Problemas ginecológicos habituales

Los problemas ginecológicos son los relacionados con el aparato reproductor femenino. Algunas causas habituales de los mismos son infecciones, lesiones o cambios hormonales. Estos trastornos incluyen dolor pélvico, inflamación del útero, de las trompas de Falopio, de la vagina o de la vulva y tumoraciones no cancerosas del útero, como los fibromas. Otros problemas frecuentes se relacionan con la menstruación (por ejemplo, el síndrome premenstrual y el dolor durante la menstruación, también llamado dismenorrea). A pesar de que algunos de estos problemas son poco importantes y se corrigen por sí solos, otros, como las infecciones, pueden revestir mayor gravedad y requerir, por tanto, atención médica.

Dolor pélvico

La pelvis, que contiene el útero, las trompas de Falopio, los ovarios, la vagina, la vejiga urinaria y el recto, es la parte inferior del tronco localizada debajo del abdomen y entre ambas caderas. Las mujeres a menudo sienten dolor en esa zona, cuyas características e intensidad son variables y, en ocasiones, es difícil conocer su causa.

Con frecuencia, pero no siempre, el dolor pélvico se asocia a problemas relacionados con el aparato reproductor. Otras causas de dolor pélvico tienen que ver con los intestinos o las vías urinarias. Los factores psicológicos pueden empeorar el dolor o incluso provocar una sensación dolorosa sin que exista ningún problema orgánico subyacente.

Causas del dolor pélvico

Relacionadas con el aparato reproductor

  • Embarazo ectópico.
  • Endometriosis.
  • Fibroma.
  • Quistes ováricos de gran tamaño o su rotura.
  • Mittelschmerz (dolor en mitad del ciclo menstrual causado por la ovulación).
  • Congestión pélvica (congestión vascular).
  • Inflamación pélvica.
  • Rotura de una trompa de Falopio.
  • Torsión de los ovarios.

No relacionados con el aparato reproductor

  • Apendicitis.
  • Cistitis (inflamación de la vejiga).
  • Diverticulitis (inflamación o infección de uno o más divertículos, que son pequeños sacos que se forman en el intestino grueso).
  • Gastroenteritis (inflamación del estómago y el intestino).
  • Lleítis (inflamación de parte del intestino delgado).
  • Enfermedad inflamatoria del intestino.
  • Linfadenitis mesentérica (inflamación de los nódulos linfáticos de la membrana que conecta los órganos a la pared abdominal).
  • Cólico renal (dolor en el flanco, por lo general provocado por una obstrucción en el aparato urinario).

Diagnóstico

Cuando una mujer repentinamente sufre un dolor muy intenso en la parte inferior del abdomen o en la región pélvica, el médico debe decidir con rapidez si se trata de una situación urgente que requiere cirugía inmediata. Ejemplos de ellos son la apendicitis, la perforación del intestino, una torsión de un quiste de ovario, un embarazo ectópico y la rotura de una trompa de Falopio.

A menudo el médico puede determinar la causa del dolor a partir de la descripción del mismo que le proporciona la paciente, es decir, si es punzante o sordo, en qué circunstancias se da (si comenzó de improviso), cuánto dura y dónde se localiza. Los síntomas que lo acompañan, como fiebre, náuseas o vómitos, pueden ayudar a establecer el diagnóstico. A este efecto, la información acerca de la aparición del dolor en relación con las comidas, el sueño, las relaciones sexuales, el movimiento, la micción y la defecación también puede ser de utilidad.

A continuación, el médico realiza una exploración física. El examen pélvico (por dentro), que siempre debe formar parte de la evaluación de un dolor pélvico, ayuda a determinar qué órganos están afectados y si existe infección. Las pruebas de laboratorio, como un recuento completo de células sanguíneas, un análisis de orina o una prueba de embarazo, pueden indicar la existencia de una hemorragia interna, una infección o un embarazo ectópico.

