Tumores hepáticos

Los tumores hepáticos pueden ser no cancerosos (benignos) o cancerosos (malignos). Los tumores cancerosos pueden originarse en el hígado, o bien pueden propagarse al hígado desde otras partes del cuerpo (metástasis). Un cáncer originado en el hígado se denomina cáncer hepático primario; por el contrario, si el cáncer se ha originado en otra parte del cuerpo se lo denomina cáncer metastásico. La gran mayoría de las formas de cáncer hepático son metastásicos.

Los tumores hepáticos no cancerosos son relativamente frecuentes pero, en general, no producen síntomas. La mayoría se detectan cuando, por algún otro motivo, se realizan determinadas pruebas clínicas, tales como una ecografía, una tomografía computadorizada (TC) o una resonancia magnética (RM). Sin embargo, algunos de estos tumores causan un aumento de volumen del hígado y sangramiento dentro de la cavidad abdominal. El hígado, en general, funciona correctamente, por lo que los análisis de sangre muestran concentraciones normales o ligeramente elevadas de enzimas hepáticas.

Adenoma hepático

Un adenoma hepatocelular es un tumor frecuente y no canceroso del hígado.

Los adenomas hepatocelulares inciden principalmente en mujeres en edad fértil, siendo una causa probable de esta especial incidencia el uso de anticonceptivos orales, los cuales aumentan el riesgo de este tipo de tumor. En general, no presenta síntomas, de modo que muchos de los casos no se llegan a detectar. En raras ocasiones, un adenoma se rompe repentinamente y sangra dentro de la cavidad abdominal, requiriendo cirugía urgente. Los adenomas causados por anticonceptivos orales a menudo desaparecen cuando las mujeres dejan de tomarlos. En casos extremadamente raros, un adenoma puede hacerse canceroso.

Hemangioma

Un hemangioma es un tumor no canceroso del hígado constituido por una masa de vasos sanguíneos anormales.

Se estima que entre el 1 y el 5 por ciento de los adultos tiene pequeños hemangiomas hepáticos que no producen síntomas y, además, no requieren tratamiento. Estos tumores generalmente se detectan cuando una persona se ha sometido a una ecografía o una tomografía computadorizada (TC). En los niños, los grandes hemangiomas producen ocasionalmente síntomas que permiten su detección, tales como la coagulación generalizada y la insuficiencia cardíaca. En estos casos la cirugía puede ser necesaria.

Hepatoma

Hepatoma
Este tumor frecuentemente se desarrolla en un hígado cirrótico.

Hepatoma

Un hepatoma (carcinoma hepatocelular) es un cáncer que se origina en las células hepáticas.

Los hepatomas son el tipo más frecuente de cáncer originado en el hígado (cáncer hepático primario). En zonas de África y del sudeste asiático, los hepatomas son más frecuentes que el cáncer metastásico hepático y constituyen, además, una causa importante de muerte. En estas zonas, hay una elevada prevalencia de infecciones crónicas causadas por el virus de la hepatitis B, lo que aumenta el riesgo de hepatomas en más de 100 veces. La infección crónica de hepatitis C también aumenta el riesgo de hepatomas. Finalmente, ciertas sustancias que provocan el cáncer (carcinógenos) dan lugar a la aparición de hepatomas. En las regiones subtropicales, donde los hepatomas son frecuentes, los alimentos están a menudo contaminados con carcinógenos llamados alfatoxinas, sustancias que son producidas por ciertos tipos de hongos. En cambio, en América del Norte, Europa y otras zonas del mundo en donde los hepatomas son menos frecuentes, la mayor parte de las personas con este tipo de tumor son alcohólicos que llevan años padeciendo de cirrosis hepática.

Otras clases de cirrosis pueden también asociarse con los hepatomas, aunque el riesgo es menor en el caso de la cirrosis biliar primaria.

El carcinoma fibrolamelar es un hepatoma poco frecuente que, en general, afecta a los adultos relativamente jóvenes. La causa del mismo no se debe ni a una cirrosis preexistente, ni a la infección por los virus de la hepatitis B o C, u otros factores de riesgo conocidos.

Síntomas

Por lo general, los primeros síntomas de un hepatoma son los dolores abdominales, la pérdida de peso y una gran masa que se puede palpar en la parte derecha superior del abdomen. Por otra parte, la salud de una persona que ha tenido cirrosis durante mucho tiempo puede empeorar, de forma significativa e inesperada. Con frecuencia aparece fiebre. En algunas ocasiones, los primeros síntomas son dolor abdominal agudo y shock, ocasionados por la rotura o la hemorragia del tumor.

Diagnóstico

En las personas con hepatomas, las concentraciones en la sangre de la alfafetoproteína son característicamente altas. Algunas veces, los análisis de sangre revelan concentraciones anormalmente bajas de glucosa o muy elevadas de calcio, lípidos o glóbulos rojos.

En un principio, los síntomas no son la clave para formular el diagnóstico. Aun así, una vez que la inflamación del hígado es evidente al tacto, el médico suele sospechar el diagnóstico, especialmente si el paciente padece cirrosis desde hace tiempo. A veces, el médico puede escuchar ciertos murmullos (soplos hepáticos) y sonidos ásperos por fricción (roces) al colocar el fonendoscopio sobre el hígado.

Las ecografías abdominales y la tomografía computadorizada (TC) pueden detectar formas de cáncer que todavía no ocasionan síntomas. En países donde el virus de la hepatitis B es frecuente, como Japón, se realizan ecografías sistemáticas con el fin de detectar precozmente el cáncer de hígado. La arteriografía hepática (radiografías practicadas después de haber inyectado una sustancia radiopaca dentro de la arteria hepática) suele ser útil para detectar los hepatomas. La arteriografía hepática es particularmente eficaz antes de la extirpación quirúrgica del hepatoma, porque muestra al cirujano la ubicación exacta de los vasos sanguíneos.

