Infecciones víricas

Un virus es un diminuto organismo infeccioso (mucho menor que un hongo o una bacteria), que necesita de una célula viva para reproducirse. El virus se adhiere a una célula, generalmente de un tipo específico. Una vez dentro de ellas, libera su ADN o ARN (que contiene la información necesaria para crear nuevas partículas de virus) y asume el control de algunos procesos metabólicos de la misma. En consecuencia, los componentes del virus son fabricados dentro de la célula y ensamblados adecuadamente para que el virus sea liberado y siga manteniendo su capacidad infectiva.

Lo que le sucede a la célula depende del tipo de virus. Algunos matan las células que infectan. Otros alteran la función celular hasta el punto de que la misma pierde el control de su división normal y se torna cancerosa. Algunos virus incorporan una parte de su información genética en el ADN de la célula huésped, pero permanecen inactivos (o latentes) hasta que la misma es alterada permitiendo que el virus emerja de nuevo.

Generalmente, los virus poseen un huésped preferido. Algunos, como el de la gripe, puede infectar a los humanos y una variedad de otros animales. De todos modos, algunas variedades de gripe se han adaptado de forma tal que pueden infectar una especie de animal más eficientemente que otras. Casi todos los virus que se encuentran frecuentemente en los seres humanos son transmitidos de persona a persona. Algunos, como el de la rabia o el de la encefalitis, infectan principalmente a los animales y sólo en ocasiones a los humanos.

El organismo posee un número de defensas específicas y no específicas contra los virus. Las barreras físicas, como la piel y las membranas mucosas, impiden acceder fácilmente al interior del cuerpo. Las células afectadas producen interferón (o interferones), una familia de glucoproteínas capaces de hacer que las células no afectadas se vuelvan más resistentes a la infección producida por muchos virus.

Si un virus penetra en el organismo, distintas variedades de glóbulos blancos, como los linfocitos, son capaces de atacar y destruir las células infectadas. Los dos tipos principales de linfocitos son los llamados B y T. Cuando resultan expuestos a un ataque por un virus, los linfocitos T aumentan en número y maduran tanto hacia células colaboradoras, que ayudan a los linfocitos B a producir anticuerpos, como hacia células citotóxicas (asesinas), que atacan a las células infectadas por un virus específico. Los linfocitos T también generan sustancias químicas (llamadas citoquinas) que aceleran este proceso de maduración. Las citoquinas de los linfocitos colaboradores pueden ayudar a los linfocitos B y a otras series celulares que derivan de ellos. Las células plasmáticas, a producir anticuerpos que se unen a unos determinados virus y suprimen su capacidad infecciosa antes de que infecten otras células.

Se puede generar inmunidad administrando vacunas. Éstas se preparan de forma tal que se asemejen a un virus específico, como el virus que produce gripe o sarampión, de manera que sea administrado a las personas sin causar la enfermedad. En respuesta a una vacuna, el organismo aumenta el número de linfocitos T y B que son capaces de reconocer al virus específico. De esta forma, las vacunas pueden producir inmunidad frente a un virus específico. En la actualidad existen muchas vacunas que previenen infecciones frecuentes y graves, tales como gripe, sarampión, parotiditis, poliomielitis, varicela, rabia, rubéola (sarampión alemán), hepatitis A y B, encefalitis japonesa y fiebre amarilla. Sin embargo, en ocasiones un virus cambia (muta) para evitar el anticuerpo de la vacuna y es entonces necesario repetir la vacunación.

Es posible adquirir protección inmediata contra una infección vírica recibiendo una inyección o infusión de inmunoglobulinas. Dicha infusión contiene anticuerpos que fueron producidos por otra persona o bien por un animal. Por ejemplo, quien viaja a una zona con prevalencia de hepatitis A puede recibir una inyección de inmunoglobulina contra este tipo de hepatitis. Sin embargo, la inmunoglobulina puede hacer que algunas vacunas, como la del sarampión o la poliomielitis, resulten menos eficaces si se aplica al mismo tiempo.

Los fármacos que combaten las infecciones víricas reciben el nombre de fármacos antivíricos. Existen muchos menos fármacos antivíricos que antibacterianos (antibióticos). En comparación con la mayoría de los antibióticos, los fármacos antivíricos suelen ser más difíciles de producir, más específicos para el organismo contra el que están destinados y por lo general más tóxicos. Los antibióticos no son eficaces contra las infecciones víricas, pero si alguien tiene una infección por bacterias además de la vírica, suele ser necesario administrar un antibiótico.

Infecciones respiratorias de origen vírico

Probablemente las infecciones víricas más frecuentes sean las de los pulmones y las vías respiratorias. Comprenden el catarro común, gripe, infección de garganta (faringitis o laringitis), tos ferina en niños pequeños e inflamación de la tráquea (traqueítis) u otras vías respiratorias (bronquiolitis, bronquitis).

Resfriado o catarro común

El resfriado o catarro común es una infección vírica del revestimiento de la nariz, los senos paranasales, la garganta y las grandes vías respiratorias.

Son muchos los virus causantes de resfriados. Los picornavirus, al igual que los rinovirus, producen la mayoría de los de primavera, verano y otoño. Los virus de la gripe y los virus sincitiales respiratorios, que aparecen regularmente al final del otoño y en invierno, provocan una gran variedad de enfermedades, incluyendo resfriados. Los de la gripe se transmiten con facilidad de persona a persona a través de microgotas infectadas que se expulsan al toser o estornudar. Los rinovirus y los virus sincitiales respiratorios se transmiten de esta forma, pero quizás principalmente lo hagan por contacto directo con secreciones infectadas transportadas en los dedos.

Prevención del catarro común

Debido a que hay tantos virus diferentes que producen resfriados, y a que el número de anticuerpos producidos contra un virus de éstos desciende con el paso del tiempo, la mayoría de las personas pueden resfriarse durante toda su vida. Hasta el momento no se ha creado una vacuna efectiva contra cada uno de los virus respiratorios, pero todos los años se actualiza una vacuna contra la gripe para que actúe sobre nuevas variedades de virus, y además se están creando vacunas para otros virus, como el virus sincitial respiratorio y el virus parainfluenza.

Las mejores medidas preventivas consisten en una buena higiene. Como muchos vius que producen catarros se transmiten por contacto con secreciones infectadas, lavarse las manos con frecuencia, tirar los pañuelos usados y limpiar todos los elementos y superficies puede ayudar a reducir su propagación.

Se han propuesto y probado muchos tratamientos para evitar los catarros, pero ninguno ha demostrado ser fiable y efectivo. No se ha demostrado que las grandes dosis de vitamina C (hasta 2000 miligramos al día) reduzcan el riesgo de resfriarse, ni la cantidad de virus que transmite la persona infectada.

El interferón es un fármaco que aumenta la resistencia de las células a la infección; inhalado por la nariz, puede prevenir las infecciones causadas por algunas variedades de virus (particularmente los rinovirus). Sin embargo, no funciona una vez que la infección ya está establecida, puede causar inflamación y hemorragias nasales y tiene efectos limitados contra ciertos virus, como los influenza y parainfluenza.

El motivo por el cual uno tiene más probabilidades de infectarse en un momento que en otro no se conoce del todo. La exposición al frío no hace que uno se resfríe ni que aumente su susceptibilidad a infectarse con un virus respiratorio. No parece influir demasiado el estado general de salud de la persona ni sus hábitos alimentarios. Y tampoco influye el hecho de que tenga cualquier anomalía en la nariz o en la garganta, como amígdalas de gran tamaño o adenoides. Sin embargo, quienes se encuentran cansados o presentan ansiedad, aquellos que tienen alergias de nariz o garganta y las mujeres que se encuentran en la mitad del ciclo menstrual son más propensos a notar los síntomas de un resfriado.

