Lesiones oculares

La estructura de la cara y de los ojos tiene la finalidad de proteger los ojos de cualquier lesión. El globo ocular se encuentra en una cuenca rodeada de un borde óseo fuerte. Los párpados pueden cerrarse rápidamente para formar una barrera contra los cuerpos extraños y el ojo puede tolerar un impacto de la luz sin ser dañado. A pesar de ello, el ojo y las estructuras que lo rodean pueden resultar dañados por una herida, a veces tan gravemente que se pierde la visión y, en raras ocasiones, el ojo debe extirparse. La mayoría de las lesiones oculares son de menor importancia, pero debido al gran hematoma que producen, con frecuencia parecen peores de lo que son. Una lesión en el ojo debería ser examinada por un médico para determinar si se necesita un tratamiento y si la visión puede resultar afectada permanentemente.

Heridas por impacto

Un impacto brusco obliga a que el ojo retroceda dentro de su cavidad, dañándose probablemente las estructuras superficiales (el párpado, la conjuntiva, la esclerótica, la córnea y el cristalino) y las de la parte posterior del ojo (retina y nervios). Un impacto de esta magnitud puede romper incluso los huesos que rodean el ojo.

Síntomas

En las primeras 24 horas posteriores a una herida ocular, la sangre que se derrama bajo la piel que rodea el ojo generalmente produce un hematoma (contusión), comúnmente llamado ojo negro. Si un vaso sanguíneo de la superficie del ojo se rompe, dicha superficie se tornará roja. Esta hemorragia suele ser de menor importancia.

Las lesiones en la parte interna del ojo son generalmente más graves que el daño de su superficie. La hemorragia en la cámara frontal del ojo (hemorragia de la cámara anterior, hifema traumático) es potencialmente grave y requiere la atención de un médico oculista (oftalmólogo).

La hemorragia recurrente y la mayor presión dentro del ojo pueden derivar en una mancha de sangre en la córnea, que puede reducir la visión tanto como una catarata e incrementar el riesgo de glaucoma de por vida.

La sangre puede caer en la parte interna del ojo, el iris (la parte coloreada del ojo) puede desgarrarse o el cristalino puede resultar dislocado. La hemorragia puede tener lugar en la retina, que puede desprenderse de la superficie donde está pegada, en la parte posterior del ojo.

Inicialmente, el desprendimiento de retina puede crear imágenes de formas irregulares flotando o destellos luminosos y puede provocar una visión borrosa; más adelante la visión empeora mucho. En las lesiones graves, el globo ocular puede romperse.

Tratamiento

El hielo ayuda a reducir la hinchazón y a aliviar el dolor del ojo negro. Durante el segundo día, las compresas tibias pueden ayudar a que el cuerpo absorba el exceso de sangre que se ha acumulado. Si la piel que rodea el ojo o la del párpado se ha cortado (lacerado), es posible que haga falta poner puntos. Cuando sea posible, los puntos cercanos al extremo de los párpados deberían ser practicados por un cirujano ocular para asegurar que no se produzcan deformaciones que afecten el modo en que se cierran los párpados. Una lesión que afecte los conductos lagrimales debería ser reparada por un cirujano ocular.

En el caso de una laceración del ojo, pueden administrarse sedantes además de otros medicamentos que mantengan la pupila dilatada para evitar una infección. En general se usa una protección de metal para proteger el ojo de una lesión posterior. Una lesión grave puede desembocar en una pérdida parcial de la visión, incluso tras un tratamiento quirúrgico.

Cualquier paciente con hemorragia interna en el ojo provocada por un traumatismo deberá guardar reposo en cama.

Probablemente sea necesario suministrar una medicación que reduzca el aumento de la presión ocular, como por ejemplo la acetazolamida. A veces se administra una medicación adicional, el ácido aminocaproico, con el fin de reducir la hemorragia. Debe evitarse cualquier medicación que contenga aspirina, porque ésta puede incrementar la hemorragia interna del ojo. Las personas que tomen warfarina o heparina para evitar que su sangre se coagule o aspirina por cualquier motivo deberán comunicárselo al médico de inmediato. En raras ocasiones, la hemorragia recurrente requiere un drenaje quirúrgico, que debe efectuar un oftalmólogo.

Cuerpos extraños

Las lesiones oculares más comunes son las de la esclerótica, la córnea y el revestimiento de los párpados (la conjuntiva), provocadas por cuerpos extraños. A pesar de que la mayor parte de estas lesiones son de poca importancia, algunas (como la perforación de la córnea o el desarrollo de una infección a partir de un corte o un rasguño en la córnea) pueden ser graves.

