Embarazo

El embarazo es todo el período en que la mujer tiene un feto en el cuerpo, desde la concepción hasta el parto.

Concepción

La concepción (fertilización) o comienzo del embarazo es el momento en que un óvulo es fecundado por un espermatozoide.

En el ciclo menstrual normal se libera un óvulo de uno de los ovarios alrededor del día 14 antes de la siguiente menstruación. La liberación del óvulo se denomina ovulación. El óvulo alcanza el extremo en forma de embudo de una de las trompas de Falopio, donde se puede producir la fecundación, y es transportado hasta el útero. Si no es fecundado, el óvulo degenera y se elimina a través del útero en el siguiente período menstrual. Si, por el contrario, un espermatozoide consigue penetrar en el óvulo y lo fecunda, éste comienza a convertirse en embrión mediante una serie de divisiones celulares.

Si se liberan y fecundan más de dos óvulos, se produce un embarazo múltiple (en general, de dos fetos) y en este caso se habla de mellizos. Los gemelos idénticos son el resultado de la separación de un óvulo ya fecundado, en dos células independientes la primera vez que se divide.

Del óvulo al embrión

Del óvulo al embrión
Una vez al mes, un óvulo se desprende del ovario y entra en un oviducto de la trompa de Falopio. Después del coito, el esperma se mueve desde la vagina a través del cuello uterino y el útero hasta la trompa de Falopio, donde un espermatozoide fecunda al óvulo. El óvulo fecundado (cigoto) se divide en repetidas ocasiones mientras se desplaza para llegar al útero. Primero, el cigoto se convierte en una sólida bola de células, luego en una esfera hueca formada por células llamada blastocisto. Dentro del útero, el blastocisto se implanta en la pared uterina y se transforma en el embrión y la placenta.

Durante la ovulación, la mucosidad cervical (el cérvix es la parte inferior del útero que se abre dentro de la vagina) se vuelve más fluida para permitir que el esperma

llegue al útero rápidamente. El espermatozoide emigra desde la vagina hasta el extremo en forma de embudo de la trompa de Falopio (el punto donde normalmente se produce la concepción) en 5 minutos. Las células que revisten por dentro la trompa de Falopio facilitan la fecundación y el subsiguiente desarrollo del óvulo fecundado (cigoto).

El cigoto se divide repetidamente mientras se desplaza por la trompa y alcanza el útero, donde llega en 3 a 5 días. Ya dentro del útero, se convierte en un blastocisto, un pelotón de células que rodea una cavidad central.

Implantación y desarrollo de la placenta

La implantación es la unión e inserción del blastocisto a la pared del útero.

El blastocisto habitualmente se implanta cerca del fondo del útero, ya sea en la pared anterior como en la posterior. La pared del blastocisto tiene el espesor de una célula excepto en un área en la que tiene de tres a cuatro células. Las células internas de la parte más gruesa de la pared del blastocisto se convierten en el embrión, mientras que las externas penetran en la pared uterina para formar la placenta. La placenta produce hormonas que ayudan a mantener la gestación y permite el intercambio de oxígeno, nutrientes y productos de desecho entre la madre y el feto. La implantación comienza entre 5 y 8 días después de la fecundación y se completa en 9 o 10 días.

La pared del blastocisto se convierte en la capa externa de las membranas (corion) que rodean al embrión. Una capa interna de membranas (amnios) se desarrolla entre los días 10 y 12 y forman el saco amniótico. Éste se llena de un líquido claro (líquido amniótico) y se extiende para envolver el embrión en desarrollo, que flota en su interior.

Por otro lado, las diminutas prolongaciones (vellosidades) de la placenta en desarrollo se extienden hasta la pared del útero y se ramifican hasta formar un complicado patrón arborescente. Esta ramificación aumenta en gran medida el área de contacto entre la madre y la placenta y permite el tránsito de más nutrientes de la madre al feto y de los productos de desecho del feto a la madre. La placenta está completamente formada entre las semanas 18ª y 20ª, pero sigue creciendo durante todo el embarazo; en el momento del parto, alcanza el medio kilogramo de peso.

