Funcionamiento de los riñones y de las vías urinarias

Normalmente, se poseen dos riñones. Cada riñón tiene un uréter que conduce la orina desde la zona de recolección central de los riñones (pelvis renal) hacia la vejiga. Desde allí, la orina sale por la uretra hacia el exterior del cuerpo, a través del pene en los varones y de la vulva en las mujeres.

La función principal de los riñones es filtrar los productos metabólicos de desecho y el exceso de sodio y de agua de la sangre, así como facilitar su eliminación del organismo; también ayudan a regular la presión arterial y la producción de glóbulos rojos.

Cada riñón contiene alrededor de un millón de unidades encargadas de la filtración (nefronas). Una nefrona está constituida por una estructura redonda y hueca (cápsula de Bowman), que contiene una red de vasos sanguíneos (el glomérulo). Estas dos estructuras conforman lo que se denomina un corpúsculo renal.

La sangre penetra en el glomérulo a presión elevada. Gran parte de la fracción líquida de la sangre se filtra a través de pequeños poros situados en las paredes de los vasos sanguíneos del glomérulo y también por la capa interna de la cápsula de Bowman; las células sanguíneas y las moléculas más grandes, como las proteínas, no se filtran. El líquido filtrado, depurado, penetra en el espacio de Bowman (la zona que se encuentra entre las capas interna y externa de la cápsula de Bowman) y pasa por el tubo que sale de la misma. En la primera parte del tubo (túbulo contorneado proximal), se resorben la mayor parte del sodio, agua, glucosa y otras sustancias filtradas, las cuales, posteriormente, se reincorporan a la sangre. El riñón también utiliza energía para transportar selectivamente unas cuantas moléculas de gran tamaño (incluyendo fármacos como la penicilina, pero no las proteínas) y llevarlas hacia el interior del túbulo. Estas moléculas se excretan en la orina aunque sean demasiado grandes para pasar a través de los poros del filtro glomerular. La parte siguiente de la nefrona es el asa de Henle. A medida que el líquido pasa a través del asa, el sodio y varios otros electrólitos son bombeados hacia el interior del riñón y el restante queda cada vez más diluido. Este líquido diluido pasa a la siguiente parte de la nefrona (el túbulo contorneado distal), donde se bombea más sodio hacia dentro, a cambio del potasio, que pasa al interior del túbulo.

El líquido proveniente de varios nefronas pasa al interior del llamado tubo colector. En los tubos colectores, el líquido puede seguir a través del riñón en forma de orina diluida, o el agua de ésta puede ser absorbida y devuelta a la sangre, haciendo que la orina sea más concentrada. Mediante las hormonas que influyen la función renal, el organismo controla la concentración de orina según sus necesidades de agua.

Vista del tracto urinario

Tracto urinario

Riñón

Cápsula Bowman

Nefrón

La orina formada en los riñones fluye por los uréteres hacia el interior de la vejiga, pero no lo hace pasivamente como el agua a través de una tubería. Los uréteres son tubos musculares que conducen cada pequeña cantidad de orina mediante ondas de contracción. En la vejiga, cada uréter pasa a través de un esfínter, una estructura muscular de forma circular que se abre para dejar paso a la orina y luego se va estrechando hasta cerrarse herméticamente, como el diafragma de una cámara fotográfica.

La orina se va acumulando en la vejiga a medida que llega con regularidad por cada uréter. La vejiga, que se puede dilatar, aumenta gradualmente su tamaño para adaptarse al incremento del volumen de orina y cuando finalmente se llena, envía señales nerviosas al cerebro que transmiten la necesidad de orinar.

Durante la micción, otro esfínter, ubicado entre la vejiga y la uretra (a la salida de la vejiga), se abre, dejando fluir la orina. Simultáneamente, la pared de la vejiga se contrae, creando una presión que fuerza la orina a salir por la uretra. La contracción de los músculos de la pared abdominal añade una presión adicional. Los esfínteres, a través de los cuales los uréteres entran en la vejiga, permanecen herméticamente cerrados para impedir que la orina refluya hacia los uréteres.

Síntomas de los trastornos del riñón y de las vías urinarias

Los síntomas causados por los trastornos del riñón y de las vías urinarias varían de acuerdo con cada tipo de trastorno y con la parte del sistema afectado.

La fiebre y la sensación de malestar generalizado son síntomas frecuentes, aunque la infección de la vejiga (cistitis) casi nunca cause fiebre. La infección bacteriana del riñón (pielonefritis) generalmente provoca fiebre elevada. Ocasionalmente, el cáncer de riñón causa fiebre.

