Trastornos de las venas y linfáticos

Válvulas unidireccionales en las venas
Estas dos ilustraciones muestran el funcionamiento de las válvulas en las venas. La ilustración de la izquierda muestra las válvulas abiertas por efecto del flujo sanguíneo normal; en la ilustración de la derecha las válvulas están cerradas por el efecto del reflujo de sangre.

Válvulas unidireccionales en las venas

Válvulas abiertas Válvulas cerradas

Las venas llevan la sangre desde todos los órganos hasta el corazón. Los problemas principales de las venas son la inflamación, la coagulación y los defectos que conducen a la dilatación y las varices.

El sistema linfático consiste en vasos de paredes finas que se encargan de drenar fluidos, proteínas, minerales, nutrientes y otras sustancias desde todos los órganos hacia el interior de las venas. Este sistema hace que el fluido pase a través de los ganglios linfáticos, que proveen una protección contra la diseminación de las infecciones o del cáncer y, finalmente, el contenido se vacía dentro del sistema venoso del cuello. Los principales trastornos del sistema linfático se producen cuando los vasos son incapaces de contener el volumen de fluido que va a circular en su interior y cuando se obstruyen por causa de un tumor o una inflamación.

Las piernas contienen dos grupos principales de venas: las superficiales, ubicadas en la capa grasa debajo de la piel, y las profundas, localizadas en los músculos. Existen unas venas cortas que conectan las superficiales con las profundas. Normalmente, la presión de la sangre en todas las venas es baja; y en las piernas, esta presión baja puede representar un problema. Cuando una persona está de pie, la sangre debe circular desde las venas de las piernas hacia arriba hasta alcanzar el corazón. Las venas profundas desempeñan un papel crucial en la propulsión de la sangre hacia arriba, ya que al estar ubicadas dentro de los poderosos músculos de la pantorrilla, estas venas son fuertemente comprimidas con cada paso. Al igual que cuando se aprieta un tubo de pasta dentífrica, la compresión de las venas profundas empuja la sangre hacia arriba. Estas venas transportan el 90 por ciento o más de la sangre que va de las piernas al corazón.

Para mantener este sentido ascendente del flujo sanguíneo, las venas profundas contienen válvulas de una sola dirección. Cada válvula está formada por dos mitades (cúspides) cuyos bordes hacen contacto entre sí. La sangre empuja las cúspides, que se abren como un par de puertas giratorias; pero cuando la sangre tiende a retornar en la dirección opuesta, forzada por la gravedad, empuja las cúspides para que éstas se cierren.

Las venas superficiales tienen el mismo tipo de válvulas, pero no están sujetas a ninguna presión porque no están rodeadas de músculos. Por ello la sangre de las venas superficiales fluye más lentamente que la sangre de las venas profundas. Gran parte del flujo sanguíneo que circula por las venas superficiales es desviado hacia las profundas mediante venas cortas que conectan los dos sistemas.

Trombosis de las venas profundas

La trombosis de las venas profundas es la coagulación de la sangre en las venas profundas.

Un coágulo que se forma en un vaso sanguíneo se denomina trombo. Aunque los trombos se producen en las venas superficiales y en las profundas de la pierna, sólo estos últimos son potencialmente peligrosos. La trombosis de las venas profundas es peligrosa porque una parte o todo el trombo se puede desprender, desplazarse por el flujo sanguíneo, fijarse en una arteria pulmonar y, en consecuencia, obstruir el flujo sanguíneo. Un trombo en movimiento recibe el nombre de émbolo. Cuanto menor es la inflamación alrededor del trombo, menos se adhiere a la pared venosa y mayor es la probabilidad de que se transforme en un émbolo. La presión que ejercen los músculos de la pantorrilla puede provocar el desprendimiento del trombo, sobre todo cuando una persona convaleciente va realizando cada vez más actividad.