Placenta y embrión a las 8 semanas
La placenta en desarrollo forma diminutas vellosidades que se extienden dentro de la pared uterina. Los vasos sanguíneos del embrión, que pasan por el cordón umbilical, se desarrollan en estas vellosidades. Una delgada membrana separa la sangre del embrión que se encuentra en las vellosidades de la sangre de la madre que fluye por el espacio que las rodea (espacio intervelloso). Esta disposición permite el intercambio de materiales entre la sangre de la madre y la del embrión.
El embrión está suspendido en un fluido (líquido amniótico), que se almacena en un saco (saco amniótico). El líquido amniótico proporciona un espacio en el que el embrión puede crecer libremente y además lo protege de las lesiones.

Placenta y embrión a las 8 semanas

Desarrollo del embrión

El embrión se reconoce por primera vez dentro del blastocisto alrededor de 10 días después de la fertilización. Poco después, la zona que se convertirá en el cerebro y la médula espinal (cresta neural) comienza a desarrollarse y el corazón y los principales vasos sanguíneos lo hacen alrededor del día 16 o 17. El corazón comienza a bombear un líquido por los vasos sanguíneos hacia el día 20 y los primeros glóbulos rojos aparecen al día siguiente. A continuación, los vasos sanguíneos se desarrollan en todo el embrión y en la placenta. La formación de los órganos se completa a las 12 semanas de embarazo (cerca de 10 semanas después de la fecundación), excepto el cerebro y la médula espinal, que continúan madurando durante todo el embarazo. La mayoría de las malformaciones tienen lugar durante las primeras 12 semanas de embarazo, ya que es el período en que se forman los órganos, y por tanto el embrión, es más vulnerable a los efectos de los fármacos o de los virus, como el que causa la rubéola. En consecuencia, una mujer embarazada no debería someterse a ninguna inmunización (vacuna) ni tomar fármacos durante las primeras 12 semanas de embarazo a menos que sea absolutamente esencial para proteger su salud. Así mismo, los fármacos que se sabe que causan malformaciones deben ser especialmente evitados durante este período.

Al principio, el embrión en desarrollo se sitúa bajo el revestimiento interior del útero (endometrio) a un lado de la cavidad uterina, pero a las 12 semanas el feto (término que se emplea tras 8 semanas de embarazo) ha crecido tanto que ocupa por completo este órgano y los revestimientos de ambos lados del útero llegan a entrar en contacto.

Cómo establecer la duración del embarazo

El embarazo se calcula convencionalmente en semanas, empezando a partir del primer día de la última menstruación. Debido a que la ovulación ocurre alrededor de las 2 semanas posteriores al inicio de la menstruación y que la fertilización se produce poco después de la ovulación, el embrión es unas 2 semanas más joven que el número de semanas que se asignan al embarazo. Por ejemplo, en una mujer que está “embarazada de 4 semanas” el embrión tiene 2 semanas. Si el ciclo menstrual es irregular, la diferencia real puede ser superior o inferior a las 2 semanas. Desde un punto de vista práctico, cuando la menstruación se retrasa 2 semanas, se considera que la gestación es de 6 semanas.

El embarazo dura un promedio de 266 días (38 semanas) desde el día de la concepción o 280 días (40 semanas) desde el primer día de la última menstruación. La fecha aproximada del parto se calcula restando 3 meses desde el primer día del último período menstrual y agregándole 1 año y 7 días. Sólo el 10 por ciento o menos de las mujeres embarazadas dan a luz en la fecha estimada, pero el 50 por ciento lo hace con un margen de 1 semana y casi el 90 por ciento 2 semanas (antes o después de fecha). Por consiguiente, un parto que se produzca 2 semanas antes o después de la fecha calculada se considera normal.

El embarazo se divide en tres períodos de 3 meses, llamados primer trimestre (semanas 1 a 12), segundo trimestre (semanas 13 a 24) y tercer trimestre (semana 25 hasta el parto).