Síntomas y complicaciones

Los síntomas del catarro común se inician después de uno a tres días de producido el contacto. Por lo general, los primeros síntomas son malestar en la nariz o la garganta. A continuación el enfermo comienza a estornudar, tiene la nariz congestionada y se siente levemente enfermo. Por lo general no existe fiebre, pero a veces la temperatura del cuerpo se eleva un poco al inicio de los síntomas. Las secreciones de la nariz son acuosas y claras y pueden ser muy molestas durante los primeros días. Posteriormente las mismas se tornan más espesas, opacas, de color amarillo verdoso y menos abundantes. Muchas personas también tienen tos. Estos síntomas suelen desaparecer en 4 a 10 días, a pesar de que la tos, con o sin expectoración, suele persistir durante una semana más.

Las complicaciones pueden prolongar la sintomatología. La afección traqueal junto con cierta tensión en el pecho y una sensación de quemazón son más frecuentes en algunas personas y con determinados virus. Las personas con bronquitis persistente o asma pueden tener más dificultad para respirar durante un resfriado y después del mismo. Tras un resfriado puede producirse una infección bacteriana de los oídos, los senos paranasales o la tráquea y las vías respiratorias (infección traqueobronquial), que requiere tratamiento con antibióticos.

Diagnóstico

En general, los catarros se pueden diagnosticar rápidamente en función de los síntomas típicos. Sin embargo, las infecciones bacterianas, las alergias y otros trastornos pueden causar síntomas similares. Los mismos virus que producen catarros también pueden provocar síntomas similares a los de la gripe. Una fiebre alta sugiere que la afección no es un simple resfriado. Por lo general no es necesario realizar pruebas para diagnosticar un resfriado a menos que surjan complicaciones.

Tratamiento

Una persona congestionada debe evitar el frío y guardar reposo, intentando evitar el contagio a otros. Esto suele hacerse más bien en las primeras fases de la infección. Quienes tienen fiebre o síntomas más intensos deberían permanecer aislados y en reposo. Beber líquido ayuda a mantener las secreciones blandas para que resulten más fáciles de expulsar.

Los medicamentos para el catarro son de conocimiento popular, pero sus efectos beneficiosos no son claros. La aspirina, por ejemplo, puede llegar a aumentar la difusión del virus, al tiempo que sólo mejora levemente los síntomas. Si se necesita un fármaco para aliviar el dolor o la fiebre en un niño o un adolescente, es preferible administrar paracetamol o ibuprofeno, porque la aspirina ocasionalmente incrementa el riesgo de contraer el síndrome de Reye, un trastorno potencialmente mortal.

Los descongestionantes nasales sólo consiguen un alivio temporal y limitado. Los antihistamínicos pueden descongestionar la nariz, pero se ha demostrado que sólo lo consiguen en individuos con historia de alergia. Por otra parte, causan somnolencia y otros efectos colaterales, particularmente en personas de edad avanzada. Inhalar vapor o vaho mediante un vaporizador es un método que algunos consideran útil para despegar las secreciones y reducir la opresión del pecho. Lavar los conductos nasales con una solución salina puede ayudar a eliminar las secreciones más persistentes. La tos puede ser la única forma de eliminar secreciones y desechos de las vías respiratorias durante una virosis, por lo que es preferible no tratarla a menos que interfiera el sueño o cause un gran malestar. Una tos intensa puede ser tratada con un antitusígeno. Los antibióticos no son eficaces contra el catarro; deberían usarse sólo si también se produce una sobreinfección por bacterias.

Gripe

La gripe (influenza) es una infección vírica que produce fiebre, secreción nasal, tos, dolor de cabeza, sensación de enfermedad (malestar general) e inflamación del revestimiento de la nariz y las vías respiratorias.

Todos los años se producen epidemias de enfermedades respiratorias causadas por la gripe durante el final del otoño o el comienzo del invierno. A pesar de que muchos virus respiratorios pueden causar síntomas de gripe, los virus A y B de la gripe suelen ser responsables de las epidemias hacia el final del otoño o el invierno.

El virus se transmite inhalando microgotas provenientes de la tos o de los estornudos de una persona infectada o bien teniendo contacto directo con las secreciones. En ciertos casos también es posible contagiarse a través de la manipulación de artículos del hogar infectados.

Síntomas

La gripe difiere del catarro común. Los síntomas comienzan alrededor de las 48 horas que siguen a la infección y pueden manifestarse de improviso. Los escalofríos o la sensación de frío pueden ser los primeros indicios de gripe. La fiebre es frecuente durante los primeros días y puede subir hasta 38,5 o 39,5 °C. Muchos enfermos se sienten mal como para levantarse de la cama; sienten dolor en todo el cuerpo, aunque más pronunciado en la espalda y las piernas. El dolor de cabeza suele ser intenso y se acompaña de dolor alrededor y detrás de los ojos. La luz intensa puede acentuar dichos dolores.

Complicaciones de la gripe

A pesar de que la gripe es una enfermedad grave en todas las personas, la mayoría de los individuos sanos vuelve a sentirse bien a los 7 o 10 días. Las complicaciones pueden hacer que la gripe se vuelva incluso más grave. Los muy jóvenes, los de edad avanzada y las personas con alguna enfermedad cardíaca, pulmonar o del sistema nervioso corren un riesgo particularmente alto de presentar complicaciones y morir.

Ciertos casos raros de gripe cursan con una grave inflamación de las conductos respiratorios con secreciones sanguinolentas (bronquitis hemorrágica). La neumonía vírica es la complicación más grave; puede progresar rápidamente y causar la muerte en un lapso tan breve como 48 horas. No se sabe con certeza qué determina que la neumonía se produzca o no, pero es más probable que tenga lugar durante una epidemia de gripe causada por el virus influenza A, para el cual muy pocas personas tienen inmunidad y en consecuencia ataca a quienes tienen un riesgo mayor. La neumonía bacteriana también puede complicar la gripe, porque resulta afectada la capacidad que tienen los pulmones de eliminar o controlar las bacterias localizadas en el aparato respiratrio.

El virus de la gripe rara vez ha sido asociado con la inflamación del cerebro (encefalitis), el corazón (miocarditis), o los músculos (miositis). La encefaltis puede hacer que la persona se vuelva soñolienta, sufra confusión, o incluso entre en coma. La miocarditis puede causar soplos cardiácos o insuficiencia cardíaca.

El síndrome de Reye es una complicación grave y potencialmente mortal que afecta más comúnmente a los niños durante las epidemias de gripe por virus influenza B, particularmente si han recibido aspirina o algún fármaco que contenga aspirina.

Al principio, los síntomas respiratorios pueden ser relativamente leves, con molestias en la garganta, sensación de quemazón en el pecho, tos seca y congestión nasal. Posteriormente, la tos puede intensificarse y agregarse esputos. En muchos casos la piel adquiere una temperatura elevada y está enrojecida, especialmente en la cara. La boca y la garganta enrojecen, los ojos se vuelven llorosos y la membrana blanca de los mismos puede estar levemente inflamada. El enfermo, en especial si es un niño, puede presentar náuseas y vómitos.

Al cabo de 2 o 3 días, la mayor parte de la sintomatología desaparece rápidamente, si bien en ciertos casos la fiebre dura hasta 5 días. Sin embargo, la bronquitis y la tos pueden persistir durante 10 días o más y los cambios producidos en las vías respiratorias tardan de 6 a 8 semanas en resolverse completamente. La debilidad y la fatiga pueden prolongarse durante varios días o en ocasiones durante semanas.

Diagnóstico

Generalmente, la gente conoce los síntomas de la gripe y, dado que esta afección se produce por epidemias, suele ser correctamente diagnosticada por la persona que la sufre o bien por miembros de su familia. La gravedad de la misma y la presencia de fiebre muy alta la distinguen de un catarro común. Se puede hacer una prueba con una muestra de sangre que permite identificar una infección por el virus de la gripe aunque no siempre es necesario ni tampoco se dispone siempre de esta prueba. La mejor manera de establecer el diagnóstico es recuperando el virus mediante un cultivo de secreciones respiratorias.