Debido a que la sangre de las venas de las piernas va al corazón y luego a los pulmones, los émbolos originados en las venas de las piernas obstruirán una o más arterias de los pulmones, una afección denominada embolia pulmonar. La gravedad de la embolia pulmonar depende del tamaño y la cantidad de émbolos. Un émbolo pulmonar grande puede obstruir toda o casi toda la sangre que va desde el lado derecho del corazón a los pulmones y, por lo tanto, puede causar rápidamente la muerte. No obstante, estos émbolos masivos no son frecuentes, pero no se puede predecir cuándo una trombosis de una vena profunda, no tratada, evolucionará a una embolia masiva. Por esta razón, el médico vigila con sumo cuidado a toda persona con una trombosis de una vena profunda.

Trombosis venosa profunda del miembro inferior

Trombosis venosa profunda del miembro inferior izquierdo Obsérvese el aumento de volumen y la pérdida de los contornos normales de la pierna, el tobillo y el pie.

La trombosis de las venas profundas no debería ser confundida con una flebitis de las varices, que es un proceso que causa dolor pero, en comparación, es mucho menos peligroso.

Causas

Tres factores fundamentales contribuyen al desarrollo de una trombosis de las venas profundas: 1) lesiones del revestimiento interno de la vena; 2) hipercoagulabilidad asociada a algunas formas de cáncer y, en raras ocasiones, al uso de anticonceptivos orales, y 3) retardo del flujo sanguíneo en las venas por un prolongado reposo en cama, debido a que los músculos de la pantorrilla no se contraen y no empujan la sangre hacia el corazón. Por ejemplo, la trombosis de las venas profundas puede producirse en pacientes con un infarto de miocardio que permanecen en cama en el hospital durante varios días y que prácticamente no realizan ningún movimiento de las piernas, o en los parapléjicos, que suelen estar sentados durante largos períodos y cuyos músculos no funcionan. Las heridas o la cirugía mayor también aumentan la tendencia de la sangre a coagularse. La trombosis puede incluso producirse en las personas sanas que están sentadas durante largos períodos, por ejemplo, durante viajes en coche o vuelos muy largos en avión.

Síntomas

Alrededor de la mitad de los casos de trombosis de las venas profundas no tiene síntomas. En estas personas, la aparición de dolor de pecho por una embolia pulmonar puede ser la primera indicación del trastorno. Cuando la trombosis de las venas profundas causa inflamaciones sustanciales y obstrucción del flujo sanguíneo, la pantorrilla se hincha y puede doler, ser dolorosa al tacto y estar caliente. El tobillo, el pie o el muslo también pueden hincharse según cuáles sean las venas afectadas.

Algunos trombos se curan convirtiéndose en tejido cicatricial, lo que puede lesionar las válvulas de las venas. La consiguiente acumulación de líquido (edema) puede hacer que el tobillo se hinche. El edema sube hacia la pierna y si la obstrucción en la vena se localiza muy arriba, incluso el muslo puede hincharse. El edema empeora hacia el final del día debido al efecto de la gravedad cuando se ha estado de pie o sentado. Durante la noche el edema desaparece porque las venas se vacían bien cuando las piernas están horizontales.

Un síntoma tardío de la trombosis de las venas profundas es la aparición de un color marrón de la piel, por lo general, por encima del tobillo. Esta alteración del color es debida a los glóbulos rojos que se escapan de las venas dilatadas hacia afuera. La piel pigmentada es vulnerable, e incluso una lesión menor como un rasguño o un golpe pueden romperla y provocar una úlcera.

Diagnóstico

La trombosis de las venas profundas es difícil de detectar debido a la ausencia de dolor y, con frecuencia, de hinchazón, ya que a veces ésta es muy ligera. Cuando se sospecha el trastorno, una exploración con ultrasonidos de las venas de la pierna (ecografía dúplex) puede confirmar el diagnóstico. Si aparecen síntomas de embolia pulmonar se practican gammagrafías con isótopos radiactivos de los pulmones para confirmar el diagnóstico y una ecografía dúplex para explorar las piernas.

