Fármacos antiinfecciosos

Los fármacos antiinfecciosos (combaten la infección) incluyen los antibacterianos, antivíricos y antimicóticos. Estos fármacos están desarrollados para ser lo más tóxicos posible contra el microorganismo infectante y también lo más seguros posible para las células humanas, es decir, están hechos para provocar una toxicidad selectiva. Producir estas sustancias para combatir las bacterias y los hongos es relativamente sencillo porque son células muy diferentes de las humanas. No obstante, producir un fármaco que destruya un virus sin perjudicar a la célula humana infectada es muy difícil, porque los virus pierden su identidad dentro de ésta y reprograman la célula para que produzca partículas del propio virus.

Antibióticos

Los antibióticos son fármacos que se utilizan para tratar las infecciones bacterianas. Por desgracia, cada vez son más las bacterias que desarrollan resistencia a los antibióticos con los que contamos en la actualidad. Esta resistencia se desarrolla en parte debido al excesivo uso de los mismos. En consecuencia, constantemente se están desarrollando nuevos antibióticos para combatir bacterias cada vez más resistentes. Finalmente, las bacterias también se harán resistentes a los antibióticos más nuevos.

Fármacos antiinfecciosos: indicaciones y efectos secundarios

Fármaco Indicaciones frecuentes Efectos secundarios
Antibióticos
Aminoqiucósidos
Amikacina
Gentamicina
Kanamicina
Neomicina
Estreptomicina
Tobramicina  
Infecciones causadas por bacterias gramnegativas, como la Escherichia coli y Klebsiella. Pérdida de audición, vértigo y lesión renal.
Cefalosporinas
Cefaclor
Cefadroxilo
Cefazolina
Cefixima
Cefoperazona
Cefotaxima
Cefotetan
Cefoxitina
Ceftazidima
Cefiriaxona
Cefuroxima
Cefalexina
Cefalotina
Loracarbef
Amplia variedad de infecciones.
  • Malestar gastrointestinal y diarrea.
  • Náuseas (si al mismo tiempo se ingiere alcohol).
  • Reacciones alérgicas.
Macrólidos
Azitromicina
Claritromicina
Eritromicina
Troleandomicina
Infecciones estreptocócicas, sífilis, infecciones respiratorias, infecciones por micoplasmas, enfermedad de Lyme.
  • Náuseas, vómitos y diarrea (especialmente a dosis altas).
  • Ictericia.
Penicilinas
Amoxicilina
Ampicilina
Azlocilina
Carbenicilina
Cloxacilina
Mezlocilina
Nafcilina
Penicilina
Piperacilina
Ticarcilina
Amplia variedad de infecciones. La penicilria se utiliza para infecciones estreptocócicas, sífilis y enfermedad de Lyme.
  • Malestar gastrointestinal y diarrea.
  • Alergia con reacciones anafilácticas graves.
  • Lesión cerebral y renal (rara).
Polipéptidos
Bacitracina
Colistina
Polimixina B
Infecciones de oído, oculares o de vejiga. En general se aplican directamente en el ojo o se inhalan como aerosol; rara vez se administran mediante inyección.
  • Lesión nerviosa y renal (cuando se aplica mediante inyección).
Quinolonas
Ciprofloxacino
Enoxacino
Norfloxacino
Ofloxacino
Infecciones de las vías urinarias, prostatitis bacteriana, diarrea bacteriana, gonorrea.
  • Náuseas (poco frecuente).
Sulfonamidas
Mafenida
Sulfacetamida
Sulfametizol
Sulfametoxazol
SuIfasalazina
Sulfisoxazol
Trimetoprim-ulfametoxazol
Infecciones de las vías urinarias (excerto sulfacetamida y mafenida); la mafenida se usa tópicamente para quemaduras.
  • Náuseas, vómitos, y diarrea.
  • Alergia (incluyendo erupciones cutáneas).
  • Cálculos renales.
  • Insuficiencia renal.
  • Diminución de la cantidad de glóbulos blancos.
  • Sensibilidad a la luz solar
Tetraciclinas
Doxicilina
Minociclina
Tetraciclinas
Sífilis, infecciones por Chlamydia, enfermedad de Lyme, infecciones causadas por micoplasma y rickettsias.
  • Malestar gastrointestinal.
  • Sensibilidad a la luz solar .
  • Pigmentación de los dientes.
  • Potencial toxicidad hacia la madre y el feto durante el embarazo.
Aztreonam Infecciones causadas por bacterias gramnegativas.
  • Reacciones alérgicas.
Cloranfenicol Fiebre tifoidea y otras infecciones por Salmonella, meningitis.
  • Grave descenso del número de glóbulos blancos (raro).
Clindamicina Infecciones estreptocócicas, infecciones respiratorias, abscesos pulmonares.
  • Diarrea intensa.