En algunos casos, puede practicarse una ecografía, una tomografía computadorizada (TC) o una resonancia magnética (RM) de los órganos internos. Así mismo, se puede recurrir o a la cirugía o la laparoscopia (un procedimiento con un tubo de fibra óptica que permite el examen de las cavidades abdominal y pélvica) para determinar la causa del dolor.

Vaginitis y vulvitis

La vaginitis es una inflamación de la mucosa de la vagina. La vulvitis es una inflamación de la vulva (los órganos genitales femeninos externos). La vulvovaginitis es una inflamación de la vulva y de la vagina.

En estas condiciones, los tejidos se inflaman y se produce una secreción vaginal. Las causas incluyen infecciones, sustancias u objetos irritantes, tumores u otro tejido anormal, radioterapia, fármacos y cambios hormonales. La higiene personal insuficiente puede favorecer el crecimiento de bacterias y hongos así como causar irritación. Además, las heces pueden pasar desde el intestino hasta la vagina por un trayecto anormal (fístula) y provocar una vaginitis.

Durante el tiempo en que la mujer es fértil, los cambios hormonales causan una secreción normal acuosa, mucosa o blanca lechosa, que varía en cantidad y características según las diferentes fases del ciclo menstrual. Después de la menopausia, el revestimiento interno de la vagina y los tejidos de la vulva pierden espesor, y el flujo normal disminuye debido a la falta de estrógenos. En consecuencia, la vagina y la vulva se infectan y lesionan con más facilidad.

Las recién nacidas pueden tener una secreción vaginal debido a los estrógenos que proceden de la madre antes de nacer. En general, desaparece en el transcurso de dos semanas.

Síntomas

El síntoma más frecuente de la vaginitis es la secreción vaginal anormal. Una secreción anormal es la que se produce en grandes cantidades, desprende un olor fuerte o está acompañada de picores, molestias o dolor vaginal. A menudo la secreción anormal es más espesa que la normal y el color es variable; por ejemplo, puede tener la consistencia del requesón o puede ser amarillenta, verdosa o manchada de sangre.

Una infección bacteriana de la vagina tiende a producir una secreción turbia blanca, gris o amarillenta con olor hediondo o similar al pescado. El olor se vuelve más intenso después del acto sexual o del lavado con jabón, ya que ambos disminuyen la acidez vaginal y, en consecuencia, se favorece el crecimiento bacteriano. La vulva puede notarse irritada o con un picor ligero.

Una infección producida por Candida (un hongo) produce un picor entre moderado e intenso y quemazón de la vulva y la vagina. La piel se torna rojiza y es áspera al tacto. De la vagina sale una secreción espesa, similar al queso, que tiende a adherirse a sus paredes. Los síntomas empeoran durante la semana anterior al ciclo menstrual. Esta infección tiende a recidivar en las mujeres que sufren de diabetes mal controlada y en las que están tomando antibióticos.

Una infección por Trichomonas vaginalis, un protozoo, produce una secreción blanca, verde grisácea o amarillenta que puede ser espumosa. La secreción aparece poco después de la menstruación y puede tener un olor desagradable; se acompaña de un picor muy intenso.

Una secreción acuosa, sobre todo si contiene sangre, puede ser causada por un cáncer de vagina, del cuello uterino o del revestimiento interno del útero (endometrio). Los pólipos cervicales (cuello uterino) pueden producir hemorragia vaginal tras el coito. Si el picor o las molestias vulvares se vienen arrastrando durante algún tiempo, las posibilidades pueden ser una infección por papilomavirus humano o un carcinoma in situ (un cáncer muy localizado que no ha invadido otras áreas y que, en general, el cirujano puede extirpar fácilmente).

Una llaga dolorosa en la vulva puede ser causada por una infección herpética o un absceso, mientras que una llaga que no provoca dolor puede ser debida a un cáncer o la sífilis. Los piojos del pubis causan picor en la zona de la vulva (pediculosis del pubis).

