Infecciones en personas con las defensas bajas

Tanto las barreras físicas como el sistema inmunitario defienden al cuerpo contra los microorganismos que causan infección. Las barreras físicas incluyen la piel, las lágrimas, la cera de los oídos, la mucosidad (por ejemplo, de la nariz) y el ácido del estómago. Además, el flujo normal de orina elimina los microorganismos que ascienden por el tracto urinario. El sistema inmunitario, que es complejo y sofisticado, está formado, entre otros componentes, por glóbulos blancos y anticuerpos que identifican y eliminan los microorganismos.

Una amplia variedad de enfermedades, fármacos y otros tratamientos pueden causar un daño en las defensas naturales del cuerpo, provocando infecciones, posiblemente causadas por microorganismos que normalmente viven en el cuerpo sin provocar alteración alguna.

Factores de riesgo

Un quemado extenso corre mayores riesgos de infección porque la piel dañada permite la invasión de microorganismos perjudiciales. De la misma forma, las personas sometidas a procedimientos que reducen sus defensas físicas corren un mayor riesgo de infección. Estos procedimientos incluyen la inserción de un catéter en el tracto urinario o un vaso sanguíneo o bien un tubo dentro de las vías respiratorias. Muchos fármacos pueden deprimir el sistema inmunitario, incluyendo los anticancerosos (quimioterapia), los que se utilizan para evitar el rechazo de un órgano después de un trasplante (por ejemplo, azatioprina, metotrexato o ciclosporina) y los corticosteroides (por ejemplo, prednisona).

Los enfermos de SIDA presentan una terrible disminución de su capacidad de lucha contra ciertas infecciones, particularmente al final de la enfermedad. Están expuestos a enfermedades oportunistas, es decir, infecciones producidas por microorganismos que generalmente no infectan a quienes tienen sistemas inmunológicos que funcionan normalmente. También enferman más gravemente a partir de infecciones comunes, como el herpes.

Las infecciones son más probables y, generalmente, más severas en las personas de edad avanzada que en los adultos más jóvenes, probablemente porque el envejecimiento reduce la eficacia del sistema inmunológico. Ciertos trastornos prolongados (crónicos) que son frecuentes entre los ancianos, como una enfermedad pulmonar obstructiva crónica, cáncer y diabetes, también incrementan el riesgo de infección. Además, éstos tienen más probabilidades de encontrarse en un hospital o un centro donde el riesgo de contraer una infección grave se incrementa. En los hospitales, el uso masivo de antibióticos permite que los microorganismos resistentes a los mismos prosperen y, por lo tanto, las infecciones hospitalarias suelen ser más graves y difíciles de tratar que las infecciones contraídas en casa.

Los antibióticos que se administran para erradicar los microorganismos causantes de una enfermedad en realidad pueden incrementar el riesgo de infección en el paciente. En ciertos casos, estos matan no sólo las bacterias dañinas sino también las inofensivas que normalmente viven sobre la piel, o bien las bacterias colaboradoras que viven en el intestino. Cuando esto sucede, los hongos o las bacterias resistentes a los antibióticos pueden multiplicarse y causar una segunda infección, llamada superinfección. Las superinfecciones son más frecuentes entre los niños y los sujetos de edad avanzada y entre las personas con enfermedades crónicas o incapacitantes. Las superinfecciones también pueden producirse en quienes reciben varios antibióticos o bien un antibiótico que elimina una amplia variedad de microorganismos (antibióticos de amplio espectro).

Prevención y tratamiento

Se toman precauciones para proteger a las personas con mayor riesgo de infectarse. Lavarse las manos es el modo más eficaz de evitar la transmisión de la infección de una persona a otra. Una persona susceptible también puede ser aislada en una habitación privada de un hospital. Para reducir aún más el riesgo de infección, se les pide a las visitas que lleven batas limpias y máscaras, que se laven las manos y se coloquen guantes antes de entrar en la habitación del paciente.

A pesar de la posibilidad de que los antibióticos incrementen el riesgo de infección al suprimir algunas bacterias y permitir que otras crezcan, también éstos pueden reducir en gran medida ese riesgo si se utilizan correctamente. Esto es lo que se conoce como uso profiláctico de los antibióticos. Se pueden administrar profilácticamente antes de varios tipos de cirugía, particularmente operaciones abdominales y trasplantes de órganos.