Prevención

Un individuo expuesto al virus de la gripe produce anticuerpos contra el mismo, que la protegen contra una nueva infección por ese virus en particular. De todos modos, vacunarse contra la gripe todos los años es la mejor forma de evitar contraerla. Las vacunas contienen variedades de virus de influenza inactivados (o “muertos”) o bien partículas víricas. Una vacuna puede ser monovalente (una variedad de virus solamente) o polivalente (generalmente tres variedades). La monovalente permite administrar una dosis mayor contra una variedad nueva de virus, mientras que una polivalente crea resistencia contra más de una variedad. Cada año se crea una nueva vacuna basada en las predicciones de qué virus tienen más probabilidades de causar gripe. Las predicciones tienen en cuenta qué variedad de virus ha predominado durante la temporada anterior y cuál está causando la enfermedad en otras partes del mundo en ese momento.

La vacunación es particularmente importante para quienes tienen probabilidades de enfermar gravemente si se infectan. La vacunación debe tener lugar durante el otoño, de manera que los valores de anticuerpos lleguen al máximo durante los meses claves para la gripe, generalmente el invierno. Para la mayoría de los vacunados, deben transcurrir 2 semanas hasta que la vacuna comience a ofrecer protección. Sin embargo, los niños u otras personas que nunca han estado expuestas a un virus de influenza, necesitan recibir dos dosis de la misma, con una diferencia de un mes entre cada una, para así conseguir una inmunidad adecuada.

La amantadina o la rimantadina, dos fármacos antivíricos, pueden proteger contra el virus A, pero no así contra el B. Se utilizan durante las epidemias de gripe por virus A para proteger a las personas que se encuentran en estrecho contacto con los infectados y otras con riesgo elevado de infectarse y que nunca han sido vacunadas. Es posible dejar de administrar el fármaco 2 a 3 semanas después de la vacunación. Si no es posible aplicar la vacuna, se toma amantadina o rimantadina durante toda la epidemia, generalmente durante 6 a 8 semanas. Estos fármacos pueden causar nerviosismo, falta de sueño y otros efectos colaterales, especialmente en los ancianos y los afectados por alguna enfermedad cerebral o renal. La rimantadina tiende a causar menos efectos colaterales que la amantadina.

Tratamiento

El mejor tratamiento para la gripe consiste en guardar reposo, mantener la hidratación bebiendo abundante líquido y evitando los esfuerzos, fundamentalmente desde el momento en que comienzan los síntomas hasta 24 a 48 horas después de que la temperatura corporal vuelve a la normalidad. Las personas con síntomas intensos pero sin complicaciones pueden tomar paracetamol, aspirina, ibuprofeno o naproxeno. Debido al peligro de que desarrollen síndrome de Reye, no se debe administrar aspirina a los niños. Sin embargo, el paracetamol se les puede suministrar si realmente lo necesitan. Otras medidas útiles para el catarro común, como tomar descongestionantes nasales e inhalar vapor, pueden aliviar los síntomas.

La amantadina o la rimantadina ayudan a reducir la duración y gravedad de la fiebre y los síntomas respiratorios. Si se administran al principio de una infección sin complicaciones por el virus A de la gripe, no reducen la gravedad de la neumonía vírica. Pero en este caso también pueden ser administradas para intentar incrementar la probabilidad de recuperación. Se ha demostrado que la ribavirina, que puede ser inhalada en forma de aerosol o bien ingerida por boca, reduce la fiebre y afecta a la capacidad de reproducción del virus, pero su uso sigue siendo experimental. Sin embargo es posible administrarla para aliviar los síntomas de neumonía vírica.

Una infección bacteriana secundaria es tratada con antibióticos. La neumonía bacteriana causada por una clase de bacteria, el neumococo, puede evitarse con una vacuna polivalente que contenga los tipos más frecuentes de neumococos. Sin embargo, no debe vacunarse a alguien con gripe.

Infecciones causadas por herpesvirus

Los dos tipos principales de herpesvirus que producen infecciones con ampollas en la piel son el herpes simple y el herpes zoster.

Otro herpesvirus, el de Epstein-Barr, produce mononucleosis infecciosa. El citomegalovirus, otro de los herpesvirus, puede provocar una enfermedad imposible de diferenciar de la mononucleosis infecciosa. Un herpesvirus más recientemente identificado (herpesvirus 6) provoca una enfermedad infantil conocida como roséola infantil. El herpesvirus humano 7 nunca ha sido relacionado hasta la actualidad con ninguna enfermedad. En algunos estudios, el herpesvirus 8 ha sido interpretado como el causante del sarcoma de Kaposi en los enfermos de SIDA.

Herpes simple

La infección causada por herpes simple produce episodios recurrentes de vesículas pequeñas y dolorosas, llenas de líquido, sobre la piel o las membranas mucosas.

El herpes simple produce una erupción sobre la piel o las membranas mucosas. La misma erupción desaparece, pero el virus se mantiene en un estado inactivo (latente) dentro de los ganglios (una agrupación de células nerviosas) que proporcionan la sensibilidad de la zona infectada. Periódicamente el mismo herpes se reactiva y comienza a replicarse, causando erupciones cutáneas con vesículas, que se localizan en el mismo sitio que la aparición anterior. Sin embargo, éste puede estar presente en la piel sin causar ninguna vesícula evidente; el virus en ese estado puede ser una fuente de contagio para otras personas. Las erupciones pueden comenzar a raíz de una sobreexposición a la luz solar o bien por un estado febril, el estrés físico o emocional, la supresión del sistema inmunitario, o por la toma de ciertos alimentos o medicamentos, si bien, por lo general, se desconocen los factores que las desencadenan.

Los dos tipos de virus herpes simple que infectan la piel son VHS-1 y VHS-2. El VHS-1 es el que produce la formación de vesículas sobre los labios (herpes labial) y úlceras en la córnea del ojo (queratitis por herpes simple). Por lo general se transmite por contacto con secreciones de la boca o sus alrededores. El VHS-2 suele causar herpes genital y es transmitido principalmente por contacto directo con las vesículas, casi siempre durante una relación sexual.

Síntomas y complicaciones

La recurrencia de herpes simple se presiente por la aparición de un hormigueo, malestar o picor, que precede a la formación de vesículas en varias horas o hasta 2 o 3 días. Sobre cualquier parte de la piel o las membranas mucosas pueden formarse vesículas rodeadas de un borde rojizo, si bien por lo general se forman en la boca o a su alrededor, en los labios y los genitales. Las vesículas (que pueden ser dolorosas) tienden a unirse, hasta el punto de conformar una única zona afectada. Tras unos días, las mismas comienzan a secarse y forman una delgada costra amarillenta y úlceras superficiales. La curación suele comenzar una o dos semanas después de su aparición y por lo general se completa en 21 días. Sin embargo, las vesículas formadas en zona húmedas del cuerpo pueden tardar más en curarse. Puede producirse cicatrización si las erupciones siguen desarrollándose en el mismo lugar o bien si aparece una infección bacteriana secundaria.

La primera infección causada por herpes en los niños puede provocar llagas dolorosas e inflamación en la boca y las encías (gingivoestomatitis) o bien una dolorosa inflamación de la vulva y la vagina (vulvovaginitis). Estos procesos también causan irritabilidad, pérdida del apetito y fiebre. En los niños pequeños y con menos frecuencia en los de mayor edad, la afección puede propagarse por la sangre y afectar a órganos internos, como el cerebro (una infección que puede ser mortal).

Una mujer que haya tenido una infección con VHS 2 puede trasmitirla a su feto, especialmente si lo ha contraído durante los tres últimos meses de embarazo. El herpes simple en un feto causa desde una leve inflamación de la membrana que rodea el cerebro (meningitis), hasta en ocasiones una inflamación intensa del tejido cerebral (encefalitis).

Si los niños o adultos afectados por una enfermedad cutánea llamada eccema atópico se infectan con el virus herpes simple, en ocasiones desarrollan una enfermedad potencialmente mortal llamada eccema herpético. Por consiguiente, los afectados de eccema atópico deberían evitar estar cerca de una persona con una infección herpética activa. En los enfermos de SIDA, las infecciones herpéticas de la piel pueden ser particularmente graves y persistentes. Estas personas también presentan con mayor frecuencia inflamación del esófago y del intestino, úlceras alrededor del ano, neumonía o anomalías nerviosas.