Diagnóstico

Las características de la secreción pueden sugerir la causa, pero se necesita información adicional de la paciente para hacer el diagnóstico (como, por ejemplo, en qué momento del ciclo menstrual tiene lugar la secreción, si es esporádica o continua, cómo respondió a tratamientos previos y si sufre picor, quemazón, dolor en la vulva o si tiene una llaga vaginal). El médico también pregunta acerca de las medidas anticonceptivas, si hay dolor tras el acto sexual, si presentó infecciones vaginales previamente o enfermedades de transmisión sexual y si usa detergentes para la ropa que puedan causar irritación. Otras preguntas pueden referirse a si el compañero sexual presenta síntomas o a si algún miembro de la familia sufre picores.

Qué provoca un flujo vaginal anormal

Una infección

  • Ciertas bacterias, como clamidias y gonococos.
  • Hongos, como Candida (especialmente entre las mujeres diabéticas, embarazadas o que toman antibióticos).
  • Protozoos, como Trichomonas vaginalis.
  • Virus, como el papilomavirus humano y el herpesvirus.
  • Irritación.
  • Espermicidas, lubricantes, preservativos, diafragmas, capuchones cervicales y esponjas.
  • Detergentes de lavadora y los suavizantes para la ropa.
  • Desodorantes en aerosol y los jabones.
  • Aditivos para el baño.
  • Lavados frecuentes.
  • Cuerpos extraños en la vagina.
  • Ropa interior ajustada, desprovista de poros y no absorbente.
  • Heces.

Tumores u otro tejido anormal

  • Cáncer de vulva, vagina, cuello uterino o revestimiento uterino (endometrio).

Radioterapia

Tratamientos habituales para las infecciones de la vagina y la vulva

Tipo de infección Tratamiento
Producida por Candida (hongo) Miconazol, clotrimazol, butoconazol, o terconazol (en forma de crema, tabletas vaginales, o supositorios); fluconazol o cetoconazol (vía oral).
Bacteriana Por lo general, metronidazol o clindamicina (en forma de crema vaginal) o metronidazol (vía oral); si está producida por gonococos, generalmente ceftriaxon (mediante una inyección intramuscular) más doxiciclina (vía oral).
Producida por Clamidia Doxiciclina o azitromicina (vía oral).
Producida por Trichomonas vaginalis Metronidazol (vía oral).

Vírica:
Papilomavirus humano (verrugas genitales)

Ácido tricloroacético (directamente sobre las verrugas); nitrógeno líquido o fluorouracilo (directamente sobre las verrugas) para las infecciones graves.
Herpesvirus Aciclovir (vía oral o tópica).

Al examinar la vagina, el médico utiliza un aplicador con punta de algodón para tomar una muestra de la secreción, que se examinará al microscopio o se cultivará en un laboratorio con el fin de identificar los organismos infecciosos. Se inspecciona el cuello uterino (cérvix) y se toma una muestra de tejido para una prueba de Papanicolaou (Pap), que puede detectar el cáncer cervical. Así mismo, el médico realiza una exploración bimanual: introduce los dedos índice y medio de una mano en la vagina y con la otra presiona suavemente por fuera de la zona inferior del abdomen para palpar los órganos reproductores. Cuando una mujer presenta una inflamación de la vulva durante mucho tiempo (vulvitis crónica) que no responde al tratamiento, habitualmente el médico toma una muestra de tejido para su examen microscópico (biopsia) con el fin de detectar posibles células cancerosas.

Tratamiento

En el caso de una secreción normal, los lavados frecuentes con agua pueden reducir la cantidad de la misma. Sin embargo, una secreción causada por una vaginitis requiere un tratamiento específico acorde con su causa. Si se trata de una infección, el tratamiento consiste en la administración de un antibiótico, un antifúngico o un antivírico, según el tipo de agente patógeno. Hasta que el tratamiento tenga efecto, puede procederse también al lavado de la zona con una mezcla de vinagre y agua durante poco rato para controlar los síntomas. Sin embargo, el lavado frecuente con o sin medicamentos no es muy conveniente, ya que incrementa el riesgo de contraer inflamación pélvica. Si los labios (partes carnosas que rodean los orificios de la vagina y la uretra) están pegados debido a infecciones previas, la aplicación de estrógenos en forma de crema vaginal durante 7 a 10 días suele facilitar su apertura.