Prevención y tratamiento

Aunque el riesgo de trombosis de las venas profundas no puede ser eliminado por completo, se puede reducir de varias formas. Las personas que tienen el riesgo de desarrollar trombosis de las venas profundas (por ejemplo, cuando se acaba de salir de una intervención quirúrgica de importancia o cuando se realiza un largo viaje), deben flexionar y extender los tobillos unas 10 veces cada 30 minutos.

Examen ultrasonográfico

Examen ultrasonográfico para la trombosis venosa profunda de un miembro inferior

El uso continuado de calcetines elásticos (medias elásticas) hace que las venas se estrechen ligeramente y que la sangre fluya más rápido, lo que reduce la probabilidad de coagulación. Sin embargo, los calcetines elásticos proporcionan una protección mínima y pueden dar una falsa sensación de seguridad, renunciando a otros métodos más eficaces de prevención. Además si no se usan correctamente, pueden producirse dobleces que aprieten y agraven el problema por la obstrucción del flujo de sangre en las piernas.

La terapia anticoagulante antes, durante y a veces después de la cirugía, reduce la coagulación de la sangre mucho más eficazmente.

Los calcetines neumáticos son otra forma efectiva de evitar los coágulos. Generalmente están hechos de plástico y son inflados y desinflados automáticamente con un dispositivo eléctrico para que aprieten las pantorrillas y vacíen las venas. Estos calcetines se colocan antes de la cirugía y se mantienen durante la operación y también en el período postoperatorio hasta que el paciente vuelve a caminar.

Hinchazón de las piernas

La hinchazón puede eliminarse con reposo en cama manteniendo las piernas elevadas o con el uso de vendajes compresivos. Estas vendas deben ser colocadas por un médico o personal de enfermería experimentado y deben mantenerse puestas durante varios días. Durante este tiempo, es importante caminar. Si la hinchazón no desaparece por completo, el vendaje debe colocarse de nuevo.

Las venas nunca se restablecen después de una trombosis de una vena profunda y la cirugía para corregir este problema todavía es experimental. Una vez que se quitan los vendajes compresivos, se usan calcetines elásticos todos los días para evitar la recurrencia de la hinchazón. Los calcetines no deben llegar por encima de la rodilla, ya que la hinchazón por encima de ella es un problema de poca importancia y no provoca complicaciones. Los calcetines elásticos semejantes a los leotardos o los pantys fuertes, por lo general, no son necesarios.

Úlceras de la piel

Si se producen úlceras dolorosas, los vendajes compresivos colocados adecuadamente pueden ser de ayuda. Colocados una o dos veces por semana, estos vendajes casi siempre son curativos por el aumento del flujo sanguíneo que provocan en las venas. Las cremas para la piel, los bálsamos o los medicamentos tópicos de cualquier tipo tienen muy poco efecto. Las úlceras casi siempre se infectan y, cada vez que se cambia el vendaje, aparece sobre éste pus con una secreción maloliente. El pus y las secreciones pueden lavarse con agua y jabón, ya que ello no retrasa sustancialmente la curación.

Una vez que el flujo sanguíneo en las venas ha aumentado, la úlcera se cura por sí misma. Tras la curación, el uso diario de calcetines elásticos puede prevenir una recurrencia. Los calcetines deben ser reemplazados si se nota que se vuelven demasiado flojos. Si el presupuesto lo permite, se deberían comprar siete calcetines (o siete pares de calcetines, si ambas piernas están afectadas). Cada uno debería marcarse con un día de la semana y usarlos solamente ese día, a continuación, lavarlo y guardarlo para la semana siguiente. De este modo, estos calcetines pueden durar bastante más tiempo.

En raras ocasiones, las úlceras que no se curan pueden precisar un injerto de piel.

Flebitis superficial

La flebitis superficial (tromboflebitis, flebitis) es la inflamación y coagulación en una vena superficial.