La vacunación también puede ayudar a prevenir infecciones. Las personas que corren un mayor riesgo de contraer infecciones, especialmente las de edad avanzada y los enfermos de SIDA, deben recibir todas las vacunas necesarias para reducir este riesgo. En la inmunización activa, se inyecta una vacuna o bien se ingiere por vía oral, haciendo que el organismo produzca anticuerpos (proteínas creadas explícitamente para eliminar agentes específicos que causan enfermedades). Existen vacunas para evitar o reducir la severidad de ciertas afecciones como la gripe, las infecciones neumocócicas, la varicela, el herpes zoster, la hepatitis A y B, el sarampión y la rubéola. En la inmunización pasiva, los anticuerpos son inyectados, con lo que proporcionan protección inmediata pero temporal. La inmunización pasiva es particularmente útil cuando el sistema inmunitario es incapaz de producir suficientes anticuerpos para proteger a una persona infectada o cuando se necesita protección inmediata, por ejemplo tras la exposición al virus de la hepatitis.

Como las superinfecciones y las infecciones oportunistas suelen ser resistentes a la mayoría de los antibióticos, en ciertas ocasiones son difíciles de tratar y puede ser necesario un tratamiento prolongado. Se toman muestras de sangre u otros tejidos o humores de la persona infectada y se envían al laboratorio para que se analicen; la identificación de los microorganismos infectantes ayuda al médico a determinar qué fármacos serán más eficaces. Hasta que se hayan identificado éstos, se comienza el tratamiento con antibióticos a partir de sus suposiciones. Para las infecciones graves, es necesario recurrir a combinaciones de los mismos. En raros casos, un paciente con una cantidad muy baja de glóbulos blancos recibe transfusiones de células sanguíneas blancas.

Qué suprime el sistema inmunitario

Cualquiera de las siguientes condiciones o terapias pueden inibir el sistema inmunitario de la persona, haciendo más probable la aparición de una infección.

  • Anomalías de los glóbulos blancos, en particular los neutrófilos o los linfocitos T o B.
  • Producción anormal de anticuerpos.
  • El cáncer (por ejemplo, la leucemia, la enfermedad de Hodgkin y el mieloma).
  • El SIDA (infección con el virus de la inmunodeficiencia humana).
  • Producción de células sanguíneas deficiente (anemia aplásica).
  • Diabetes.
  • Excesiva producción de corticosteroides (enfermedad de Cushing).
  • Quimioterapia (fármacos anticancerosos).
  • Radioterapia (para el cáncer).
  • Fármacos inmunodepresores (para las enfermedades autoinmunes).
  • Coricosteroides (para el asma, las alergias y las enfermedades autoinmunes).

Infecciones específicas

Los inmunodeprimidos corren riesgo de contraer varias infecciones, que incluyen nocardiosis, aspergilosis, mucormicosis e infecciones causadas por citomegalovirus, entre otras.

Nocardiosis

La nocardiosis es una infección causada por la bacteria Nocardia asteroides que suele iniciarse en los pulmones y puede extenderse hacia la piel y el cerebro.

La Nocardia asteroides suele vivir en la materia en descomposición que se encuentra en la tierra. Las bacterias son transportadas a través del aire contaminado con partículas de polvo y penetran en los pulmones al respirar. En casos poco frecuentes, dichas bacterias penetran en el organismo al ser tragadas o transmitidas a través de la piel. Las personas crónicamente enfermas y las que reciben fármacos inmunodepresores corren mayor riesgo de contraerla.

Sin embargo, alrededor de la mitad de los afectados con nocardiosis, por lo general ancianos, carecen de otra enfermedad preexistente. En la actualidad, la nocardiosis es una complicación poco frecuente del SIDA.

Síntomas

La nocardiosis suele iniciarse como una infección pulmonar. Puede propagarse a través del flujo sanguíneo, provocando abscesos en muchas áreas del cuerpo, incluyendo el cerebro y con menos frecuencia el riñón. Se forman abscesos sobre o debajo de la piel en alrededor de un tercio de los casos.

En la neumonía causada por Nocardia, los síntomas más frecuentes son la tos, una debilidad general, escalofríos, dolor en el pecho, falta de aire, fiebre, pérdida del apetito y de peso. Puede acumularse líquido en el espacio pleural (localizado entre las membranas que recubren los pulmones). Estos síntomas son similares a los de la tuberculosis y otros tipos de neumonía bacteriana.

Alrededor de un tercio de los afectados con no-cardiosis desarrollan abscesos cerebrales y experimentan intensos dolores de cabeza y sensaciones de debilidad. La parte del cuerpo que se debilita depende de la zona del cerebro en donde se localiza el absceso.

Diagnóstico y tratamiento

El diagnóstico de nocardiosis se basa en la identificación de la Nocardia asteroides en muestras de humor corporal o tejido tomados de una persona infectada.