Además de un antibiótico, el tratamiento de una infección bacteriana puede incluir también gelatina de ácido propiónico para que aumente la acidez de las secreciones vaginales (ello inhibe el crecimiento de las bacterias). Para las infecciones de transmisión sexual, ambos miembros de la pareja son tratados al mismo tiempo para evitar una nueva infección.

El adelgazamiento del revestimiento interno vaginal tras la menopausia (vaginitis atrófica) se trata con una terapia sustitutiva de estrógenos. Éstos se pueden administrar por vía oral, mediante un parche cutáneo o mediante la aplicación tópica directamente en la vulva y la vagina.

Los fármacos utilizados para tratar la vulvitis dependen de su causa y son los mismos que se usan para tratar la vaginitis. Otras medidas adicionales incluyen el uso de prendas holgadas y absorbentes que permitan la circulación del aire, como la ropa interior de algodón, así como mantener la vulva limpia. Se debería usar jabón de glicerina, porque muchos de los otros jabones son irritantes. En ocasiones, colocar hielo sobre la vulva, un baño de asiento frío o aplicar compresas frías reduce el dolor y el picor. Las cremas y ungüentos con corticosteroides, como los que contienen hidrocortisona, y los anti-histamínicos por vía oral también reducen el picor cuando éste no tiene su origen en una infección. El aciclovir aplicado como crema o por vía oral atenúa los síntomas y disminuye la duración de una infección herpética. Los fármacos analgésicos tomados por vía oral pueden paliar el dolor.

Si la vulvitis crónica se debe a una deficiente higiene personal, el primer paso consiste en dar a la mujer las instrucciones apropiadas. Una infección bacteriana se trata con antibióticos; en cambio, en ciertas enfermedades cutáneas, como la psoriasis, se utilizan cremas que contengan corticosteroides. Deberían dejar de utilizarse todas aquellas sustancias que causen una irritación persistente, como las cremas, los polvos de talco y algunas marcas de preservativos.

Enfermedad inflamatoria pélvica

La inflamación pélvica (salpingitis) es una inflamación de las trompas de Falopio, por lo general causada por una infección.

Las trompas de Falopio son unas estructuras tubulares que se extienden desde la parte superior del útero hasta cada ovario.

La inflamación de las trompas de Falopio se produce sobre todo en mujeres sexualmente activas. Las que usan dispositivos intrauterinos (DIU) se encuentran especialmente expuestas. La inflamación es el resultado de una infección bacteriana, que suele iniciarse en la vagina y se extiende hacia el útero y las trompas. Estas infecciones rara vez aparecen antes de la primera menstruación (menarquía), después de la menopausia o durante el embarazo. En general, se contraen durante las relaciones sexuales pero, en ocasiones, están provocadas por la llegada de bacterias a las trompas durante un alumbramiento vaginal o por un aborto, ya sea espontáneo o inducido.

Anexitis
Inflamación de las trompas de Falopio por la introducción de gérmenes. Pueden incluso formarse abscesos.

La actinomicosis (una infección bacteriana), la esquistosomiasis (una infección parasitaria) y la tuberculosis también pueden esporádicamente producir una inflamación pélvica. Finalmente, determinados procedimientos médicos, como la introducción de contraste durante ciertas exploraciones radiográficas del aparato reproductor pueden causar una infección.

A pesar de que los síntomas pueden ser más intensos en uno de los lados, en general las dos trompas se ven afectadas. La infección puede extenderse hacia la cavidad abdominal y causar una peritonitis; no obstante, los ovarios no suelen contagiarse por la infección, a menos que ésta sea grave.

