecuente de cáncer y la segunda causa de muerte por cáncer. La incidencia comienza a aumentar a los 40 años y llega al máximo entre los 60 y los 75 años. El cáncer del intestino grueso (cáncer de colon) es más frecuente en mujeres, mientras que el de recto lo es más en los varones. Cerca del 5 por ciento de las personas con cáncer de colon o recto tiene más de un cáncer colorrectal al mismo tiempo.

Los sitios más frecuentes de diseminación del cáncer de colon (metástasis)
Los ganglios linfáticos regionales y el hígado

Diseminación del cáncer de colon

Los individuos con historia familiar de cáncer de colon presentan mayor riesgo de desarrollar ese tipo de tumores. Una historia familiar de poliposis familiar o una enfermedad similar también incrementan el riesgo del cáncer de colon. Los que padecen colitis ulcerosa o enfermedad de Crohn tienen un mayor riesgo de desarrollar cáncer. Este riesgo se relaciona con la edad de la persona en el momento de desarrollar la enfermedad y con el tiempo de evolución de la misma.

La dieta desempeña algún papel como factor de riesgo en el cáncer de colon, pero se desconoce cómo influye exactamente. Las personas con mayor riesgo tienden a vivir en ciudades, tienen un alto nivel socioeconómico y una dieta típica de los occidentales. Esta dieta se caracteriza por ser pobre en fibra y rica en proteínas animales, grasas e hidratos de carbono refinados como el azúcar. El riesgo parece reducirse con una dieta rica en calcio, vitamina D y vegetales como las coles de Bruselas, el repollo y el brécol. La toma de una aspirina a días alternos parece también reducir el riesgo del cáncer de colon, pero esta medida no puede recomendarse hasta que haya mayor información al respecto.

El cáncer de colon generalmente comienza como una inflamación con forma de botón en la superficie mucosa intestinal o en un pólipo. Conforme crece el tumor, comienza a invadir la pared intestinal. También pueden resultar invadidos los ganglios linfáticos cercanos. Dado que la sangre de la pared intestinal pasa por el hígado, el cáncer de colon generalmente se extiende (hace metástasis) precozmente a este órgano, después de haber invadido primero a los ganglios linfáticos adyacentes.

Síntomas y diagnóstico

El cáncer colorrectal se desarrolla lentamente y tarda mucho tiempo antes de extenderse lo suficiente como para causar síntomas. Éstos dependen del tipo de tumor, así como de su localización y extensión. El colon derecho (ascendente) tiene un gran diámetro y una pared delgada. Como su contenido es básicamente líquido, no se obstruye hasta muy avanzada la enfermedad. Un tumor en el colon ascendente puede llegar a ser tan grande que el médico puede palparlo a través de la pared abdominal. Con todo, el cansancio y la debilidad por anemia intensa pueden ser los únicos síntomas del enfermo. El colon izquierdo (descendente) tiene un diámetro menor y una pared más gruesa, y contiene heces semisólidas. El tumor tiende a crecer abarcando en forma de anillo esta porción del colon, causando estreñimiento y deposiciones diarreicas de modo alterno. Como el colon descendente es más estrecho y su pared más gruesa, el tumor es más propenso a causar una obstrucción precoz. La persona puede acudir al médico a causa de retortijones dolorosos y estreñimiento. Las heces pueden ser acintadas o estar mezcladas con sangre, pero a menudo ésta no puede identificarse a simple vista y es necesario un análisis de laboratorio para detectarla.

La mayoría de los tumores sangra, por lo general, de forma escasa y lenta. En el cáncer de recto, el síntoma más frecuente es la hemorragia en el curso de una evacuación. En cualquier sangrado rectal, incluso aunque se sepa que la persona tiene hemorroides o enfermedad diverticular, los médicos consideran la posibilidad de un cáncer. Con el cáncer de recto, el enfermo puede presentar deposiciones dolorosas y la sensación de que el recto no se ha vaciado por completo. Puede sentir dolor al sentarse. Sin embargo, la persona no tiene dolor procedente del propio tumor a menos de que éste se extienda a tejidos fuera del recto.

Al igual que con otros cánceres, las pruebas sistemáticas de diagnóstico ayudan a una detección precoz. Las heces se pueden analizar buscando simplemente cantidades microscópicas de sangre. Para asegurar resultados adecuados, el paciente debe ingerir una dieta libre de carnes rojas durante los tres días anteriores a la toma de la muestra de heces. Si esta prueba de detección indica la posibilidad de existencia de un cáncer, se requieren pruebas complementarias.