Cuando el herpes simple penetra a través de una lesión de la piel del dedo, se produce una inflamación dolorosa y rojiza de la punta del mismo que recibe el nombre de panadizo herpético. Suele aparecer frecuentemente en los trabajadores sanitarios que nunca han tenido herpes simple y entran en contacto con fluidos corporales que lo contienen.

Diagnóstico

El herpes simple suele ser difícil de reconocer. Puede ser confundido con una reacción alérgica, otras infecciones víricas o incluso una reacción cutánea medicamentosa. La localización de las vesículas en la superficie corporal puede ayudar a establecer el diagnóstico.

Si el médico sospecha que alguien está afectado de herpes simple puede examinar una muestra de sus vesículas al microscopio. En el caso de una infección por dicho virus, en las muestras aparecerán grandes células infectadas. Los cultivos del virus, los análisis de sangre que comprueban si ha aumentado el número de anticuerpos y las biopsias pueden confirmar el diagnóstico. De todos modos, rara vez se necesita acudir a estas pruebas. Es posible establecer un diagnóstico en un estadio muy precoz, usando nuevas técnicas tales como la reacción en cadena de la polimerasa, que puede ser utilizada para identificar el ADN del virus en un tejido o humor corporal.

Tratamiento

Generalmente, el único tratamiento necesario para el herpes labial es mantener limpia la zona afectada lavándola suavemente con agua y jabón. A continuación es necesario secar el área por completo; si las vesículas quedan húmedas la inflamación puede empeorar, la curación se retrasa y posiblemente favorezca la sobreinfección bacteriana. Para evitarla o tratarla, puede aplicarse sobre la piel una pomada con un antibiótico como la neomicina-bacitracina. Si aumenta cada vez más la infección bacteriana o bien está provocando síntomas adicionales, se pueden administrar antibióticos por vía oral o mediante inyección intramuscular.

Las cremas antivíricas como la idoxuridina, la trifluridina y el aciclovir suelen ser eficaces si se aplican directamente sobre las vesículas. El aciclovir o la vidarabina, ingeridos por vía oral, pueden ser utilizados para las infecciones herpéticas graves que afectan a todo el organismo. En ocasiones se agrega aciclovir por vía oral a diario para evitar que se repitan las erupciones, particularmente cuando los genitales han resultado afectados. En los casos de queratitis herpética simple o herpes genital es posible que se necesiten medidas específicas de tratamiento.

Herpes zoster

El herpes zoster (culebrilla) es una infección que produce erupciones cutáneas muy dolorosas constituidas por ampollas llenas de líquido.

El herpes zoster es causado por el mismo herpesvirus, el de varicela-zoster, que produce varicela. La infección inicial por el virus varicela-zoster, que puede adoptar la forma de varicela, termina con la penetración de los virus en los ganglios (una agrupación de células nerviosas) de los nervios espinales o craneales permaneciendo allí en estado latente. El herpes zoster siempre queda limitado a la distribución cutánea de la raíz o raíces nerviosas afectadas (dermatomas).

Qué es la neuralgia postherpética

El dolor en las áreas de la piel cuya sensibilidad cubren las nervios infectados recibe el nombre de neuralgia postherpética. Este dolor puede persistir durante meses o años después de un episodio de herpes zoster. No significa que el virus siga replicándose activamerte. El dolor de la neuralgia postherpética puede ser constante o intermitente, y puede empeorar durante la noche en respuesta al calor o el frio. En algunos casos el dolor es tan intenso que incapacita a la persona.

La neuralgia postherpética se produce con mayor frecuencia en las personas de mayor edad: del 25 al 50 por ciento de personas mayores de 50 años que tienen herpes zoster también experimenta cierta neuralgia postherpética. Sin embargo, sólo el 10 por ciento de todas las personas que tienen herpes zoster la desarrolla. Muy pocas sufren dolores intensos.

En la mayoría de las casos, el dolor desaparece en 1 a 3 meses, pero en el 10 al 20 por ciento de los casos el dolor puede persistir durante más de 1 año, y alguna vez ha durado más de 10 años.

A pesar de que se han ensayado varios tratamientos para la neuralgia postherpética, ninguno de ellos ha resultado eficaz en todos los casos. Por lo general, el dolor es leve y no necesita ningún tratamiento específico.

El virus del herpes zoster puede no volver a producir síntomas o bien puede reactivarse muchos años después. Si esto ocurre, se produce la enfermedad. En ocasiones, tiene lugar cuando la inmunidad del organismo disminuye por otro trastorno, como el SIDA o la enfermedad de Hodgkin, o bien por medicaciones que debilitan el sistema inmunitario. En la mayoría de los casos se desconoce la causa de la reactivación. La aparición del herpes zoster no siempre significa que exista alguna enfermedad grave subyacente. Puede ocurrir a cualquier edad pero es más frecuente después de los 50 años.

Síntomas y complicaciones

Tres o cuatro días antes de la aparición del herpes zoster, algunas personas se sienten mal y tienen escalofríos, fiebre, náuseas, diarrea o dificultades para orinar. Otras sienten dolor o sólo una sensación de hormigueo o picazón en una zona de la piel. Al cabo de este tiempo aparecen grupos de ampollas llenas de líquido rodeadas de una pequeña zona roja. Éstas ocupan sólo un área limitada de la piel cuya sensibilidad corre a cargo de los nervios afectados. Generalmente, éstas aparecen en el tronco y habitualmente a un solo lado. No obstante, también pueden aparecer algunas pocas en otros puntos. El área del cuerpo afectada suele ser muy sensible a cualquier estímulo, incluyendo un ligero roce e incluso puede presentarse un dolor muy intenso.

Las ampollas comienzan a secarse y a formar costras aproximadamente 5 días después de su aparición. Hasta que se forma la costra, dichas ampollas contienen virus de herpes zoster, que pueden provocar varicela si se transmiten a personas susceptibles. Si las ampollas cubren amplias zonas de piel o persisten durante más de 2 semanas habitualmente significa que el sistema inmunitario no está funcionando correctamente.

Un ataque de herpes zoster suele inmunizar de por vida al afectado ante futuros ataques; existe menos de un 4 por ciento de recidivas. La mayoría se recupera sin sufrir efectos duraderos. Sin embargo, puede quedar como secuela tejido cicatricial extenso en la piel sin que se desarrolle una infección bacteriana secundaria. La afectación de la rama ocular del nervio facial es una complicación bastante grave.

Diagnóstico

El médico puede tener dificultades para diagnosticar herpes zoster antes de la aparición de las ampollas, pero la localización del dolor inicial en una banda imprecisa a un lado del cuerpo puede ser un síntoma útil. Dependiendo de los nervios afectados, el dolor puede parecerse al causado por la apendicitis, un cálculo renal o la inflamación del intestino grueso. Las ampollas producidas por el herpes zoster pueden ser casi idénticas a las del herpes simple. No obstante, éstas últimas tienden a aparecer formando un patrón diferente, más restringido sobre la piel; por lo general su número es menor y pueden recurrir repetidamente en el mismo lugar. Si es necesario, se realizan pruebas de laboratorio para confirmar el diagnóstico.

Tratamiento

Aún no se sabe con certeza cuál es el mejor tratamiento contra el herpes zoster. Ni los corticosteroides ni un antisuero que contenga altos valores de anticuerpos contra el virus tienen efecto sobre la enfermedad una vez que ha comenzado. Ningún fármaco puede eliminar el virus. Sin embargo, los antivíricos como el aciclovir o el famciclovir pueden utilizarse para reducir la duración de la erupción cutánea en los individuos cuyos sistemas inmunológicos sean deficientes. Es importante mantener la piel limpia para evitar infecciones bacterianas sobreagregadas.

La aspirina o la codeína alivian temporalmente el dolor y resultan de gran ayuda cuando éste impide realizar actividades o conciliar el sueño. La aspirina debe evitarse en los niños debido al riesgo de provocar síndrome de Reye.