La flebitis se produce en cualquier vena del cuerpo, pero afecta con más frecuencia a las venas de las piernas. Generalmente, la flebitis aparece en personas con varices; sin embargo, no todas las personas que tienen varices desarrollan este trastorno.

Incluso una herida ligera puede provocar la inflamación de una vena. A diferencia de la trombosis de una vena profunda, que causa muy poca inflamación y es indolora, la flebitis superficial implica una reacción inflamatoria repentina (aguda) que hace que el trombo se adhiera firmemente a las paredes de la vena, por lo que la probabilidad de que se desprenda es prácticamente nula. Como las venas superficiales no tienen alrededor músculos que las aprieten y que hagan desprender un trombo, la flebitis superficial raramente causa una embolia.

Síntomas y diagnóstico

Rápidamente se siente sobre la vena un dolor localizado, hinchazón y eritema, y la zona se nota caliente. Debido a que la sangre de la vena está coagulada, ésta se siente como una cuerda dura debajo de la piel, en lugar de blanda como una vena normal o una variz. Esta sensación puede abarcar toda la longitud de la vena. El diagnóstico es generalmente obvio a partir de la exploración de la zona dolorida.

Tratamiento

Por lo general, la flebitis desaparece por sí sola. La administración de un analgésico, como la aspirina o el ibuprofeno, alivia el dolor. Aunque la flebitis mejora en cuestión de días, pueden pasar varias semanas antes de que las irregularidades de la vena y la sensación de dolor desaparezcan por completo. Por ello, para proporcionar un alivio precoz, el médico puede inyectar un anestésico local, extraer el trombo y luego colocar un vendaje de compresión, que deberá llevarse durante varios días.

Cuando la flebitis superficial se produce en la ingle, donde la vena superficial principal se une a la vena profunda principal, el trombo puede llegar hasta el interior de la vena profunda y desprenderse. Para prevenir esta situación, algunos cirujanos recomiendan una intervención urgente para atar la vena superficial. Generalmente, este tipo de cirugía se efectúa con anestesia local y sin que sea necesario ingresar en el hospital; las actividades habituales pueden reanudarse enseguida.

Varices

Las varices o venas varicosas son venas superficiales dilatadas de las piernas.

La causa precisa de las varices se desconoce, pero probablemente se debe a una debilidad en las paredes de las venas superficiales, que puede ser hereditaria. Con el paso de los años, la debilidad hace que las venas pierdan su elasticidad. Se estiran y se vuelven largas y más anchas. Para que puedan caber en el mismo espacio que ocupaban cuando eran normales, las venas agrandadas se vuelven tortuosas, con un aspecto serpenteante cuando abultan en la piel. Más importante que el alargamiento es el ensanchamiento, que hace que las valvas de la válvula se separen. Como resultado de ello, las venas se llenan rápidamente de sangre cuando la persona se para y las venas tortuosas y de paredes finas se agrandan aún más. La dilatación también afecta a algunas de las venas comunicantes, que normalmente permiten que la sangre fluya en una sola dirección desde las venas superficiales hacia las venas profundas. Si las válvulas de las venas comunicantes fallan, la sangre refluye a las venas superficiales cuando los músculos aprietan las venas profundas y causan un estiramiento adicional de las venas superficiales.

Válvulas en las varices
En una vena normal, las cúspides de las válvulas se cierran para impedir un retroceso del flujo de sangre. En una vena varicosa, las cúspides no se cierran, debido al ensanchamiento anormal de las venas, y se produce un flujo retrógrado.

Válvulas en las varices

Vena normal Vena varicosa

Síntomas y complicaciones

Además de ser antiestéticas, las varices con frecuencia duelen y hacen sentir las piernas cansadas. Muchas personas, sin embargo, incluso cuando las venas son muy grandes, pueden no sentir dolor. Se pueden sentir picores en la parte inferior de la pierna y el tobillo, sobre todo cuando la pierna está caliente como sucede después de quitarse los calcetines o las medias. Los picores pueden provocar el rascado y causar rasguños, enrojecimiento o erupciones, que a menudo se atribuyen erróneamente a la sequedad de la piel. En ocasiones los síntomas son peores cuando las varices se están desarrollando que cuando están completamente formadas.