La mayoría de las personas orina aproximadamente cuatro a seis veces diarias, principalmente durante el día. La micción frecuente sin incremento del volumen diario de orina, es un síntoma de infección vesical o de algo que causa su irritación, como un cuerpo extraño, un cálculo o un tumor. Este último u otra masa que presione la vejiga también puede provocar una micción frecuente. La irritación de la vejiga puede provocar dolor al orinar (disuria) y una necesidad compulsiva de miccionar (urgencia), que puede sentirse como una tensión dolorosa casi constante (tenesmo). Por lo general, la cantidad de orina que se elimina es poca, pero si una persona no orina de inmediato puede perder el control de la vejiga.

La micción nocturna frecuente (nicturia) puede manifestarse en las etapas iniciales de una enfermedad renal, aunque la causa puede ser simplemente que se beba un gran volumen de líquidos antes de acostarse, especialmente alcohol, café o té. Durante la noche se puede sentir la necesidad de orinar con frecuencia, debido a que los riñones no concentran bien la orina. También es habitual la micción frecuente por la noche en las personas que sufren de insuficiencia cardíaca, insuficiencia hepática o diabetes, aunque no padezcan una enfermedad de las vías urinarias. Orinar pequeñas cantidades repetidas veces durante la noche puede producirse cuando la orina se devuelve a la vejiga porque su salida se encuentra obstruida. En los varones mayores, la causa más frecuente es el aumento del tamaño de la próstata.

Orinarse en la cama (enuresis) es normal durante los 2 o 3 primeros años de vida. A partir de esta edad, puede ser indicativo de un problema tal como una maduración retardada de los músculos y de los nervios de las vías urinarias inferiores, una infección, un estrechamiento de la uretra o un control inadecuado de los nervios de la vejiga urinaria (vejiga neurogénica). Con frecuencia el problema es de tipo genético y algunas veces psicológico.

Los síntomas más frecuentes de una obstrucción de la uretra son: la dificultad para iniciar la micción, la necesidad de esforzarse, un chorro débil e irregular de orina y el goteo al final de la micción. En los varones es muy frecuente que estos síntomas sean provocados por una próstata aumentada de tamaño y, con menos frecuencia, por un estrechamiento (estenosis) de la uretra. En un niño, síntomas similares pueden significar que nació con una uretra estrecha o que la estrechez esté localizada en el orificio externo. Este orificio puede también ser anormalmente estrecho en las mujeres.

Una gran variedad de afecciones pueden causar una pérdida incontrolada de orina (incontinencia). La orina se puede escapar cuando una mujer con un cistocele (una herniación de la vejiga en la vagina) tose, se ríe, corre o se levanta . En general, la causa de un cistocele se debe al estiramiento y al debilitamiento de los músculos pélvicos durante el parto. También puede ser el resultado de las alteraciones que se producen cuando el nivel de estrógenos disminuye tras la menopausia. La obstrucción de la salida de la orina de la vejiga puede causar incontinencia cuando la presión interior de la vejiga excede la fuerza de la obstrucción; sin embargo, en estas condiciones la vejiga no se vacía completamente.

La presencia de aire en la orina, un síntoma poco frecuente, indica por lo general una conexión anómala (fístula) entre las vías urinarias y el intestino. Una fístula puede ser una complicación de una diverticulitis, de otros tipos de inflamación intestinal, de un absceso o de un cáncer. Una fístula entre la vejiga y la vagina también puede hacer que el gas (aire) vaya hacia la orina. En raras ocasiones, las bacterias presentes en la orina pueden producir gas.

Generalmente, los adultos producen alrededor de 3 tazas a 2 litros de orina al día. Numerosas formas de enfermedades de los riñones dañan su capacidad para concentrar la orina, en cuyo caso la producción diaria de orina puede exceder los 2 litros y medio. La emisión de grandes cantidades de orina por lo general es la consecuencia de una concentración elevada de glucosa (azúcar) en la sangre, de una baja concentración de hormona antidiurética producida por la hipófisis (diabetes insípida) o de una falta de respuesta por parte de los riñones a la hormona antidiurética (diabetes insípida nefrogénica).

La producción diaria de orina se puede reducir a menos de dos tazas a causa de una enfermedad renal, por la obstrucción de un uréter, de la vejiga o de la uretra. La producción persistente de menos de una taza de orina diaria conduce a la formación de desechos metabólicos en la sangre (azoemia). Este volumen escaso de producción puede indicar que los riñones se han afectado de forma repentina o que un problema renal crónico se ha agravado.