Una biopsia del hígado, en la que una pequeña muestra de tejido hepático se extrae con una aguja para su examen al microscopio, puede confirmar el diagnóstico. El riesgo de hemorragia u otra lesión durante una biopsia hepática es generalmente bajo.

Pronóstico y tratamiento

Generalmente, el pronóstico de las personas con un hepatoma no es bueno ya que el tumor suele detectarse demasiado tarde. En ciertos casos, una persona con un tumor pequeño puede evolucionar muy favorablemente tras la extirpación quirúrgica.

Otras formas de cáncer primario del hígado

Un colangiocarcinoma es un cáncer que se origina en el revestimiento de los canales biliares del hígado o conductos biliares. En Oriente, la infestación por ciertas lombrices puede ser, en parte, responsable de este cáncer. Las personas que padecen desde hace tiempo de colitis ulcerosa y de colangitis esclerosante, desarrollan en ocasiones colangiocarcinomas.

Un hepatoblastoma es una de las formas más frecuentes de cáncer en los niños. Algunas veces, se manifiesta en niños ya mayores y puede provocar la producción de hormonas denominadas gonadotrofinas que dan como resultado una pubertad prematura (precoz). Un hepatoblastoma generalmente se detecta al aparecer un debilitamiento general del estado de salud junto a un gran tumor en la parte superior derecha del abdomen.

Un angiosarcoma es un cáncer poco frecuente que se origina en los vasos sanguíneos del hígado. La causa del angiosarcoma puede encontrarse en una exposición al cloruro de vinilo en el lugar de trabajo.

Diagnóstico y tratamiento

Los colangiocarcinomas, los hepatoblastomas y los angiosarcomas sólo se pueden diagnosticar mediante una biopsia hepática, en la que se extrae con una aguja una muestra de tejido hepático para su examen microscópico. Por lo general, el tratamiento tiene escaso valor y muchas personas mueren pocos meses después de detectarse el tumor. Si el cáncer se descubre en una fase relativamente temprana de su desarrollo, el tumor puede ser extirpado quirúrgicamente, existiendo entonces la posibilidad de una larga supervivencia.

Cáncer de hígado debido a metástasis

El cáncer de hígado debido a metastásis es un tumor que se ha propagado al hígado desde alguna otra parte del cuerpo.

Las metástasis hepáticas tienen su origen más frecuente en el pulmón, mama, colon, páncreas y estómago. La leucemia y otras formas de cáncer de las células de la sangre, tales como los linfomas, pueden afectar al hígado. A veces, el descubrimiento de un tumor hepático metastásico es la primera indicación de que una persona tiene un cáncer.

Metástasis hepáticas
Sitios de origen más frecuentes. En general, las metástasis del hígado se presentan como lesiones múltiples.

Metástasis hepáticas

Síntomas

A menudo, los primeros síntomas incluyen la pérdida de peso y apetito. Es habitual que el hígado aumente de tamaño, se endurezca y provoque dolores. También puede aparecer fiebre. En algunas ocasiones el bazo también se inflama, especialmente cuando el cáncer se origina en el páncreas. Se puede presentar un proceso conocido como ascitis (acumulación de líquido en la cavidad abdominal). En un principio, la ictericia está ausente o es leve, a menos que el cáncer esté obstruyendo los conductos biliares. Semanas antes de que la persona muera, la ictericia va aumentando progresivamente. Además, puede aparecer confusión mental y somnolencia causada por las sustancias tóxicas acumuladas en el cerebro, proceso que se denomina encefalopatía hepática.

Diagnóstico

En los últimos estadios de la enfermedad, el médico, por lo general, puede diagnosticar sin dificultad un cáncer hepático metastásico; sin embargo, el diagnóstico es muy difícil en el estadio inicial. La ecografía, la tomografía computadorizada (TC) y la resonancia magnética (RM) del hígado pueden revelar el cáncer. Sin embargo, estas exploraciones no siempre sirven para detectar los tumores pequeños o distinguir un tumor de la cirrosis u otras anormalidades. Los tumores suelen causar un defecto de la función hepática que se puede detectar mediante análisis de sangre. Una biopsia hepática, en la que se extrae con una aguja una muestra de tejido hepático para su examen al microscopio, confirma el diagnóstico en un 75 por ciento de los casos. Para mejorar las posibilidades de obtener una muestra de tejido canceroso, se puede usar la ecografía para guiar la dirección de la aguja.

Por otra parte, se puede obtener una muestra por biopsia mientras el médico observa el hígado con un laparoscopio (un tubo de fibra óptica que se introduce a través de la pared abdominal).

La leucemia, en general, se diagnostica basándose en los resultados de los análisis de sangre y de médula ósea. Generalmente, no es necesario practicar una biopsia hepática.

Tratamiento

En función del tipo de cáncer, los fármacos anticancerosos suelen reducir temporalmente el tumor y prolongar la vida, pero no lo curan. Estos fármacos pueden inyectarse en la arteria hepática, con lo que una alta concentración del fármaco alcanza directamente a las células cancerosas del hígado. Esta técnica es la más apropiada para reducir el tumor y produce pocos efectos colaterales. Sin embargo, no se ha demostrado que pueda prolongar la vida. La radioterapia reduce a veces el dolor agudo, pero tiene pocos efectos beneficiosos aparte de éste.

Si se encuentra un único tumor en el hígado, el cirujano puede extirparlo, especialmente si procede de un cáncer del intestino. Sin embargo, no todos los expertos consideran que esta cirugía valga la pena. Todo lo que un médico puede hacer, en la mayoría de los casos de pacientes con un cáncer extendido, es aliviar las molestias.

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