Sólo un pequeño porcentaje de personas con varices tiene complicaciones, como dermatitis, flebitis o hemorragias. La dermatitis produce una erupción rojiza, con escamas y picores, o bien una zona de color marrón en la parte interna de la pierna por encima del tobillo. Un rasguño o una herida menor pueden causar una úlcera dolorosa que no se cura.

La flebitis puede producirse espontáneamente o ser debida a una herida. Aunque por lo general es dolorosa, la flebitis que se produce en una variz raramente ocasiona problemas graves.

Si la piel que cubre una variz o las venas aracniformes es delgada, una herida menor, producida al afeitarse o rascarse, puede causar una hemorragia. Las úlceras también pueden causar hemorragia

Diagnóstico

Las varices se observan como abultamientos debajo de la piel, pero los síntomas pueden aparecer antes de que sean visibles. En este caso, un médico experimentado puede palpar la pierna para determinar la extensión completa del trastorno.

Algunos médicos solicitan radiografías o exploraciones con ultrasonidos (ecografía-Doppler) para evaluar el funcionamiento de las venas profundas. Pero estas pruebas sólo son necesarias si los cambios en la piel sugieren un mal funcionamiento de estas venas o si el tobillo está hinchado a causa de un edema (acumulación de líquido en el tejido debajo de la piel). Las varices por sí solas no causan edema.

Tratamiento

Debido a que las varices no se curan, el tratamiento se dirige sobre todo a aliviar los síntomas, mejorar el aspecto y prevenir las complicaciones. La elevación de las piernas (ya sea acostándose o usando un escabel al sentarse) alivia los síntomas de las varices pero no las evita. Las varices que aparecen durante el embarazo mejoran mucho durante las 2 o 3 semanas posteriores al parto; durante este período, no deberían ser tratadas.

Los calcetines elásticos (medias elásticas) comprimen las venas y evitan que sufran estiramientos y heridas. Los pacientes que no desean operarse ni tratarse con inyecciones o que tienen alguna enfermedad que les impide adoptar estos tratamientos, pueden optar por usar calcetines elásticos.

Cirugía

La cirugía tiene como objetivo extraer la mayor cantidad de venas varicosas posible. La vena superficial más larga es la vena safena interna, que va desde el tobillo a la ingle, donde se une a la vena profunda principal. La vena safena se extrae con un procedimiento llamado escisión venosa. El cirujano hace dos incisiones, una en la ingle y otra en el tobillo y agujerea la vena en cada extremo.

Procedimiento de varicectomía Procedimiento de varicectomía

Procedimiento de varicectomía Luego introduce un alambre flexible a través de la vena hasta el otro extremo y tira de él para extraer la vena. Para extraer la mayor cantidad posible de varices, se hacen más incisiones en otras zonas. Dado que las venas superficiales tienen un papel menos significativo que las venas profundas en el retorno de la sangre al corazón, su extracción no perjudica la circulación si las profundas funcionan normalmente. Dado que este procedimiento es largo, frecuentemente se hace bajo anestesia general. Aunque la cirugía alivia los síntomas y previene las complicaciones, el procedimiento deja cicatrices. Cuanto más extensa es la cirugía, más tiempo transcurre antes de que se desarrollen nuevas varices; sin embargo, la tendencia a desarrollar nuevas varices no se elimina.

Terapia con inyecciones (escleroterapia)

En la terapia con inyecciones, una alternativa a la cirugía, las venas están esclerosadas de modo que la sangre no puede pasar a través de ellas. Se inyecta una solución que irrita la vena y causa un trombo. En esencia, este procedimiento produce un tipo inocuo de flebitis superficial. La curación del trombo conduce a la formación de tejido cicatricial y obstruye la vena. Sin embargo, el trombo puede disolverse en vez de cicatrizar y, por tanto, la variz se reabre.

