Trastornos de la córnea

La córnea, la estructura en forma de cúpula que se halla en la parte frontal del ojo y que protege el iris y el cristalino además de ayudar a centralizar la luz en la retina, está formada por células y líquido y normalmente es clara. Las enfermedades o lesiones de la córnea pueden causar dolor y pérdida de la visión.

Queratitis punteada superficial

La queratitis punteada superficial es una enfermedad en la que las células de la superficie de la córnea mueren.

La causa puede ser una infección vírica, una infección bacteriana, la sequedad de los ojos, la exposición a los rayos ultravioleta (luz solar, lámparas solares o arcos de soldadura), la irritación debida al uso prolongado de lentes de contacto o la irritación provocada por las gotas oftálmicas o bien una reacción alérgica a las mismas. Esta enfermedad puede ser también el efecto secundario de la administración de ciertos medicamentos, como la vidarabina.

Síntomas y tratamiento

En general se siente dolor en los ojos, que se tornan llorosos, sensibles a la luz e inyectados de sangre, y la visión puede ser ligeramente borrosa. Cuando los rayos ultravioleta causan esta enfermedad, los síntomas generalmente no aparecen hasta al cabo de varias horas y duran uno o dos días. Cuando un virus provoca este proceso, el ganglio linfático que se encuentra delante de la oreja puede estar inflamado y doloroso.

Casi todas las personas que padecen esta enfermedad se recuperan por completo. Cuando la causa es un virus, no se necesita ningún tratamiento y la recuperación suele completarse en 3 semanas. Cuando la causa es una infección bacteriana, se recurre a los antibióticos y cuando es debida a la sequedad de los ojos, se aplica un tratamiento con pomadas y lágrimas artificiales (gotas oftálmicas preparadas con sustancias que estimulan las lágrimas reales). Cuando la causa es la exposición a los rayos ultravioleta o una irritación debida a las lentes de contacto, las pomadas con antibiótico, las gotas que dilatan la pupila y un parche en el ojo pueden ofrecer gran alivio. Finalmente, cuando la causa es una reacción ante un medicamento debe suspenderse su administración.

Úlcera de la córnea

La úlcera de la córnea (úlcera corneal) es una perforación de la córnea, generalmente debida a una infección provocada por bacterias, hongos, virus o la Acanthamoeba; en otras ocasiones es consecuencia de una herida.

Las bacterias (en general los estafilococos, pseudomonas, o neumococos) pueden infectar y ulcerar la córnea una vez que el ojo ha sufrido una herida, haya entrado en él un cuerpo extraño o esté irritado por las lentes de contacto.

Úlcera en la córnea
Ésta puede observarse como una lesión de color blanco sobre la córnea.

Úlcera en la córnea

Otras bacterias como los gonococos, y ciertos virus, como por ejemplo el herpes, también pueden provocar úlceras de la córnea. Los hongos pueden causar úlceras de crecimiento lento. En muy raras ocasiones, la deficiencia de vitamina A o de proteínas puede producir una ulceración de la córnea.

Cuando los párpados no se cierran correctamente para proteger el ojo y humedecer la córnea, pueden aparecer úlceras debidas a la sequedad y la irritación, incluso sin que exista una infección.

Síntomas y tratamiento

Las úlceras de la córnea producen dolor, sensibilidad a la luz y una mayor secreción de lágrimas, todo lo cual puede ser de carácter moderado. Puede aparecer un punto blanco amarillento de pus en la córnea. En ciertos casos, las úlceras aparecen sobre toda la córnea y pueden penetrar en profundidad. Cierta cantidad de pus puede acumularse además detrás de la córnea. Cuanto más profunda es la úlcera, más graves son los síntomas y las complicaciones.

Las úlceras de la córnea pueden cerrarse con un tratamiento, pero pueden dejar como secuelas un material turbio y fibroso que causa cicatrización e impide la visión. Otras complicaciones incluyen las infecciones persistentes, la perforación de la córnea, el desplazamiento del iris y la destrucción del ojo.

La úlcera de la córnea es una urgencia que debería ser tratada de inmediato por un especialista (oftalmólogo). Para apreciar claramente la úlcera, el médico puede aplicar gotas que contienen un colorante llamado fluoresceína. Puede ser necesario recurrir a una terapia con antibióticos y cirugía.

Infección por herpes simple

La manifestación inicial de la infección corneal por herpes simple (queratoconjuntivitis por herpes simple, queratitis) puede parecer una infección bacteriana leve porque los ojos están ligeramente doloridos, llorosos, rojos y sensibles a la luz.

La inflamación de la córnea nubla la visión. Sin embargo, la infección por herpes no responde a los antibióticos, como haría una infección bacteriana, y suele empeorar cada vez más.

Con mayor frecuencia, la infección produce sólo ligeros cambios en la córnea y desaparece sin tratamiento. En muy raras ocasiones, el virus penetra profundamente en la córnea, destruyendo su superficie. La infección puede ser recurrente, dañando aún más la superficie de la córnea. Las recurrencias pueden acabar en ulceración, cicatrización permanente y pérdida de la sensibilidad cuando se toca el ojo. El virus del herpes simple también puede provocar un incremento en el crecimiento de los vasos sanguíneos, empeoramiento de la visión o pérdida total de la misma.