Mononucleosis infecciosa

La mononucleosis infecciosa es una enfermedad caracterizada por fiebre, dolor de garganta y agrandamiento de los ganglios linfáticos, causada por el virus de Epstein-Barr, un herpesvirus.

Ganglios linfáticos cervicales
Sujeto con ganglios linfáticos cervicales aumentados de tamaño.

Ganglios linfáticos cervicales

Después de invadir las células que recubren la nariz y la garganta, el virus de Epstein-Barr alcanza los linfocitos B (glóbulos blancos responsables de la producción de anticuerpos). La infección causada por este virus es muy frecuente y afecta a niños, adolescentes y adultos por igual. Alrededor del 50 por ciento de los niños ha sufrido una infección por el virus de Epstein-Barr antes de los 5 años de edad. Sin embargo, no es muy contagioso. Los adolescentes y los adultos jóvenes suelen contraer mononucleosis infecciosa al besarse o tener otro contacto íntimo con alguien ya infectado.

El virus de Epstein-Barr se ha relacionado con el linfoma de Burkitt, un tipo de cáncer que aparece principalmente en el África tropical. También puede influir en el desarrollo de ciertos tumores de los linfocitos B que afectan a las personas inmunodeprimidas (como las sometidas a trasplantes de órganos o las que padecen SIDA) y en algunos cánceres de nariz y garganta. A pesar de que no se sabe cuál es el papel que desempeña el virus en estos cánceres, se cree que partes específicas del material genético del mismo alteran el ciclo de crecimiento de las células infectadas.

Síntomas y complicaciones

En los niños menores de 5 años, la infección, habitualmente, no produce sintomatología. En adolescentes y adultos puede producirlos o no. Se cree que el tiempo transcurrido entre la infección y la aparición de los síntomas (periodo de incubación) es de 30 a 50 días.

Los cuatro síntomas más importantes son cansancio, fiebre, dolor de garganta e inflamación de los ganglios linfáticos. No todas los afectados presentan el cuadro completo. Por lo general, la infección comienza con una sensación de malestar que dura varios días o semanas. Luego, aparecen la fiebre, el dolor de garganta y el agrandamiento de los ganglios linfáticos. La temperatura suele subir aproximadamente hasta 39,5 °C por la tarde o al comenzar de la noche. La garganta puede doler mucho y en la parte posterior de la misma en ocasiones se forma un material similar al pus. Cualquier ganglio linfático aumenta de tamaño, pero los del cuello lo hacen mas frecuentemente. El cansancio suele ser más intenso en las 2 o 3 primeras semanas.

En más del 50 por ciento de los que padecen mononucleosis infecciosa el bazo aumenta de tamaño. El hígado puede hacerlo ligeramente. Con menor frecuencia, pueden producirse ictericia y edema alrededor de los ojos. Las erupciones cutáneas no son frecuentes, pero en un estudio, los infectados por el virus de Epstein-Barr que recibieron el antibiótico ampicilina, generalmente, las desarrollan. Otras complicaciones incluyen inflamación del tejido cerebral (encefalitis), convulsiones, alteraciones nerviosas, inflamación del revestimiento cerebral (meningitis) y anomalías del comportamiento.

El bazo es más susceptible a las lesiones y complicaciones, como la rotura del mismo. Si ésta se produce, es necesario extirparlo quirúrgicamente. El número de glóbulos blancos suele aumentar, pero también puede descender, igual que las plaquetas y los glóbulos rojos. Por lo general vuelven a la normalidad sin tratamiento. En raras ocasiones, los ganglios linfáticos agrandados del cuello presionan las vías respiratorias. Como consecuencia se desarrolla una cierta congestión pulmonar pero que no suele producir síntomas.

Síndrome de fatiga crónica

En síndrome de fatiga crónica es una enfermedad que se producce principalmente en los adultos de entre 20 y 40 años. El número de mujeres que sufren el síndrome de fatiga crónica duplica al de los varones. Los síntomas incluyen fatiga debilitante, interferencia con la capacidad de concentración y, en algunos casos, febrícula y tumefacción de los ganglios linfáticos.

Inicialmente se creía que el virus de Epstein-Barr era la causa del síndrome, pero existen pocas evidencias que sustenten esta teoría.

Diagnóstico

El diagnóstico se basa en la sintomatología. Sin embargo, los síntomas no son específicos y semejan a los de otras infecciones. Por ejemplo, la infección por citomegalovirus provoca un síndrome que resulta difícil de distinguir de la mononucleosis infecciosa. Otros virus y la toxoplasmosis también pueden generar síntomas similares, así como también determinados efectos secundarios de algunos fármacos y ciertas enfermedades no infecciosas.

Un análisis de sangre confirma, en ocasiones, el diagnóstico de mononucleosis infecciosa al detectar anticuerpos contra el virus de Epstein-Barr. El organismo produce nuevos linfocitos B para eliminar los que ya están infectados. Estos tienen un aspecto característico y aparecen en grandes cantidades en la sangre de las personas con la enfermedad. La infección estreptocócica de la faringe, que puede parecerse a la mononucleosis infecciosa, suele ser identificada mediante un cultivo de faringe y debe tratarse con antibióticos para evitar los abscesos y reducir la probabilidad de contraer fiebre reumática.

Pronóstico y tratamiento

Los afectados con mononucleosis infecciosa, generalmente, se recuperan por completo. La duración de la enfermedad varía. La fase aguda dura aproximadamente 2 semanas y, tras ella, la mayoría consigue reanudar sus actividades habituales. Sin embargo, el cansancio puede persistir durante varias semanas y en ocasiones algunos meses.

Rara vez (en menos del uno por ciento de las infecciones) una persona con mononucleosis infecciosa puede fallecer. La muerte se debe a complicaciones, como la inflamación del cerebro, la rotura del bazo o la obstrucción de las vías respiratorias; además, una mala evolución es particularmente posible en inmunodeprimidos.

Se recomienda que las personas afectadas de mononucleosis infecciosa guarden reposo hasta que desaparezcan la fiebre, el dolor de garganta y la sensación de malestar. Debido al riesgo de que el bazo se rompa, deben evitarse los deportes de contacto o los que supongan levantar grandes pesos durante un período de 6 a 8 semanas, aunque el mismo no haya aumentado de tamaño.

Para la fiebre y el dolor se administra paracetamol (acetaminofén) o aspirina. Sin embargo, ésta debe evitarse en los niños debido a la posibilidad de que contraigan síndrome de Reye, que puede resultar mortal. Algunas complicaciones, como la inflamación de las vías respiratorias, se pueden tratar con corticosteroides. A pesar de que el aciclovir reduce la producción de virus de Epstein-Barr, tiene poco efecto sobre los síntomas de mononucleosis infecciosa.

Infecciones víricas del sistema nervioso central

Las infecciones del sistema nervioso central son causadas por una variedad de virus que afectan principalmente al cerebro y a la médula espinal y a veces a las membranas que los rodean (meninges).

Rabia

La rabia es una infección vírica del tejido cerebral que causa irritación e inflamación de éste y de la médula espinal.

El virus de la rabia está presente en la saliva de los animales infectados. Un animal con rabia transmite la infección a otros animales o a los humanos al morderles o, en ocasiones, con el lamido. Desde el punto de inoculación inicial el virus se desplaza a través de los nervios hasta la médula espinal y el cerebro, donde se multiplica. A continuación desciende por los nervios hacia las glándulas salivales, donde se instala.

Diferentes animales pueden trasmitir la rabia a los humanos. Aun cuando la fuente habitual de infección de los humanos son los perros, también los gatos, los murciélagos, los mapaches, las mofetas, los zorros y otros animales pueden ser responsables del contagio. No es frecuente que los ratones, las ratas u otros mamíferos pequeños transmitan la rabia, en parte porque la mordedura de otro animal suele resultarles mortal. En los países desarrollados, la vacunación ha eliminado en gran medida la rabia en los perros. Sin embargo, sigue siendo bastante frecuente en la mayoría de los países de América Latina, África y Asia, donde las mascotas no siempre están vacunadas contra dicha enfermedad. Los animales infectados pueden tener rabia furiosa o muda. En la rabia furiosa, el animal está agitado y presenta conducta anormal; posteriormente queda paralizado y muere. En la rabia muda, la parálisis localizada o generalizada es lo que predomina desde el comienzo.

