Cáncer de pulmón

La mayoría de las formas de cáncer de pulmón se origina en las células de los pulmones; sin embargo, el cáncer puede también propagarse (metástasis) al pulmón desde otras partes del organismo.

El cáncer de pulmón es el más frecuente, sea en varones o en mujeres, y lo más importante, es que es la causa más frecuente de muerte causada por cáncer tanto en varones como en mujeres.

Causas

El hábito de fumar cigarrillos es la causa principal en el 90 por ciento de los casos de cáncer de pulmón entre los varones y en el 70 por ciento en mujeres. El cáncer de pulmón ha aumentado en las mujeres debido a la costumbre más extendida de fumar cigarrillos. Cuantos más cigarrillos se fumen, mayor es el riesgo de contraer cáncer de pulmón.

Una proporción reducida de cánceres de pulmón (del 10 al 15 por ciento en los varones y el 5 por ciento en las mujeres) es consecuencia de las sustancias que se encuentran o que se aspiran en el lugar de trabajo. Trabajar con amianto, radiación, arsénico, cromo, níquel, éter clorometílico, gas de mostaza y emisiones de coque de los hornos, se relaciona con el cáncer de pulmón, aunque por lo general sólo en las personas que también fuman cigarrillos.

Está por determinar el papel que desempeña la polución del aire como causante de cáncer de pulmón. La exposición al gas radón en el ambiente doméstico puede ser importante en un número reducido de casos. En ocasiones, algunas formas de cáncer de pulmón, especialmente el adenocarcinoma y el carcinoma de células alveolares, se producen en personas cuyos pulmones tienen cicatrices producidas por otras enfermedades pulmonares, como la tuberculosis y la fibrosis.

Tipos de cáncer de pulmón

Más del 90 por ciento de los cánceres de pulmón comienzan en los bronquios (las vías aéreas grandes que llevan el aire a los pulmones); este cáncer en particular se denomina carcinoma broncogénico. Otros tipos de cáncer son el carcinoma de células escamosas, el carcinoma de células pequeñas (células en forma de grano de avena), el carcinoma de células grandes y el adenocarcinoma.

El carcinoma de células alveolares se origina en los sacos de aire del pulmón (alvéolos). Aunque este tipo de cáncer puede ser un tumor único, con frecuencia se desarrolla en más de una zona del pulmón.

Los tumores del pulmón menos frecuentes son el adenoma bronquial (que puede ser o no canceroso), el hamartoma condromatoso (no canceroso) y el sarcoma (canceroso). El linfoma es un tipo de cáncer del sistema linfático que puede comenzar en los pulmones o propagarse a los pulmones.

Se propagan a los pulmones muchas formas de cáncer que se originan en cualquier parte del organismo. El cáncer se extiende a los pulmones muy frecuentemente desde la mama, el colon, la próstata, el riñón, la tiroides, el estómago, el cuello del útero, los testículos, los huesos y la piel.

Síntomas

Cáncer bronquial
La mayoría de las veces, el cáncer pulmonar se origina en los bronquios. Posteriormente, se disemina a otros sitios del pulmón o puede, inclusive, invadir otros órganos (metástasis).

Cáncer bronquial

Los síntomas de cáncer de pulmón dependen del tipo de cáncer, de su localización y de su modo de propagación. En general, el síntoma principal es una tos persistente. Las personas con bronquitis crónica que desarrollan cáncer de pulmón perciben con frecuencia que su tos empeora. El esputo puede estar teñido de sangre. Si el cáncer invade los vasos sanguíneos subyacentes, puede causar hemorragias graves.

El cáncer puede provocar sibilancias debido al estrechamiento de la vía aérea en que se desarrolla. La obstrucción de un bronquio puede ocasionar el colapso de la parte del pulmón alimentada por dicho bronquio, creando una afección denominada atelectasia. Otra consecuencia puede ser una neumonía con tos, fiebre, dolor torácico y ahogo. Cuando el tumor crece en el interior de la pared torácica, puede producir un dolor de pecho persistente.

Los síntomas posteriores consisten en pérdida de apetito, adelgazamiento y debilidad. El cáncer de pulmón a menudo ocasiona la acumulación de líquido alrededor del pulmón (derrame pleural), que produce ahogo. Si el cáncer se propaga hacia el interior de los pulmones, puede producir ahogo, baja concentración de oxígeno en sangre e insuficiencia cardíaca.

El cáncer puede crecer en el interior de ciertos nervios del cuello, haciendo que un párpado quede sólo semiabierto, provocando la contracción de la pupila, el hundimiento del globo ocular y una reducción de la transpiración en un lado de la cara. Estos síntomas en conjunto se conocen como síndrome de Horner. El cáncer en la parte alta del pulmón puede crecer en el interior de los nervios que controlan el brazo, produciendo dolor, insensibilidad y pérdida de fuerza en el mismo. Puede también lesionar los nervios que van a la cavidad de los órganos de fonación, produciendo ronquera.