Etambutol Tuberculosis.
  • Lesión ocular (reversible si se detiene a tiempo).
Imipenem Amplísima variedad de infecciones.
  • Presión arterial temporalmente baja, convulsiones.
Isoniazida Tuberculosis.
  • Lesión hepática grave pero reversible.
  • Alergia.
Lincomicina Infecciones estreptocócicas, infecciones respiratorias.
  • Diarrea intensa.
Metronidazol Vaginitis causada por Trichomonas o GardnereIIa, infecciones pélvicas y abdominales.
  • Náuseas.
  • Dolor de cabeza.
  • Sabor metálico.
  • Orina oscura.
Nitrofurantoína Infecciones de las vías urinarias.
  • Náuseas y vómitos.
  • Alergia.
Pirazinamida Tuberculosis.
  • Valores elevados de ácido úrico en sangre.
Rifampicina Tuberculosis y lepra.
  • Erupción cutánea.
  • Hepatitis.
  • Saliva, sudor, lágrimas y orina de color rojo-anaranjado.
Espectinomicina Gonorrea.
  • Alergia.
  • Fiebre
Vancomicina Infecciones graves resistentes a otros antibióticos
  • Escalofríos y fiebre (cuando se administra por vía intravenosa).
Fármacos antivíricos
Aciclovir Herpes simple, herpes zoster y varicela.
  • Confusión, convulsiones,o coma (con infusión intravenosa).
  • Efectos colaterales menores cuando se usa tópicamente.
Amantadina Gripe (prevención).
  • Nerviosismo.
  • Mareo.
  • Dificultad para hablar.
  • Inestabilidad.
Didanosina (ddl) Infección por el virus de la inmunodeficiencia humana.
  •  Lesión de nervios periférica, inflamación del páncreas.
Foscarnet Citomegalovirus, infecciones por herpes simple.
  • Lesión renal.
  • Convulsiones.
Ganciclovir Herpes zoster, herpes simple e infecciones por citomegalovirus.
  • Tóxico para los precursores medulares de células sanguíneas, que pueden provocar anemia y problemas de la coagulación.
Idoxouridina Úlceras por herpes simple sobre la piel o los ojos.
  • Irritación, dolor e hinchazón (cuando se aplica sobre los ojos o los párpados).
Indinavir Infección por el virus de la inmunodeficiencia humana.
  • Cálculos renales.
Interferón-alfa Leucemia de células peludas, sarcoma de Kaposi, verrugas genitales.
  • Síntomas similares a los de la  gripe (fiebre, dolores musculares, dolor de cabeza, cansancio).
  • Náuseas y diarrea.
Lamivudina (3TC) Infección por el virus de la inmunodeliciencia humana.
  • Lesión de nervios periféricos, alopecia.
Ribavirina Infección respiratoria por virus sincitial.
  • Destrucción de glóbulos rojos, que provoca anemia.
Rimantadina Gripe (prevención).
  • Menos efectos secundarios que la amantadina.
Ritonavir Infección por el virus de la inmunodeficiencia humana.
  • Náuseas, vómitos, diarrea.
Saquinavir Infección por el virus de la inmunodeflciencia humana. -
Stavudina (d4T) Infección por el virus de la inmunodeflciencia humana.
  • Lesión de nervios periféricos.
Trifluridina Herpes simple del ojo.
  • Picor en los ojos.
  • Hinchazón de párpados.
Vidarabina Herpes simple y herpes zoster. Infección ocular aplicación directa. Infección cerebral: infusión intravenosa.
  • Náuseas y vómitos. Temblor (infusión intravenosa).
  • Lesión hepática y de médula ósea.
  • Los efectos colaterales son menores cuando se usa de forma tópica.
Zalcitabina (ddC) Infección por el virus de la inmunodeflciencia humana.
  • Lesión de nervios periféricos
Zidovudina (AZT) Infección por el virus de la inmunodeflciencia humana.
  • Tóxico para los precursores de las células sanguíneas de la médula ósea, que puede provocar anemia y problemas de la coagulación.
Fármacos antimicóticos
Anfotericina B Amplia variedad de infecciones micóticas.
  • Escalfríos, fiebre, dolor de cabeza y vómitos.
  • Disminución de los valores de potasio en sangre.
  • Lesión renal.
Fluconazol Candida y otras infecciones micóticas.
  • Menos toxicidad hepática que el ketoconazol.
Flucitosina Infecciones por Candida y otras infecciones micóticas.
  • Lesión renal y de médula ósea.
Griseofulvina Infecciones micóticas de piel, pelo y uñas.
  • Erupción cutánea.
Itraconazol Candida y otras infecciones micóticas.
  • Menos toxicidad hepática que el ketoconazol.
Ketoconazol Candida y otras infecciones micóticas.
  • Bloquea la síntesis de testosterona y del cortisol.
  • Toxicidad hepática.