Actualmente, en los países desarrollados, la mayor parte de los casos de rabia humana suelen ser causadas por mordeduras de animales salvajes infectados. Dichos animales pueden tener un comportamiento furioso, pero es más probable que presenten cambios de comportamiento menos obvios. Los de hábito nocturno (murciélagos, mofetas, mapaches y zorros) infectados por la rabia pueden salir durante el día y no demostrar el miedo habitual ante los humanos.

A pesar de que resulta extremadamente raro, la rabia puede contraerse respirando aire infectado. Se ha descrito el desarrollo de dos casos entre unos exploradores que respiraron el aire de una cueva infestada de murciélagos.

Síntomas

La sintomatología suele comenzar entre 30 y 50 días después del contagio, pero el período de incubación varía de 10 días a más de un año. Dicho período suele ser más corto en las víctimas de mordiscos en la cabeza o el tronco o en quienes sufren muchas mordeduras.

En el 20 por ciento de los casos, la rabia se inicia con parálisis en las piernas, que se va extendiendo hacia el resto del cuerpo. Sin embargo, la enfermedad suele comenzar con un corto período de depresión mental, inquietud, sensación de malestar y fiebre. La inquietud se convierte en una agitación incontrolada y el enfermo produce gran cantidad de saliva. Los espasmos musculares de la garganta y del área vocal suelen ser terriblemente dolorosos. Estos espasmos son causados por la irritabilidad del área cerebral responsable de las acciones de tragar y respirar. Una brisa ligera o el simple intento de beber agua pueden inducir dichos espasmos. En consecuencia, una persona que padece rabia no puede beber y, por este motivo, la enfermedad suele recibir el nombre de hidrofobia (miedo al agua).

Diagnóstico

Cuando alguien es mordido por un animal enfermo o salvaje, la mayor preocupación debe ser la posibilidad de que tuviese rabia. Para determinar si se trata de un animal rabioso suele ser necesario realizar un examen de una muestra de tejido cerebral. Para ello, el animal debe ser capturado y observado. En realidad, debería ser sacrificado para examinarle el cerebro. Si al cabo de este tiempo un perro o un gato sin síntomas muerde a una persona, puede ser confinado y examinado por un veterinario durante 10 días. Si el animal sigue sano, se puede llegar a la conclusión de que no tenía rabia en el momento de la mordedura.

Si un individuo que ha sido mordido por un animal desarrolla síntomas de inflamación cerebral progresiva (encefalitis), es probable que la causa sea la rabia. No sirve de nada hacer una prueba para detectar el virus hasta que no aparecen síntomas. Una biopsia cutánea, mediante la cual se toma una muestra de piel (generalmente del cuello) para examinarla al microscopio, puede revelar la presencia del virus.

Prevención y tratamiento

Para prevenir la rabia se deben tomar ciertas medidas antes de la exposición al virus o bien inmediatamente después de la misma. Por ejemplo, se puede aplicar una vacuna a quienes tienen un alto riesgo de estar expuestos al virus. Entre estas personas se encuentran los veterinarios, los técnicos de laboratorio que manipulan animales potencialmente infectados, los que viven o permanecen más de 30 días en países en vías de desarrollo en los que la rabia canina es muy frecuente y los que se dedican a explorar cuevas de murciélagos. La vacunación brinda cierto grado de protección a casi toda la gente durante el resto de su vida. Sin embargo, los valores de anticuerpos descienden con el paso del tiempo y las personas con elevado riesgo de seguir expuestas deberían recibir una dosis de refuerzo cada 2 años.

Los individuos que hayan sido mordidos por un animal rabioso rara vez desarrollan la enfermedad si se toman medidas preventivas de inmediato. Los mordidos por conejos y roedores (incluyendo ardillas, ardillas rayadas, ratas y ratones) no necesitan tratamiento ulterior a menos que exista una fuerte sospecha de rabia; estos animales rara vez están infectados. Sin embargo, quienes hayan sido mordidos por animales salvajes como las mofetas, los mapaches, los zorros y los murciélagos necesitan tratamiento a menos que el animal pueda ser capturado y se demuestre que no tiene rabia.

La mejor medida de prevención es tratar de inmediato una herida producida por la mordedura de un animal. La zona contaminada se limpia completamente con jabón. Las heridas profundas se lavan con agua jabonosa. Una vez limpias las heridas, las personas que no han sido inmunizadas previamente con la vacuna contra la rabia reciben una inyección de inmunoglobulina contra ésta, aplicando la mitad de la dosis en el área del mordisco. También se les inyecta la vacuna contra la rabia el mismo día de la exposición al virus y los días 3, 7, 14 y 28. El dolor y la inflamación de la zona de la inyección suelen ser poco importantes. Es raro que se produzcan reacciones alérgicas graves durante la serie de cinco inyecciones; menos del uno por ciento de los vacunados desarrolla fiebre tras haberla recibido.

En alguien mordido que ya ha sido vacunado con anterioridad, el riesgo de contraer rabia es menor, pero aun así es fundamental limpiar la herida de inmediato y aplicar dos dosis de la vacuna (los días 0 y 2).

Antes de que se contara con la terapia que existe en la actualidad, la persona que padecía rabia fallecía al cabo de 3 a 10 días de haberla contraído. La mayoría moría a causa de una obstrucción en las vías respiratorias (asfixia), convulsiones, agotamiento o parálisis generalizada. A pesar de que en el pasado se consideraba que la muerte por rabia era inevitable, unos pocos sobrevivían. En esos casos la supervivencia se puede atribuir al cuidado intensivo para controlar los síntomas que afectaban a los pulmones, al corazón y al cerebro. Una vez que los síntomas han aparecido, ninguna vacuna ni inmunoglobulina contra la rabia parece tener efecto.

Enfermedad de Creutzfeldt-Jakob

La enfermedad de Creutzfeldt-Jakob (encefalopatía espongiforme subaguda) es una infección progresiva, inevitablemente mortal, que produce espasmos musculares y una pérdida progresiva de la función mental.

La enfermedad de Creutzfeldt-Jakob existe en todo el mundo. Poco se sabe acerca de cómo se transmite. Unos pocos se han contagiado al recibir trasplantes de córnea o quizás otros tejidos provenientes de donantes infectados o debido al uso de instrumentos contaminados durante una cirugía de cerebro. Una hormona del crecimiento obtenida a partir de la glándula hipofisaria de cadáver también puede ser una fuente de infección. (En la actualidad existe una hormona del crecimiento sintética.) El riesgo de sufrir esta enfermedad aumenta ligeramente en quienes han sido sometidos a una operación cerebral. Algunos patólogos han contraído la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob, presumiblemente a partir de su contacto con cadáveres.

La enfermedad de Creutzfeldt-Jakob afecta principalmente a los adultos, particularmente a los que rondan los 60 años. El organismo causante es difícil de identificar porque no se ha descubierto ningún ARN ni ADN extraño asociado a la enfermedad. Sin embargo, existe evidencia que indica la presencia de una proteína específica, llamada prión, en los afectados.

Una enfermedad similar a la de Creutzfeldt-Jakob se produce en la ovejas (scrapie) y en el ganado vacuno (enfermedad de las vacas locas). La infección se transmite a la descendencia y se cree que puede ser contraída al comer tejidos infectados. La transmisión entre distintas especies de animales no es clara, pero se sospecha que la incidencia de la enfermedad de las vacas locas aumentó cuando el ganado vacuno fue alimentado con vísceras de oveja y los casos en humanos pueden haberse producido por la ingestión de carne vacuna contaminada.