Detección del embarazo

Si una mujer que, por lo general, tiene menstruaciones regulares sufre un retraso de una semana o más, puede estar embarazada. En los primeros meses del embarazo, la mujer puede experimentar hinchazón de mamas, náuseas y vómitos ocasionales. La hinchazón de mamas se debe a los valores elevados de hormonas femeninas (sobre todo, de estrógenos, pero también de progesterona). Las náuseas y los vómitos pueden estar causados por los estrógenos y la gonadotropina coriónica humana (HCG). Estas dos hormonas, que actúan durante el embarazo, son generadas por la placenta a partir de unos 10 días después de la fecundación. Al comienzo del embarazo, muchas mujeres se sienten cansadas y algunas experimentan hinchazón abdominal.

Si una mujer está embarazada, el cuello uterino es más blando de lo habitual y el útero se encuentra irregularmente agrandado y blando. Por lo general, la vagina y el cuello uterino adoptan un color entre azulado y púrpura, probablemente debido a que están congestionados por la sangre. La exploración ginecológica permite observar estos cambios.

Habitualmente, se puede determinar si una mujer está embarazada mediante una prueba de embarazo de sangre u orina. Un test ELISA de embarazo (enzimoinmunoanálisis) puede detectar incluso valores muy bajos de gonadotropina coriónica humana en la orina de una forma rápida y fácil. Algunas de las pruebas de embarazo de mayor sensibilidad que usan este método pueden detectar concentraciones casi inapreciables de gonadotropina coriónica humana como las que aparecen alrededor de una semana y media después de la fecundación, y los resultados se obtienen en media hora. Otras pruebas incluso de mayor sensibilidad, que también detectan esta hormona, pueden determinar si una mujer está embarazada pocos días después de la fecundación (antes de la primera falta de menstruación). Durante los primeros 60 días de un embarazo normal con un feto, los niveles de gonadotropina coriónica humana se duplican cada 2 días aproximadamente.

El útero aumenta de tamaño durante el embarazo. A las 12 semanas, supera la pelvis y llega al abdomen y, por lo general, se puede palpar en la parte inferior del abdomen. A medida que crece, alcanza la altura del ombligo a las 20 semanas y el extremo inferior de la caja torácica hacia las 36 semanas.

Otras formas de detectar un embarazo son las siguientes:

  • La auscultación de la frecuencia cardíaca del feto con un fonendoscopio especial o mediante una ecografía Doppler. La frecuencia cardíaca puede detectarse ya entre las 18 y las 20 semanas de embarazo con este fonendoscopio y, entre las 12 y 14 semanas, con un aparato Doppler.
  • La percepción de movimientos del feto. La madre siempre siente los movimientos antes de que lo haga el médico, en general entre las semanas 16 y 20 del embarazo. Las mujeres que ya han estado embarazadas con anterioridad habitualmente perciben los movimientos antes que las mujeres primíparas.
  • La constatación del crecimiento uterino con una ecografía. El mayor volumen del útero se aprecia aproximadamente en la sexta semana. El latido del corazón puede verse a las 6 semanas y se percibe claramente a las 8 semanas en más del 95 por ciento de los embarazos.

Cambios fisiológicos durante el embarazo

El embarazo provoca muchos cambios en todo el cuerpo, la mayoría de los cuales desaparecen después del parto.

Corazón y circulación

Durante el embarazo, la cantidad de sangre bombeada por el corazón cada minuto (gasto cardíaco o volumen minuto) se incrementa del 30 al 50 por ciento. Este aumento se inicia aproximadamente en la sexta semana y llega a su punto máximo entre las semanas 16 y 28, por lo general, la semana 24. A medida que aumenta el bombeo del corazón, la frecuencia cardíaca en reposo se acelera desde las 70 pulsaciones por minuto normales a las 80 o 90 pulsaciones por minuto. Después de 30 semanas, puede disminuir ligeramente debido a que el crecimiento del útero presiona las venas que retornan la sangre desde las piernas hasta el corazón. Durante el parto, sin embargo, el bombeo del corazón aumenta un 30 por ciento más y, tras el parto, disminuye con rapidez al principio, hasta llegar de un 15 a un 25 por ciento por encima del nivel anterior a la gestación y luego más lentamente hasta que vuelve al nivel normal previo al embarazo (unas 6 semanas después del parto).