Síntomas

Los síntomas empiezan poco después de la menstruación y se caracterizan por dolor en la parte inferior del abdomen cada vez más intenso, que puede acompañarse de náuseas o vómitos. Sobre todo al principio, muchas mujeres sólo tienen fiebre poco elevada, dolor abdominal de suave a moderado, hemorragias irregulares y una secreción vaginal escasa, lo que hace difícil realizar el diagnóstico. A medida que progresa la enfermedad la fiebre aumenta y sale una secreción similar al pus por la vagina, a pesar de que la infección por Clamidia puede no causar secreción.

Habitualmente, la infección obstruye las trompas de Falopio y, en consecuencia, se hinchan debido al líquido atrapado en su interior. Esto puede ocasionar dolor crónico, hemorragia menstrual irregular e infertilidad. La infección puede extenderse hacia las estructuras cercanas y provocar cicatrices y tractos fibrosos anormales (adherencias) entre los órganos del abdomen, lo que produce un dolor crónico.

Por otro lado, también pueden desarrollarse abscesos (acumulaciones de pus) en las trompas, ovarios o pelvis. Si la administración de antibióticos no elimina los abscesos, se debe recurrir al drenaje (vaciado) quirúrgico. Si un absceso se rompe (se vierte el pus dentro de la cavidad pélvica) el dolor de la parte inferior del abdomen se hace muy intenso y se acompaña de náuseas, vómitos y presión arterial muy baja (shock). Esta clase de infección puede alcanzar a la circulación sanguínea (sepsis), situación que puede ser mortal. Un absceso perforado siempre requiere cirugía urgente.

Diagnóstico y tratamiento

El diagnóstico se sospecha a partir de los síntomas. La mujer siente un dolor considerable cuando el médico moviliza el cuello uterino o presiona las áreas circundantes durante un examen pélvico o cuando palpa el abdomen.

El recuento de glóbulos blancos es, con frecuencia, elevado. En general, se toman muestras del cuello uterino y, a veces, también del recto y de la garganta, con el fin de cultivarlas y examinarlas al microscopio para identificar al microrganismo causante de la infección. También se puede realizar una culdocentesis, un procedimiento por el cual se introduce una aguja dentro de la cavidad pélvica a través de la pared vaginal, con el fin de obtener una muestra de pus. Si existen dudas acerca del diagnóstico, puede examinarse el interior de la cavidad abdominal con un tubo de fibra óptica (laparoscopio).

El tratamiento consiste en la administración de antibióticos tan pronto se hayan extraído las muestras para su cultivo y estudio. Por lo general, la mujer es tratada en su domicilio, pero si la infección no mejora en 48 horas, debe ser hospitalizada. En el hospital, se administran dos o más antibióticos por vía intravenosa para eliminar la infección de la forma más completa y rápida posible. Cuanto más prolongada y grave sea la inflamación, mayor es el riesgo de infertilidad y de otras complicaciones.

Fibromas

Un fibroma es un tumor no canceroso compuesto de tejido muscular y fibroso que se forma en la pared uterina.

Los fibromas aparecen al menos en el 20 por ciento de todas las mujeres mayores de 35 años y son más frecuentes entre las mujeres de etnia negra que entre las de etnia blanca. El tamaño de los fibromas oscila desde microscópico hasta grandes como un melón. Su causa es desconocida, pero parecen depender de los niveles de estrógenos y, en general, crecen durante el embarazo y se reducen tras la menopausia.

Síntomas

Aunque los fibromas sean de gran tamaño, es posible que no provoquen ningún síntoma. Los síntomas dependen de su número, tamaño y localización en el útero, así como de su estado (es decir, si están creciendo o se están convirtiendo en malignos). Los síntomas pueden ser hemorragias menstruales intensas o prolongadas, aunque con menos frecuencia estas hemorragias pueden aparecer entre las menstruaciones. También pueden producir dolor, presión o sensación de pesadez en la zona pélvica durante la menstruación o entre períodos, necesidad de orinar con más frecuencia, hinchazón del abdomen y, en muy pocos casos, infertilidad por obstrucción de las trompas de Falopio o por distorsión de la cavidad uterina. La hemorragia menstrual puede ser copiosa, porque los fibromas hacen que aumente la superficie del revestimiento interno uterino y, por consiguiente, que la cantidad de tejido que se elimina durante la menstruación sea mayor. Si la hemorragia es intensa, puede aparecer anemia. Un fibroma que previamente no ha provocado ningún síntoma puede causar problemas durante el embarazo, como un aborto espontáneo, un parto prematuro o una hemorragia posparto (excesiva pérdida de sangre tras el alumbramiento).