Los antibióticos se clasifican según su potencia. Los antibióticos bactericidas destruyen las bacterias, mientras que los antibióticos bacteriostáticos simplemente evitan que éstas se multipliquen y permiten que el organismo elimine las bacterias restantes. Para la mayoría de las infecciones, ambas clases de antibióticos parecen igualmente eficaces, pero si el sistema inmunitario está debilitado o la persona tiene una infección grave, como una endocarditis bacteriana o una meningitis, un antibiótico bactericida suele ser más eficaz.

Elección de un antibiótico

Los médicos pueden optar por un antibiótico para tratar una infección en particular basándose en una suposición acerca de cuál creen ellos que es el agente responsable del proceso. Además, el laboratorio identifica de forma sistemática la bacteria infectante y, con ello, ayuda al médico a elegir un antibiótico. Sin embargo, estas pruebas suelen tardar un día o dos en dar sus resultados y, en consecuencia, no pueden ser utilizadas para escoger el tratamiento inicial.

Incluso aunque se haya identificado el agente y se haya determinado en el laboratorio su sensibilidad a los antibióticos, la elección del fármaco no es tan simple. Las sensibilidades que se detectan en el laboratorio no siempre se corresponden con las que se presentan en el paciente infectado. La eficacia del tratamiento depende de factores tales como el grado de absorción del fármaco por el flujo sanguíneo, de qué cantidad del mismo alcanza los distintos fluidos corporales y con qué velocidad lo elimina el organismo. Además, la selección de un fármaco tiene que tener en cuenta la naturaleza y la gravedad de la enfermedad, los efectos secundarios que produce, la posibilidad de alergias u otras reacciones graves y el costo del mismo.

En ciertos casos es necesario recurrir a una combinación de antibióticos para tratar infecciones graves, en particular cuando aún se desconoce la sensibilidad de la bacteria a los mismos. Las combinaciones también son importantes para ciertas infecciones, como la tuberculosis, en la que las bacterias rápidamente desarrollan resistencia a la administración de uno solo. A veces, la unión de dos de ellos tiene un efecto más potente y estas combinaciones pueden ser utilizadas para tratar infecciones causadas por bacterias que resultan difíciles de erradicar, como las Pseudomonas.