La elevación del bombeo del corazón durante el embarazo probablemente se debe a los cambios que se producen en el suministro de sangre al útero. A medida que el feto crece, más sangre llega al útero de la madre. Al final del embarazo, el útero recibe una quinta parte de todo el volumen sanguíneo de la madre.

Durante la realización de un ejercicio físico, el bombeo del corazón, la frecuencia cardíaca y el consumo de oxígeno aumentan más en las mujeres embarazadas que en las que no lo están. Además, las radiografías y los electrocardiogramas ponen de manifiesto determinados cambios en el corazón y pueden aparecer soplos e irregularidades del ritmo cardíaco. Todos estos cambios son normales durante el embarazo, pero algunas anomalías del ritmo cardíaco pueden requerir tratamiento.

La presión arterial suele disminuir durante el segundo trimestre, pero puede volver a los niveles normales en el tercero.

El volumen de sangre se incrementa en un 50 por ciento durante el embarazo, pero el número de glóbulos rojos, que son las células encargadas de transportar el oxígeno a todo el organismo, sólo aumenta entre un 25 y un 30 por ciento. Por motivos desconocidos, el número de glóbulos blancos, que son las celulas que combaten las infecciones, aumenta ligeramente durante el embarazo y, de forma notoria, durante el parto y los días inmediatos posteriores al mismo.

Riñones

Al igual que la del corazón, la actividad de los riñones aumenta en gran medida durante todo el embarazo. Los riñones tienen que filtrar un volumen de sangre cada vez mayor (entre un 30 y un 50 por ciento más), hasta alcanzar un máximo entre las semanas 16 y 24 que se mantiene hasta antes del parto, momento en que la presión ejercida por el útero agrandado puede disminuir ligeramente la llegada de sangre a los riñones.

La actividad renal normalmente aumenta cuando una persona se recuesta en posición horizontal y se reduce cuando está de pie. Esta diferencia se acentúa durante el embarazo (ello justifica, en parte, que la mujer embarazada sienta la necesidad de orinar cuando intenta dormir). En el último trimestre del embarazo, el incremento de la actividad renal es aún mayor cuando se acuesta de lado. En esta posición, la presión que ejerce el útero sobre las venas que irrigan la sangre de las piernas disminuye y, por tanto, aumenta el flujo de la sangre y se incrementa la actividad de los riñones y el bombeo del corazón.

Pulmones

Durante el embarazo, el espacio que ocupa progresivamente el útero y la mayor producción hormonal de progesterona provoca cambios en el funcionamiento de los pulmones. Una mujer embarazada respira más rápida y profundamente porque necesita más oxígeno para ella y para el feto. El diámetro torácico de la mujer aumenta ligeramente. El revestimiento interno del aparato respiratorio recibe más sangre y se produce cierto grado de congestión. En algunas ocasiones, la nariz y la garganta se obstruyen de forma parcial debido a esta congestión y, por ello, la mujer nota en ciertos momentos la nariz tapada y bloqueadas las trompas de Eustaquio (que son los tubos que conectan el oído medio con la parte posterior de la nariz). El tono y la calidad de la voz pueden cambiar de modo sutil. Prácticamente todas las mujeres embarazadas tienen sensación de ahogo cuando realizan algún esfuerzo, en especial hacia el final del embarazo.

Sistema digestivo

A medida que avanza el embarazo, la presión que ejerce el útero sobre el recto y la parte inferior del intestino puede causar estreñimiento. Tal estreñimiento puede agravarse porque las contracciones musculares involuntarias que se producen en el intestino para desplazar los alimentos se vuelven más lentas debido a los altos valores de progesterona presentes durante el embarazo. Con frecuencia aparecen acidez y eructos, posiblemente debido a que los alimentos permanecen en el estómago más tiempo y porque el esfínter (un músculo con forma de anillo que se encuentra en el extremo inferior del esófago) tiende a relajarse, permitiendo el reflujo del contenido del estómago hacia el esófago. En cambio, las úlceras de estómago son poco frecuentes durante el embarazo y a menudo las preexistentes mejoran porque el estómago produce menos ácido.

El riesgo de sufrir una enfermedad de la vesícula biliar aumenta. Las mujeres que han estado embarazadas tienen más problemas de vesícula biliar que las que nunca lo han estado, incluso después de muchos años.