Diagnóstico y tratamiento

El médico puede establecer el diagnóstico durante la exploración pélvica y lo confirma mediante una ecografía. Así mismo, puede realizarse una biopsia de endometrio (obtención de una muestra del revestimiento uterino para examinarlo al microscopio), una histeroscopia (examen del útero con un tubo de fibra óptica) y una prueba de Papanicolaou para asegurarse de que los síntomas no se deben a otros trastornos, como un cáncer de útero.

La mayoría de los fibromas no necesitan tratamiento, pero la mujer que los presenta tiene que ser examinada cada 6 o 12 meses. Si el fibroma aumenta de tamaño o provoca síntomas muy molestos puede ser necesaria su extirpación quirúrgica (miomectomía). En estos casos, se administran hormonas durante varios meses antes de la cirugía para reducir el tamaño del fibroma. En general, se tiende a evitar la cirugía durante el embarazo porque puede provocar un aborto espontáneo y una gran pérdida de sangre. Puede que sea necesario extirpar todo el útero (histerectomía) cuando la hemorragia menstrual es muy copiosa, si aparecen síntomas por compresión o dolor intenso, si el fibroma crece con rapidez, sufre torsión o se infecta.

Trastornos menstruales

Los trastornos menstruales más frecuentes son el síndrome premenstrual (SPM) y el dolor que aparece durante la menstruación (dismenorrea). Un conjunto de interacciones hormonales (que se caracterizan por una extrema complejidad) controlan el comienzo de la menstruación durante la pubertad, los ritmos y duración de los ciclos mientras la mujer es fértil y el fin de la menstruación en la menopausia. El control hormonal de la menstruación comienza en el hipotálamo (la parte del cerebro que coordina y controla la actividad hormonal) y la glándula hipófisis, localizada en la base del cerebro y, finalmente, es determinado por los ovarios. Las hormonas secretadas por otras glándulas, como las suprarrenales, también afectan a la menstruación.

Problema Término médico
Varios son los síntomas físicos y psicológicos que surgen antes al comienzo de un periodo. Síndrome premenstrual (SPM)
Dolor durante la menstruación. Dismenorrea
Ausencia de menstruación. Amenorrea
La menstruación nunca ha aparecido. Amenorrea primaria
La menstruación se interrumpe Amenorrea secundaria
La menstruación es demasiado extensa e intensa. Menorragia
La menstruación inusualmente ligera. Hipomenorrea
La menstruación demasiado frecuente. Polimenorrea
La menstruación demasiado poco frecuente. Oligomenorra
Se producen hemorragias entre las menstruaciones o sin relación con ellas Metrorragia
La hemorragia es profusa y totalmente irregular en frecuencia y duración. Menometrorragia
Aparición de hemorragia después de la menopausia Hemorragia posmenopáusica

Síndrome premenstrual

El síndrome premenstrual (SPM) (trastorno disfórico premenstrual, trastorno disfórico de la última fase luteínica) es una situación caracterizada por nerviosismo, irritabilidad, inestabilidad emocional, depresión, cefaleas, edema y dolorimiento en las mamas, que aparece entre 7 y 14 días antes del comienzo del período menstrual.

El síndrome premenstrual parece estar en relación con las fluctuaciones en los niveles de estrógenos y progesterona que se producen durante el ciclo menstrual. Los estrógenos producen retención de líquidos, lo que probablemente explica el aumento de peso, el edema, el dolor en las mamas y su aumento de volumen. Así mismo, otros cambios hormonales y metabólicos están involucrados en dicho síndrome.