Síntomas

Durante meses o años después de la exposición, no se producen síntomas. Lentamente va desarrollándose el daño cerebral y la pérdida de la capacidad intelectual (demencia) resulta cada vez más evidente. Al principio los síntomas se parecen a los de otras demencias: descuido de la higiene personal, apatía, irritabilidad, olvidos y confusión. Algunas personas se cansan con facilidad, presentan somnolencia, son incapaces de conciliar el sueño o sufren trastornos del sueño. Seguidamente, la sintomatología empeora, generalmente con mucha mayor rapidez que en el mal de Alzheimer, hasta que se llega a un estado de demencia profunda.

Generalmente se producen espasmos musculares en los seis primeros meses posteriores al comienzo de los síntomas. También ocasionalmente temblores, torpeza y movimientos corporales peculiares. La visión puede tornarse borrosa o poco clara. La mayoría de los enfermos fallece, por lo general de neumonía, al cabo de 3 a 12 meses de enfermedad. Alrededor del 5 al 10 por ciento de las personas sobrevive 2 años o más.

Diagnóstico

El médico considera el diagnóstico de enfermedad de Creutzfeldt-Jakob cuando evalúa a un paciente con demencia. En la mayoría de las personas, dicha enfermedad es una causa poco probable a menos que la función de la mente se esté deteriorando rápidamente o que se acompañe de sacudidas musculares. El diagnóstico de la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob no suele confirmarse en vida, ya que para ello es necesario tomar una muestra de tejido cerebral y realizar una prueba específica. Esta prueba es muy fiable, pero sólo se realiza cuando la enfermedad es considerada como probable.

Prevención y tratamiento

La enfermedad de Creutzfeldt-Jakob no puede curarse y tampoco es posible retrasar su avance. El médico intenta medidas paliativas tratando los síntomas. Como la enfermedad es contagiosa, debe evitarse el trasplante o la ingestión de tejidos humanos o animales infectados.

Leucoencefalopatía multifocal progresiva

La leucoencefalopatía multifocal progresiva es una rara manifestación de infección cerebral por poliomavirus que suele progresar rápidamente una vez que comienza la sintomatología.

La enfermedad afecta al cerebro y a la médula espinal y es causada por el virus JC, que es un poliomavirus. Se ha vuelto muy frecuente entre las personas con deficiencia en la función (inmunológica) de los linfocitos T, como por ejemplo en los que sufren de leucemia, linfoma o SIDA. Los varones se ven afectados con mayor frecuencia que las mujeres.

Síntomas y diagnóstico

Muchos de los infectados por el virus JC no presentan aparentemente síntomas. Al igual que sucede con el herpesvirus, el JC parece permanecer latente hasta que algo (como un sistema inmunitario deficiente) provoca su reactivación. En consecuencia, la leucoencefalopatía multifocal progresiva suele aparecer sólo años después de la infección inicial.

La sintomatología suele iniciarse de forma repentina y gradual. Una vez que aparecen los síntomas, en general empeoran rápidamente y varían dependiendo de la parte infectada del cerebro. Es frecuente la parálisis que afecta a la mitad del cuerpo. Sólo en casos raros se producen dolores de cabeza y convulsiones. En aproximadamente dos de cada tres personas aparece una progresiva pérdida de la capacidad intelectual (demencia). También una creciente dificultad para hablar, así como ceguera parcial. Es muy frecuente que la persona muera entre uno y seis meses después del comienzo de los síntomas, pero algunas han sobrevivido a este tiempo.

El médico basa su diagnóstico en el desmejoramiento progresivo del paciente. Las técnicas no invasivas, como la tomografía computadorizada (TC) y la resonancia magnética (RM), pueden ayudar a establecer el diagnóstico. Sin embargo, el diagnóstico definitivo no puede establecerse hasta después del fallecimiento del enfermo, pues sólo entonces se puede examinar el tejido cerebral.

Tratamiento

Ningún tratamiento se ha revelado eficaz en la leucoencefalopatía multifocal progresiva. En las personas que han sobrevivido, los investigadores sospechan que ciertas funciones de su sistema inmunológico pueden haber sido responsables de detener la infección o la destrucción del tejido cerebral.

Paraparesia espástica tropical

La paraparesia espástica tropical es una infección vírica, lentamente progresiva, de la médula espinal que causa debilidad en las piernas.

La infección es causada por el tipo I del virus de la leucemia de células T humana (HTLV-I). Éste, un retrovirus, también puede causar un tipo de leucemia. La paraparesia espástica tropical puede transmitirse por contacto sexual o bien por el uso de agujas contaminadas. También de madre a hijo a través de la placenta o por la leche materna.

Los síntomas pueden comenzar años después de la infección inicial. En su respuesta a la infección por HTLV-I, el sistema inmunitario ocasionalmente daña el tejido nervioso, causando los síntomas. La debilidad y rigidez muscular en ambas piernas comienza gradualmente y empeora lentamente. Es probable la pérdida parcial de la sensibilidad en los pies.

A pesar de que no existe cura para este proceso, las personas tratadas con corticosteroides, que pueden inhibir la respuesta inmune, experimentan una notable mejoría. La plasmaféresis también ha producido mejorías temporales.

Infecciones causadas por arbovirus

Arbovirus es un término usado para un virus que se transmite a los humanos a través de los insectos, como las garrapatas y los mosquitos, los cuales se contagian al picar animales infectados, como animales y pájaros domésticos.

Encefalitis causada por arbovirus

La encefalitis causada por arbovirus es una grave infección del cerebro causada por uno de los diversos virus de este grupo.

Existen varios tipos de encefalitis vírica transmitidos por picaduras de insectos. El virus responsable de cada una de estas afecciones se transmite por un tipo concreto de mosquito que se encuentra en zonas geográficas específicas. Las enfermedades son zoonosis endémicas en la región, pero se suceden brotes periódicamente cuando aumenta la población de animales infectados. Las infecciones en los humanos son incidentales y no incrementan la transmisión del virus.

La encefalitis equina occidental se produce en personas de todas las edades, pero afecta particularmente a los niños menores de un año. La encefalitis equina oriental afecta sobre todo a los niños pequeños y a las personas de más de 55 años y provoca la muerte con más frecuencia que la variedad occidental. Ambos tipos tienden a ser graves en los niños menores de un año, causando un daño nervioso o cerebral permanente. El riesgo de muerte es mayor en las personas de edad avanzada. Existen diversos virus en el grupo de virus de California, como el virus de California, el virus La Crosse y el de Jamestown Canyon. Todos los virus de este grupo afectan principalmente a los niños.

Síntomas y tratamiento

Los síntomas iniciales o más frecuentes son dolor de cabeza, somnolencia y fiebre. Los vómitos y la rigidez de nuca son signos menos frecuentes de una infección de cerebro y médula espinal. Luego pueden aparecer temblores musculares, confusión mental, convulsiones y coma. Ocasionalmente, los brazos y las piernas quedan paralizados.

A diferencia de la encefalitis causada por el virus herpes simple, no existe tratamiento específico. La atención médica generalmente se limita a medidas de soporte. Se intenta mantener el funcionamiento cardíaco y pulmonar del paciente mientras la infección sigue su curso.

Otras infecciones causadas por arbovirus

En otras partes del mundo, la naturaleza transmite periódicamente al hombre variedades de arbovirus diferentes que causan encefalitis. Estas enfermedades incluyen encefalitis equina venezolana, encefalitis japonesa, encefalitis rusa de primavera-verano y otros tipos que reciben el nombre de las zonas geográficas en las que se producen.

Una de las infecciones por arbovirus más reconocidas e históricamente importantes es la denominada fiebre amarilla. La fiebre amarilla, una enfermedad vírica trasmitida por mosquitos, produce fiebre, hemorragia e ictericia. Puede ser mortal. Es muy frecuente en África Central y América Central y del Sur.

El dengue es una de las infecciones causadas por arbovirus con mayor prevalencia en los trópicos y subtrópicos. Transmitida por mosquitos, se presenta con fiebre, inflamación de los ganglios linfáticos y hemorragia. Causa intensos dolores articulares y musculares, por lo cual recibe el nombre de fiebre rompehuesos. Puede ser mortal. Suele afectar a niños menores de 10 años y, en los años subsiguientes, son frecuentes las infecciones recurrentes por diferentes tipos de virus.