Con o sin tratamiento, la nocardiosis puede ser mortal. El pronóstico es mejor si la infección se localiza sólo en los pulmones que si se ha extendido hacia otras partes del cuerpo, por ejemplo, hacia el cerebro. Es también peor para los pacientes que reciben terapia inmunosupresora.

La penicilina es eficaz aproximadamente en sólo el 40 por ciento de los casos. La sulfadiazina puede ser eficaz pero debe ser tomada durante varios meses. Para algunos enfermos, sólo la amikacina resulta beneficiosa.

Aspergilosis

La aspergilosis, causada por el hongo Aspergillus es una infección que afecta principalmente a los pulmones.

El Aspergillus suele encontrarse en el abono, alrededor de la casa, en los alimentos y en el cuerpo. Algunas personas sufren una reacción alérgica al Aspergillus presente en la superficie de su cuerpo aunque no haya invadido los tejidos.

La aspergilosis se produce cuando estos hongos se encuentran sobre la superficie del cuerpo o invaden tejidos más profundos, como los conductos auditivos o los pulmones, particularmente en sujetos con tuberculosis o bronquitis. En los pulmones puede crecer una masa de hongos (aspergiloma). Esta formación está compuesta por una acumulación de fibras micóticas, fibras que coagulan la sangre y glóbulos blancos. Aumenta progresivamente de tamaño, destruyendo el tejido pulmonar durante el proceso. En inmunodeprimidos, como quienes han sido sometidos a trasplantes de corazón o hígado, la aspergilosis puede propagarse a través del flujo sanguíneo hasta el cerebro y los riñones. Es una infección reconocida pero poco frecuente entre los enfermos de SIDA.

Síntomas

La aspergilosis del conducto auditivo produce picazón y en algunos casos dolor. El líquido que brota del oído durante la noche puede manchar la almohada.

La masa micótica localizada en los pulmones ocasionalmente no causa ningún síntoma y es descubierta fortuitamente por una radiografía. Sin embargo, puede causar repetidos accesos de tos con sangre y una hemorragia raramente grave, incluso mortal.

La infección de los tejidos más profundos produce una grave enfermedad. Los síntomas incluyen fiebre, escalofríos, shock, delirio y coágulos de sangre. El paciente puede desarrollar insuficiencia renal o hepática (causante de ictericia) y dificultades respiratorias. Puede fallecer rápidamente.

Diagnóstico y tratamiento

Los síntomas por sí solos brindan claves importantes para establecer el diagnóstico. En la medida de lo posible, se toma una muestra de material infectado para su cultivo. El hongo puede tardar varios días en crecer para su identificación, pero el tratamiento debe comenzar de inmediato, porque esta enfermedad puede ser mortal.

El acetato de aluminio (solución de Burow) es utilizado para limpiar el canal auditivo infectado. La masa de hongos suele ser extirpada quirúrgicamente. Por lo general se realiza una infusión intravenosa de un medicamento antifúngico, como la anfotericina B. El ketoconazol y el itraconazol son fármacos que se toman por vía oral cuando se produce una infección de los tejidos más profundos. Algunas especies de Aspergillus, no obstante, son resistentes a dichos fármacos.

Mucormicosis

La mucormicosis (ficomicosis) es una infección causada por un hongo perteneciente al gran grupo de microorganismos llamados Mucorales.

La mucormicosis que se produce bajo la piel (mucormicosis subcutánea) es una forma de infección frecuente en el sudeste de Asia y África. Generalmente, se cura sin tratamiento; sin embargo, puede causar tumefacciones grotescas bajo la piel del cuello y el pecho.

La mucormicosis de la nariz y el cerebro (mucormicosis rinocerebral) es una infección grave generalmente mortal. Esta forma de mucormicosis suele afectar a las personas cuyas defensas están debilitadas por una enfermedad, como la diabetes no controlada. Los síntomas incluyen dolor, fiebre y una infección de la cavidad ocular (celulitis orbital) con una inflamación del ojo afectado (proptosis). El enfermo elimina pus por la nariz. La división entre los orificios nasales (septum), la parte superior de la boca (paladar) o los huesos faciales que rodean la cavidad ocular o los senos pueden resultar destruidos. Una infección cerebral puede causar convulsiones, incapacidad para hablar con propiedad y parálisis parcial.