Piel

La máscara del embarazo (cloasma) consiste en una serie de manchas pigmentadas, de color marrón, que pueden aparecer sobre la piel de la frente y de las mejillas. La pigmentación también puede aumentar en la piel que rodea los pezones (aréola). A menudo aparece una línea oscura en la mitad del abdomen.

En la piel, por encima de la cintura pueden aparecer pequeños vasos sanguíneos en forma de araña (arañas vasculares), así como unos capilares dilatados de pared delgada, sobre todo en la parte inferior de las piernas.

Hormonas

El embarazo modifica la función de prácticamente todas las glándulas del organismo. La placenta produce varias hormonas necesarias para el mantenimiento del embarazo. La principal hormona que produce la placenta, la gonadotropina coriónica humana, evita que los ovarios liberen óvulos y los estimula a producir continuamente valores altos de estrógenos y progesterona, que son necesarios para que la gestación siga su curso. La placenta también produce una hormona que estimula la actividad de la glándula tiroides. Una glándula tiroides más activa a menudo acelera la frecuencia cardíaca y provoca palpitaciones, sudación excesiva e inestabilidad emocional, y también puede aumentar de tamaño. Sin embargo, una verdadera hiperfunción tiroidea como la que sucede en el trastorno denominado hipertiroidismo se constata en menos del uno por ciento de los embarazos.

La placenta también produce una hormona estimulante de los melanocitos que oscurece la piel, y puede producir otra hormona que aumenta los niveles de hormonas suprarrenales en la sangre. El incremento de estos niveles de hormonas suprarrenales, problablemente, es la causa de que en ocasiones aparezcan unas estrías rosadas en el abdomen.

Durante el embarazo, se necesita más insulina que la que proporciona el páncreas; de ahí que en una mujer embarazada con diabetes, esta enfermedad pueda empeorar. Además, la diabetes puede comenzar durante el embarazo, un trastorno conocido como diabetes gestacional.

Cuidados prenatales

Preferentemente, la mujer debería consultar a su médico antes de quedar embarazada, con el fin de conocer su estado de salud e informarse de los peligros de consumir tabaco, alcohol y otras sustancias durante el embarazo. En esta visita también pueden tratarse aspectos acerca de la dieta y de determinados problemas médicos o sociales.

Es particularmente importante hacerse un examen entre las 6 y 8 semanas de embarazo (cuando la menstruación se retrasa de 2 a 4 semanas) con el fin de estimar la duración del embarazo y poder predecir así la fecha del parto con la mayor precisión posible.

La primera visita durante el embarazo es casi siempre muy exhaustiva. Se determina el peso, la altura y la presión arterial. También se examinan el cuello, la glándula tiroides, las mamas, el abdomen, los brazos y las piernas; el corazón y los pulmones se examinan con un fonendoscopio y se observa el fondo de los ojos con un oftalmoscopio. La revisión incluye una exploración rectal y ginecológica, en la que se comprueba el tamaño y la posición del útero, así como cualquier anomalía en la pelvis, como una deformación secundaria a una fractura. La determinación de las dimensiones de la pelvis es útil para conocer con anticipación el grado de dificultad que generará el paso del bebé por la misma en el momento del parto.

Por otro lado, se toma una muestra de sangre para hacer un recuento completo de células sanguíneas, pruebas para la sífilis, hepatitis, gonorrea, infección por clamidias y otras enfermedades de transmisión sexual, y pruebas para determinar el grupo sanguíneo y la existencia de anticuerpos anti-Rh. Es recomendable realizar una prueba para la detección del virus de inmunodeficiencia humana (VIH). La muestra también se analiza para detectar una exposición previa a la rubéola.

Ecografía: visualización del feto
En la ecografía se coloca un transductor (un dispositivo que produce ondas sonoras) sobre el abdomen de la mujer. Las ondas sonoras penetran en el cuerpo, reflejan las estructuras internas y se convierten en impulsos eléctricos, que, procesados, dan una imagen en un monitor.