El cáncer puede crecer directamente en el esófago o cerca de él y presionarlo, dificultando la deglución. En algunos casos, se desarrolla un conducto anormal (fístula) entre el esófago y los bronquios, provocando ataques agudos de tos durante la deglución porque los alimentos y los líquidos penetran en los pulmones.

Un cáncer de pulmón puede crecer dentro del corazón, provocando una frecuencia cardíaca anormal, una dilatación del corazón o líquido en el pericardio que envuelve el corazón. El cáncer puede crecer dentro o alrededor de la vena cava superior (una de las grandes venas del interior del tórax). La obstrucción de esta vena hace que la sangre refluya a las otras venas de la parte superior del cuerpo. Las venas de la pared del tórax se agrandan. La cara, el cuello y la pared torácica superior, incluyendo las mamas, se hinchan y adquieren un color morado. La enfermedad también produce ahogo, dolor de cabeza, visión borrosa, vértigos y somnolencia. Estos síntomas por lo general empeoran cuando la persona se inclina hacia adelante o se acuesta.

El cáncer de pulmón puede también propagarse a por el flujo sanguíneo hacia el hígado, el cerebro, las glándulas suprarrenales y los huesos. Esto puede ocurrir en la primera fase de la enfermedad, especialmente si se trata del carcinoma de células pequeñas. Síntomas, como insuficiencia hepática, confusión, convulsiones y los dolores óseos, pueden producirse antes de que sea evidente cualquier anomalía pulmonar, lo cual dificulta un diagnóstico precoz.

Algunas formas de cáncer de pulmón tienen su efecto en otros puntos alejados de los pulmones, como trastornos metabólicos, nerviosos y musculares (síndromes paraneoplásicos). Dichos síndromes no tienen relación con el tamaño o la localización del cáncer de pulmón y no indican necesariamente que éste se haya propagado más allá del tórax, sino que son causados por sustancias segregadas por el cáncer. Estos trastornos pueden ser el primer síntoma de cáncer o el primer indicio de que el cáncer ha reaparecido después del tratamiento. Un ejemplo del síndrome paraneoplásico es el síndrome de Eaton-Lambert, caracterizado por una extrema debilidad muscular. Otro es la debilidad muscular y el dolor causados por la inflamación (polimiositis), que además pueden acompañarse de una inflamación de la piel (dermatomiositis).

Algunas formas de cáncer de pulmón segregan hormonas o sustancias semejantes a las hormonas, cuyo resultado es una concentración anormal de hormonas. Por ejemplo, el carcinoma de células pequeñas puede segregar la adrenocorticotropina, causando el síndrome de Cushing, o la hormona antidiurética, causando una retención de líquidos y la baja de la concentración de sodio en sangre. La excesiva producción de hormonas también puede provocar el llamado síndrome carcinoide (enrojecimiento de la piel, respiración sibilante, diarrea y alteraciones en las válvulas cardíacas). El carcinoma de células escamosas puede segregar una sustancia semejante a la hormona responsable de elevar los valores de calcio en sangre. Otros síndromes hormonales relacionados con el cáncer de pulmón incluyen el aumento del tamaño de las mamas en los varones (ginecomastia) y una producción excesiva de la hormona tiroidea (hipertiroidismo). También se producen alteraciones cutáneas, como el oscurecimiento de la piel en las axilas. El cáncer de pulmón puede incluso cambiar la forma de los dedos de las manos y de los pies y causar cambios en los extremos de los huesos largos, los cuales se pueden observar en las radiografías.

Diagnóstico

El médico investiga la posibilidad de un cáncer de pulmón cuando un paciente, especialmente un fumador, tiene accesos de tos persistente que empeoran o cuando presenta algún síntoma de trastorno pulmonar. A veces, una sombra en una radiografía de tórax de alguien que no tiene síntomas puede ser el primer indicio del proceso.

La mayoría de los tumores de pulmón se detecta en una radiografía de tórax, aunque ésta puede pasar por alto los pequeños tumores. Dado que una radiografía muestra tan sólo una sombra en el pulmón, no aporta una prueba segura de cáncer. Por ello se necesita un examen al microscopio de una muestra de tejido. A veces una muestra del esputo es suficiente para el diagnóstico (examen denominado citología de esputo). También se puede practicar una broncoscopia para obtener una muestra de tejido. Si el cáncer es demasiado profundo para ser alcanzado con un broncoscopio, el médico puede obtener una muestra mediante la inserción de una aguja a través de la piel mientras realiza una tomografía computadorizada (TC) como guía; este procedimiento se denomina biopsia con aguja. A veces, la muestra se obtiene mediante un procedimiento quirúrgico denominado toracotomía.