Síntomas

El tipo e intensidad de los síntomas varían de mujer a mujer y de un mes a otro. El amplio abanico de síntomas físicos y psicológicos puede alterar temporalmente la vida de la mujer. Las mujeres epilépticas pueden tener más ataques de lo habitual y las que padecen una enfermedad del tejido conectivo, como el lupus eritomatoso sistémico o la artritis reumatoide, pueden sufrir episodios de enrojecimiento.

Por lo general, los síntomas aparecen una o dos semanas antes de la menstruación, duran entre pocas horas y 14 días y desaparecen cuando se inicia el flujo menstrual. En mujeres premenopáusicas, estos síntomas pueden persistir durante toda la menstruación y después de la misma. Cada mes, los síntomas del síndrome premenstrual a menudo se siguen de una menstruación dolorosa.

Síntomas del síndrome premenstrual

Cambios fisicos

  • Dolor de espalda.
  • Distensión.
  • Dolor e hinchazón de los senos.
  • Cambios en el apetito.
  • Estreñimiento.
  • Vértigo.
  • Desvanecimiento.
  • Dolores de cabeza.
  • Pesadez o presión en la zona pélvica.
  • Sofocos.
  • Insomnio.
  • Falta de energía.
  • Náuseas y vómitos.
  • Cansancio intenso
  • Problemas cutáneos, como acné y dermatitis con prurito localizado.
  • Hinchazón de tejidos o dolor en las articulaciones.
  • Aumento de peso.

Cambios de humor

  • Agitación.
  • Ira.
  • Depresión.
  • Irritabilidad.
  • Cambios de estado de ánimo.
  • Nerviosismo.

Cambios mentales

  • Confusión.
  • Dificultad para concentrarse.
  • Pérdida de memoria u olvidos.

Tratamiento

Las fluctuaciones en los valores de estrógenos y de progesterona en la sangre son menos marcadas si se administran anticonceptivos orales combinados, es decir, que contienen a la vez estrógenos y progesterona. La retención de líquidos y la distensión se alivian disminuyendo el consumo de sal y tomando un diurético suave, como la espironolactona, justo antes del momento en que se espera que comiencen los síntomas. Otros cambios en la dieta, como reducir la cantidad de azúcar, cafeína y alcohol, aumentar el consumo de hidratos de carbono y comer con más frecuencia, también pueden ser eficaces. Los suplementos dietéticos que contienen calcio y magnesio pueden resultar beneficiosos. La ingesta adicional de vitamina B, en especial B6 (piridoxina), puede reducir algunos síntomas, a pesar de que los beneficios de la vitamina B6 se han cuestionado recientemente y una dosis demasiado alta puede ser incluso perjudicial (dosis tan pequeñas como de 200 mg al día se han asociado a lesiones en los nervios). Los fármacos antiinflamatorios no esteroideos (AINE) alivian los dolores de cabeza, el dolor provocado por las contracciones uterinas y el dolor en las articulaciones.

La práctica de ejercicio y la reducción del estrés (utilizando ejercicios de meditación o relajación) pueden ser útiles para tratar el nerviosismo y la agitación. La fluoxetina puede mejorar la depresión y otros síntomas y la buspirona o el alprazolam, administrados durante un corto período de tiempo, pueden disminuir la irritabilidad y el nerviosismo y ayudan a reducir el estrés; sin embargo, el tratamiento con alprazolam puede crear dependencia del fármaco. En algunos casos puede pedirse a la paciente que anote sus síntomas en un diario para determinar la efectividad del tratamiento.

Dismenorrea

La dismenorrea es un dolor abdominal provocado por las contracciones uterinas, que se produce durante la menstruación.

