Enfermedades del pericardio

El pericardio es un saco de doble capa, flexible y extensible, que envuelve al corazón. Entre las dos capas contiene un líquido lubricante que permite que puedan deslizarse fácilmente una sobre otra. El pericardio mantiene el corazón en posición, evita que se llene demasiado de sangre y lo protege de infecciones. Sin embargo, el pericardio no es esencial para mantener con vida al organismo; si se extirpa, no se produce ningún cambio sustancial en el rendimiento del corazón.

En raros casos, puede que se nazca sin pericardio o que éste presente zonas débiles o agujeros. Estos defectos pueden ser peligrosos porque el corazón o un vaso sanguíneo principal puede sobresalir (hernia) a través de un agujero del pericardio y quedar atrapado y obstruirse, lo que puede causar la muerte en minutos. Por lo tanto, estos defectos habitualmente se reparan mediante una intervención quirúrgica; si la reparación no es posible, se extrae la totalidad del pericardio. Aparte de los defectos de nacimiento, las enfermedades del pericardio pueden ser consecuencia de infecciones, heridas y tumores que se han diseminado.

Taponamiento cardíaco

Taponamiento cardíaco: la complicación más grave de la pericarditis
El taponamiento es con frecuencia el resultado de una acumulación de líquido o de una hemorragia dentro del pericardio, consecuencia de un tumor, una lesión o una intervención quirúrgica. Las infecciones víricas y bacterianas y la insuficiencia renal son otras causas comunes. La presión arterial puede descender rápidamente y alcanzar valores muy bajos durante la inspiración. Para confirmar el diagnóstico, se emplea la ecocardiografía (una prueba que utiliza ultrasonidos para proporcionar una imagen del corazón). El taponamiento cardíaco es, por lo general, una urgencia médica. El tratamiento inmediato consiste en un drenaje quirúrgico o la punción del pericardio con una aguja larga para extraer el líquido y aliviar la presión. Se aplica anestesia local para evitar el dolor cuando la aguja atraviesa la pared torácica. En lo posible, el líquido se extrae bajo control ecocardiográfico. En caso de pericarditis de origen desconocido, se drena quirúrgicamente el pericardio y se extrae una muestra para determinar el diagnóstico. Una vez reducida la presión, habitualmente el paciente permanece hospitalizado en prevención de una recidiva.

Pericarditis aguda

La pericarditis aguda es una inflamación súbita del pericardio que a menudo es dolorosa y provoca el derrame de líquido y productos de la sangre como la fibrina, glóbulos rojos y glóbulos blancos en el espacio pericárdico.

La pericarditis aguda se produce por varias causas, desde infecciones víricas (que pueden provocar dolor pero que son de corta duración y generalmente no dejan ninguna secuela) hasta un cáncer con riesgo de muerte. Otras causas pueden ser el SIDA, un infarto de miocardio, una cirugía cardíaca, el lupus eritematoso sistémico, la artritis reumatoide, la insuficiencia renal, heridas, la radioterapia y un escape de sangre procedente de un aneurisma aórtico (una dilatación de la aorta en forma de bolsa). La pericarditis aguda también puede producirse como un efecto secundario provocado por ciertos fármacos, como los anticoagulantes, la penicilina, la procainamida, la fenitoína y la fenilbutazona.

Síntomas y diagnóstico

Generalmente, la pericarditis aguda causa fiebre y dolor en el pecho que, por lo general, se extiende hacia el hombro izquierdo y algunas veces baja hasta el brazo izquierdo. Este dolor puede ser similar al de un ataque al corazón, pero tiende a empeorar al estar acostado, toser o respirar profundamente. La pericarditis puede ocasionar un taponamiento cardíaco, un trastorno potencialmente mortal.

El diagnóstico de pericarditis aguda se realiza a partir de la descripción del dolor y por la auscultación con un fonendoscopio colocado sobre el pecho del paciente. La pericarditis produce un sonido crujiente similar al crujido del cuero de un zapato. Una radiografía de tórax y un ecocardiograma (una prueba que utiliza ultrasonidos para crear una imagen del corazón) pueden demostrar la presencia de líquido en el pericardio. El ecocardiograma puede también revelar la causa fundamental (por ejemplo, un tumor), así como mostrar la presión que ejerce el líquido pericárdico sobre las cavidades derechas del corazón; una presión alta es una posible señal de alarma de que existe un taponamiento cardíaco. Por otro lado, los análisis de sangre permiten detectar algunas causas de pericarditis (por ejemplo, leucemia, SIDA, infecciones, fiebre reumática y valores elevados de urea como resultado de una insuficiencia renal).

Pronóstico y tratamiento

El pronóstico depende de la causa de la enfermedad. Cuando la pericarditis es provocada por un virus o cuando la causa es desconocida, la recuperación se consigue entre 1 y 3 semanas. Las complicaciones o recurrencias demoran la recuperación. Si se trata de un cáncer que ha invadido el pericardio, la supervivencia rara vez supera los 12-18 meses.

