Tumores y cánceres de los riñones y de las vías urinarias

Los tumores de los riñones y de las vías urinarias pueden presentarse en personas de cualquier edad y sexo. Muchos de estos tumores son cancerosos.

Cáncer del riñón

El cáncer del riñón (adenocarcinoma de riñón; carcinoma de células renales; hipernefroma) representa alrededor del 2 por ciento de los cánceres en adultos y afecta una vez y media más a los varones que a las mujeres. Los tumores sólidos de riñón son, habitualmente, cancerosos, mientras que los quistes de riñón (cavidades cerradas, llenas de líquido) generalmente no lo son.

Síntomas y diagnóstico

La presencia de sangre en la orina es el síntoma más frecuente, pero su cantidad puede ser tan pequeña que sólo es detectada con el microscopio. Por el contrario, a veces la orina puede aparecer visiblemente roja. Los síntomas que siguen, más frecuentes, son dolor en el costado y fiebre. A veces, el tumor renal se detecta primero cuando el médico nota un aumento de tamaño o una prominencia en el abdomen, o puede ser descubierto accidentalmente durante un análisis por algún otro problema, como la hipertensión arterial. La presión arterial puede aumentar debido a que una irrigación inadecuada hacia una parte o la totalidad del riñón desencadena la liberación de mensajeros químicos que la elevan. El recuento de glóbulos rojos puede también volverse anormalmente alto, provocando una policitemia secundaria, ya que el riñón enfermo produce altos valores de la hormona eritropoyetina, que estimula la médula ósea para aumentar la producción de glóbulos rojos.

Tumor en el polo superior del riñón

Tumor en el polo superior del riñón

Si se sospecha la existencia de un cáncer de riñón pueden efectuarse una urografía intravenosa, una ecografía o una tomografía computadorizada (TC) para visualizar el tumor. La resonancia magnética nuclear (RM) puede también efectuarse para obtener mayor información acerca de la extensión del tumor hacia otras estructuras vecinas, como las venas. Si el tumor es hueco (quiste), puede extraerse el líquido interno, con una aguja, para su análisis. Ciertos estudios radiológicos, como la aortografía y la angiografía de la arteria renal, pueden efectuarse para preparar la operación, con el objeto de proveer más información acerca del tumor y las arterias que lo irrigan.

Tratamiento y pronóstico

Cuando el cáncer no se propaga más allá del riñón, la extracción quirúrgica del riñón afectado y de los ganglios linfáticos proporciona una buena probabilidad de curación. Si el tumor ha invadido la vena renal o incluso la vena cava (la gran vena que transporta la sangre hacia el corazón), sin propagarse (por metástasis) hasta sitios distantes, la cirugía puede aún ofrecer una buena probabilidad de curación. Sin embargo, el cáncer de riñón tiende a producir metástasis enseguida, especialmente hacia los pulmones. Cuando se ha extendido hacia sitios distantes (metastásicos), el pronóstico es malo ya que no puede ser curado mediante radiación, anticancerígenosos tradicionales (quimioterapia) u hormonas. En algunos casos, si se aumenta la capacidad del sistema inmune para destruir el cáncer, algunos tumores se retraen y ello puede prolongar la supervivencia en algunos casos. Uno de estos tratamientos, la interleucina-2, ha sido aprobado para el tratamiento de los tumores de riñón, y actualmente se están investigando varias combinaciones de esta sustancia y de otros agentes biológicos. En raros casos (menos del uno por ciento de los pacientes), la extirpación del riñón afectado favorece que las metástasis del resto del cuerpo se reduzcan; esta regresión no es razón suficiente para realizar esta operación cuando el cáncer ya se ha propagado.

Cáncer de la pelvis renal y de los uréteres

El cáncer puede desarrollarse en las células que revisten la pelvis renal (carcinoma de células de transición de la pelvis renal) y los uréteres. La pelvis renal es la parte del riñón que a modo de embudo conduce la orina al interior de los uréteres (unos delgados conductos que transportan la orina hasta la vejiga).