Recibe el nombre de dismenorrea primaria cuando no se halla ninguna causa subyacente y dismenorrea secundaria cuando la causa es un trastorno ginecológico. La dismenorrea primaria es muy frecuente, y afecta a más del 50 por ciento de las mujeres; es grave en alrededor del 5 al 15 por ciento. Se inicia, por lo general, durante la adolescencia y puede ser tan intensa como para interferir en las actividades cotidianas de la mujer y, en consecuencia, causar absentismo escolar o laboral. La dismenorrea primaria tiende a disminuir de gravedad a medida que pasa el tiempo y después de un embarazo. La dismenorrea secundaria es menos frecuente y afecta a aproximadamente una cuarta parte de las mujeres.

Se cree que el dolor de la dismenorrea primaria es el resultado de las contracciones del útero al reducirse la cantidad de sangre que llega a su revestimiento interno (endometrio). El dolor sólo tiene lugar durante los ciclos menstruales en los que se libera un óvulo y puede empeorar cuando el endometrio que se desprende durante un período menstrual pasa por el cuello uterino, en particular cuando el canal cervical es estrecho, como sucede, por ejemplo, tras un tratamiento de determinados trastornos cervicales. Otros factores que pueden agravar el cuadro son una mala posición del útero (retroversión uterina), la falta de ejercicio y el estrés psicológico o social.

Una de las causas más frecuentes de dismenorrea secundaria es la endometriosis. También los fibromas y la adenomiosis (invasión benigna de la pared muscular del útero por parte de su revestimiento interno) pueden provocar este problema. La inflamación de las trompas de Falopio y las uniones fibrosas anormales (adherencias) entre órganos causan un dolor abdominal suave, vago, continuo o más grave, localizado y de corta duración. Cada uno de estos tipos de dolor empeora durante la menstruación.

Síntomas

La dismenorrea causa un dolor en la parte inferior del abdomen que se extiende hasta la parte inferior de la espalda o las piernas. El dolor puede consistir en calambres que aparecen y desaparecen o bien puede tratarse de una molestia sorda constante. Por lo general, comienza poco antes de la menstruación o durante la misma, alcanza su máximo después de 24 horas y al cabo de 2 días. A menudo la mujer tiene cefalea, naúseas, estreñimiento o diarrea y siente necesidad de orinar con frecuencia; en ocasiones, presenta vómitos. Los síntomas del síndrome premenstrual, como irritabilidad, nerviosismo, depresión e hinchazón abdominal, pueden persistir durante parte del tiempo que dura la menstruación o a lo largo de toda ella. A veces salen coágulos o porciones de tejido del revestimiento interno uterino, lo cual ocasiona dolor.

Tratamiento

En general el dolor se alivia eficazmente con fármacos antiinflamatorios no esteroideos, como el ibuprofeno, el naxopreno y el ácido mefenámico. Estos fármacos son más efectivos si comienza su administración 2 días antes de la menstruación y se sigue durante el primer o el segundo día del flujo menstrual. Las náuseas y los vómitos se alivian con un medicamento contra las náuseas (antiemético), pero estos síntomas suelen desaparecer sin tratamiento a medida que remiten las contracciones. Descansar lo suficiente, dormir y practicar ejercicios físicos con regularidad también puede ayudar a reducir los síntomas. Si el dolor continúa hasta el punto de interferir con la actividad normal, puede suprimirse la ovulación con anticonceptivos orales que contengan dosis bajas de estrógenos y progesterona o con medroxiprogesterona de acción prolongada. Si estos tratamientos son ineficaces, es posible que tengan que realizarse más pruebas adicionales, como una laparoscopia (un procedimiento en el que se utiliza un tubo de fibra óptica para examinar la cavidad abdominal).

El tratamiento de la dismenorrea secundaria depende de su causa. Si se trata de un canal cervical estrecho puede procederse a su dilatación quirúrgica, lo cual proporciona entre 3 y 6 meses de alivio. Cuando el tratamiento no da resultado y el dolor es muy intenso, la desconexión de los nervios que van al útero puede resultar beneficiosa; las complicaciones de este procedimiento incluyen lesiones en otros órganos pélvicos, como los uréteres. Por otro lado, también se puede recurrir a la hipnosis o a la acupuntura.

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