La orina diluida puede ser casi incolora, mientras que la concentrada es de color amarillo oscuro. Los pigmentos de los alimentos pueden producir una orina coloreada de rojo y los fármacos pueden producir una variedad de colores: marrón, negro, azul, verde o rojo. Los colores distintos del amarillo son anormales, a menos que sean causados por alimentos o fármacos. La orina marrón puede contener hemoglobina degradada (la hemoglobina es la proteína que transporta el oxígeno en los glóbulos rojos) o proteínas musculares. La orina puede contener pigmentos, de color rojo causados por la porfiria, o de color negro por un melanoma. La orina turbia sugiere la presencia de pus proveniente de una infección de las vías urinarias, o bien de cristales de ácido úrico o de ácido fosfórico. En general, se puede identificar la causa de esta coloración anormal mediante un examen microscópico del sedimento de la orina y el análisis químico de la misma.

La sangre en la orina (hematuria) puede darle una coloración entre roja y marrón, dependiendo de la cantidad de sangre presente, el tiempo que haya estado en la orina y el grado de acidez de ésta. Es posible detectar mediante un análisis químico o un examen microscópico una cantidad muy reducida de sangre en la orina, aunque ésta no tenga una coloración roja. La sangre en la orina que no causa dolor puede deberse a un cáncer de la vejiga o del riñón. Dichas formas de cáncer suelen sangrar de forma intermitente. Sin embargo, el sangrado se puede detener espontáneamente, aunque el cáncer persista y siga estando ahí. Otras causas de sangre en la orina son la glomerulonefritis, los cálculos y quistes del riñón, la drepanocitosis y la hidronefrosis.

El dolor causado por una enfermedad renal generalmente se siente en el costado o en la región lumbar. Algunas veces, el dolor se irradia hacia el centro del abdomen. La causa probable del dolor es el estiramiento de la envoltura externa del riñón (cápsula renal), que es sensible al dolor. Éste puede manifestarse en cualquier afección que provoque hinchazón del tejido renal. Si los riñones son presionados por cualquier razón, normalmente se produce dolor.

Un cálculo renal causa un dolor muy agudo cuando penetra en el uréter, que se contrae en respuesta al cálculo, provocando un dolor agudo en la zona lumbar, que a menudo se irradia hacia la ingle. El dolor cesa cuando el cálculo entra en la vejiga.

Un dolor referido a la zona de la vejiga generalmente se debe a una infección bacteriana. El malestar se siente generalmente por encima del hueso púbico (pubis) y en el extremo final de la uretra durante la micción. La obstrucción del flujo de orina de la uretra causa dolor por encima del pubis. Sin embargo, una obstrucción que se desarrolle lentamente puede dilatar la vejiga sin causar dolor.

El cáncer de la próstata y el aumento de tamaño de ésta son generalmente indoloros, pero una inflamación de la próstata (prostatitis) puede causar un malestar impreciso o una sensación de llenura en la zona que se encuentra entre el ano y los genitales. Por otra parte, los trastornos de los testículos generalmente provocan un dolor agudo que se siente directamente en el lugar del proceso.

Algunas veces, el semen que se eyacula puede ser sanguinolento. Por lo general no se puede encontrar la causa. El semen puede ser sanguinolento después de una abstinencia sexual prolongada o tras una actividad sexual frecuente o interrumpida. Los varones que sufren trastornos de la coagulación que provocan sangrados excesivos pueden eyacular semen mezclado con sangre. Algunos tendrán episodios repetidos mientras que otros tienen sólo uno. Aunque la sangre en el semen produce inquietud, el trastorno generalmente no es grave. Algunos urólogos recomiendan tomar tetraciclinas acompañadas de masajes suaves de la próstata, pero el efecto beneficioso no está probado, sea cual sea el tratamiento.

Procedimientos diagnósticos

Ante la posibilidad de que pueda existir un trastorno renal o de las vías urinarias, el médico trata de examinar los riñones durante la exploración física. Los riñones normales no suelen palparse, pero sí se pueden detectar si están hinchados o existe un tumor renal. Así mismo, se puede palpar la vejiga cuando está dilatada. En el varón, el médico hace un tacto rectal para ver si existe una dilatación de la próstata. Un tacto vaginal en la mujer puede proporcionar información acerca de la vejiga y de la uretra.