Síntomas y diagnóstico

El primer síntoma suele ser la presencia de sangre en la orina. Si el flujo urinario se obstruye, pueden presentarse calambres dolorosos en el costado o en el abdomen inferior.

El diagnóstico se realiza a través de una urografía intravenosa o una urografía retrógrada. La TC puede ayudar al médico a distinguir un cálculo renal de un tumor o de un coágulo; también contribuye a determinar cuánto ha crecido el cáncer. El examen microscópico de una muestra de orina puede detectar células cancerosas. Un dispositivo de fibra óptica (ureteroscopio o nefroscopio), introducido por la uretra a través de la vejiga o bien insertado a través de la pared abdominal, puede ser utilizado para observar e incluso tratar pequeños tumores.

Tratamiento y pronóstico

Si el cáncer no se ha propagado, el tratamiento usual es la extirpación del riñón y el uréter (nefroureterectomía), junto con una parte de la vejiga. Sin embargo, en algunas situaciones (por ejemplo cuando los riñones no funcionan bien o cuando el paciente sólo tiene un riñón), habitualmente no se extrae el riñón ya que esta persona se volvería dependiente de la diálisis. Si el cáncer ya se ha propagado se utiliza la quimioterapia, aunque este tipo de cáncer no responda tan bien a este tratamiento como el de vejiga.

El pronóstico es bueno cuando el cáncer no ha producido metástasis y puede ser completamente extraído mediante cirugía. Se realizan cistoscopias (inserciones de un tubo de observación de fibra óptica para examinar el interior de la vejiga) periódicamente después de la cirugía, ya que las personas que han tenido este tipo de cáncer corren el riesgo de desarrollar cáncer de vejiga. Si éste se detecta en sus fases iniciales, puede ser extraído a través del cistoscopio o tratado con fármacos anticancerígenos instilados en la vejiga, de la misma manera que se trata cualquier otro cáncer de vejiga.

Cáncer de vejiga

El cáncer de vejiga se presenta alrededor de tres veces más en los varones que en las mujeres. Ciertas sustancias químicas se concentran en la orina y causan cáncer. Fumar es el factor de riesgo individual más fuerte y la causa subyacente de al menos la mitad de todos los casos nuevos. La irritación crónica que producen la esquistosomiasis (una infestación provocada por parásitos) o los cálculos renales también predisponen al cáncer de vejiga, aunque la irritación se da sólo en una pequeña proporción de todos los casos.

Síntomas y diagnóstico

Tumor vesical
Un tumor vesical puede provocar hemorragia e incluso obstrucción del flujo normal de la orina.

Tumor vesical

Cistoscopia
La cistoscopia consiste en introducir un citoscopio en la vejiga a través de uretra, para extraer muestras de cualquier zona sospechosa para realizar una biopsia.

Cistoscopia

El cáncer de vejiga se suele sospechar por primera vez, antes de la aparición de cualquier síntoma, cuando un examen microscópico rutinario de orina detecta glóbulos rojos. Sin embargo, la orina puede ser sanguinolenta a simple vista. Más tarde, los síntomas pueden incluir dolor y ardor durante la micción y una urgente y frecuente necesidad de orinar. Los síntomas del cáncer de vejiga pueden ser idénticos a los de la infección de la vejiga (cistitis) y ambos problemas se pueden presentar juntos. Se sospecha un cáncer de vejiga cuando los síntomas no desaparecen con el tratamiento para la infección. Un examen microscópico sistemático u otras pruebas de orina pueden detectar sangre y células de pus, y una especial evaluación microscópica (citología) frecuentemente detecta células cancerosas.

La cistografía o la urografía endovenosa (radiografías que se realizan después de inyectar una sustancia radiopaca) pueden mostrar una irregularidad en el contorno de la pared de la vejiga, sugiriendo un posible tumor. La ecografía, la TC, o la RM pueden también revelar una alteración en la vejiga, por lo general de manera accidental durante la evaluación de otro problema. Cuando alguna de estas pruebas detecta un tumor, el médico observa el interior de la vejiga con un cistoscopio, instrumento que se pasa a través de la uretra y que permite extraer muestras de cualquier zona sospechosa para su examen al microscopio (biopsia). A veces se extirpa todo el cáncer a través del cistoscopio.