Ecografía

En la mujer también se realizan, de forma periódica, numerosas pruebas de orina y la prueba de Papanicolaou (Pap) para detectar cáncer cervical. A las mujeres de etnia negra y las de origen mediterráneo se les practican análisis para detectar drepanocitosis o algún rasgo de drepanocitosis. Si una mujer tiene un riesgo elevado de concebir un feto con una anomalía genética, se realizan pruebas de detección genéticas. Se recomienda realizar pruebas frente a la tuberculosis en las mujeres de Asia, Latinoamérica y en muchas zonas urbanas, donde el riesgo de desarrollar la enfermedad es mayor de lo normal. La práctica de una radiografía sólo está indicada cuando la mujer padece un trastorno cardíaco o pulmonar; de lo contrario, debe evitarse la exposición a los rayos X, en especial durante las primeras 12 semanas de embarazo, porque el feto es muy sensible a los efectos perjudiciales de la radiación. Si es necesario realizar una radiografía, debe protegerse el feto colocando un delantal de plomo sobre la parte inferior del abdomen de la mujer para que el útero quede a cubierto.

En las mujeres con antecedentes de recién nacidos de mucho peso, abortos inexplicables, presencia de azúcar en la orina o historia familiar de diabetes debe practicarse un análisis para detectar diabetes a partir de las 12 semanas de embarazo. A las 28 semanas, este analisis debería practicarse a todas las gestantes.

Entre las 16 y las 18 semanas, pueden medirse los niveles de alfafetoproteína en la sangre, una proteína producida por el feto. Los valores altos indican que el feto puede tener una espina bífida o que haya más de un feto. Un valor alto también puede significar que la fecha de la concepción se calculó erróneamente. Si los niveles son bajos, es posible que el feto tenga anomalías cromosómicas.

La ecografía es la técnica de visualización más segura. Con esta técnica el embarazo puede detectarse por primera vez en la cuarta o quinta semana después de la ovulación y puede seguirse el crecimiento fetal hasta el nacimiento del bebé. La ecografía da imágenes de alta calidad e incluso pueden verse escenas del feto en movimiento, lo cual proporciona información útil al médico y a la vez es estimulante para la madre. Muchos médicos recomiendan realizar al menos una ecografía durante un embarazo para asegurarse de que su curso es normal y para verificar la fecha estimada del nacimiento.

Antes de realizar una ecografía abdominal, sobre todo al comienzo del embarazo, la mujer debe beber gran cantidad de agua, ya que una vejiga llena empuja al útero hacia la pelvis y ello permite obtener una imagen más nítida del feto. Si se realiza una ecografía transvaginal, la vejiga no necesita estar llena y además puede detectar un embarazo incluso antes que la ecografía abdominal.

Si una mujer y su médico no consiguen determinar la fecha de la concepción, la ecografía es el modo más preciso de establecerla. A este respecto, la determinación de la fecha resulta mucho más precisa si se efectúa durante las primeras 12 semanas del embarazo y luego se repite a las 18 o 20 semanas.

La ecografía puede determinar si el ritmo de crecimiento del feto es normal. También se usa para registrar el latido cardíaco del feto o los movimientos respiratorios, para detectar embarazos múltiples y para identificar varias anomalías, como la incorrecta colocación de la placenta (placenta previa) o una posición anormal del feto. La ecografía ayuda a orientar la dirección de la aguja cuando se desea obtener una muestra de líquido amniótico (amniocentesis) para realizar estudios genéticos o de madurez pulmonar y cuando debe efectuarse una transfusión de sangre al feto.

Hacia el final del embarazo, la ecografía permite identificar un parto antes de término (pretérmino) o confirmar la rotura precoz de membranas, que se produce cuando éstas, que están llenas de líquido, con el feto en su interior, se rompen antes del inicio del parto. Por último, la ecografía puede proporcionar información útil para decidir si es necesario practicar una cesárea.

Después de la primera revisión, una mujer embarazada debería efectuar visitas de seguimiento cada 4 semanas hasta la semana 32 de embarazo, luego cada 2 semanas hasta la 36 y, por último, una vez a la semana hasta el parto. En cada visita, se registran el peso y la presión arterial de la mujer, así como el tamaño y la forma del útero para determinar si el crecimiento y el desarrollo del feto son normales. Se toma una pequeña muestra de orina para determinar la presencia de azúcar y proteínas. El hallazgo de azúcar puede indicar diabetes y el de proteínas puede indicar la existencia de una preeclampsia (presión arterial elevada, proteínas en la orina y retención de líquidos durante el embarazo). También se examinan los tobillos para comprobar si se hinchan.