Los procedimientos adicionales para el diagnóstico de las afecciones de los riñones y de las vías urinarias comprenden análisis de orina y de sangre que reflejan la función renal, pruebas de imagen y muestras del tejido renal.

Análisis de orina

Los análisis de orina de rutina incluyen los análisis químicos para la detección de proteínas, azúcar y cetonas y el examen microscópico para detectar glóbulos rojos y blancos. Las pruebas que se realizan en un laboratorio de manera simple y económica pueden detectar y medir la cantidad de diversas sustancias en la orina. En estas pruebas se utiliza una tira de plástico delgada (tira reactiva), impregnada con sustancias químicas que reaccionan cambiando de color ante las sustancias presentes en la orina. Este tipo de tira se utiliza sistemáticamente en los análisis de orina.

En general, la presencia de proteínas en la orina (proteinuria) se puede detectar rápidamente por medio de tiras reactivas, pero a veces se necesitan métodos más sofisticados. Las proteínas pueden estar presentes en la orina de manera constante o sólo de un modo intermitente, dependiendo de la causa. La proteinuria es generalmente una señal de enfermedad renal, pero puede también producirse de forma natural tras ejercicios extenuantes como un maratón. Puede también ser consecuencia de una anomalía genética inocua y poco frecuente denominada proteinuria ortostática. En este caso la proteína no se encuentra presente en la orina si el sujeto ha estado acostado (como cuando está dormido), pero aparece un rato después de levantarse.

La presencia de glucosa (azúcar) en la orina (glucosuria) se puede detectar con las tiras reactivas, antes mencionadas, de manera muy precisa. La diabetes es la causa más frecuente. Si sigue apareciendo glucosa en la orina después de normalizarse las concentraciones de azúcar en la sangre, probablemente se trate de una alteración renal.

La presencia de cetonas en la orina (cetonuria) se puede detectar con las mismas tiras. Las cetonas se forman cuando el organismo descompone las grasas. Otras veces éstas se pueden producir a causa de la inanición, la diabetes incontrolada y, ocasionalmente, por la intoxicación por alcohol.

La presencia de sangre en la orina (hematuria) se detecta con una tira reactiva o mediante un examen al microscopio. A veces la orina contiene sangre suficiente como para que sea visible, volviéndola de color rojo o marrón.

Los nitritos en la orina (nitrituria) también pueden detectarse por medio de las tiras de celulosa. Debido a que los valores de los nitritos aumentan cuando existen bacterias en la orina, esta prueba se utiliza para un rápido diagnóstico de la infección.

La presencia en la orina de esterasa leucocitaria (una enzima que se encuentra en ciertos glóbulos blancos) se puede detectar mediante tiras reactivas. La esterasa leucocitaria indica una inflamación, causada habitualmente por una infección bacteriana. La prueba puede dar un falso negativo cuando la orina está muy concentrada o contiene glucosa, sales biliares, fármacos (como el antibiótico rifampicina) o una gran cantidad de vitamina C.

La acidez de la orina también se determina mediante tiras reactivas. Ciertos alimentos pueden aumentarla.

Cómo obtener una muestra de orina en un envase esterilizado

  1. Se lava la cabeza del pene de un hombre o la abertura de la uretra de una mujer.
  2. Las primeras gotas de orina se dejan caer dentro del inodoro, enjuagando la uretra.
  3. Se reanuda la micción, y se recoge una muestra del chorro dentro de un recipiente esterilizado

La concentración de orina (osmolalidad) puede ser importante para el diagnóstico de un funcionamiento anormal de los riñones. Se puede analizar una muestra de orina seleccionada al azar o bien se pueden realizar pruebas que estudien la capacidad de los riñones para concentrar la orina. En una de dichas pruebas no se bebe agua ni otros líquidos durante 12 a 14 horas; en otra, se aplica una inyección de la hormona vasopresina. Después, se mide la concentración de la orina. Normalmente, cada una de estas pruebas debe dar como resultado un gran aumento de la concentración de la orina. Sin embargo, en ciertos trastornos renales, la orina está anormalmente diluida.

En una situación normal, la orina contiene un número reducido de células y otros desechos provenientes del interior de las vías urinarias. En caso de una enfermedad de las vías urinarias, se desprende un mayor número de células que van a formar un sedimento, si la orina se centrifuga o se deja asentar. Se puede hacer un examen microscópico del sedimento para obtener información sobre la enfermedad.