La exploración con TC puede mostrar las pequeñas manchas que no aparecen en las radiografías de tórax. La TC puede también revelar un posible crecimiento de los ganglios linfáticos. Sin embargo, con frecuencia se recurre a una biopsia (extracción de una muestra para un examen al microscopio), para determinar si tal aumento de tamaño proviene de una inflamación o de un cáncer. La TC del abdomen o de la cabeza puede mostrar si el cáncer se ha propagado al hígado, a las glándulas suprarrenales o al cerebro. Una gammagrafía ósea puede evidenciar que el cáncer se ha extendido a los huesos. Dado que el carcinoma de células pequeñas tiende a propagarse, el médico a veces realiza una biopsia de médula ósea (extracción de una muestra para su examen al microscopio).

La clasificación de las formas de cáncer se basa en el tamaño del tumor, su posible propagación a los ganglios linfáticos cercanos y su posible expansión a órganos distantes. Las diversas categorías se denominan fases. Cada fase de un cáncer tiene su tratamiento más apropiado y permite al médico establecer el pronóstico.

Tratamiento

Los tumores bronquiales no cancerosos por lo general se extirpan quirúrgicamente dado que pueden obstruir los bronquios y volverse cancerosos con el tiempo. Con frecuencia es difícil confirmar que un tumor en el extremo de los pulmones sea canceroso hasta que este tumor no se haya extirpado para su examen al microscopio.

La cirugía es a veces posible en formas de cáncer distintas al carcinoma de células pequeñas, que no se hayan propagado más allá del pulmón. A pesar de que se puede extirpar quirúrgicamente del 10 al 35 por ciento de las formas de cáncer, desafortunadamente el resultado no es siempre la curación. Entre los pacientes sometidos a la extirpación de un tumor aislado de crecimiento lento, del 25 al 40 por ciento sobreviven por lo menos 5 años después del diagnóstico. Estos pacientes deben someterse a controles regulares porque el cáncer de pulmón recidiva en el 6 al 12 por ciento de los pacientes operados. Este porcentaje es mucho más elevado entre los que siguen fumando después de la intervención.

Antes de la cirugía, el médico realiza las pruebas de función pulmonar para determinar si el pulmón que queda tiene suficiente capacidad. Si los resultados de las pruebas no son satisfactorios, es probable que no pueda practicarse una intervención quirúrgica. La porción de pulmón a extirpar se determina durante la cirugía, variando de una pequeña parte de un lóbulo pulmonar al pulmón completo.

Algunas veces, un cáncer se origina en otro lugar del organismo y se propaga a los pulmones. Éste se puede extirpar sólo después de haber extirpado el tumor original. No es un procedimiento que se recomiende con frecuencia ya que sólo el 10 por ciento logra sobrevivir 5 años o más a esta intervención.

Desafortunadamente, la cirugía no es útil cuando el cáncer se propaga más allá de los pulmones, cuando está demasiado cerca de la tráquea o cuando el sujeto padece otra enfermedad grave (por ejemplo una enfermedad cardíaca o pulmonar graves). Se puede aplicar radioterapia a los pacientes que no pueden ser operados porque padecen otra enfermedad grave. En tales casos, el objetivo de la radioterapia no es la curación sino el retardo de la evolución del cáncer. La radioterapia es también útil para controlar el dolor de huesos, el síndrome de la vena cava superior y la compresión de la médula espinal. Sin embargo, la radioterapia puede inflamar los pulmones (neumonitis por radiación), ocasionando tos, ahogo y fiebre.

Estos síntomas se alivian con corticosteroides, como la prednisona. Ningún tratamiento de quimioterapia resulta particularmente eficaz a no ser que el cáncer de pulmón sea del tipo de células pequeñas. En este último caso, la cirugía no se considera una opción válida dado que casi siempre en el momento del diagnóstico, el carcinoma de células pequeñas del pulmón ya se ha propagado a otras partes distantes del organismo. En cambio, este cáncer se trata con quimioterapia, a veces combinada con radioterapia. La quimioterapia prolonga la vida de forma significativa en el 25 por ciento de los pacientes. Los individuos que padecen carcinoma de células pequeñas del pulmón y que responden bien a la quimioterapia, pueden recurrir a la radioterapia para tratar el cáncer si éste se ha extendido al cerebro.

Muchos sujetos que padecen cáncer de pulmón experimentan una disminución sustancial de la función pulmonar, estén o no bajo tratamiento. La terapia con oxígeno y los fármacos que dilatan las vías respiratorias pueden aliviar las dificultades respiratorias. También en muchos casos de cáncer de pulmón avanzado el paciente siente dolor y es tal la dificultad para respirar, que se le debe administrar un medicamento narcótico a dosis importantes durante la fase terminal, que puede durar semanas o meses. Afortunadamente, los narcóticos administrados a dosis adecuadas, producen un alivio sustancial.

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