La terapia con inyecciones o escleroterapia era frecuente hacia mediado el siglo xx pero cayó en desuso por los escasos resultados y las complicaciones producidas. Muchos de los medicamentos utilizados no habían sido probados de forma adecuada y causaban efectos secundarios desagradables o incluso peligrosos. Como el procedimiento parecía simple, muchos médicos trataban de llevarlo a cabo sin tener una experiencia suficiente. Las técnicas actuales han aumentado las probabilidades de obtener buenos resultados y son seguras para las varices de todos los tamaños.

Si el diámetro de la vena donde se realiza la inyección se reduce por compresión mediante una técnica de vendaje especial, el tamaño del trombo disminuye y aumenta la posibilidad de que se forme un tejido cicatricial, que es lo que se busca. Una ulterior ventaja de la técnica más reciente es que la compresión adecuada elimina el dolor, que habitualmente se asocia con una flebitis de una vena superficial.

A pesar de que la terapia con inyecciones requiere más tiempo que la cirugía, no se necesita anestesia, las nuevas varices pueden ser tratadas a medida que se desarrollan y las personas pueden continuar con sus actividades habituales diarias entre cada sesión de tratamiento. Sin embargo, incluso con estas técnicas modernas, algunos médicos consideran la terapia con inyecciones sólo cuando las varices recurren después de la cirugía o cuando una persona desea mejorar su estética.

Aspecto de una fístula arteriovenosa
Paso anormal de sangre de una arteria a una vena.

Fístula arteriovenosa

Las varices se asocian a menudo con venas aracniformes (arañas vasculares), incorrectamente llamadas capilares rotos. A pesar de que las venas aracniformes pueden ser causadas por la propia presión de la sangre estancada en las varices, se cree que son el resultado de factores hormonales desconocidos, los cuales explicarían por qué afectan con mayor frecuencia a las mujeres y sobre todo durante el embarazo. Cuando las venas aracniformes causan dolor o una sensación de ardor o son antiestéticas, se tratan con escleroterapia.

Fístula arteriovenosa

Una fístula arteriovenosa es una comunicación anómala entre una arteria y una vena.

Normalmente, la sangre fluye desde las arterias hacia los capilares y luego hacia las venas. Pero cuando existe una fístula arteriovenosa, la sangre fluye directamente desde una arteria hacia una vena, sin pasar por los capilares. Una persona puede nacer con una fístula arteriovenosa (fístula congénita) o bien ésta puede aparecer después del nacimiento (fístula adquirida).

Las fístulas arteriovenosas congénitas son infrecuentes. Las adquiridas pueden ser causadas por cualquier herida que lesione una arteria y una vena que se encuentran juntas. Lo más habitual es que se trate de una herida penetrante causada por arma blanca o de fuego. La fístula puede aparecer inmediatamente o desarrollarse a las pocas horas. La zona puede hincharse rápidamente si se escapa sangre hacia los tejidos circundantes.

Algunos tratamientos médicos (por ejemplo, la diálisis renal) hacen necesaria la perforación de una vena cada vez que se lleva a cabo. Si se llevan a cabo muchas perforaciones repetidas, la vena se inflama y se puede producir una coagulación; finalmente la vena puede quedar obliterada por tejido cicatricial. Para evitar este problema, se crea deliberadamente una fístula arteriovenosa, en general, entre una vena y una arteria cercanas del brazo. Este procedimiento ensancha la vena, haciendo que la inserción de la aguja sea más fácil y, en consecuencia, la sangre fluye más rápido y tiene menos probabilidades de coagularse. A diferencia de algunas fístulas arteriovenosas grandes, estas pequeñas fístulas no causan trastornos cardíacos y pueden cerrarse cuando ya no son necesarias.

Síntomas y diagnóstico

Cuando las fístulas arteriovenosas congénitas están cerca de la superficie de la piel, aparecen hinchadas y de un color azul rojizo. En algunos lugares, como la cara, adquieren un color púrpura y pueden ser antiestéticas.