Para diagnosticar una infección de las vías urinarias se realizan cultivos de orina, que son técnicas que permiten el crecimiento de las bacterias en el laboratorio. Para ello se requiere una muestra de orina no contaminada proveniente de la vejiga, que puede obtenerse orinando en un recipiente estéril. Otros métodos incluyen la introducción de un catéter por la uretra hasta el interior de la vejiga o la inserción de una aguja en el interior de la vejiga a través de la pared abdominal (aspiración suprapúbica por aguja).

Pruebas de funcionamiento renal

La función renal se puede evaluar analizando tanto una muestra de sangre como una de orina. La velocidad de filtración renal se puede estimar mediante la medición de la creatinina en el suero (un producto de desecho). La concentración de nitrógeno ureico sanguíneo (BUN) puede también indicar la eficacia del funcionamiento de los riñones, aunque muchos otros factores pueden alterar su valor. Con una muestra de sangre también se puede realizar una prueba más precisa, como el aclaramiento de creatinina, utilizando una fórmula que relaciona el valor de creatinina en el suero con la edad, el peso y el sexo; su determinación exacta exige una recolección de la orina producida durante 24 horas.

Estudios de imagen

Una radiografía del abdomen puede mostrar el tamaño y la posición de los riñones, aunque una ecografía es en general mejor para este propósito.

Una urografía endovenosa es una técnica radiológica que se utiliza para visualizar los riñones y las vías urinarias inferiores. Se inyecta por vía endovenosa una sustancia radiopaca (conocida como radiocontraste), que se puede observar en la radiografía. La sustancia se concentra en los riñones, generalmente en menos de 5 minutos. Luego se realiza una radiografía que proporciona una imagen de los riñones y del paso de la sustancia radiopaca a través de los uréteres hacia el interior de la vejiga. La urografía endovenosa no es útil cuando los riñones funcionan mal y no pueden concentrar la sustancia radiopaca.

Cistograma retrógrado
Para realizar este examen se inyecta un medio de contraste radiológico a través de una sonda uretral.

Cistograma retrógrado

La inyección de una sustancia radiopaca puede producir una insuficiencia renal aguda (efecto adverso) en menos de uno de cada 200 casos. Se desconoce el motivo de ello, pero el riesgo es más elevado en las personas de edad avanzada o en las que ya tenían anteriormente una insuficiencia renal, diabetes mellitus, deshidratación o mieloma múltiple.

El médico debe tener la precaución de administrar líquidos por vía endovenosa a un paciente con riesgo elevado, antes de inyectar una sustancia radiopaca. También se utiliza una dosis baja de la sustancia radiopaca para reducir el riesgo al máximo. Otras veces se utiliza una prueba alternativa, como la tomografía computadorizada.

El cistograma, que consiste en la visualización de la vejiga por rayos X, se obtiene como parte de la urografía endovenosa. Sin embargo, el cistograma retrógrado (cistografía), que se obtiene cuando la sustancia radiopaca se introduce a través de la uretra, a menudo proporciona mayor información sobre la vejiga y los uréteres. Las radiografías se realizan antes, durante y después de la micción.

En la urografía retrógrada, sustancias radiopacas similares a las que se utilizan en la urografía endovenosa se introducen directamente en el interior del uréter a través de un endoscopio o de un catéter. Este método proporciona buenas imágenes de la vejiga, los uréteres y la parte inferior de los riñones y es muy útil cuando los resultados de la urografía endovenosa no son satisfactorios. Así mismo, es útil en el estudio de la obstrucción de un uréter o cuando debe evaluarse una persona alérgica a las sustancias endovenosas radiopacas. Entre sus desventajas se encuentran el riesgo de infección y la necesidad de utilizar anestesia.

La ecografía utiliza ondas de sonido para producir una imagen de las estructuras anatómicas. La técnica es simple, indolora y segura. Puede utilizarse para estudiar los riñones, los uréteres y la vejiga, con la ventaja adicional de que se pueden obtener buenas imágenes incluso cuando la función renal está disminuida. Las ecografías proporcionan información indirecta sobre la función renal. La ecografía también se utiliza para medir la velocidad de producción de la orina en un feto mayor de 20 semanas, midiendo los cambios de volumen de la vejiga. Esta información ayuda a determinar la eficiencia de la función renal del feto. En los recién nacidos, la ecografía es el mejor método para investigar masas abdominales, infecciones de las vías urinarias y los posibles defectos congénitos del sistema urinario, teniendo en cuenta su fácil ejecución y la precisión de sus resultados.