Si la madre posee un Rh-negativo, se comprueba la presencia de anticuerpos anti-Rh; si la madre es Rh-negativo y el padre Rh-positivo, el feto puede tener sangre Rh-positivo. Si la sangre Rh-positivo del feto entra en la circulación sanguínea de la madre en algún momento del embarazo, ésta puede producir anticuerpos anti-Rh que, al pasar al feto, pueden destruir sus glóbulos rojos y provocar ictericia, lesión cerebral o incluso su muerte.

Una mujer de constitución normal debería aumentar aproximadamente un total de 12 a 15 kilogramos durante el embarazo (es decir, alrededor de 1 a 1,5 kg al mes). Aumentar más de 15 a 17,5 kilogramos produce un aumento del tejido adiposo tanto en el feto como en la madre. Debido a que al final del embarazo resulta más difícil controlar el aumento de peso, la mujer debería evitar este incremento durante los primeros meses. Sin embargo, si una mujer aumenta muy poco de peso puede significar un mal presagio, en especial si el total del peso ganado es inferior a 5 kilogramos, ya que puede indicar que el feto no crece lo bastante rápido (una situación que se denomina retraso del desarrollo fetal).

En ocasiones, el aumento de peso se debe a una retención de líquidos por una mala circulación sanguínea en las piernas cuando la mujer está de pie. Por lo general, este problema se alivia recostándose de lado (preferiblemente el izquierdo) durante 30 a 45 minutos dos o tres veces al día.

Durante el embarazo, la mayoría de mujeres debería agregar 250 calorías a su dieta diaria para nutrir al feto en desarrollo. A pesar de que la mayoría de estas calorías debería provenir de proteínas, la dieta debe ser equilibrada e incluir frutas frescas, cereales y verduras. A este fin, los cereales de alto contenido en fibra y sin azúcar son excelentes. La sal, sobre todo yodada, puede utilizarse con moderación, pero deben evitarse los alimentos excesivamente salados o que contengan conservantes. No es recomendable seguir una dieta para bajar de peso durante el embarazo, incluso para las mujeres obesas, ya que reduce el aporte de nutrientes al feto y es esencial aumentar un poco de peso para que el desarrollo sea correcto. A pesar de que, normalmente, el feto tiene preferencia a la hora de recibir los nutrientes, la madre debería asegurarse de que éstos sean los adecuados.

Síntomas que se deben comunicar de inmediato al médico

  • Cefaleas persistentes.
  • Náuseas y vómitos persistentes.
  • Vértigo.
  • Trastornos visuales.
  • Dolor o calambres en la parte inferior del abdomen.
  • Contracciones.
  • Hemorragia vaginal.
  • Pérdida de líquido amniótico (romper aguas).
  • Hinchazón de manos o pies.
  • Aumento o disminución en la producción de orina.
  • Cualquier enfermedad o infección.

Por lo general, no se recomienda la administración de fármacos. La mujer embarazada no debería tomar ningún fármaco, incluyendo los que no precisan receta (de venta libre), como el ácido acetilsalicílico, sin consultar primero con su médico, en particular, durante los primeros tres meses. La demanda de hierro aumenta en gran medida durante el embarazo para satisfacer las necesidades del feto y de la madre. Habitualmente, la mayoría de las mujeres necesita tomar suplementos de hierro (en especial las que padecen anemia) porque, en general, las mujeres no absorben suficiente cantidad de hierro de los alimentos para satisfacer las demandas del embarazo, aun cuando éste se sume al almacenado en el organismo. En ocasiones, los suplementos de hierro causan un ligero malestar en el estómago y estreñimiento. Por otra parte, hay que tener en cuenta que la demanda de hierro aumenta aún más durante la segunda mitad del embarazo. Si la dieta es adecuada, quizás no haga falta contar con otros suplementos ni vitaminas, a pesar de que es recomendable la administración diaria de una vitamina que contenga hierro y ácido fólico.