Quizás la causa más común de lesiones superficiales son las lentes de contacto. Las lentes mal colocadas, utilizadas durante demasiado tiempo sobre los ojos, su utilización durante el sueño, una esterilización inadecuada, el hecho de retirarlas por la fuerza o de manera incorrecta, pueden arañar la superficie del ojo. Otras causas de lesiones superficiales son las partículas de vidrio, las que lleva el viento, las ramas de los árboles y los escombros cuando caen. En ciertas ocupaciones, los trabajadores suelen estar rodeados de pequeñas partículas que vuelan a su alrededor; estas personas deberían utilizar gafas protectoras.

Síntomas

Una herida en la superficie ocular generalmente provoca dolor y la sensación de que hay algo dentro del ojo. Así mismo puede producir sensibilidad a la luz, enrojecimiento, hemorragia de los vasos del ojo o hinchazón del ojo y del párpado. La visión puede tornarse borrosa.

Tratamiento

Los cuerpos extraños dentro del ojo deben ser extraídos. Unas gotas especiales que contienen un tinte fluorescente hacen más visible el objeto y revelan cualquier abrasión superficial. Pueden colocarse gotas anestésicas para adormecer la superficie del ojo. Posteriormente, utilizando un instrumento de iluminación especial para visualizar la superficie en detalle, el médico extrae el cuerpo extraño. En general dicho cuerpo extraño puede extraerse mediante una gasa de algodón estéril humedecida. En ocasiones es posible hacerlo salir con agua esterilizada.

Si el cuerpo extraño ha producido una pequeña abrasión superficial en la córnea, una pomada con antibiótico aplicada durante varios días puede ser todo el tratamiento necesario. Las abrasiones de la córnea más graves requieren un tratamiento adicional. Hay que mantener dilatada la pupila mediante ciertos medicamentos, se instila el antibiótico y luego se coloca un parche sobre el ojo para mantenerlo cerrado. Afortunadamente, las células superficiales del ojo se regeneran con rapidez. Bajo un parche, incluso las abrasiones graves suelen curarse en 1 a 3 días. Si el cuerpo extraño ha atravesado las capas más profundas del ojo, se debería consultar a un oftalmólogo de inmediato para aplicar un tratamiento de emergencia.

Quemaduras

La exposición a altas temperaturas o fuertes productos químicos hace que los párpados se cierren con rapidez en un acto reflejo para proteger los ojos de las quemaduras. Por consiguiente, sólo los párpados pueden resultar quemados, si bien un calor extremo también puede quemar el ojo. La gravedad de la lesión, el grado de dolor y el aspecto de los párpados dependen de la profundidad de la quemadura.

Las quemaduras químicas pueden tener lugar cuando una sustancia irritante entra en el ojo. Inclusive las sustancias ligeramente irritantes pueden provocar un dolor intenso y daño en el ojo. Como el dolor es tan grande, se tiende a tener los párpados cerrados, con lo cual la sustancia queda en contacto con el ojo durante un tiempo prolongado.

Tratamiento

Para tratar las quemaduras sobre los párpados, el especialista lava el área con una solución estéril y a continuación aplica una pomada con antibiótico o una banda de gasa saturada de gelatina de petróleo. El área tratada se cubre con vendas estériles sujetas con apósitos plásticos para permitir que la quemadura sane.

La quemadura química ocular se trata lavando inmediatamente el ojo abierto con agua. Este tratamiento debe ponerse en práctica incluso antes de que llegue el personal médico capacitado. Aunque una persona pueda tener dificultades para mantener el ojo herido abierto durante este tiempo por el dolor que causa el lavado, es fundamental eliminar el producto químico lo antes posible. El médico puede comenzar el tratamiento instilando gotas de anestesia y una medicación para mantener la pupila dilatada. Los antibióticos en general se usan en forma de pomada. También puede ser necesario recurrir a los analgésicos orales. Las quemaduras graves pueden requerir tratamiento por un oftalmólogo para preservar la visión y evitar complicaciones mayores, como una lesión en el iris, la perforación del ojo y la deformación de los párpados. Sin embargo, incluso con el mejor tratamiento, las quemaduras graves de la córnea pueden derivar en la formación de una costra, perforación del ojo y ceguera.

El contenido que se proporciona en esta página web es información general. En ningún caso debe sustituir ni la consulta, ni el tratamiento, ni las recomendaciones de tu médico.
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