Generalmente, las personas con pericarditis deben hospitalizarse, recibir fármacos que reduzcan la inflamación y el dolor (como la aspirina o el ibuprofeno); hay que controlar la posible aparición de complicaciones (sobre todo el taponamiento cardíaco). En caso de dolores muy intensos se administran opiáceos (como la morfina) o un corticosteroide. El fármaco más utilizado en caso de dolor intenso es la prednisona.

El tratamiento posterior de una pericarditis aguda depende de la causa subyacente que la haya provocado. Los pacientes con cáncer pueden responder a la quimioterapia (con fármacos anticancerosos) o a la radioterapia, pero a menudo debe realizarse una extracción quirúrgica del pericardio. Los pacientes tratados con diálisis debido a una insuficiencia renal, suelen responder cuando se efectúan cambios en sus programas de diálisis. Las infecciones bacterianas se tratan con antibióticos y el pus del pericardio se drena quirúrgicamente. Por otro lado, siempre que sea posible, se suspende la administración de los fármacos que pueden causar pericarditis.

Cuando se producen episodios repetidos de pericarditis por una infección vírica, una herida o por una causa desconocida, está indicado administrar aspirina, ibuprofeno o corticosteroides. En algunos casos, la colquicina es eficaz. Si el tratamiento con fármacos no es eficaz, se extrae el pericardio quirúrgicamente.

Derrame pericárdico

Gran derrame pericárdico:
drenaje por aspiración

Pericarditis crónica

La pericarditis crónica es una inflamación que resulta de una acumulación de líquido o de un engrosamiento del pericardio y que comienza gradualmente y persiste durante largo tiempo.

En una pericarditis crónica con derrame , hay una acumulación lenta de líquido en el pericardio. Habitualmente la causa se desconoce, pero la enfermedad puede ser provocada por un cáncer, la tuberculosis o una insuficiencia tiroidea. Cuando la causa sea conocida, debe ser tratada; si la función cardíaca es normal, el médico suele adoptar una actitud expectante, es decir, de observación.

La pericarditis crónica constrictiva es una enfermedad poco frecuente que aparece cuando se desarrolla tejido fibroso (similar a una cicatriz) alrededor del corazón. El tejido fibroso se retrae progresivamente, comprime el corazón y reduce su tamaño. Esta compresión aumenta la presión en las venas que llevan la sangre al corazón porque se necesita más presión para llenar éste. El líquido se estanca, se escapa hacia afuera y se acumula bajo la piel, en el abdomen y algunas veces en el espacio alrededor de los pulmones.

Causas

Cualquier afección que cause pericarditis aguda puede provocar pericarditis crónica constrictiva, pero por lo general la causa es desconocida. Las causas más frecuentes son infecciones víricas y las producidas por radioterapia por cáncer de mama o linfoma. La pericarditis crónica constrictiva también puede ser consecuencia de la artritis reumatoide, el lupus erimatoso sistémico, una herida previa, una cirugía cardíaca o una infección bacteriana. En África e India la tuberculosis es la causa más frecuente de pericarditis en cualquiera de sus formas, mientras que es poco frecuente en los países desarrollados.

Síntomas y diagnóstico

Los síntomas de la pericarditis crónica son disnea, tos (porque la alta presión en las venas del pulmón hace que salga líquido hacia los sacos de aire) y fatiga (porque el corazón llega a funcionar deficientemente). Por otro lado, la afección en sí es indolora. También es frecuente la acumulación de líquido en el abdomen y las piernas.

Los síntomas son fundamentales para poder efectuar el diagnóstico de pericarditis crónica, sobre todo si no hay otra razón que explique la reducción del rendimiento cardíaco (como la hipertensión arterial, una enfermedad de las arterias coronarias o enfermedad de las válvulas). En la pericarditis crónica constrictiva, el corazón no se ve grande en una radiografía de tórax, mientras que en la mayoría de los otros trastornos cardíacos sí se constata un aumento de su tamaño. Aproximadamente en la mitad de los casos de pericarditis crónica constrictiva se observan, en las radiografías de tórax, depósitos de calcio en el pericardio.

Dos tipos de procedimientos confirman el diagnóstico. El cateterismo cardíaco, que puede utilizarse para medir la presión arterial en las cavidades y en los vasos sanguíneos principales. Por otro lado, para determinar el grosor del pericardio, se puede emplear la resonancia magnética (RM) o la tomografía computadorizada (TC). Normalmente, el pericardio tiene un grosor inferior a 30 milímetros, pero en la pericarditis crónica constrictiva llega a ser el doble o más.

Tratamiento

Aunque los diuréticos (fármacos que eliminan el exceso de líquido) pueden mejorar los síntomas, el único tratamiento posible es la extracción quirúrgica del pericardio. La cirugía es curativa en alrededor del 85 por ciento de los casos. Sin embargo, dado que la mortalidad a causa de esta operación es de un 5 a un 15 por ciento, la mayoría de los pacientes no se opera a menos que la enfermedad interfiera sustancialmente con las actividades diarias.

El contenido que se proporciona en esta página web es información general. En ningún caso debe sustituir ni la consulta, ni el tratamiento, ni las recomendaciones de tu médico.
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