Infecciones causadas por arenavirus

Los arenavirus y algunos virus relacionados con los arbovirus pueden transmitirse a los humanos a través del contacto con roedores o aerosoles que se originen en sus deyecciones.

Coriomeningitis linfocítica

La coriomeningitis linfocítica es una enfermedad causada por arenavirus que por lo general produce un trastorno similar a la gripe.

El arenavirus está presente en los roedores, especialmente el ratón de casa gris y el hámster. Éstos suelen estar infectados por el virus de por vida y lo excretan en la orina, las heces, el semen y las secreciones nasales. La exposición al polvo o los alimentos contaminados suele ser responsable de la infección en los seres humanos. La enfermedad generalmente se produce en el invierno cuando los roedores salvajes buscan albergue bajo techo.

Síntomas

Una enfermedad similar a la gripe se desarrolla de una a tres semanas después de la infección. Generalmente en los casos que desarrollan síntomas, se produce fiebre de 38,3 a 40 °C, que puede incluir temblores (escalofríos). Otros síntomas incluyen sensación de malestar, náuseas, aturdimiento, debilidad y dolores musculares. El mal se concentra detrás de los ojos y empeora con la luz intensa. También puede producirse dolor de garganta y de articulaciones, vómitos y falta de apetito. La enfermedad puede incluir inflamación de las articulaciones de los dedos y de los testículos. Se puede sufrir alopecia (caída del cabello).

Con frecuencia, la enfermedad se presenta en dos fases. La inflamación de la membrana que cubre el cerebro (meningitis) se desarrolla de una a dos semanas después de los síntomas similares a una gripe. Las personas con meningitis tienen dolor de cabeza y rigidez en el cuello. Por lo general, se recuperan por completo. En ciertos casos, se desarrolla una inflamación del tejido cerebral (encefalitis) con cefalea y somnolencia. En pocas ocasiones, puede existir daño neurológico residual.

Diagnóstico y tratamiento

Durante la primera semana de la enfermedad, la sintomatología se parece a la de la gripe o una infección vírica similar, por lo que no suelen hacerse pruebas. Si se hacen, una radiografía de tórax puede mostrar cierta inflamación pulmonar y los análisis de sangre revelan bajos valores de glóbulos blancos y plaquetas. Si los síntomas sugieren meningitis, se realiza una punción lumbar para extraer una muestra del líquido que rodea el cerebro y la médula espinal (líquido cefalorraquídeo). Si el paciente tiene coriomeningitis linfocítica, éste suele contener muchos glóbulos blancos, principalmente linfocitos. La enfermedad se diagnostica identificando el virus en este líquido o bien detectando valores cada vez mayores de anticuerpos contra el mismo. No existe ningún tratamiento específico. Se intentará aliviar los síntomas hasta que la infección remita.

Fiebres hemorrágicas

En varias partes del mundo, las infecciones características de los animales (zoonosis) se manifiestan en los seres humanos. Estas infecciones están relacionadas con el hábitat local y los vectores de transmisión de los virus. Algunos virus causan una infección grave, generalmente mortal, caracterizada por una fiebre hemorrágica, sangrado generalizado y fallo de varios órganos. Estas infecciones incluyen la fiebre hemorrágica boliviana y argentina y la fiebre Lassa.

La fiebre Lassa es una infección por arenavirus transmitida de los roedores a los humanos o entre las propias personas. Produce fiebre, vómitos y sangrado. Es mortal en casi todos los casos y requiere un estricto aislamiento de los afectados. Se produce principalmente en África occidental.

Infección causada por hantavirus

La infección causada por hantavirus es una enfermedad vírica que se transmite de los roedores a los humanos y causa graves infecciones pulmonares y renales.

Los hantavirus son bunyavirus relacionados lejanamente con el grupo de virus de California que provoca encefalitis. Están presentes en todo el mundo, en la orina, las heces y la saliva de varios roedores, incluyendo los ratones y ratas de campo y laboratorio. Se contrae infección al tener contacto con roedores o sus deyecciones o posiblemente al inhalar partículas de virus presentes en el aire. No existe evidencia de contagio entre personas. Recientemente se han producido brotes de infección por hantavirus en el sudoeste de los Estados Unidos, en una variedad que afecta a los pulmones. Sin embargo, los mismos virus u otros relacionados con ellos han sido hallados en otras partes de los Estados Unidos y es posible que existan en todos aquellos sitios en donde vivan los huéspedes apropiados.

Síntomas

El proceso pulmonar por hantavirus se inicia con fiebre y dolor muscular. Pueden presentarse dolor abdominal, diarrea o vómitos. Después de 4 a 5 días, se pueden presentar tos y dificultades respiratorias, un estado que puede empeorar tras algunas horas. A raíz de una pérdida de líquido hacia los pulmones puede producirse una drástica caída de la presión arterial (shock), que puede poner en peligro la vida. Casi invariablemente después del shock se produce la muerte. La infección que afecta a los pulmones es mortal en la mayoría de los casos. Quienes sobreviven pueden recuperarse completamente.

La infección renal puede ser leve o severa. La forma leve comienza de improviso con temperatura elevada y dolor de cabeza, espalda y abdomen. Al tercer o cuarto día, aparecen en la membrana blanca de los ojos y en el paladar unas pequeñas placas similares a hematomas junto con una erupción cutánea localizada en el abdomen. Alrededor del 20 por ciento de las personas enferma gravemente y experimenta cierta somnolencia. La función renal se deteriora, por lo que se acumulan sustancias tóxicas en la sangre y ello produce náuseas, pérdida de apetito y fatiga. La erupción cutánea desaparece en aproximadamente 3 días. El volumen de orina se hace mayor de lo normal y el enfermo se recupera después de varias semanas.

La forma grave o severa de infección renal se inicia de forma similar, pero la temperatura es más alta en el tercero o cuarto día. Un primer síntoma típico es el enrojecimiento del rostro, que da el aspecto de estar quemado por el sol. Si se presiona ligeramente la piel se produce una persistente marca roja. Entre el tercero y el quinto día aparecen manchas puntiformes (petequias), primero a nivel del paladar y luego sobre cualquier superficie de la piel que soporte presión. Casi al mismo tiempo se produce un derrame de sangre detrás de la parte blanca de los ojos. Aproximadamente durante el quinto día, la presión arterial puede bajar abruptamente y producirse shock. Hacia el octavo día, la presión retorna a la normalidad, pero baja la producción de orina. Ésta vuelve a aumentar hacia el día decimoprimero. En este momento, una hemorragia, particularmente en el cerebro, puede causar la muerte. La infección renal por hantavirus es fatal en alrededor del 5 por ciento de los casos. Algunas de las personas que sobreviven presentan una lesión renal permanente.

Virus Ébola y Marburg

El Ébola y el Marburg son dos virus complejos de África clasificados como filovirus. En los humanos producen graves fiebres hemorrágicas.

El virus Ébola probablemente se origina en los monos. Entre los humanos se transmite a través de la exposición a sangre o tejidos de un cuerpo infectado. La infección produce fiebre, diarrea, hemorragia y pérdida de la consciencia. Suele ser mortal, pero existen variedades de este virus que son menos virulentas. La infección se produce principalmente en África Oriental, del Sur y Central.

El virus Marburg se contagia a través de la exposición a tejidos de primates infectados. El virus es altamente infeccioso, y causa una enfermedad grave que afecta a varios órganos. La muerte es casi siempre inevitable. El centro de concentración del virus parece residir sólo en África Central

Tratamiento

Por lo general, se proporcionan medidas de sostén. Si se trata a tiempo, el fármaco antivírico ribavirina puede ser de gran ayuda. En los casos de infección pulmonar, se debe suministrar oxígeno y el control de la presión arterial es fundamental para que el paciente se recupere. En ciertos casos de infección renal, es posible que se necesite diálisis, un proceso que puede salvar la vida del paciente.

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