El médico puede recetar un fármaco antivírico como la trifluridina, la vidarabina o la idoxuridina. Estos medicamentos en general se recetan en forma de pomada o solución que se aplica sobre el ojo varias veces al día. Sin embargo, no siempre son efectivos; en ciertos casos, deben administrarse otros fármacos por vía oral. A veces, para contribuir a acelerar la curación, el oftalmólogo tiene que raspar suavemente la córnea con un bastoncito con punta de algodón para eliminar las células muertas y las dañadas.

Infección por herpes zoster

El herpes zoster es un virus que crece en los nervios y puede diseminarse por la piel, provocando lesiones muy típicas. Esta enfermedad no necesariamente afecta al ojo, incluso cuando aparece en la cara y la frente. Pero si la división oftálmica del quinto nervio craneal (nervio trigeminal) resulta infectada, esta infección probablemente se extienda hacia el ojo. Esta infección produce dolor, enrojecimiento e hinchazón de los párpados.

Una córnea infectada puede hincharse y resultar gravemente dañada y desarrollar cicatrices. Las estructuras por detrás de la córnea pueden inflamarse (una enfermedad llamada uveítis) y la presión del ojo puede aumentar (un proceso conocido como glaucoma). Las complicaciones más comunes de la infección corneal incluyen el glaucoma permanente y la falta de sensibilidad cuando se toca la córnea.

Cuando el herpes zoster infecta la cara y amenaza el ojo, el tratamiento precoz con aciclovir administrado en forma oral durante 7 días reduce el riesgo de complicaciones oculares.

Los corticosteroides, generalmente en forma de gotas, también pueden resultar de gran ayuda. Las gotas de atropina suelen utilizarse con frecuencia para mantener la pupila dilatada y ayudar a evitar que aumente la presión ocular. Las personas de más de 60 años que tienen una buena salud general pueden notar que el hecho de tomar corticosteroides durante 2 semanas ayuda a evitar el dolor que puede tener lugar después de que desaparecen las llagas del herpes; este dolor se conoce como neuralgia postherpética.

Queratitis ulcerativa periférica

La queratitis ulcerativa periférica es una inflamación y ulceración de la córnea que suele aparecer en personas que padecen enfermedades del tejido conectivo como la artritis reumatoide.

Esta enfermedad empeora la visión, aumenta la sensibilidad a la luz y produce la sensación de que un cuerpo extraño está atrapado en el ojo. Probablemente se deba a una reacción autoinmune.

Entre las personas que padecen artritis reumatoide y queratitis ulcerativa periférica, alrededor del 40 por ciento mueren tras 10 años de la aparición de la queratitis ulcerativa periférica, a menos que se sometan a un tratamiento. Los tratamientos con medicamentos que inhiben el sistema inmunitario reducen el índice de mortalidad a un 8 por ciento en 10 años.

Queratomalacia

La queratomalacia (xeroftalmía, queratitis xerótica) es una enfermedad en la que la córnea se seca y se vuelve opaca debido a una deficiencia de vitamina A, proteínas y calorías en la dieta.

La superficie de la córnea muere y pueden aparecer úlceras e infecciones bacterianas. Las glándulas lagrimales y la conjuntiva también se ven afectadas, lo que deriva en una inadecuada producción de lágrimas y sequedad de los ojos.

La ceguera nocturna (visión muy deficiente en la oscuridad) puede desarrollarse debido a una deficiencia de vitamina A. Las gotas o pomadas con antibiótico pueden ayudar a curar las infecciones, pero es aún más importante corregir la falta de vitamina A con suplementos vitamínicos o bien solucionar la desnutrición con una dieta enriquecida o con suplementos.

Queratocono
Es una anomalía heredada de la forma de la córnea.

Ojo con queratocono

Queratocono

El queratocono es un cambio gradual de la forma de la córnea, que acaba pareciéndose a un cono.

La enfermedad comienza entre los 10 y los 20 años. Uno o ambos ojos pueden verse afectados, lo que produce grandes cambios en la visión y exige frecuentes cambios en la prescripción de gafas o lentes de contacto. Las lentes de contacto suelen corregir los problemas de visión mejor que las gafas, pero a veces el cambio de la forma de la córnea es tan intenso que las lentes de contacto no pueden ser utilizadas o bien no consiguen corregir la visión. En casos extremos, puede ser necesario realizar un trasplante de córnea.

Queratopatía ampollar

La queratopatía ampollar es una tumefacción de la córnea que aparece con más frecuencia en los ancianos.

En casos excepcionales, la queratopatía ampollar tiene lugar tras una cirugía de los ojos, como la de cataratas. La tumefacción produce ampollas llenas de líquido sobre la superficie de la córnea que pueden romperse, causando dolor y disminuyendo la visión.

La queratopatía ampollar se trata reduciendo la cantidad de líquido en la córnea mediante soluciones salinas o lentes de contacto blandas. En muy raras ocasiones, es preciso hacer un trasplante de córnea.

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