Si una fístula arteriovenosa grande no es tratada, un gran volumen de sangre a mayor presión fluye de la arteria hacia el interior de la red venosa. Como las paredes de la vena no son lo bastante fuertes como para resistir esta presión, se estiran y las venas se dilatan y abultan (en ocasiones parecen varices). El retorno anormalmente rápido de la sangre al corazón a través de la comunicación arteriovenosa puede provocar tensión en el corazón y causar insuficiencia cardíaca. Cuanto más grande es la fístula, con más rapidez se puede desarrollar la insuficiencia cardíaca.

Colocando un fonendoscopio por encima de una gran fístula arteriovenosa adquirida, se puede auscultar un sonido característico de vaivén, como el de un mecanismo en movimiento (un soplo en maquinaria). Para confirmar el diagnóstico y determinar la extensión del problema, se inyecta un producto de contraste en los vasos sanguíneos para distinguirlos claramente en las radiografías. Este contraste, que muestra el trazado del flujo sanguíneo, se puede ver mediante radiografías (angiografías).

Linfa, ganglios linfáticos y sistema linfático

El oxigeno, los nutrientes y los otros elementos vitales para el organismo llegan a los tejidos mediante su disolución en líquidos que se difunden a través de las paredes finas de los capilares. Una parte restante del líquido (linfa) pasa al interior de los pequeños vasos (vasos linfáticos). Los vasos linfáticos son más grandes que los capilares pero su tamaño es menor que el de las venas más pequeñas . La mayoría de ls vasos linfáticos tienen válvulas parecidas a las de las venas para que la linfa, que puede coagularse, fluya en la dirección correcta, es decir, hacia los dos grandes conductos linfáticos ubicados en el cuello. Estos conductos linfáticos vierten la linfa de nuevo a la sangre por medio de las venas.

A medida que la linfa fluye a través de los vasos linfáticos (a veces llamados glándulas linfáticas estratégicamente colocados, que desempeñan un papel fundamental en las defensas inmunitarias del organismo. Los ganglios linfáticos filtran las particulas extrañas que se introducen dentro de la linfa, por ejemplo, las células cancerosas que se han separado de un tumor próximo, de ahí que el examen de los ganglios sea necesario para el diagnóstico de un cáncer y para determinar si se ha extendido. los ganglios linfáticos producen también los componentes esenciales del sistema inmune, como los glóbulos blancos que fabrican anticuerpos para destruir los organismos extraños.

Las bacterias atrapadas por los ganglios linfáticos pueden inflamarlos y causar dolor, produciendo un cuadro llamado linfadenítis. A veces las bacterias provocan la inflamación de los vasos linfáticos, situación denominada linfangitis. En esta afección aparecen unos cordones de color rojo a lo largo de la piel y, en general, fiebre con escalofrios. Los estafilococos y los estreptococos son las bacterias que con más frecuencia causan linfangitis.

Tratamiento

Las pequeñas fístulas arteriovenosas congénitas se eliminan o destruyen mediante una terapia de coagulación con láser. Este procedimiento debe ser realizado por un cirujano vascular hábil porque las fístulas son a veces más extensas de lo que parecen sobre la superficie. Las fístulas arteriovenosas cercanas al ojo, al cerebro o a otras estructuras importantes son especialmente difíciles de tratar.

Las fístulas arteriovenosas contraídas son corregidas lo antes posible tras el diagnóstico. Si el cirujano no puede alcanzar la fístula fácilmente (por ejemplo, cuando está en el cerebro), ésta puede tratarse mediante la obstrucción de la arteria con técnicas complejas de inyección que provocan la formación de trombos, lo que interrumpe el flujo de sangre dentro de la fístula.

Linfedema

El linfedema es la hinchazón causada por una interferencia con el drenaje normal de la linfa a la sangre.

En raras ocasiones, el linfedema es evidente al nacer. Más a menudo, aparece en fases posteriores de la vida debido a causas congénitas o adquiridas.