Diagnóstico y tratamiento

Como los síntomas de mucormicosis pueden parecerse a los de otras infecciones, es posible que el médico no consiga diagnosticarla de inmediato. Tomar muestras de tejidos corporales infectados para su cultivo puede no servir de mucho, puesto que es difícil que el hongo crezca en el laboratorio. Se puede establecer el diagnóstico observando los síntomas del paciente y su condición, incluyendo un estado inmunológico deficiente o una diabetes no controlada.

Una persona con mucormicosis suele ser tratada con anfotericina B administrada de forma intravenosa o inyectada directamente en el líquido espinal. El tejido infectado puede ser extirpado mediante cirugía. Si el sujeto también tiene diabetes, sus valores de azúcar en la sangre (glucosa) deben controlarse hasta alcanzar proporciones casi normales.

Infección causada por citomegalovirus

La infección por citomegalovirus es una afección vírica que puede ser adquirida antes de nacer o en cualquier momento después del nacimiento.

El citomegalovirus se encuentra en todas partes. Las personas con infección activa pueden alojar el virus en su orina o saliva durante meses. Éste también se excreta en la mucosidad cervical, el semen, la heces y la leche materna. Los niños que pasan muchas horas en instituciones como escuelas o centros de cuidado diurnos suelen contagiarse el virus unos a otros. También suele ser transmitido por los varones homosexuales que mantienen relaciones sin protección. La infección por citomegalovirus puede desarrollarse en personas que reciben sangre contaminada o a las que se les trasplanta un órgano infectado, como por ejemplo un riñón.

Cuando el citomegalovirus penetra en el organismo, puede o no generar una enfermedad activa. Una vez dentro, puede permanecer latente durante años, pero volverse activo y causar enfermedad en cualquier momento. Entre el 60 y el 90 por ciento de los adultos ha tenido una infección por citomegalovirus en algún momento, a pesar de que por lo general no hayan presentado síntomas. Las infecciones graves se producen generalmente sólo en inmunodeficientes, por ejemplo, aquellos que han recibido un trasplante de médula ósea o los enfermos de SIDA.

Síntomas

La infección antes del nacimiento ocasionalmente provoca abortos, hace que el bebé nazca muerto o bien causa la muerte del recién nacido. Ésta se produce por hemorragia, anemia o una lesión extensa del hígado o el cerebro.

Generalmente, los que contraen la infección después de nacer y albergan el virus no presentan síntomas. No obstante, una persona sana que resulta infectada puede sentirse enferma y tener fiebre. Si un individuo recibe una transfusión de sangre que contenga el citomegalovirus, los síntomas pueden comenzar de 2 a 4 semanas más tarde. Éstos incluyen fiebre que dura de dos a tres semanas y algunas veces inflamación del hígado (hepatitis), posiblemente con ictericia. El número de linfocitos, una variedad de glóbulos blancos, puede incrementarse. Ocasionalmente aparece una erupción cutánea.

Un enfermo inmunodeficiente y que está infectado con citomegalovirus es particularmente propenso a desarrollar una infección grave y puede enfermar gravemente y morir. En los enfermos de SIDA, éste suele infectar la retina, causando ceguera. También puede producirse una infección del cerebro (encefalitis) o úlceras en el intestino o el esófago. Los trasplantados con órganos infectados por citomegalovirus corren grandes riesgos de morir, porque como parte del proceso del trasplante reciben drogas que suprimen el sistema inmunitario.

Diagnóstico y tratamiento

La infección por citomegalovirus puede desarrollarse gradualmente y no ser reconocida de inmediato. Las claves que ayudan al diagnóstico son los síntomas del enfermo y su sistema inmunitario deficiente. Cuando se sospecha la infección, se realizan pruebas para detectar el virus en la orina y en otros humores o tejidos corporales. Debido a que éste puede permanecer latente en el organismo durante meses o años, el descubrimiento de citomegalovirus no prueba que el mismo esté causando una infección activa. Un incremento en los anticuerpos contra el virus, medidos mediante análisis de sangre hechos varios días atrás, son una clara indicación de que es el responsable de la infección. En un paciente con infección en la parte posterior del ojo o retina (retinitis), el médico puede descubrir anomalías al examinar con un oftalmoscopio (un instrumento que permite visualizar las estructuras internas del ojo). En los recién nacidos, el diagnóstico suele establecerse mediante un cultivo de orina durante las primeras tres semanas de vida.

Una infección no suele ser tratada pues remite por sí sola. Cuando la infección amenaza la vida del enfermo o su vista, se pueden administrar los fármacos antivíricos ganciclovir o foscarnet. Sin embargo, éstos tienen serios efectos colaterales. Además, pueden no curar la infección. Sin embargo, el tratamiento en curso suele retardar el avance de la enfermedad.

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