La ecografía es uno de los mejores medios para calcular el tamaño de los riñones y para diagnosticar diversas anomalías renales, incluyendo los sangrados renales. La ecografía se utiliza para localizar el sitio adecuado para una biopsia. Así mismo es el método elegido para los pacientes con insuficiencia renal avanzada, pues en estos casos los riñones no captan las sustancias radiopacas; o bien para las personas que no toleran estas sustancias.

En una ecografía se puede ver con nitidez una vejiga llena de orina. Aunque los tumores de la vejiga pueden identificarse mediante la ecografía, es más fiable la tomografía computadorizada.

La tomografía computadorizada (TC) es más costosa que la ecografía y que la urografía endovenosa pero tiene algunas ventajas sobre éstas. La TC puede distinguir las estructuras sólidas de aquellas que contienen líquidos, por esta razón es más útil en la evaluación del tipo y de la extensión de los tumores del riñón o de otras masas que distorsionen las vías urinarias normales. Se puede inyectar por vía endovenosa una sustancia radiopaca para obtener mayor información. La TC puede ayudar a determinar si un tumor se ha extendido mas allá del riñón. Si durante una TC se inyecta una mezcla de aire y de sustancia radiopaca al interior de la vejiga, se puede observar claramente el contorno de un tumor de la vejiga.

La angiografía, que implica la inyección de una sustancia radiopaca en una arteria, es el más invasivo de todos los procedimientos para obtener imágenes del riñón. Se reserva para situaciones especiales, como cuando el médico requiere evaluar el aporte sanguíneo a los riñones. En muchos hospitales, se está reemplazando la angiografía convencional por la TC en espiral. Esta técnica utiliza computadoras para intensificar la imagen obtenida con cantidades reducidas de sustancia radiopaca. Entre las complicaciones de la angiografía se encuentran lesiones a las arterias puncionadas y a los órganos vecinos, reacciones a la sustancia radiopaca y hemorragia.

La venografía es una imagen radiográfica de las venas que se obtiene empleando sustancias radiopacas. Las complicaciones son raras y están generalmente limitadas a la extravasación de sangre y de sustancia radiopaca alrededor del punto de la inyección. Pueden presentarse reacciones alérgicas a la sustancia radiopaca.

Las imágenes por resonancia magnética (RM) pueden proporcionar la información sobre masas renales que no se pueden obtener por medio de otras técnicas. Por ejemplo, se puede determinar el tamaño de un tumor a partir de imágenes tridimensionales producidas por el registro RM. Las masas renales sólidas se ven distintas de las huecas (quísticas) y la imagen del líquido en un quiste ayuda al médico a distinguir una hemorragia de una infección. Además, la RM produce excelentes imágenes de los vasos sanguíneos y de las estructuras alrededor de los riñones, lo que permite realizar varios diagnósticos. Sin embargo, los depósitos de calcio y los cálculos en el riñón no se observan bien y se ven mejor con una TC.

Biopsia renal

Biopsia renal

Obtención de muestras de células y tejido

Se puede realizar una biopsia de riñón (extracción de una muestra de tejido para su examen al microscopio) con el fin de que el médico pueda establecer un diagnóstico y observar la evolución del tratamiento. Para evaluar una insuficiencia renal, con frecuencia se introduce una aguja de biopsia a través de la piel. A menudo se llevan a cabo biopsias de un riñón trasplantado para detectar señales de rechazo. Para realizar una biopsia del propio riñón (nativo) de alguien, la persona se acuesta boca abajo y se le inyecta un anestésico local en la piel y en los músculos de la espalda que están por encima del riñón. A continuación se introduce la aguja de biopsia y se extrae una muestra de tejido para su examen al microscopio. Para efectuar una biopsia de un riñón trasplantado, se introduce la aguja directamente a través de la pared abdominal. Para guiar la dirección de la aguja hacia la parte afectada se utiliza la ecografía.

El examen microscópico de las células en la orina (citología de orina) es útil en el diagnóstico del cáncer de las vías urinarias. En los sujetos con riesgo elevado (por ejemplo los fumadores, los operarios de las industrias petroquímicas y las personas con hemorragias indoloras), la citología de orina permite detectar la presencia de cáncer. Este método también se usa en el control posterior de las personas a quienes se les ha extirpado un tumor de la vejiga o del riñón. Los resultados pueden dar falsos positivos (indicando cáncer cuando no lo hay), si existen otras afecciones como una inflamación, o bien, pueden dar falsos negativos (no indicando un cáncer que sí está presente), como puede ser en el caso de un cáncer de bajo grado, en el que las células parecen normales.

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