El linfedema congénito se debe a que la persona nace con un número reducido de vasos linfáticos, que son insuficientes para contener toda la linfa. El problema casi siempre afecta a las piernas y, en raras ocasiones, los brazos. Las mujeres tienen mayor probabilidad que los varones de tener linfedema congénito.

Aunque la hinchazón se puede observar desde el nacimiento, en general, los vasos linfáticos en este momento son adecuados para la pequeña cantidad de linfa que posee un lactante. Con mayor frecuencia, la hinchazón aparece posteriormente cuando el volumen de linfa aumenta y supera la capacidad del reducido número de vasos linfáticos. La hinchazón comienza gradualmente en una de las piernas o en ambas. La primera señal de linfedema puede ser la hinchazón del pie, que hace que el calzado sea apretado al final del día y deje marcas en la piel. En las etapas iniciales de esta dolencia, este síntoma desaparece cuando se eleva la pierna. (Muchas personas que no tienen linfedema experimentan hinchazón después de haber estado de pie durante períodos prolongados). El linfedema congénito se agrava con el paso del tiempo; la hinchazón se vuelve más evidente y no desaparece por completo incluso tras una noche de reposo.

Una de las causas de linfedema
La mastectomía con remoción de ganglios linfáticos es una de las causas de linfedema (en este caso en el brazo izquierdo).

El linfedema adquirido es más frecuente que el congénito. Aparece generalmente después de una cirugía mayor, sobre todo tras un tratamiento de cáncer en el que se han extirpado los ganglios linfáticos y los vasos linfáticos o bien cuando éstos han sido irradiados con rayos X. Por ejemplo, el brazo puede volverse propenso a la hinchazón después de la extirpación de una mama con cáncer y de los ganglios linfáticos cercanos. La cicatrización de vasos linfáticos que sufren infecciones de forma repetida también puede causar linfedema, pero es muy infrecuente, excepto en infecciones por el parásito tropical Filaria.

En el linfedema adquirido, la piel parece sana pero está hinchada. Si se presiona la zona con un dedo no queda señal, como sucede cuando la hinchazón por acumulación de líquidos (edema) es el resultado de un flujo inadecuado de sangre por las venas. En raras ocasiones, la extremidad se hincha exageradamente y la piel es tan gruesa y arrugada que tiene el aspecto de la piel de un elefante (elefantiasis).

Tratamiento

El linfedema no tiene curación. En casos leves, los vendajes compresivos reducen la hinchazón; en los más graves, se usan calcetines neumáticos todos los días durante una hora o dos para reducir la hinchazón. Una vez que la hinchazón se ha reducido, se utilizan calcetines elásticos hasta la rodilla todos los días desde el momento de levantarse hasta acostarse. Esto controla la hinchazón hasta cierto punto. Para el linfedema en el brazo, se emplean guantes neumáticos (parecidos a los calcetines neumáticos) diariamente para reducir la hinchazón; así mismo, también existen guantes elásticos. Para la elefantiasis, puede llevarse a cabo una intervención quirúrgica mayor para extraer la mayor parte de los tejidos hinchados bajo la piel.

Lipedema

El lipedema es una acumulación anómala de grasa bajo la piel, habitualmente en la parte inferior de la pierna entre la pantorrilla y el tobillo.

El lipedema es mucho más frecuente en las mujeres y se encuentra presente desde el nacimiento. Aunque es similar al linfedema, se trata de un trastorno diferente.

Ambas piernas se ven afectadas. La parte inferior de las piernas y los tobillos pierden su contorno normal, pero el aumento de volumen se interrumpe precisamente debajo de los huesos de los tobillos y no incluye los pies. Las piernas se ven hinchadas y pueden doler. Si se presiona con un dedo sobre la pierna no queda marca alguna. La piel de las piernas se ve normal pero puede ser dolorosa, posiblemente debido a la acumulación subyacente de grasa. La liposucción puede mejorar notablemente la forma de las piernas.

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