Antes de la endoscopia se vacía el intestino, a menudo con laxantes potentes y varias enemas. Alrededor del 65 por ciento de los cánceres colorrectales puede ser observado con un sigmoidoscopio flexible de fibra óptica. Si se detecta un pólipo que puede ser canceroso, se examina con un colonoscopio la totalidad del intestino, ya que ése es más largo que el sigmoidoscopio. Algunos tumores de apariencia maligna se extirpan utilizando instrumentos quirúrgicos que se introducen por el colonoscopio; otros deben extirparse por medio de métodos quirúrgicos corrientes.

Los análisis de sangre pueden ayudar a establecer el diagnóstico. Los valores del antígeno carcinoembrionario en la sangre están elevados en el 70 por ciento de los enfermos con un cáncer colorrectal. Si los valores del antígeno carcinoembrionario están elevados antes de operar el cáncer, puede ser que disminuyan después de haberlo extirpado. En este caso, se pueden volver a determinar los valores mediante controles posteriores. Si se detecta un aumento, significa que el cáncer ha recurrido. Otros dos antígenos, el CA 19-9 y el CA 125, son similares al antígeno carcinoembrionario y también pueden ser medidos del mismo modo.

Tratamiento y pronóstico

El principal tratamiento para el cáncer colorrectal es la eliminación quirúrgica de un gran segmento del intestino afectado y de los ganglios linfáticos asociados. Cerca del 70 por ciento de las personas con cáncer colorrectal son buenos candidatos para la cirugía. En el 30 por ciento de los que no pueden ser sometidos a una operación debido a su estado de salud, a veces se puede conseguir su extirpación mediante electrocoagulación. Este procedimiento puede aliviar los síntomas y prolongar la supervivencia, pero es improbable que se consiga la curación.

En la mayoría de los casos de cáncer de colon, el segmento canceroso del intestino es extirpado quirúrgicamente, uniéndose de nuevo los extremos libres. En el caso del cáncer de recto, el tipo de operación depende de la distancia entre el tumor y el ano y la profundidad que el tumor ha alcanzado en la pared rectal. La extirpación completa del recto y del ano obliga a la persona a vivir con una colostomía permanente (una abertura entre el intestino grueso y la pared abdominal creada mediante cirugía). Con la colostomía, el contenido del intestino grueso se evacua en una bolsa, llamada bolsa de colostomía, adosada a la pared abdominal. Siempre que ello sea posible, se retira sólo parte del recto, dejando un muñón rectal e intacto el ano. De esta forma se puede unir el muñón rectal al extremo final del intestino grueso. La radioterapia después de la cirugía puede ayudar a controlar el crecimiento de cualquier resto tumoral, retrasar una recurrencia e incrementar las posibilidades de supervivencia. Los afectados de cáncer de recto que tengan entre 1 y 4 ganglios linfáticos invadidos por el tumor se benefician especialmente de la combinación de radioterapia y quimioterapia. En pacientes con más de 4 ganglios linfáticos afectados, este tratamiento resulta menos eficaz.

Cuando un tumor colorrectal se ha extendido y no es probable que se consiga su remisión sólo con cirugía, la quimioterapia con fluorouracilo y levamisol tras la intervención puede prolongar la supervivencia, pero las posibilidades de curación siguen siendo escasas. Cuando el cáncer colorrectal se ha extendido tanto que no puede ser eliminado quirúrgicamente en su totalidad, la cirugía puede disminuir los síntomas al eliminar, por lo menos, la obstrucción intestinal. Sin embargo, la supervivencia es aproximadamente de 7 meses. Cuando el tumor se ha extendido únicamente al hígado, los fármacos quimioterápicos pueden inyectarse directamente en la arteria que irriga el hígado. Una pequeña bomba colocada quirúrgicamente debajo de la piel o una bomba externa sujetada con un cinturón, permiten que la persona pueda desplazarse libremente durante el tratamiento. Este tratamiento, aunque es caro, puede proporcionar más beneficios que la quimioterapia habitual; sin embargo, se necesita mayor investigación al respecto. Cuando el cáncer se ha extendido más allá del hígado, esta modalidad de tratamiento no ofrece ventajas.

Una vez extirpada la totalidad del tumor colorrectal mediante cirugía, casi todos los expertos recomiendan de 2 a 5 controles anuales con colonoscopia del intestino restante. Si estos exámenes no detectan ningún tumor, la persona generalmente debe continuar realizando controles de seguimiento cada dos o tres años.

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