Administración de los antibióticos

Para las infecciones bacterianas graves, los antibióticos suelen administrarse primero mediante una inyección, generalmente intravenosa. Cuando la infección está controlada, se pueden dar por vía oral. Los antibióticos deben ser ingeridos hasta que el microorganismo infectante sea eliminado del cuerpo, un proceso que puede requerir varios días tras la desaparición de los síntomas. Dejar el tratamiento demasiado pronto puede provocar una recaída o bien estimular el desarrollo de las bacterias resistentes. Por esta razón, los antibióticos suelen ingerirse durante varios días después de que haya desaparecido toda evidencia de infección.

Ciertos antibióticos son utilizados para tratar infecciones por rickettsias, que son microorganismos similares tanto a las bacterias como a los virus. Las rickettsias son de menor tamaño que las primeras pero mayores que los segundos. Al igual que los virus, sólo pueden sobrevivir dentro de las células de otro organismo, pero al igual que las bacterias, son vulnerables a los antibióticos. Específicamente, el cloranfenicol y las tetraciclinas son los más eficaces contra las infecciones producidas por rickettsias.

Los antibióticos se usan no sólo para tratar infecciones sino también para prevenirlas. Para que resulte eficaz, y con el fin de evitar que las bacterias desarrollen resistencias, la terapia preventiva debe ser de corta duración y el antibiótico debe ser eficaz contra la bacteria en particular. Un ejemplo de terapia preventiva consiste en tomar antibióticos mientras se viaja, para evitar la diarrea del viajero. Así mismo, a menudo se utiliza en personas expuestas a otra con meningitis causada por meningococo debido al riesgo de contagio.

Las personas con válvulas cardíacas anormales ingieren antibióticos preventivos de forma rutinaria antes de una intervención quirúrgica, incluyendo la cirugía dental. Estas personas tienen un mayor riesgo de contraer una infección en las válvulas cardíacas (endocarditis) por bacterias que normalmente se encuentran en la boca y otras partes del cuerpo. Dichas bacterias pueden ingresar en el flujo sanguíneo durante la cirugía y alcanzar las válvulas cardíacas dañadas. Los antibióticos de tipo preventivo también pueden ser ingeridos por los individuos cuyo sistema inmunitario no es totalmente eficaz, como los que padecen leucemia, reciben quimioterapia para un cáncer o en el caso de los enfermos de SIDA. Por otro lado, las personas sanas que se someten a cirugía con alto riesgo de infección (como la cirugía mayor ortopédica o la intestinal) también pueden tomarlos.

Por desgracia, los antibióticos a menudo son usados sin que exista realmente una buena razón para ello. Por ejemplo, con frecuencia se aplican incorrectamente para tratar enfermedades víricas, como resfriados y gripe.

Efectos colaterales

Un antibiótico puede causar una reacción alérgica, como suele ocurrir con la penicilina, o bien puede provocar otros efectos colaterales. Por ejemplo, los aminoglucósidos pueden dañar los riñones y el oído interno.

El tratamiento antibiótico puede mantenerse a pesar de los efectos colaterales, en especial si es el único eficaz contra la infección que padece el enfermo. El médico compara la importancia de estos efectos con la gravedad de la infección.

Fármacos antivíricos

Los fármacos antivíricos pueden actuar interfiriendo con cualquiera de los procesos por los que pasa un virus para replicarse (reproducirse): adhesión a la célula, incorporación a la misma, eliminación de su cubierta para liberar su material genético y creación de nuevas partículas víricas por parte de la célula.

Debido a que los virus sólo pueden replicarse dentro de las células y usan las mismas vías metabólicas que las células sanas, los fármacos antivíricos suelen ser más tóxicos para las células humanas que los antibióticos. Otro problema de éstos es que los virus pueden desarrollar resistencia a ellos con gran rapidez.

Fármacos antimicóticos

Los fármacos antimicóticos pueden ser aplicados directamente en la zona donde se desarrolla una infección micótica en la piel u otra superficie, como la vagina o el interior de la boca. También pueden ser suministrados por vía oral o inyectados.

Por lo general, estos fármacos causan más efectos colaterales que los antibióticos. También suelen ser generalmente menos eficaces, por lo que las infecciones micóticas son difíciles de tratar y suelen hacerse duraderas (crónicas). El tratamiento suele durar varias semanas y debe repetirse de nuevo.

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