Las náuseas y los vómitos se alivian realizando cambios en la dieta, como beber y comer pequeñas cantidades con frecuencia, comer antes de tener hambre e ingerir alimentos suaves (por ejemplo, caldo, consomé, arroz y pasta) en lugar de platos fuertes y muy condimentados. Comer galletas y tomar una bebida carbonatada también sirve de alivio para las náuseas. Por ello, tener siempre galletas junto a la cama y comer una o dos antes de levantarse es una buena solución para las náuseas matinales. En la actualidad, no se aconseja la administración de ningún fármaco para tratar las náuseas. Si las náuseas y los vómitos son tan intensos o persistentes que la mujer se deshidrata, pierde peso o presenta cualquier otro problema, puede que deba ser hospitalizada temporalmente y que tenga que recibir líquidos por vía intravenosa.

La hinchazón (edema) es muy frecuente, sobre todo en las piernas. También es frecuente que aparezcan varices en las piernas y en la zona que rodea el orificio vaginal (vulva), que pueden ser molestas; de ahí que las prendas de vestir deban ser amplias alrededor de la cintura y las piernas. Así mismo, usar medias elásticas o reposar con frecuencia con las piernas en alto, preferiblemente echada sobre el lado izquierdo, suele reducir el edema.

Las hemorroides (dilatación varicosa) son otro problema frecuente y pueden tratarse con laxantes, un gel anestésico o con baños de agua templada cuando son dolorosas.

Con frecuencia aparece dolor de espalda de intensidad variable. En estos casos, puede resultar de gran ayuda evitar los esfuerzos excesivos de la espalda y usar una faja de maternidad. En ocasiones, hay dolor en el hueso del pubis (sínfisis púbica) que se localiza en la parte inferior del abdomen.

La acidez, generalmente por el reflujo de contenido del estómago hacia el esófago, puede mejorar haciendo comidas menos copiosas, evitando recostarse o echarse de forma completamente plana, al menos durante varias horas después de comer, y tomando antiácidos (excepto bicarbonato de sodio).

La fatiga es frecuente, sobre todo en las primeras 12 semanas y, de nuevo, al final del embarazo.

También es característico un aumento del flujo vaginal, que, en general, es normal. La tricomoniasis (una infección por protozoos) y la candidiasis (una infección por hongos) son infecciones vaginales frecuentes durante el embarazo que pueden tratarse fácilmente. La vaginosis bacteriana, una infección de origen bacteriano, puede producir un adelantamiento del parto y, en consecuencia, debe ser tratada de inmediato.

Así mismo, puede aparecer apetencia, o sea, la necesidad imperiosa de comer alimentos extraños o sustancias no comestibles, como almidón o arcilla. Ello quizá puede representar una necesidad nutricional subconsciente. En ocasiones, el exceso de salivación puede causar algunas molestias.

A menudo, las mujeres embarazadas se preocupan por moderar sus actividades; no obstante, la mayoría puede continuar sin ningún cambio y realizando sus ejercicios habituales durante el embarazo. La natación y otros deportes que no requieren grandes esfuerzos son muy adecuados. Las mujeres embarazadas pueden realizar actividades vigorosas, como la equitación, siempre y cuando lo hagan con prudencia. La libido puede aumentar o bien disminuir durante el embarazo. El coito está permitido durante toda la gestación, pero debería evitarse completamente en caso de hemorragia por la vagina, dolor o pérdida de líquido amniótico y, en especial, si aparecen contracciones uterinas. Algunas mujeres embarazadas han muerto debido a la insuflación de aire dentro de la vagina durante el sexo oral.

Todas las mujeres embarazadas deberían saber cuáles son los signos que indican el inicio del parto. Los principales son las contracciones en la parte inferior del abdomen a intervalos regulares y el dolor de espalda. Toda mujer que ya ha tenido partos rápidos en embarazos anteriores debería ponerse en contacto con su médico en cuanto piense que está comenzando el parto. Hacia el final del embarazo (después de 36 semanas), el médico puede practicar una exploración pélvica para intentar predecir cuándo comenzará el parto.

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