Tratamiento y pronóstico

El cáncer que está localizado sobre la superficie interna de la vejiga o que solamente invade la parte más superficial de la capa muscular que se encuentra bajo la misma, se puede extirpar por completo durante una cistoscopia. Sin embargo, los pacientes frecuentemente desarrollan con posterioridad un nuevo cáncer, a veces en el mismo lugar o, con mayor frecuencia, en cualquier otra parte de la vejiga. El índice de recidiva de las formas superficiales de cáncer limitadas a la superficie interna de la vejiga se puede reducir mediante repetidas instilaciones de fármacos anticancerígenos o de BCG (una sustancia que estimula el sistema inmune del organismo) dentro de la vejiga, tras haber extirpado todo el cáncer durante una cistoscopia. Dichas instilaciones pueden servir como tratamiento para una persona cuyos tumores no pueden ser extirpados durante una cistoscopia.

El cáncer que se ha desarrollado profundamente dentro de la pared de la vejiga o a través de ella no puede ser extirpado por completo con una cistoscopia. Por lo general debe realizarse una extirpación total o parcial de la vejiga (cistectomía). Generalmente, se extirpan también los ganglios linfáticos de la zona para poder determinar si el cáncer ha producido metástasis. La radioterapia sola, o en combinación con la quimioterapia, a veces cura el cáncer.

Si hay que extirpar completamente la vejiga, se debe idear un método de drenaje de la orina. Generalmente, la orina se desvía a través de un conducto hecho de intestino denominado asa ileal hacia una abertura (estoma) efectuada en la pared abdominal. La orina se recoge luego en una bolsa externa.

Existen varios métodos de derivación de la orina que cada vez son más frecuentes y que son especialmente apropiados para algunos pacientes. Estos métodos pueden ser agrupados en dos categorías: una neovejiga ortotópica y una derivación cutánea continente. En ambas, se construye un reservorio interno con parte del intestino. En el caso de neovejiga ortotópica, el reservorio se conecta a la uretra. El paciente aprende a vaciar este reservorio relajando los músculos de la base de la pelvis e incrementando la presión dentro del abdomen, de modo que la orina pase a través de la uretra tal y como lo haría naturalmente. Generalmente, los pacientes no tienen problemas durante el día, pero puede producirse algo de incontinencia durante la noche. En una derivación cutánea continente, el reservorio se conecta a un estoma en la pared abdominal. No se necesita una bolsa externa, porque la orina permanece en el reservorio hasta que el paciente lo vacía, introduciendo una sonda en su interior a través del estoma a intervalos regulares durante el día.

El cáncer que ha producido metástasis requiere quimioterapia. Varias combinaciones diferentes de fármacos son activas contra este tipo de cáncer, pero en proporción sólo se curan unos pocos casos.

Cáncer de la uretra

El cáncer de la uretra es raro. Se puede producir tanto en mujeres como en varones. El primer síntoma es generalmente sangre en la orina, que puede detectarse sólo examinando una muestra bajo el microscopio o que puede colorear la orina de rojo. El flujo urinario puede obstruirse, haciendo la micción dificultosa o el chorro de la orina lento y fino. Los crecimientos frágiles y fácilmente sangrantes en la abertura externa de la uretra femenina pueden ser cancerígenos.

Se debe realizar una biopsia para identificar un cáncer con total seguridad. La radioterapia, la extirpación quirúrgica, o la combinación de ambas, se han utilizado para tratar el cáncer de la uretra con distintos resultados. El pronóstico depende de su ubicación precisa en la uretra y de su extensión.

La carúncula uretral es un tumor frecuente de tamaño reducido, rojo y doloroso, pero no cancerígeno, situado al lado de la abertura externa de la uretra femenina. También provoca presencia de sangre en la orina. La extirpación quirúrgica del tumor elimina el problema.

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